El País - Viernes, 10 de agosto de 2001
Un joven suicida palestino provoca una matanza
en pleno centro de Jerusalén
Al menos 15 muertos y un centenar de heridos
en un atentado terrorista contra una pizzería
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DANIEL AMADO. Jerusalén. Quince personas, entre ellas al menos seis niños, murieron ayer en el atentado suicida en una pizzería repleta de gente del centro de Jerusalén. Entre las víctimas había dos turistas, un brasileño y un estadounidense. El ataque, reivindicado tanto por Yihad Islámica como por Hamás, también dejó un centenar de heridos. Se esperaba un ataque así desde que el 31 de julio Israel bombardeó la sede de Hamás en Nablús matando a ocho personas; los extremistas palestinos juraron venganza. Además, tres israelíes murieron y otros tres fueron heridos por disparos de palestinos en Cisjordania y el norte de Israel. En el lugar de los hechos, el restaurante de la cadena Sbarro, situado en el cruce de las calles King George y Yafo, en el mismísimo corazón de Jerusalén, se veían escenas de pánico y horror: gente tendida en el suelo en medio de charcos de sangre, densas columnas de humo negro, personas corriendo en todas direcciones... "Estaba con mis cuatro hijos pequeños en el restaurante y, en el momento en el que le estaba cortando la pizza a la niña, oímos un ¡bum! y pensé que había explotado la lámpara que colgaba del techo encima de mí, y después sólo vi fuego a mi alrededor, y todo era luz y humo y cristales rotos", contó Anat Amar. Ella resultó ilesa, pero sus cuatro hijos fueron ingresados en un hospital próximo con heridas leves. Más afortunada fue Deganit Refuá, que se salvó de milagro junto con sus hijos de una muerte segura. Su hija Eden (palabra hebrea que significa paraíso), de cinco años, insistió en subir a la segunda planta del restaurante para ver mejor la calle. "Entramos en Sbarro porque mi hija tenía hambre, y yo quería que nos sentáramos en la planta baja, pero ella insistió en subir a la primera, y de ese modo nos salvó a todos; nada más sentarnos oímos una tremenda explosión y el techo cayó encima de nosotros", relató Refuá llorando. Una familia entera de colonos, los padres y sus tres hijos, murió en la explosión. El suicida palestino hizo estallar la potente carga explosiva que llevaba encima en cuanto entró en el restaurante, en ese momento lleno de gente, que quedó reducido a escombros. El explosivo incluía clavos como metralla, lo que explica el elevado número de heridos. "De repente todo voló por los aires, el humo era muy denso; fue terrible ver lo que ocurrió; vimos mucho y duele, y es sumamente duro", relató una dependienta de una tienda de ropa cercana. Dos cunas con manchas de sangre yacían entre escombros, cristales rotos y sillas y mesas tiradas en medio de la calle frente al restaurante. "Hay al menos un bebé muerto", aseguró Henri Bookzam, miembro de los servicios de socorro. Entre los chalecos naranjas de los jóvenes socorristas, una mujer, paralizada por el choque emocional, era evacuada en la misma silla sobre la que estaba sentada mientras comía en la pizzería. La sangre manchaba su pantalón. Para añadir otra nota de confusión, la reivindicación del atentado es doble: los grupos integristas palestinos Yihad Islámica y Hamás se lo atribuyen, y dan dos nombres distintos del militante suicida. Yihad dijo que el mártir era miembro de su brazo armado, Batallones de Al Qods (Jerusalén), y se llamaba Husein Omar Aamcheh, un habitante de 23 años del campo de refugiados Yenín, en Cisjordania. Por su parte, Hamás aseguró que el suicida es Izzedine al Masri, también de 23 años, y difundió una fotografía del supuesto militante. En cualquier caso, tanto Hamás como el grupo menos numeroso y más extremista Yihad Islámica habían anunciado que cometerían un atentado de grandes proporciones. Los organismos de seguridad israelíes dijeron que en los últimos días tenían informaciones en el sentido de que era inminente y que tendría lugar en Jerusalén. Los juramentos de venganza se lanzaron después de que el Ejército israelí matara el 31 de julio pasado a ocho palestinos (dos niños y seis adultos) al disparar varios misiles desde un helicóptero contra la sede del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) en la ciudad cisjordana autónoma de Nablús. Poco después del atentado, Jerusalén se convirtió casi en una ciudad fantasma en la que apenas se veía gente, y lo único que se oía era el ruido de los helicópteros que sobrevolaban la zona del centro. Las calles, así como los restaurantes y cafeterías de moda, habitualmente llenos a la hora de la comida, en particular en verano y en época de vacaciones, estaban desiertas. |
El País - Viernes, 10 de agosto de 2001
El Gobierno de Sharon prepara una respuesta militar
de grandes proporciones por el atentado
Arafat condena el ataque suicida y pide una tregua
en un intento por evitar las represalias
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D. AMADO. Jerusalén. El Gobierno israelí se preparaba ayer para lanzar un ataque militar de grandes proporciones en respuesta al atentado suicida palestino. El primer ministro, Ariel Sharon, el titular de Defensa, Benjamín Ben Eliézer, y los responsables del Ejército y otros organismos de seguridad aprobaron la represalia, y anoche debatían la envergadura y el momento de llevarla a cabo. El bombardeo de ayer contra varias posiciones palestinas en Cisjordania parece sólo un botón de muestra. Por su parte, el presidente palestino, Yasir Arafat, condenó el atentado y pidió una declaración de tregua conjunta, rápidamente desestimada por los israelíes. A media tarde, el Ejército israelí bombardeó con tanques y destruyó una posición (ya vacía) de la Seguridad Nacional Palestina al sur de la ciudad cisjordana autónoma de Tulkárem. De madrugada, atacó con aviones F-16 un puesto de policía de Ramala, también en Cisjordania y también sin víctimas. Tras el atentado de Jerusalén, las autoridades palestinas dieron orden de evacuar todas las posiciones e instalaciones de los organismos de su seguridad en Cisjordania y Gaza, en previsión de ataques israelíes. "Habrá una respuesta", advirtieron de inmediato fuentes gubernamentales. El Gabinete reducido israelí para asuntos de seguridad, encabezado por Sharon, decidió recientemente que "a cada atentado palestino seguirá una reacción" de una intensidad acorde con la del ataque. Este atentado no será una excepción y tendrá su respuesta, según acordaron anoche en la reunión, a pesar de la oposición del ministro de Asuntos Exteriores, el laborista Simón Peres, según afirmaba la agencia France Press, que citaba a fuentes militares. Por su parte, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que preside Yasir Arafat, dio a conocer a últimas horas de la tarde un comunicado en el que se decía: "Condenamos la operación de Jerusalén y el daño causado a ciudadanos inocentes". Arafat, que habitualmente no condena en forma explícita los atentados palestinos, instó ayer al Gobierno israelí a "hacer un anuncio conjunto para un alto el fuego total e inmediato, a fin de posibilitar la aplicación de las recomendaciones del informe Mitchell con un control internacional. El informe elaborado por la Comisión Mitchell (de la que formaba parte, entre otros, el alto responsable para la Política Exterior y la Seguridad Común de la UE, el español Javier Solana) tenía por objeto poner fin a la violencia que enfrenta a israelíes y palestinos desde hace más de diez meses. En ese periodo han muerto más de 500 palestinos y unos 150 israelíes, tanto civiles como militares. Pero fuentes gubernamentales israelíes opinaron que el comunicado de Arafat, en el que condenaba el atentado que cometió ayer el suicida, "es un truco de relaciones públicas", y que lo dio a conocer "por temor a un ataque israelí". Según el Ejército israelí, desde que Arafat aceptó el alto el fuego, el 13 de junio pasado, ha habido unos 1.200 atentados en los que han muerto 25 israelíes y otros 140 han resultado heridos. Gobernantes y militares israelíes responsabilizaron del ataque suicida de ayer en Jerusalén, en el que también resultaron heridas un centenar de personas, a la ANP y a Arafat "por no frustrar atentados y por crear un ambiente que fomenta actos terroristas". Mientras los líderes de la Yihad Islámica y los de Hamás (ambas organizaciones se responsabilizaron del atentado) amenazaban con cometer más ataques en Israel, la ANP anuló, se supone que por razones de seguridad, una reunión con todas las facciones palestinas que había convocado Arafat para anoche en su oficina de la ciudad cisjordana autónoma de Ramala. Respuesta inminente El objetivo de la reunión cancelada era crear un consenso con la oposición para afrontar la crisis con Israel e incluso tratar la posibilidad de formar un Gobierno de unidad nacional. En lugar de ello, Arafat celebró consultas con los máximos jefes de los organismos de seguridad, en previsión de un ataque israelí. Algunas horas antes del atentado de Jerusalén, una destacada fuente militar israelí, que citó asimismo la radio estatal, afirmó que "el Gobierno de Sharon debería reanudar las negociaciones con la ANP, incluso en medio de los enfrentamientos armados". El militar israelí, cuya identidad se desconoce y que al calificar su rango de "destacado" puede ser desde capitán hasta general, dijo que no sólo los palestinos, sino "también Israel es responsable en cierta medida" de la situación. Y concluyó que "las constantes acusaciones del Gobierno de Sharon a Arafat y a los palestinos en el sentido de que éstos son los responsables exclusivos de la escalada de la violencia tienen por objeto preparar a la opinión pública israelí para una guerra". |
El País - Viernes, 10 de agosto de 2001
Los jóvenes bomba de la causa palestina
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ÁNGELES ESPINOSA. Madrid. El retrato robot se repite: un joven soltero, de unos veinte años, familia modesta, buen hijo y respetuoso del islam. El ritual también es similar: un día desaparece; deja su habitación recogida, y, tal vez, una carta de despedida para sus padres. Ha entrado en capilla. En pocas horas llevará a cabo un atentado suicida. Se ha preparado durante meses estudiando el islam y analizando los problemas políticos de su pueblo, el palestino, por cuya liberación se muestra dispuesto a dar la vida. Porque ante todo es un voluntario. Sólo uno o dos días antes conocerá su objetivo y el momento elegido para el ataque. Entonces, se aísla. Reza y, a menudo, graba un vídeo para mayor gloria de la causa. Yihad Islámica y Hamás, las dos organizaciones palestinas que apadrinan a estos suicidas, conceden una gran importancia al efecto mediático de sus acciones. Estudian el momento y el lugar para obtener el mayor impacto en la opinión pública. Según los analistas, los ataques se planean de forma meticulosa, como si se tratara de operaciones militares. Se cuida cada detalle, desde la elección del objetivo hasta la reivindicación de la acción, normalmente a través de ese vídeo en el que el autor del atentado explica su decisión y su pertenencia a uno o a otro grupo. Poco después, su familia se entera de que se ha convertido en un shahid, un mártir. El dolor por la pérdida del hijo se entremezcla con el orgullo por su valentía y su desprendimiento al entregar su vida por la liberación de su pueblo. A falta de mejores armas, se habrá inmolado llevándose consigo la vida de un puñado de ciudadanos israelíes. ¿Qué impulsa al suicida? ¿Qué impulsa a un veinteañero a enrollarse un cinturón de explosivos al cuerpo y hacerse volar por los aires? La respuesta fácil es fanatismo. A menudo se insiste en el tópico de las huríes, las 70 vírgenes que según la tradición islámica esperan en el paraíso a los buenos musulmanes. Y el suicida no es tal sino un mártir que entrega su vida por una causa del islam, a quien por lo tanto se le perdonarán sus pecados y tendrá un lugar reservado junto a Dios. No cabe duda de que el fervor religioso tiene una gran importancia en la decisión de los jóvenes bomba, pero cuando la mayoría de los chicos de su edad, en Logroño, Montpellier o Alejandría, sólo piensa en encontrar un trabajo, echarse novia y divertirse, algo fundamental debe de fallar para que cada vez sean más los muchachos palestinos que se ofrecen voluntarios para morir por un Estado palestino. El aumento de reclutas tras cada nuevo asesinato selectivo obliga a dirigir la mirada al odio, el resentimiento y la desesperación que el bloqueo político ha sembrado en sus corazones. Tal como se preguntaba Nafez Azzam, un responsable político de Yihad Islámica en Gaza, ¿qué puede esperar Israel de un pueblo al que bombardea y mata de hambre? |
El País - Viernes, 10 de agosto de 2001
Detener la sangre
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Medio siglo de enquistado conflicto debería haber enseñado a israelíes y palestinos el enorme poder de convocatoria de la sangre derramada. Con su imparable escalada de asesinatos, actos terroristas y represalias militares, cada uno en la medida de sus posibilidades y en un círculo vicioso que no deja de ampliarse, los dos bandos están experimentando con la posibilidad cada vez más cercana de un conflicto general a gran escala, y cuyas consecuencias serían inevitablemente desastrosas para dos pueblos que, para mayor sarcasmo, están técnicamente en una especie de tregua apalabrada en junio con un mediador estadounidense. El atroz atentado suicida de ayer en Jerusalén muestra, además de la crueldad de cualquier acción indiscriminada de este tipo, el fracaso de los métodos de Ariel Sharon. El primer ministro israelí, llegado al poder con el leit motiv de garantizar la seguridad de sus conciudadanos, ha construido una política de asesinatos selectivos y represalias fulminantes -a la que llama 'de contención'- de resultados desastrosos. El viejo halcón que Sharon es debería saber que la técnica y los medios militares más afinados no pueden cerrar todos los resquicios a la venganza de los desesperados. El exterminio preventivo de supuestos o reales terroristas iniciado por el Gobierno hebreo -en las últimas semanas más de 40 palestinos han sido víctimas de esta política-, unido a desproporcionadas represalias militares y económicas sobre todo un pueblo, ha desatado una descontrolada dinámica de venganzas. La matanza de inocentes de Jerusalén puede ser la fanática retribución por cualquiera de las anteriores israelíes. Sharon ignora deliberadamente que negociar exige más coraje que enviar los blindados contra poblaciones indefensas. Y ha hecho del cese total de las hostilidades por parte palestina una imposible precondición para cualquier contacto con Arafat. En las circunstancias presentes, la insistencia israelí en que el líder palestino detenga a los más sanguinarios de su campo parece una utopía. Ni aunque lo quisiera podría éste arrestar a militantes de organizaciones que prácticamente no le reconocen, mientras Israel liquida con misiles a sus policías o a los dirigentes de Al Fatah; o estrangula económicamente a tres millones de palestinos, hasta el punto de que Simón Peres, el ministro laborista israelí, se ve forzado a advertir que 'si Israel no mejora las condiciones de vida en Cisjordania y Gaza, el problema nos estallará en la cara'. En el dramático escenario actual, el poder de facciones locales sin control crece tan rápidamente en el bando palestino como disminuye el dominio del debilitado Arafat sobre el conjunto. De entre los muchos fuegos por apagar en el mundo, el palestino-israelí es, por sus implicaciones, absolutamente prioritario. Sin embargo, ante la aparente indiferencia internacional, la diplomacia está naufragando en el escenario de Oriente Próximo, engullida por un afán incontrolable de revancha. Para Estados Unidos, que en el dibujo de su nueva política exterior asiste al crescendo en un limbo de lamentaciones, ha llegado el momento de asumir su liderazgo. Washington, como aliado incondicional de Israel y sola superpotencia, es el único poder capaz de influenciar sensiblemente el rumbo de los acontecimientos. Su ministro de Exteriores firmó en Génova con otros países occidentales una propuesta para enviar a la zona observadores internacionales, algo pedido reiteradamente por Arafat y rechazado por Sharon. En su caída libre actual, la crisis palestino-israelí exige una inmediata iniciativa destinada, antes que a cualquier otra cosa, a apaciguar los ánimos e interponerse entre los contendientes. |
El Mundo - Viernes, 10 de agosto de 2001
Un 'kamikaze' palestino causa 18 muertos
en una pizzería de Jerusalén
Aviones F-16 bombardean Ramala
como primera represalia por el atentado
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RAMY WURGAFT. Corresponsal. JERUSALÉN.- Hace tiempo que los grupos fundamentalistas intentaban dar un zarpazo en el corazón de Jerusalén. Ayer lo lograron y con mortífera eficacia. Al menos 18 personas, entre ellos seis de ellas menores de edad, y además una ciudadana estadounidense de 31 años y una brasileña de 60 años, resultaron muertos. También se contabilizó más de un centenar de heridos al reventar un hombre bomba dentro de una pizzería. Entre los heridos figuran tres ciudadanos franceses. El gigantesco dispositivo policial que custodiaba cada esquina anticipando una operación de este tipo... resultaron inútiles: el de ayer fue uno de los atentados más sangrientos que ha sufrido Israel, desde la ofensiva islámica de 1996. "Veinte años en el oficio y jamás vi nada semejante: la impronta de una de las víctimas quedó estampada en la pared del local", dijo Yehudá Meshi Zahav, jefe de Misericordia y Verdad, una asociación ortodoxa dedicada a recolectar los trozos de los cuerpos desmembrados. La primera reacción de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) fue de perplejidad. Más tarde, alguna de sus figuras más relevantes, como Abu Mazen, brazo derecho de Yasir Arafat, quiso achacar la responsabilidad de lo ocurrido al primer ministro israelí, Ariel Sharon, por "la senda belicista" que éste habría escogido. Tras conocerse las dimensiones del atentado y a tenor del repudio que se iba gestando en la Casa Blanca, la actitud de la cúpula palestina cambió diametralmente. Yasir Arafat condenó cualquier acción contra civiles y pidió a Ariel Sharon pronunciar una declaración conjunta, llamando a poner fin a la violencia, y así "comenzar a aplicar las recomendaciones del informe Mitchell", según el comunicado difundido por su oficina. El primer ministro israelí, que se encontraba reunido con su minigabinete de Seguridad -que en la noche de ayer acordó dar una respuesta armada, según informa France Presse-, ignoró la invitación del rais. Para el portavoz del Gobierno israelí, Dore Gold, "Arafat no ha cumplido los términos del alto el fuego, y como consecuencia 17 israelíes han muerto". Luego se comprobaría que dos de los muertos no eran israelíes, al identificarse a una ciudadana estadounidense y a un brasileño entre los muertos. Pero volvamos al centro de Jerusalén, donde el reloj-campana del edificio Hapaamón había terminado de marcar las dos del mediodía, cuando un hongo de fuego envolvió al inmueble que ocupa la pizzería Sbarro, en la esquina que forman las calles Yafo y King-George. Inmediatamente después sonó el estruendo de la explosión seguido de una lluvia de objetos dispares en la que se mezclaban la argamasa, miembros mutilados, botes de gaseosa y comida. "Iba saliendo de la cocina cuando vi que el aire se ponía como viscoso. Caí por las escaleras y cuando traté de incorporarme, descubrí que no me podía mover pues tenía encima a uno de mis empleados [el cocinero]. Recuerdo que el chico daba tumbos y después nada. Volví a desfallecer", contó, Itsik, el chef del restaurante. Los equipos de rescate aún no se hacían presentes en el lugar de la masacre, cuando un portavoz anónimo asumió la autoría del atentado en nombre de la Yihad Islámica. El comunicado, transmitido desde Jordania por una radioemisora pirata, adjudicaba la "heroica acción" a Omar El Amshe, un miembro del Batallón de los Mártires de Al Aqsa, que es el nombre que ha adoptado el dispositivo de hombres bombas de la Yihad. "La campaña de los mártires no acabará mientras el enemigo no se haya retirado de suelo palestino", decía el portavoz. Sin embargo, horas después, el movimiento islámico Hamas negó la responsabilidad atribuida por la organización gemela, asegurando que había sido su activista Ezzedin Chuheil al Masri el autor del atentado y celebró lo que Mahmud A Zahar definió como "una de las operaciones más brillantes de los hijos de Mahoma". La Yihad terminó retractándose anoche de su autoreivindicación. Según el grupo integrista su kamikaze se preparaba para otro inminente atentado y fue confundido por sus compañeros. El portavoz de Hamas argumentó que los israelíes sólo entienden el idioma de la fuerza. "Los sionistas son tercos pero golpearemos sobre el metal al rojo vivo hasta que se reblandezca", proclamó A Zahar, desde la Franja de Gaza. Y, en hebreo, espetó al primer ministro Sharon: "Vete a tu casa, vete a Rusia". Los primeros peritajes indican que el kamikaze de Hamas portaba la bomba dentro de un maletín y no en una faja atada a la cintura. De este detalle se desprende que la carga era de gran potencia. "Lo más novedoso era el volumen de metralla que contenía el artilugio", expresó Shlomo Aharonishki, jefe de la policía de Israel. Aharonishki llamó a los habitantes de Jerusalén a no dejarse ganar por el miedo. "Ojo avizor, pero mantened vuestra rutina", dijo. Una meta algo ambiciosa la de seguir como si nada hubiera ocurrido, sobre todo para los equipos de rescate que llegaron al sitio de la catástrofe, cuando el aire aún olía a azúcar quemado por el alto contenido de piroxilina que tenía la bomba. Por efecto de la onda expansiva, todo el ala que ocupaba la pizzería, con el resultado de que aquéllos que sobrevivieron al bombazo resultaron heridos al derrumbarse la segunda planta del local. La explosión también inutilizó los semáforos, con lo cual el centro de Jerusalén se transformó en un gigantesco embotellamiento de vehículos. Pero el efecto más espantoso lo había causado la metralla. "Mucho clavo y mucha tuerca, lo que explica el horroroso cuadro de mutilación y descuartizamiento que nos esperaba", comentó a la radio estatal, un paramédico. Las reacciones a este fatal atentado no tardaron en sucederse. Tras condenarlo, el presidente de EE.UU., George W. Bush, urgió a Yasir Arafat a emprender una acción inmediata que prevenga futuros actos terroristas. Desde Texas, donde se encuentra de vacaciones, Bush instó al rais a actuar inmediatamente para arrestar a los responsables del atentado, según dijo el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, que apremió a las partes "a reunirse y a empezar a poner en vigor las recomendaciones del plan Mitchell". Condena internacional En la misma línea que el mandatario estadounidense, se pronunció el alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Javier Solana, que instó a la Autoridad Nacional Palestina a que "haga todo lo posible para prevenir ataques semejantes en el futuro". La Unión Europea considera que el cumplimiento del informe Mitchell es el único camino para superar este círculo de violencia y alcanzar la paz", añadió. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, enfatizó ayer que el acto terrorista "viola las leyes internacionales y los Derechos Humanos", tras condenarlo y "urgir a las partes a mostrar mesura", según un comunicado difundido por la organización. Mientras la Liga Árabe consideró que el atentado era "resultado de la opresión israelí y del silencio de la comunidad internacional", el ministro de Exteriores egipcio condenó "todos los actos de terrorismo dirigidos contra civiles palestinos o israelíes, sea quien sea su autor". El Cairo "manifiesta claramente su condena por la bomba de Jerusalén", manifestó. Ayer también fallecieron otros dos israelíes por disparos palestinos en Cisjordania. Por otra parte, el Gobierno israelí ordenó por la noche a todas sus delegaciones diplomáticas que permanecieran abiertas hasta que se aclarara la situación, al parecer en previsión de una represalia israelí, la cual, según vaticinó el jefe de Al Fatah en Cisjordania, Marwan Barguti, "será de gran envergadura". |
El Mundo - Viernes, 10 de agosto de 2001
Los atentados más crueles
que han sacudido Oriente Próximo
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Son ya 714 las personas que han muerto desde que comenzó la segunda Intifada el pasado 28 de septiembre, entre las que se cuentan 545 palestinos y 148 israelíes. Sin embargo, la oleada de violencia en la región se remonta a la firma del acuerdo de autonomía palestina, el 13 de septiembre de 1993 en Washington. Desde entonces, los atentados más crueles han sido los siguientes: 25 de febrero de 1994. Un colono israelí mata a 29 palestinos en una mezquita de Hebrón. En los disturbios que siguieron a la masacre murieron 30 palestinos en choques contra el Ejército israelí. 6 de abril de 1994. Un suicida de Hamas mata con coche bomba a ocho israelíes y deja 52 heridos. 19 de octubre de 1994. 23 muertos y 49 heridos al estallar en un autobús en Tel Aviv la carga explosiva que, al parecer, portaba un palestino suicida. Hamas reivindica la acción terrorista. 22 de enero de 1995. Atentado suicida de la Yihad Islámica a 25 kilómetros de Tel Aviv: 19 muertos y 65 heridos. 4 de noviembre de 1995. Un extremista israelí asesina en Tel Aviv al primer ministro de Israel, Isaac Rabin. 25 de febrero de 1996. Dos atentados suicidas de Hamas casi simultáneos causan 27 muertos y 80 heridos. 3 de marzo de 1996. Nueva acción kamikaze de Hamas en un autobús de Jerusalén. Mueren 19 pasajeros. 4 de marzo de 1996. Un integrista de Hamas coloca una bomba en un centro comercial de Tel Aviv. Mueren 14 personas y más de un centenar resultan heridas. 30 de julio de 1997. Dos kamikazes de Hamas colocan sendas bombas en un mercado de Jerusalén. Mataron a 14 israelíes y hubo más de 170 heridos. 22 de noviembre de 2000. Dos muertos y 30 heridos por un coche bomba en la ciudad israelí de Hedera. 14 de febrero de 2001. Nueve muertos y 20 heridos en el atropello intencionado de un autocar conducido por un palestino. 18 de mayo de 2001. Seis muertos y 100 heridos en un atentado suicida de Hamas en Natania. 1 de junio de 2001. Veinte muertos y más de 70 heridos frente a una discoteca del paseo marítimo de Tel Aviv. La Yihad Islámica reivindica la acción terrorista. |
El Mundo - Viernes, 10 de agosto de 2001
Círculo infernal
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JACQUES AMALRIC Como se temía desde hace varios días, el horror vino ayer por la noche al encuentro de Jerusalén. Despedazando los cuerpos de civiles, tranquilamente sentados en una pizzería, pero también haciendo volar por los aires los cálculos de Ariel Sharon: obtener una disminución del terrorismo palestino, decapitando las organizaciones ya sean Hamas o la Yihad Islámica, o incluso Al Fatah, gracias a la eliminación selectiva de sus responsables. Según este razonamiento, los terroristas dispuestos a suicidarse acabarían por encontrarse aislados, sin artificieros competentes, incapaces de sembrar una muerte que no sea la suya. Se puede decir, como mínimo, que el plan fracasó. Los asesinatos de responsables palestinos y presuntos terroristas han, sin embargo, multiplicado las vocaciones de kamikazes y han permitido sin duda alguna que éstos se beneficien de complicidades aún más numerosas del lado palestino. Un terrible encadenamiento cuyo final resulta cada vez más difícil de imaginar. De todos modos, las represalias que planificaba ayer el Gobierno israelí no son las que romperán el círculo infernal ya que Ariel Sharon insiste en exigir un alto el fuego total antes de cualquier conversación con las autoridades palestinas. En este estado extremo de descomposición de la situación, sólo vemos una pista. Esta pasa por un compromiso de Estados Unidos mucho más firme que el actual. En estos momentos, no se trata de relanzar negociaciones de paz sino de traer un poco de calma. Esto no supone únicamente, por parte de Yasir Arafat, condenar cualquier nuevo atentado sino también perseguir de forma activa a los responsables. Sharon, por su lado, debe estar convencido de que la violencia no puede desvanecerse en un instante y que sólo se apaciguará si acepta cierta vigilancia. No tiene por qué ser obligatoriamente internacional, ya que no quiere ni oír hablar del tema, pero al menos sí norteamericana. George W. Bush, pletórico en su mes de vacaciones texanas y en su fobia por los compromisos exteriores, puede perfectamente no mostrarse favorable; cuesta creer cómo podrá contentarse mucho tiempo más sólo con exhortaciones verbales. Jacques Amalric es el director de la redacción de Libération. |
El Mundo - Viernes, 10 de agosto de 2001
Aviones F-16 dan una primera respuesta bombardeando la comisaría de Ramala
La estrategia de Sharon acrecienta las fricciones
entre 'halcones' y 'palomas' en el Ejército israelí
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RAMY WURGAFT. Corresponsal. JERUSALÉN.- La respuesta del Gobierno israelí no se hizo esperar. Pasada la medianoche, aviones F-16 del Ejército hebreo lanzaron un ataque contra una comisaría de la ciudad cisjordana de Ramala, al norte de Jerusalén. En la represalia se utilizaron por primera vez desde el mes de mayo aviones de combate, lo que supone un salto cualitativo en la escalada de violencia. Estos ataques aéreos fueron complementados por una acción casi simultánea de la policía israelí, que irrumpió en la Casa de Oriente, cuartel general de la OLP en Jerusalén Este. Durante la acción, dos guardias que custodiaban la sede fueron detenidos y golpeados, y el edificio, según afirmó Hatem Abdel-Qader, diputado palestino, "quedó totalmente ocupado". El cuartel fue sitiado "por orden del estamento político", según señaló un portavoz de la policía hebrea, que detuvo durante la acción a siete oficiales palestinos para interrogarles. "La Casa de Oriente fue cerrada hasta nueva orden, porque era un centro de incitación a la violencia", apostilló Daniel Seaman, director de la oficina de prensa del ultraderechista Gobierno de Sharon. Abdel-Qader se mostró indignado: "Esta es una medida muy peligrosa. Nosotros defenderemos las instituciones en Jerusalén, e Israel se equivoca pensando que al ocupar ciertas instituciones en Jerusalén judaizará esta ciudad ocupada", apuntó. Las tropas israelíes irrumpieron además en la casa del gobernador de Abu Dis, una localidad palestina que linda con Jerusalén Este. En esta misma zona rodeó varios locales que sirven como centros para los servicios de seguridad palestinos. El Ejército israelí volvió a justificar su ofensiva: "A la vista de que la Autoridad Nacional Palestina utiliza sus servicios de seguridad para enviar a individuos que llevan a cabo actividades terroristas, y no se esfuerzan por evitar éstas, se ha decidido ocupar estas oficinas a los servicios de seguridad", señaló un portavoz. División en el Estado Mayor Estas acciones tienen lugar en un clima de hondo malestar en el propio Estado Mayor del Ejército israelí, acrecentado a medida que se prolonga el conflicto con los palestinos. Un alto cargo del aparato de seguridad confió a la radio estatal de Israel que, para un número considerable de oficiales, la estrategia que conducen el jefe del Estado Mayor, el general Saul Mofaz, y el primer ministro, Ariel Sharon, "está plagada de dogmatismo y puede arrastrar a una guerra regional". Según un comentarista de la citada emisora, a Mofaz no le hizo falta más que escuchar el preámbulo de esa información para ordenar la apertura de una investigación dentro del búnker del Estado Mayor, en Tel Aviv, a fin de desenmascarar a quien desde el anonimato se atrevió a lavar en público los trapos de la prestigiosa institución castrense. Durante la jornada de ayer se barajaron múltiples especulaciones sobre la identidad del informante, centrándose la mayoría de ellas en la persona de Benjamin Ben Eliezer, el ministro israelí de Defensa. Ben Eliezer se inauguró en su cargo como un halcón redomado, muy bien sintonizado con la línea intransigente que mantiene Ariel Sharon frente a los palestinos. En las últimas semanas se ha mostrado vacilante y el miércoles manifestó en público su apoyo a la iniciativa de Simon Peres, de reabrir el diálogo con Arafat. La iniciativa del ministro de Exteriores está reñida con la postura de Sharon, cada vez más obstinado en su determinación de no dialogar hasta que el rais haya restablecido por completo la calma. Sea o no Ben Eliezer quien levantó el telón, el espectáculo que se ofrece de los mandos de la quinta potencia bélica del mundo es desolador por el conformismo que proyecta. "En sus tertulias privadas, los oficiales comentan indignadamente cómo no hemos aprendido las lecciones del Líbano, cuando la semianiquilación de las milicias de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) dio origen a una organización mucho más peligrosa: Hizbulá. ¿Cómo el mismo escenario se repite con inquietante exactitud, cuando se pretende liquidar a Al Fatah [el partido que dirige Yasir Arafat] a sabiendas de que el vacío lo llenarían la Yihad Islámica y Hamas?". |
La Jornada - VIERNES 10 AGOSTO 2001
En represalia, la aviación israelí bombardea un cuartel de la policía en Ramallah
Atentado suicida en Jerusalén
deja al menos 18 muertos y 90 heridos
Jihad Islámica y Hamas se atribuyen la acción,
en venganza por el asesinato de ocho palestinos
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REUTERS, AFP Y DPA Jerusalén, viernes 10 de agosto. Un suicida palestino se hizo estallar ayer una bomba en un concurrido restaurante en el sector oeste de esta ciudad que dejó como saldo al menos 18 muertos, entre ellos seis niños, y alrededor de 90 heridos, y esta madrugada aviones israelíes atacaron en represalia un cuartel de la policía palestina en Ramallah. Aparatos de combate F-16 lanzaron dos misiles contra el recinto policial destacamentado en esa ciudad cisjordana, que estalló en llamas. Hasta el momento del cierre de esta edición no había informes de bajas. Poco después de la incursión aérea, todos los uniformados de esa unidad fueron evacuados del lugar por temor a nuevos ataques, informaron fuentes palestinas. Al mismo tiempo, la policía de Tel Aviv ocupó la Casa de Oriente, de la Organización para la Liberación de Palestina en Jerusalén, sede oficial que fue cerrada "hasta nueva orden porque era un centro de incitación a la violencia", dijo el director de la oficina de prensa gubernamental, Daniel Seaman. Mientras, analistas políticos calificaron el atentado suicida como el peor ocurrido en Jerusalén, ataque que destruyó la pizzería Sbarro en momentos en que se encontraba repleta de comensales en la hora del almuerzo. Dos grupos integristas musulmanes, Jihad islámica y Hamas, se atribuyeron la autoría del atentado, y dijeron que era en venganza por el ataque israelí con misiles que mató a ocho palestinos, entre ellos dos dirigentes de Hamas, en la ciudad cisjordana de Nablus, el 31 de julio. Horas después del atentado suicida de ayer, palestinos armados mataron a dos israelíes, en tiroteos separados en Cisjordania. Según la policía, la bomba era de gran potencia y llevaba clavos mezclados en el explosivo, lo cual provocó el gran saldo de heridos por esquirlas, según fuentes hospitalarias locales. Dos turistas, entre las víctimas La policía de Jerusalén comunicó un balance de 15 muertos, incluido el suicida palestino. Según fuentes hospitalarias, tres personas más murieron a consecuencia de sus heridas, con lo que el balance de fallecidos se elevaría a 18. Entre los muertos figuran dos turistas, y según la radio israelí se trata del ciudadano brasileño Giora Balach, de 60 años de edad, y de la estadunidense Judith Greenbaum, de 31 años. Tres turistas franceses habrían resultado heridos en el atentado, dijo a la radio el ministro israelí de Sanidad, Nissim Dahan. Comentaristas señalaron que este ataque asestó un nuevo revés a las mínimas esperanzas de terminar con más de 10 meses de violencia desde que estalló, a fines de septiembre del año pasado, la intifada, revuelta palestina contra la ocupación israelí de Cisjordania y la franja de Gaza que ha dejado más de 650 muertos. Yasser Abed Rabbo, ministro de Información de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), responsabilizó del atentado a la política de "asesinatos selectivos" de militantes integristas por parte del Gobierno del primer ministro israelí Ariel Sharon, que implican, dijo, "asesinatos, muerte y terrorismo. Lo ha provocado Sharon. Sharon lo esperaba", declaró. Tras la explosión, el sector en el que se encontraba la pizzería fue cerrado por las fuerzas de seguridad y los expertos en explosivos registraron el lugar en busca de otros eventuales artefactos. El ejército israelí intensificó el jueves por la noche su presencia en los territorios palestinos, tras el atentado, para evitar y desalentar nuevos ataques. "El ejército israelí reforzó su presencia de manera notable, sobre todo cerca de Jenin, en Cisjordania, así como en el sur de la franja de Gaza y Rafah", añadió un comunicado del ejército. Aprueban una respuesta armada En tanto, el minigabinete de seguridad israelí aprobó el jueves por la noche dar una "respuesta armada" contra objetivos palestinos tras el atentado suicida. El colectivo tomó esta decisión tras haber examinado proposiciones del ejército, pese a la oposición del ministro israelí de Relaciones Exteriores, Shimon Peres. La decisión debía ser confirmada por el gabinete de seguridad, el que luego de reunirse en Tel Aviv tomó la decisión de responder con una acción de represalia en la ciudad cisjordana de Ramallah. Por su parte, el presidente de la ANP, Yasser Arafat, "condenó" el atentado suicida, indicó un comunicado dado a conocer ayer por su oficina, y al mismo tiempo pidió publicar conjuntamente con el gobierno israelí un llamado para un alto del fuego global. El atentado suicida fue condenado por la comunidad internacional: el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, criticó el incidente e hizo un llamado a Arafat para que arreste a los responsables del ataque "terrorista". El ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, Ahmed Maher, declaró que su país condena toda violencia contra civiles, en tanto que Jordania lamentó "la muerte de inocentes" e hizo un llamado a Estados Unidos para que intervenga "rápidamente". El secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, dijo sentirse "profundamente perturbado por esta terrible pérdida de vidas" en Levante, y en este mismo sentido se expresaron la Unión Europea, Rusia y Amnistía Internacional. |