Clarín - Domingo 29 de abril de 2001

UNA INDUSTRIA INFAME: POBREZA, INMIGRACIÓN ILEGAL Y ESCLAVITUD

Tráfico humano, el delito mundial que más crece

Mueve de cinco mil a doce mil millones de dólares anuales. El beneficio para las mafias que dirigen este negocio representa casi un tercio de la que obtiene el narcotráfico. Sólo en 1999, medio millón de ilegales arribó a Europa.

Por ALEJANDRA PATARO. De la Redacción de Clarín. INFORME DESDE GINEBRA. JUAN GASPARINI

Medio centenar de chinos aparecen muertos en un camión refrigerador en Dover. Otros tres asiáticos son encontrados sin vida en un contenedor en Seattle. Un barco nigeriano recorre las costas occidentales de África con una carga humana que vive tres semanas a base de agua de mar.

Todos son ejemplos de una industria en pleno crecimiento: el tráfico de humanos, tan voraz, lucrativo y extendido mundialmente que ya se lo compara con otro flagelo, el narcotráfico.

"Es la empresa criminal que tiene actualmente el más fuerte crecimiento", sentenció Pino Arlacchi, un especialista en redes mafiosas de la ONU.

Según el Ministerio del Interior francés, esta criminalidad representa casi un tercio de los beneficios de la droga. La comparación es alarmante si se tiene en cuenta los montos que mueve el narcotráfico. Como ejemplo, la DEA norteamericana confiscó estupefacientes por valor de unos seiscientos millones de dólares, solamente en operativos en rutas de Estados Unidos, entre 1986 y 1999.

Los beneficios del tráfico de personas representan de cinco mil a doce mil millones de dólares de ingresos por año a escala mundial, de acuerdo a las cifras que maneja la Organización Internacional de Migraciones en Ginebra. Y de esa cifra, se estima que unos mil millones corresponden a operaciones realizadas en Europa.

El tráfico humano es un cuadro dramático que conjuga la pobreza, la inmigración ilegal, la esclavitud de niños y el rapto de mujeres y niñas para la industria sexual, que culmina generalmente con la muerte de miles de personas cada año.

La caída del Muro de Berlín en 1989, parece haber abierto una nueva ola de inmigrantes. Las personas de los países del Tercer Mundo encontraron con el derrumbe de la cortina de hierro nuevas rutas para ingresar a Europa Occidental. Y, además, la gente de los empobrecidos países de la ex órbita soviética han decidido moverse hacia el oeste.

Sólo en 1999, Europa occidental absorbió medio millón de inmigrantes ilegales de países con miserias económicas y terremotos políticos y bélicos.

El mundo occidental devenido en un aparente horizonte de prosperidad para las masas empobrecidas del resto del globo, es terreno fértil para los traficantes de humanos. Estos comerciantes de una industria infame son los nuevos agentes de viaje de la inmigración ilegal.

El pasaje les costará unos dos mil dólares para entrar en Europa y cinco mil para los Estados Unidos, según cálculos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Los traficantes usan los medios de transporte más baratos que existan para maximizar sus ganancias. Cargan barcos y contenedores hasta hacinarlos, y ahí es cuando ocurren las tragedias y los abusos a los Derechos Humanos.

El caso de un chico afgano de quince años, Hashim, sirve de ejemplo. Bajo la represión de los fundamentalistas talibanes, su familia pagó ocho mil dólares para que pueda entrar a la Unión Europea. Allí encontraría trabajo y podría estudiar, creyeron.

Los traficantes cobraron la fortuna familiar y lo abandonaron en la República Checa a unos minutos de la frontera alemana. Le dijeron que para cruzar hasta allí tenía que pagar otro tanto. Ahora aguarda en suelo checo un largo proceso de asilo en un campo de refugiados.

La historia es una más de los miles de perseguidos por razones políticas, raciales o religiosas que huyen de sus países y que están obligados a recurrir a los traficantes de inmigrantes para refugiarse en Europa. Por ejemplo la mitad de los solicitantes de asilo que han llegado a Alemania y Holanda en los últimos tiempos, se sirvieron de medios ilegales, proporcionados por las mafias de la inmigración clandestina.

Pero es la inmigración ilegal de asiáticos a Europa y Estados Unidos la de mayor envergadura. En los últimos diez años, ochocientos mil chinos se afincaron en Europa, especialmente en Gran Bretaña y Francia.

Un capítulo aparte merece el tráfico de mujeres. Cada año, varios miles de jóvenes son secuestradas y vendidas para la prostitución. Sólo en 1997, cerca de ciento setenta y cinco mil mujeres fueron traficadas desde Europa Central y Oriental y los nuevos Estados independientes de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), de acuerdo a informes de organizaciones de Derechos Humanos.

La venta de mujeres jóvenes para la prostitución se ha convertido en una de las industrias de mayor crecimiento en la economía global. El patrón es el mismo en la mayoría de los países: las mujeres son engañadas con la promesa de un trabajo legal. En el lugar de destino, les arrebatan sus documentos y son confinadas para vivir bajo las reglas de la violación, golpes y abuso de drogas.

El caso de los niños esclavos es otro capítulo más. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) indicó que quinientos cincuenta mil niños son víctimas del tráfico y la esclavitud sólo en Camerún.

El drama de estos chicos vendidos por sus familias o secuestrados por los traficantes se convirtió en noticia en los últimos días a través de la denuncia de la UNICEF sobre el barco nigeriano Etireno, cargado con doscientos cincuenta niños esclavos. Lo cierto es que la embarcación tenía a bordo ciento cuarenta personas, en su mayoría inmigrantes ilegales que habían pagado cuarenta y cinco dólares para atracar en algún puerto de África.

La realidad de los niños esclavos no se limita al continente negro. En el mundo hay por los menos doscientos cincuenta millones, de los cuales cuarenta y cuatro millones se encuentran en la India, y otros siete en Brasil, Nigeria suma otros doce millones, según UNICEF.