El Mundo - Lunes, 19 de marzo de 2001

Decenas de miles de niños
son robados en China para venderlos

El país asiático se ha convertido en centro internacional de tráfico infantil, dice UNICEF

DAVID JIMENEZ - Enviado especial

BEIJING / SHENZHEN.- Miles de bebés y niños están siendo secuestrados en China y vendidos después en un tráfico infantil que ha desbordado a las autoridades locales y ha llevado a UNICEF a pedir la aplicación de medidas urgentes al Gobierno de Beijing.

Los pequeños son abiertamente ofrecidos en los mercados callejeros de las grandes ciudades o sacados del país en camiones de carga a través de las fronteras con Vietnam.

Centenares de bandas raptan a los menores en zonas rurales, compran los hijos de familias pobres o contratan a mujeres para que den a luz niños que luego son hacinados en fábricas hasta que se organiza su traslado a terceros países para el mercado internacional o a diferentes puntos de China para los clientes locales.

La policía china, que en una petición sin precedentes ha solicitado ayuda internacional, ha logrado recuperar más de veinte mil menores en el último año, destapando una parte del problema y admitiendo que China se ha convertido en el centro internacional del tráfico infantil.

Las autoridades creen que desde 1999 más de cincuenta mil niños podrían haber sido vendidos dentro y fuera del país, sobre todo a parejas interesadas en evitarse la larga espera de una adopción legal.

Organizaciones como Save the Children o UNICEF han organizado refugios para cuidar de los miles de niños chinos recuperados por la policía ante las escasas posibilidades de que sus padres puedan ser encontrados entre una población de mil trescientos millones de personas.

Las provincias chinas de Yunnan y Guangxi, ambas fronterizas con Vietnam, se han convertido en la base de operaciones de las redes de tráfico infantil responsables de lo que la policía del país llama la Ruta de los Bebés.

"Una sola red ilegal ya desarticulada había logrado sacar a más de dos mil niños en el último año", confirma un portavoz del Gobierno local de Yunnan. La policía china calcula que al menos uno de cada quince bebés fallece antes de salir del país, la mayoría por asfixia tras pasar horas escondidos en camiones cargados con animales o verduras.

Mafias que antes se dedicaban a la prostitución o al juego ilegal han transformado sus negocios en redes de tráfico infantil y contratan a mujeres que se hacen pasar por madres en los controles policiales.

Un varón sano puede ser vendido por medio millón de pesetas cuando el cliente es occidental o por escasas diez mil pesetas si su destino final es una de las ciudades de la provincia de Guangdong, al sur del país. El mercado de Qin Ping, en la capital provincial de Guangzhou, es uno de los puntos de venta.

"Bebé, barato, barato"

"Bebé, barato, barato", susurran los traficantes antes de mostrar las fotografías de los niños en venta y asegurar que las niñas se venden a mitad de precio.

Los menores que no terminan en Estados Unidos, en países asiáticos como Singapur o en Europa son ofrecidos en la propia China a parejas que desean tener un hijo varón o llevan años esperando completar una adopción.

UNICEF cree que el mercado interno de compra de niños es mayor que el tráfico a otros países y ha organizado un programa para entrenar a policías y funcionarios en la desarticulación de las redes clandestinas que operan en casi todas las provincias chinas.

El Gobierno se ha visto obligado a crear una base de datos nacional con el ADN de los miles de padres que han denunciado la desaparición de sus hijos. Varias comisarías de la provincia de Guangdong, una de las más afectadas por los secuestros, han sido asaltadas por centenares de padres que buscaban a sus hijos tras leer en la prensa local la noticia del desmantelamiento de alguna mafia y la recuperación de varios niños.

"Hemos tenido casos en los que una veintena de parejas reclamaban a un mismo hijo, resulta casi imposible saber quiénes son los verdaderos padres si no se realizan las pruebas", según los responsables del centro de ADN.

Wang Wanjung, cuyo hijo de cinco años fue secuestrado hace dos años mientras jugaba en una calle de la ciudad de Guiyang, en la provincia de Guizhou, se ha convertido en el principal representante de las familias indignadas con la falta de reacción gubernamental ante los secuestros.

"Encontraré a mi hijo, aunque me cueste la vida y todo mi dinero", asegura este padre, cuya campaña de concienciación ha llegado a la prensa de todo el país y ha provocado la ofensiva policial que ha llevado a la detención de cientos de personas.

El Gobierno chino, presionado, ha situado decenas de controles en las carreteras de la provincia de Yunnan para tratar de evitar el tráfico de los menores. La mayoría de los detenidos están siendo condenados a muerte y ejecutados después de haber operado con total impunidad durante años.

La responsable de UNICEF en China, Edwin Judd, ha reconocido que las autoridades se encuentran desbordadas y no cuentan con los medios para frenar el tráfico de los niños. Como el resto de instituciones y ONG infantiles, UNICEF cree que sólo se ha descubierto una mínima parte del problema.

El temor está ahora en el resultado del nuevo censo de población iniciado el pasado año por el régimen comunista. Un sondeo que mostrará cuántos padres han perdido a sus hijos, cuántos son "los niños robados de China".


Buscando al pequeño Zhou

Han pasado cuatro años, pero los carteles pidiendo colaboración en la búsqueda de Yang Kum Zhou siguen siendo distribuidos por toda China. "Varón, once años, ciento veinticinco centímetros de altura, desaparecido en la ciudad de An Fei. Si sabe de su paradero, llame", dice el cartel, acompañado de una fotografía del pequeño con el uniforme del colegio con el que desapareció en diciembre de 1997.

Las calles y los periódicos de la ciudad de Shenzhen, al sur del país, están llenos de avisos similares. Esta urbe de cuatro millones es a la vez lugar de secuestro de los niños y destino de otros muchos que son vendidos y por ello uno de los primeros lugares al que acuden los padres en busca de sus niños.

El hijo de Au y Yam fue raptado mientras jugaba en un parque de la ciudad hace tres años y nunca más se ha vuelto a saber de él. Tenía dos años.

"Hemos dejado de buscar, ¿cómo podemos buscar un niño en un país como China, con cientos de millones de personas? Podría estar en cualquier sitio o quizá en otro país", dice su padre.

A menudo, los compradores de los niños son parejas del campo que necesitan dos manos más para trabajar la tierra y no han podido tener el siempre ansiado varón. Los secuestros son, indirectamente, otra consecuencia de la política de un solo hijo que ha limitado las familias chinas y ha convertido a los varones en "pequeñas joyas".