El Mundo - Domingo, 1 de octubre de 2000
Veintiocho personas han muerto en comisaría
o al ser detenidos desde 1999
La Asociación contra la Tortura prepara un informe sobre este tipo de casos
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Según Amnistía Internacional, los inmigrantes son los que más sufren malos tratos. "La cifra asusta y habrá que castigar a los culpables", dice el secretario general del Sindicato Unificado de Policía. PEDRO SIMON MADRID.- La jungla de asfalto palpita al arrítmico compás de la delincuencia. Aquí y allá, los ruidos de esta sociedad de locos. "Detengan a ese hombre". "Salga con las manos en alto". "Separe las piernas"... A veces pasa en el laberinto del imperio de ley. Una bala perdida y adiós. Desde 1999 hasta hoy, al menos veintiocho personas han muerto en extrañas circunstancias en los calabozos españoles. O en la calle, tras recibir un disparo -siempre fortuito- de un agente. El dedo en la llaga lo pone un informe que está elaborando la Asociación contra la Tortura (ACT), empeñada en escarbar en la tierra arrojada, un caso sí y otro también, para tapar estos asuntos. Precipitados desde una ventana, disparados por la espalda, ahorcados, o golpeados por un espejo retrovisor, como el guineano Fonseca, un total de veintiocho ciudadanos con nombres y apellidos dejaron de existir al toparse con el brazo armado de la ley. Aunque la policía ha dado carpetazo, muchas de las pesquisas para el esclarecimiento de sus muertes siguen abiertas. "El número de personas fallecidas bajo custodia de la Admnistración es muy alto", explica Jorge del Cura, portavoz de la ACT. "Se nos ocurren muchas preguntas. ¿Por qué se tarda tanto tiempo en poner a los detenidos a disposición judicial? ¿Qué ocurre en los calabozos para que la gente se ahorque? ¿Por qué siempre se decreta secreto sumarial cuando es un policía el implicado? Puede que algunas de estas veintiocho muertes estén justificadas por una cuestión de legítima defensa, pero cada vez son más los heridos por las Fuerzas de Seguridad. La política de "primero, dispara; luego, pregunta" se está imponiendo". Con indignación militante, al otro lado del teléfono nos habla Gillian Fleming, investigadora de Amnistía Internacional (AI) para Europa. "¿España? El caso de Antonio Fonseca confirma lo que ya percibíamos: hay un aumento considerable de los malos tratos de sus agentes, sobre todo a inmigrantes", dice. "En su país, en Francia y en Portugal, cada vez hay más delincuentes que mueren en la calle de un disparo de policía. Nos preocupa que no lleguen a juicio, y que, si llegan, queden absueltos". En su último informe anual, la organización nos pone dos peros en el tema: a) los "malos tratos infligidos bajo custodia" y b) que los "funcionarios encargados de hacer cumplir la ley acusados o condenados por actos de tortura y malos tratos sigan gozando de impunidad de hecho". En lo que va de año, aquí han aparecido siete personas muertas en los calabozos, que se sepa. Han caído por arma de fuego de ley seis personas, que se sepa. Todos los agentes tropezaron más o menos igual. El revólver cayó más o menos igual. La bala hizo un recorrido más o menos igual. Un accidente. "Los policías están estresados al tener que convivir con la delincuencia constantemente, hay empatía y, en un momento dado, algunos acaban convirtiéndose también en delincuentes, avergonzando al resto", dice Marisa Castro, diputada de Izquierda Unida. Con el informe en la mano, su grupo estudia pedir la comparecencia de Jaime Mayor Oreja, ministro de Interior, para que explique este repunte de mortandad que hay en las comisarías de la democracia. IU presentará una iniciativa parlamentaria para que prosperen los mecanismos de control y oigamos todos los gritos del silencio. La coalición presentará una proposición no de ley en el Congreso para que se creen comisiones de control, con participación vecinal y de agentes sociales, que velen por los derechos humanos en las comisarías. "La cifra de veintiocho muertos en dos años asusta y habrá que castigar a los culpables", reconoce a EL MUNDO José Manuel Sánchez Fornet, secretario general del Sindicato Unificado de Policía (SUP). "Es cierto que aún hay mucha gente con los tics del franquismo, pero la mayoría no somos violentos. La española es la policía más garantista de Europa; los compañeros de Alemania y Francia nos dicen que somos unos blandos". Los "otros" Antonio Fonseca La mayoría de las versiones oficiales no coinciden con las de los testigos en las investigaciones de muertes en comisarías o durante las detenciones PEDRO SIMON MADRID.- Estos son algunos de los veintiocho casos, expuestos cronológicamente, que aparecen en el informe de la Asociación Contra la Tortura (ACT). Moisés Esperanza. El 13 de enero de 1999, Moisés murió de un disparo por la espalda efectuado por un policía municipal de Sabadell. Fue detenido tras una persecución. La versión oficial sostuvo, en un principio, que el tiro se produjo de frente y, después, durante un forcejeo. Sin embargo, el informe asegura que el agente implicado reconoció que el joven no iba armado y que sólo hubo un zarandeo. Armando S. E. El 17 de enero de 1999, Armando fue detenido por agentes de la policía local de Rubí (Barcelona). Estando esposado cayó desde un puente a la calzada de la autopista E-9. Murió una semana después. Luis V. P. El 4 de marzo de 1999, Luis murió en San Sebastián de los Reyes (Madrid) tras recibir un disparo. La versión oficial dice que el fallecido acababa de cometer un atraco. Allí acudió la policía. Luis sacó una navaja. Hubo un forcejeo, al policía se le cayó el arma y el atracador murió de un tiro en el costado. Miriam Gómez. El 10 de abril de 1999, Miriam murió por los disparos de un brigada de la Guardia Civil cuando el conductor del coche en el que ella iba se saltó un control de alcoholemia. El agente dijo que disparó en legítima defensa. La propia Guardia Civil admitió que nunca debió haber usado el arma. Iván H. G. El 23 de mayo de 1999, Iván estaba en un hotel de Valencia cuando hubo un incidente. La versión oficial dice que tras la intervención policial, el joven volvió a su habitación. Fue encontrado muerto como consecuencia de una mezcla de pastillas y bebida. La autopsia practicada a instancias de la familia sostiene, sin embargo, que las drogas pudieron ser el desencadenante, pero que los golpes recibidos favorecieron la muerte por "parada cardiorrespiratoria". Según este informe, Iván estaba desnudo, esposado de manos y tobillos por detrás y tenía numerosos golpes de porras. José Antonio C. G. El 6 de julio de 1999, José Antonio apareció ahorcado en un calabozo de la comisaría de los Mossos d'Escuadra en Figueres (Girona). El fallecido había acudido voluntariamente a declarar sobre el robo de un radiocasete. Albino Fernández. El 18 de julio de 1999, Albino fue abordado por la Guardia Civil en Tui (Pontevedra) en una operación antidroga. El relato oficial indica que recibió un disparo fortuito en la cara durante un forcejeo. Juan Martínez. El 20 de septiembre de 1999, Juan fue detenido por la Guardia Civil y trasladado al cuartel de San Juan (Alicante). Se escapó y volvieron a detenerlo. Según la querella formulada, fue golpeado reiteradamente. Al día siguiente lo llevaron al Juzgado de Guardia, donde perdió el conocimiento. Ingresó en un hospital, donde aún hoy continúa en coma irreversible. La versión oficial achaca las heridas a una caída y a una enfermedad de Juan. Desiré B. F. El 4 de diciembre de 1999, Desiré falleció tras recibir cinco disparos de la policía de Barcelona: dos en las piernas, uno en la muñeca y dos más en el tórax. La versión oficial dice que los agentes acudieron al lugar al recibir una llamada de una mujer que decía que estaba siendo atacada por su ex compañero. Según los policías, Desiré se abalanzó sobre uno de ellos, que se vio obligado a repeler la agresión. La mujer que llamó a los agentes sostiene, por contra, que la víctima mostró una actitud pacífica y que fue tiroteada a quemarropa. Juan Carlos Sanz. El 21 de enero de 2000, Juan Carlos murió en Madrid a consecuencia de un disparo efectuado por un policía. La bala entró por la espalda y le alcanzó el corazón. A Juan Carlos se le confundió con un terrorista. Según un testigo, el agente se apoyó en una pared y efectuó varios disparos. La tesis policial mantiene que el policía tropezó y que se le escapó un tiro. Juan Antonio B. A. El 24 de marzo del 2000, Juan Antonio fue hallado muerto en una comisaría madrileña. El individuo había sido detenido por orinar en la calle. Los agentes dicen que se enfrentó a ellos, por lo que fue trasladado a los calabozos. Miguel Angel Cebreiro. El 26 de marzo del 2000, Miguel Angel, de dieciocho años, apareció muerto en un calabozo de la policía municipal de Ferrol (A Coruña). La familia formuló una denuncia y los amigos afirmaron que habían sufrido malos tratos. El informe de la Asociación Contra la Tortura indica que, en los dos últimos años, tres personas han aparecido ahorcadas en el mismo lugar, sin haberse podido aclarar la identidad de las mismas. Antonio Cordero. El 12 de mayo del 2000, Antonio aparece muerto en la comisaría de Policía Nacional de Badalona. La causa: "Alguna dolencia del detenido", asevera la versión oficial. Antonio Fonseca. El 12 de mayo del 2000, el guineano Antonio muere dos horas después de ser detenido por agentes del Cuerpo Nacional de Policía de Arrecife (Lanzarote). La tesis oficial dijo, primero, que su fallecimiento fue por sobredosis de heroína. Después, que fue porque se golpeó la cabeza con el retrovisor de un coche. Hay autopsias contradictorias y testigos que hablan de malos tratos. No se ha abierto ninguna medida disciplinaria a los agentes. Ardian R. El 4 de junio del 2000, el yugoslavo Ardian muere por disparos de la Policía Nacional de Tudela (Navarra). Al huir fue alcanzado por una bala. José Díaz. El 20 de julio del 2000, José falleció a consecuencia de unos disparos efectuados por un agente de la Policía Nacional en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). La versión oficial alega que fue un accidente. Algunos testigos dicen que el agente apuntó y accionó su revólver, hasta cuatro veces, por la espalda. Joaquín M. Mateo. El 7 de septiembre del 2000, Joaquín murió en Zaragoza debido a los disparos de un policía nacional. El último se produjo a menos de un metro de distancia. Según el agente, fue debido a un forcejeo en el momento de la detención. Prisiones: cuarenta y tres fallecidos Una minoría de las muertes en centros penitenciarios se debe a causas naturales Morir entre rejas. La cuestión suena así de dura para un puñado de presos. El pasado año fueron treinta y dos. En lo que va de este, ya son once. El recuento lo ha hecho también la Asociación Contra la Tortura, que está terminando de pulir los números negros de las cárceles españolas, un recorrido por las muertes que han acaecido en prisión. La mayoría de los cuarenta y tres fallecidos desde 1999 hasta hoy lo hicieron por ahorcamiento (diez casos) y sobredosis (siete). Muchos de los motivos de las muertes están por confirmar y algunas, las menos, fueron por causas naturales. Las muertes bajo custodia de la Administración (bien sea en comisarías o en los centros penitenciarios) dan lugar cada año a decenas de denuncias que se topan con el muro de silencio de la oficialidad. "En las comisarías tienen cámaras para vigilar que graban todo, pero cuando hay un muerto o un incidente en sus dependencias y pedimos la cinta de vídeo, siempre nos responden lo mismo: que no han grabado nada de eso", se queja Jorge del Cura. No existen datos públicos oficiales sobre las actuaciones negligentes de las Fuerzas de Seguridad en lo referido a los malos tratos. Fuentes de la Dirección General de la Policía aseguraron a este periódico que existe un archivo interno general con los expedientados de todo tipo, pero que no están clasificados por temas. Las sombras de sospecha sobre agresiones de los funcionarios a presos también se extienden por la geografía carcelaria española. Tampoco hay datos oficiales, pero sí denuncias que ha recopilado Amnistía Internacional. Y hablan de malos tratos, de condiciones precarias de reclusión y de falta de atención médica. Los internos que han señalado con el dedo dispuestos a quebrar el hormigón que les separa de la libertad, cumplen condena en Villabona (Asturias), Ponent de Lleida (Barcelona), Badajoz, Soto del Real (Madrid), Villanubla (Valladolid), Dueñas (Palencia), Jaén... Las denuncias sacan al exterior lo que las presuntas víctimas aseguran que sucede en el interior. "Denuncian ser sancionados, por ejemplo, con medidas como mantenerlos esposados a una cama durante horas e incluso días y que en algunas ocasiones cuando los presos protestaban por malos tratos a otros presos, se han convertido a su vez en víctimas", destaca el informe de Amnistía Internacional. |