El Mundo - Lunes, 13 de agosto de 2001
China 'abandona' a cien mil niños cada año
La mayoría de ellos tiene malformaciones, parálisis cerebral, ceguera, fisuras en el paladar o sordomudez
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JOHN GITTINGS. The Guardian / EL MUNDO BEIJING.- Unos pequeños bultos cubiertos por mantas grises desaparecen tras las puertas del orfanato. El encargado les tranquiliza mientras en el interior, los simpáticos miembros del personal echan un vistazo a una diminuta carita arrugada. "Es un recién nacido, lo han abandonado hace muy poco", comentan entre sí. Zhang Yuxia, directora del Instituto Hefei para el Bienestar de la Infancia, explica: "El 90% de los niños que tenemos aquí han sido abandonados; un 60% son discapacitados y el 70% son niñas. Con bastante frecuencia los dejan en nuestra puerta. Las madres son inmigrantes que proceden de las zonas rurales". Escudriñamos la guardería a través de una ventana y vemos otros dieciséis bultos en sus cunas, vigilados por una enfermera. Zhang se extiende en sus consideraciones: "A veces, llevan a los niños a unos grandes almacenes y los dejan allí, al cuidado de un empleado al que le dicen que van al baño o a comprar algo. Los almacenes anuncian que se ha perdido un niño, pero nadie contesta. Entonces, la policía intenta encontrar a la madre; si no lo consiguen, nos los traen aquí". Decenas de miles de niños chinos -quizá cien mil o más- se pierden anualmente. Las estadísticas demuestran, muy significativamente, que el año pasado se adoptaron más de cincuenta y dos mil "niños abandonados". La categoría más numerosa entre estos infantes es la de los discapacitados. En el hogar de Hefei los hay con palatosquisis (fisuras en el paladar), ceguera, sordomudez, malformaciones (una niña encantadora casi sin nariz), parálisis cerebral, un albino... Hijos ilegítimos La más seriamente discapacitada es Wang Dongzen, una niña de once años que padece parálisis cerebral. Me enseña muy orgullosa una pintura en la que aparece un padre viendo la TV. Acaso el suyo. Luego veo a los niños sanos; la mayoría son hijos de madres solteras, nos dice Yan Qingchun, un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Civiles. "Esto está cada vez peor por culpa de la economía de mercado. La gente joven viene a las ciudades en busca de trabajo y viven juntos sin la documentación adecuada. Sus hijos son ilegítimos". Asímismo, se encuentran con problemas por la política de un solo hijo (dos si es una familia rural), que sólo permite la "planificación de la natalidad" a los casados. Hefei es la capital de la provincia de Anhui, donde es fácil deshacerse de un niño. En las zonas rurales es mucho más complicado. A continuación me dirijo al hogar infantil de Guangde, al sur de la provincia, para ver por mí mismo un proyecto de Save the Children. Allí hay solamente cuarenta y siete niños -algunos son adultos- registrados en los libros de Guangde, de los cuales sólo diez fueron abandonados. A Guang Qiu, de veintiún años, se le admitió al poco de nacer por padecer una palatosquisis. Ella sabe quiénes son sus padres, me comenta alguien del personal. Trabajan en una fábrica y la visitaron en una ocasión, pero no quisieron llevársela consigo. Tao Shi, de diecinueve años, se encontró con serias dificultades, pero ahora puede comunicarse razonablemente bien. "Su madre era una mujer de la calle, mentalmente discapacitada", me explica el director adjunto Feng Kanglin. "Separamos a Tao de su madre inmediatamente después de nacer". Ahora, Guang y Tao forman parte de una familia de cinco miembros que vive en un "hogar de la comunidad" cuidado por la devota madre de la casa, He Yao. Los otros niños son Jing De, de diez años y con parálisis cerebral, Guang Zu, de ocho y operado de palatosquisis, y Tao He, una niña sana abandonada con diez días de vida. Viven en el pueblo, a escasa distancia de la institución principal (donde hay otras nueve unidades familiares). He Yao es una madre modélica en un proyecto modélico. Al ver a su familia abrazándose amorosamente en un sofá, puedo creerla cuando afirma que ellos "siempre comienzan el nuevo día felices y cariñosos". Guangde está transformando sus vidas. "Estaban acostumbrados a ser unas criaturas atadas a sus sillas o echados en la cama todo el día", dice Kate Wedgewood, de Save the Children. Seis de cada diez de los niños que se adoptan procedentes del hogar de Hefei van fuera de China y las correspondientes donaciones extranjeras ayudan a mejorar las condiciones de la institución. Yo sé que, desde Hefei a Beijing, estoy contemplando la mejor imagen de una situación que puede ser mucho más sórdida en cualquier otro sitio. Faltan instituciones En toda China sólo existen ciento veintiséis hogares para niños: la aspiración, según Yan, es disponer de una institución para niños "de la naturaleza que sea" en todas y cada una de las ciudades grandes y medianas en 2010. Y una institución de bienestar social en los pueblos. Más de la mitad de los huérfanos a cargo del Estado viven en instituciones rurales que atienden, fundamentalmente, a adultos y ancianos. ¿Y cuál puede ser la vida de estos niños en semejantes sitios, cuando a menudo son uno o dos entre docenas de personas mayores? ¿Y qué ocurre con los niños de los que nunca se hizo cargo el sistema? Yan dice que "hacemos lo que podemos para localizarlos". Entre los niños más necesitados están los que vagabundean por las calles, los que viven infelices con sus parientes o los que están al cuidado de funcionarios municipales, los niños con SIDA y aquellos otros cuyos padres están en la cárcel. Se hacen esfuerzos, pero nadie cree que esto sea suficiente. Los niños en China también son víctimas de las leyes sobre planificación familiar, a menudo aplicadas por funcionarios locales corruptos que imponen enormes multas a las familias y echan abajo las casas de quienes se resisten. Los niños ilegales o negros que hayan nacido pueden verse abandonados, colocados informalmente, registrados localmente o incluso vendidos. A veces, sus padres biológicos intentan adoptarlos para evitar las restricciones. Susan Greenhaugh, otra experta estadounidense en este ámbito, afirma que los demógrafos chinos han trabajado calladamente "para ajustar la política y hacerla más humana". Y yo me pregunto cuál será la situación en que se encuentren los niños de las "casas de acogida" rurales que nunca he visitado o la de aquellos otros que nunca recibieron ninguna ayuda. Beijing rectifica por temor a la prensa J. G. Los funcionarios de este país no han olvidado aún que Channel 4 produjo un documental, titulado "Las Habitaciones de la Muerte" ("The Dying Rooms", by Kate Blewett, Brian Woods and Peter Woolrich, 1995), en el que se afirmaba que las autoridades de Beijing instaban a los orfanatos a que dejasen morir a los niños. Como consecuencia, se produjo una ola de publicidad muy adversa. Trabajadores sociales extranjeros aseguraron que el documental tenía razón cuando revelaba casos de serias negligencias, pero que se equivocaba respecto a que éstas estuviesen dirigidas desde arriba. "La mejor forma de describir lo que ocurre", afirma uno de ellos, es "por defecto, por la ausencia de los cuidados apropiados". A pesar de que los argumentos del documental eran exagerados, éste sirvió para que los cambios en el sistema se llevaran a cabo con rapidez. "Las Habitaciones de la Muerte supuso un golpe muy severo para el Ministerio", asegura un trabajador social chino. "Se elaboraron determinadas directivas para mejorar las prestaciones". En cuanto surge alguna historia relacionada con la desatención a los niños, Beijing acapara malos titulares en toda la prensa extranjera. A principios de este mismo año, uno de los periódicos más importantes de China, el Southern Weekend, informaba de que las autoridades locales habían "confiscado" en Jinjiang a dieciocho niños que habían sido adoptados sin el correspondiente permiso oficial. Poco después, un tabloide británico publicaba la fotografía de un niño muerto, abandonado en una cuneta, probablemente a la puerta de una comisaría de policía china. Historias como ésta refuerzan las dos imágenes tópicas del régimen que, por una parte, impone el control de la población y, por otra, mantiene una actitud insensible hacia los débiles y desamparados. Ambas imágenes tienen elementos verdaderos, pero no contemplan los esfuerzos que hacen muchos funcionarios y la mayoría de los chinos. Enlaces relacionados:
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