El País - Miércoles, 5 de septiembre de 2001

El Pentágono desarrolla un programa secreto
de armas bacteriológicas de gran potencia

Bush apoya un plan de guerra biológica del que no se informó ni a Clinton ni al Congreso

ENRIC GONZÁLEZ. Washington.

Una de las primeras decisiones de George W. Bush, tras su llegada a la Casa Blanca, consistió en retirarse de las conversaciones para ampliar el tratado internacional de 1972 sobre prohibición de armas biológicas.

Ahora ya se sabe por qué. Estados Unidos está creando armas biológicas de gran potencia, dentro de un programa secreto que se inició durante el mandato de Bill Clinton y que roza la ilegalidad.

La ampliación del tratado habría obligado al Pentágono a abrir sus laboratorios a equipos de observadores extranjeros, algo que la cúpula militar consideró inaceptable.

El presidente George Bush quiere expandir esos programas biológicos, uno de cuyos objetivos es manipular genéticamente la bacteria que causa el ántrax para aumentar su poder letal, según la información publicada ayer por el diario The New York Times.

El tratado sobre guerra biológica de 1972 prohíbe la producción de esas bacterias, pero los abogados de la Casa Blanca alegan que el ántrax se manipula con propósitos defensivos y con la intención de desarrollar vacunas para las tropas estadounidenses, una excepción contemplada en el texto de 1972.

La existencia de los laboratorios dedicados a la fabricación de armas químicas era desconocida por el Congreso.

El propio Bill Clinton fue mantenido al margen del secreto durante su mandato.

Según la investigación del diario neoyorquino, el Pentágono se limitó a preguntar a los abogados del Departamento de Defensa si sus planes vulneraban la legalidad internacional; los abogados respondieron que, aunque al límite, se trataba de algo legal; y el Pentágono se puso a trabajar en ello, sin informar a la Casa Blanca o a la comisión correspondiente del Congreso norteamericano.

Los jefes militares, que ahora sí han informado a Bush, alegan que el programa requería 'un presupuesto muy bajo y era de pequeña escala', por lo que no consideraron necesario ponerlo en conocimiento de los dirigentes políticos.

Varios miembros de la anterior Administración demócrata se declararon ayer 'atónitos' al saber que se había iniciado un programa bacteriológico sin ponerlo en conocimiento de Clinton, entonces jefe supremo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

La bacteria del ántrax fue desarrollada por científicos rusos durante la guerra fría. El Pentágono dice que necesita muestras muy potentes de la bacteria para comprobar si la vacuna que se inocula actualmente a todos los soldados estadounidenses es efectiva.

El del ántrax no es, sin embargo, el único programa en marcha.

Existe otro, denominado Visión Clara, impulsado por la CIA y ya casi completado, en el que se ha construido una réplica de una minibomba bacteriológica de diseño soviético.

Fábrica de gérmenes

La minibomba emite, al estallar, una nube de gérmenes mortales y, según la CIA, algunos modelos pertenecientes a la antigua Unión Soviética podrían estar siendo vendidos en el mercado negro internacional.

La agencia de espionaje estadounidense intentó conseguir una de esas armas; no la encontró, y decidió fabricar una réplica exacta para saber cómo funcionaba y cuáles podrían ser las mejores defensas contra ella.

Un tercer proyecto, desarrollado en unas instalaciones del desierto de Nevada, consiste simplemente en una fábrica de gérmenes.

El Pentágono quería comprobar si podía crearse una factoría de armamento bacteriológico a partir de materiales disponibles en el mercado y al alcance de cualquier comprador.

Efectivamente, se puede. Un portavoz militar declaró que ese ensayo había demostrado la facilidad con que cualquier país u organización terrorista podía dotarse de un arsenal para la guerra biológica.

Un portavoz de la Casa Blanca declaró a The New York Times que todos los proyectos en curso se ajustaban a las exigencias del tratado internacional sobre prohibición de armas biológicas firmado en 1972 y que eran imprescindibles para proteger a los ciudadanos de Estados Unidos frente a un peligro creciente.

'El presidente Bush quiere obtener defensas contra toda la gama de amenazas bacteriológicas', explicó.

El Mundo - Miércoles, 5 de Septiembre de 2001

ALEGA QUE ES PARA PROTEGER A SUS SOLDADOS

Estados Unidos admite
que ha realizado investigaciones secretas
con armas químicas

EFE

WASHINGTON.- La Casa Blanca confirmó ayer que EE.UU. ha estado realizando investigaciones secretas sobre armas biológicas para proteger a los soldados norteamericanos de ataques químicos.

Ari Fleischer, portavoz de la Casa Blanca, dijo que esa investigación ha sido totalmente defensiva y se ha llevado a cabo en el marco del tratado que a partir de 1972 prohibió la fabricación de armas biológicas.

El diario The New York Times señaló ayer que esa investigación comenzó durante el Gobierno del ex presidente Bill Clinton y aplica disposiciones del tratado que permiten el uso de vacunas y otros medios de protección.

The New York Times manifestó que la investigación trató de seguir los métodos que aplicaría un grupo terrorista o un país que patrocine el terrorismo para crear armas biológicas.

El programa tiene como fin "proteger a los soldados en particular", expresó Fleischer.

El portavoz no aclaró cuándo se puso en marcha el programa de investigación, pero señaló que la preocupación sobre una vulnerabilidad de los soldados estadounidenses ante un ataque químico se planteó durante la Guerra del Golfo en 1991.

"Estados Unidos tiene un programa desde hace un tiempo de desarrollar vacunas y otras medidas de protección en caso de que seamos blanco de un ataque", dijo.

Sean McCormack, protavoz del Consejo de Seguridad Nacional, indicó que la investigación no supone que Estados Unidos quiera distanciarse del tratado.

Agregó que Estados Unidos abandonó sus armas biológicas de tipo ofensivo hace tiempo.

"Respaldamos plenamente el programa de armas biológicas. Esta es una investigación exclusivamente defensiva, la cual está permitida", señaló.

El programa de investigaciones secretas incluye un proyecto del Pentágono de construir una fábrica de gérmenes en el desierto de Nevada con materiales de libre disponibilidad comercial, según The New York Times.

El diario citó declaraciones de fuentes del Departamento de Defensa que manifestaron que ese proyecto confirmó la facilidad con la que un terrorista o un país que patrocina el terrorismo puede construir una planta para producir gérmenes letales.

Clarín - Miércoles 5 de setiembre de 2001

LA GUERRA BACTERIOLÓGICA: INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA
SOBRE LAS NUEVAS ARMAS DE LA CASA BLANCA

Revelan que EE.UU. armó en secreto una bomba biológica

Washington también creó una bacteria de ántrax más potente. Y un laboratorio de gérmenes letales. El gobierno negó que haya violado pactos internacionales contra las armas químicas.

Nueva York. The New York Times. Especial para Clarín.

En los últimos años, EE.UU. se embarcó en un programa de investigación secreta sobre armamentos biológicos. El plan incluyó la fabricación por la CIA de un modelo de bomba química de diseño soviético.

Algunos funcionarios estimaron que, con este programa, Washington está a un paso de vulnerar el tratado global que prohíbe este tipo de armas.

Ese pacto internacional, rubricado en 1972, impide que los países desarrollen o adquieran armamentos que propaguen enfermedades, pero permite el trabajo en vacunas y otras medidas preventivas.

Los proyectos, que recién salen a la luz, comenzaron durante la presidencia de Bill Clinton y continuaron con George Bush, que piensa ampliarlos.

Según funcionarios del gobierno, a comienzos de este año el Pentágono inició experimentos para diseñar genéticamente una bacteria del ántrax más potente con el objetivo de probar la eficacia de la vacuna que se administra a los soldados.

El ántrax es una bacteria letal que ataca el aparato respiratorio y el sistema nervioso.

Durante la administración Clinton se realizaron otros dos proyectos centrados en la fabricación de armas biológicas: uno a cargo de la CIA y otro, del Pentágono.

El primero, conocido como "Visión clara", consistía en la fabricación de un modelo de bomba biológica de diseño soviético que, según temían funcionarios de la agencia, se vendía en el mercado internacional.

El segundo proyecto, ejecutado por el Pentágono, consistió en la construcción de un laboratorio de gérmenes en el desierto de Nevada a partir de materiales disponibles en el mercado.

Este experimento demostró la facilidad con la que un terrorista puede levantar una planta capaz de producir kilos de bacterias mortales.

Funcionarios del gobierno dijeron que el objetivo de la investigación secreta, que simuló los pasos que puede dar un Estado o un terrorista para crear un arsenal biológico, era entender mejor la amenaza.

Ayer, la Casa Blanca confirmó que EE.UU. ha estado realizando investigaciones secretas sobre armas biológicas. Fue a través de su portavoz, Ari Fleischer, quien afirmó que los experimentos son completamente defensivos y no vulneran el tratado de 1972 que prohibió la fabricación de armas biológicas.

"EE.UU. tiene desde hace un tiempo un programa para desarrollar vacunas y otras medidas de protección en caso de un ataque", dijo el vocero oficial.

Fleischer no precisó cuándo se puso en marcha el programa, pero señaló que la preocupación de Washington sobre la vulnerabilidad de sus soldados ante un ataque químico surgió durante la Guerra del Golfo, en 1991.

Un alto funcionario de la administración Bush dijo que todos los proyectos eran "absolutamente coherentes" con el tratado que prohíbe armas biológicas. "Este gobierno implementará las defensas necesarias para combatir todo el espectro de amenazas biológicas", dijo.

Pero a otros miembros de la administración Clinton, sin embargo, les preocupaba que el proyecto violara el pacto. Entre ellos, algunos temían que los experimentos, una vez revelados, pudieran considerarse como un esfuerzo clandestino por reanudar el trabajo en un tipo de armas que el presidente Richard Nixon había abandonado en 1969.

Según estos funcionarios, los experimentos con un modelo de bomba bacteriológica, un laboratorio de gérmenes biológicos y el desarrollo de ántrax más potente generarían protestas por parte de Washington si eran realizados por un país al que EE.UU. considerara sospechoso.

Voceros del gobierno dijeron que la necesidad de mantener este tipo de proyectos en secreto fue uno de los motivos por los que EE.UU. rechazó el 26 de julio, en la Comisión de Armas de la ONU, en Ginebra, un borrador de documento destinado a fortalecer el tratado de armas biológicas, firmado en 1972 por 143 países.

Ese borrador exigía a los Estados revelar los lugares donde investigaban sobre bacterias que pudieran ser utilizadas en armamentos para ser inspeccionados luego.

Muchos funcionarios de seguridad de los gobiernos de Clinton y Bush se opusieron al borrador, con el argumento de que les daría a los posibles adversarios un mapa de lo que Estados Unidos considera sus principales vulnerabilidades.

Varios funcionarios de la administración Clinton admitieron que los esfuerzos por mantener el secreto estuvieron tan mal coordinados que ni siquiera la Casa Blanca estaba al tanto de su alcance.

Es más, el presidente Clinton, que siempre manifestó un interés intenso por las armas biológicas, nunca supo de la existencia de los programas del Pentágono.

Las pruebas de la CIA sobre la bomba desataron una disputa entre expertos tras concluir las pruebas, en el 2000. Algunos funcionarios llegaron a opinar que violaban la prohibición de desarrollar este tipo de armas impuesta por el tratado de 1972.

Funcionarios de inteligencia dijeron que abogados de la agencia y de la Casa Blanca llegaron a la conclusión de que la investigación tenía fines defensivos y, por lo tanto, estaba permitida.

Pero incluso los que apoyaban el esfuerzo reconocieron que ponía a EE.UU. cerca de lo prohibido.

La revelación de la investigación probablemente complique a EE.UU., que siempre intentó hacer cumplir el tratado de armas químicas.

La decisión de abandonar el pacto de misiles antibalísticos firmado con Moscú en 1972 ya recogió críticas en todo el mundo.


Antrax, una bacteria mortífera

El ántrax es una bacteria letal. Viene en polvo y puede ser esparcida. En contacto con la humedad forma una suerte de espuma. Sus esporas atacan los pulmones y el sistema nervioso central inutilizando la capacidad de absorber el oxígeno.

El ántrax causa, además de dificultades para respirar, dolores de pecho, una fiebre muy alta y envenenamiento. Después de un corto período, los antibióticos para contrarrestar su efecto no funcionan. Puede causar la muerte en dos días.

Los expertos dicen que con sólo 30 kilos de cepas del virus de ántrax lanzados sobre una ciudad con un misil Scud se puede matar a entre 30 mil y 100 mil personas.

La inmunización contra esta bacteria es aplicada desde los 70 a veterinarios y trabajadores de frigoríficos. Estos son proclives a contagiarse de animales enfermos.


Pruebas del Pentágono

El Pentágono viene trabajando desde hace 50 años en el desarrollo de las armas biológicas tanto para su utilización contra algún posible enemigo como para la defensa.

En los años sesenta hubo un plan concreto de la CIA para un ataque biológico contra Cuba, pero la mayor preocupación sobrevino con la Guerra del Golfo, cuando Saddam Hussein logró construir armas bioquímicas.

Y una investigación periodística reveló que en los años ochenta hubo una gran contaminación de humanos en Oregon por una bomba química desarrollada por un culto religioso.