El País - Jueves, 6 de septiembre de 2001
Una bomba siembra el pánico
entre los escolares del Ulster
Pánico entre la población y condena unánime a la violencia
que sufre el colegio de la Santa Cruz
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WALTER OPPENHEIMER. Belfast. Los protestantes radicales causaron ayer una escalada de terror al pasar de los insultos a las bombas, en otra jornada de intimidación a las escolares católicas en su itinerario hacia el colegio de la Santa Cruz, en Belfast. El estallido de un artefacto lanzado por lealistas extendió el pánico entre las niñas y los familiares que las acompañaban a la escuela, situada en una zona habitada por protestantes. Cuatro policías resultaron heridos, dos de cierta consideración, y tres sospechosos fueron detenidos. 'Soy protestante, pero todo esto me da mucha vergüenza', afirmaba un ciudadano de Belfast. La ciudad, que vive un milagro económico y sueña con una paz para siempre, está ya harta de tantos radicales. Rupert es un hombre de negocios que conoce medio mundo. Ha vivido en África occidental, asesora a pequeñas y medianas empresas polacas y reside de nuevo en la capital norirlandesa. Derick se define como 'un hombre de Belfast'. Sencillo, simpático. Ambos hombres coinciden en dos cosas. Los dos son protestantes. Los dos se avergüenzan de los radicales que asedian desde hace tres días a las niñas del colegio. 'Eso es inadmisible, a los niños no les puede meter en todo esto. Han de ir a la escuela por el camino más corto, aunque quizá durante unos días convendría que fueran por la puerta de atrás', señala Derick, apasionado. 'Es todo muy complicado. Son 300 años de enfrentamiento que no se pueden superar en un santiamén', comenta Rupert, apesadumbrado. Pero la condena generalizada que ha provocado en el Reino Unido el acoso de 200 radicales a un grupo de escolares de entre cuatro y once años no ha hecho amainar la tensión. Al contrario, porque los protestantes estuvieron a punto de provocar una tragedia al lanzar la bomba. El estallido provocó el pánico entre los católicos y una pequeña avalancha de niñas y madres asustadas. El artefacto no pretendía matar a nadie, pero aterrorizó aún más a unas niñas que soportan el calvario de una procesión diaria a la que no quieren renunciar sus padres ni tolerar sus adversarios. Dos policías sufrieron serias heridas en las piernas y otros dos, heridas de menor importancia. También resultó herido un perro policía. Y una mujer sufrió un colapso en el torbellino de gritos y carreras que sucedió a la explosión. Incluso uno de los líderes protestantes radicales, Billy Hutchinson, diputado en la Asamblea norirlandesa por el Partido Progresista Unionista (PUP), condenó el lanzamiento del artefacto, pero no las manifestaciones contra las escolares. Hutchinson responsabilizó del aumento de la tensión a lealistas de otras zonas de la provincia que acuden a Glenbryn para radicalizar la protesta. Gerry Kelly, diputado del Sinn Fein, responsabilizó a los paramilitares de la escalada de violencia. Los autodenominados Defensores de la Mano Roja, un seudónimo bajo el que se escudan los lealistas paramilitares del UDA y el LVF, reivindicaron la escalada de tensión. La policía detuvo a tres sospechosos de haber lanzado la bomba. Los paramilitares protestantes protagonizan desde hace ya meses atentados más o menos aislados, intentando desestabilizar la provincia y acabar con el proceso de paz. Martin McGuinness, uno de los líderes del Sinn Fein, brazo político del IRA, ha afirmado esta misma semana que pase lo que pase no cree que los católicos proirlandeses vayan a romper el alto el fuego en el que se sostiene el proceso de paz y el Acuerdo de Viernes Santo. A pesar de las condenas generalizadas de estos días, nadie quiere ceder en el barrio Ardoyne. Para los católicos, abandonar su ruta habitual hacia la puerta principal del colegio de la Santa Cruz sería bajar la cabeza ante la violencia protestante. Para éstos, acabar con las manifestaciones sería admitir su derrota. Quizá por eso, la dirección de la escuela se planteaba ayer cerrar la puerta principal temporalmente, con lo que el problema se acabaría sin vencedores ni vencidos. Los alumnos que quieren ya pueden acceder ahora por la puerta trasera del colegio, a cubierto de la ira radical. El ministro británico para Irlanda del Norte, John Reid, anunció ayer que va a recortar sus vacaciones dada la situación en la provincia. Muchos británicos ni siquiera sabían que estaba de vacaciones y le imaginaban en su despacho, dado el deterioro que vive el proceso de paz desde hace semanas. Y la ministra norirlandesa de Seguridad, Jane Kennedy, convocó ayer una reunión con las fuerzas políticas para encontrar una salida al conflicto. La Mano Roja El grupo Defensores de la Mano Roja, que reivindicó el artefacto que explotó ayer en Belfast, es considerado por las autoridades como una tapadera de la milicia lealista más grande de Irlanda del Norte: la Asociación para la Defensa del Ulster (UDA-UFF). El pasado 30 de julio, los Defensores de la Mano Roja reivindicaron el asesinato en la noche anterior de un joven protestante de 18 años que se encontraba con un grupo de amigos católicos. Diez días antes, el grupo se confesó autor de un tiroteo sin víctimas ocurrido en el norte de Belfast. Oficialmente el UDA-UFF anunció un alto el fuego en 1993. Todavía hoy asegura que esta situación sigue en vigor, pero esta afirmación cada vez pierde mayor credibilidad. El grupo es sospechoso de la muerte de un joven católico asesinado en plena calle el pasado 4 de julio. Si Londres llega oficialmente a la conclusión de que el UDA, bajo cualquiera de sus siglas, ha roto el alto el fuego, el Gobierno británico podría volver a enviar a prisión a un centenar de militantes que se han beneficiado el año pasado de una excarcelación anticipada en el marco del proceso de paz en el Ulster. |
El Mundo - Jueves, 6 de septiembre de 2001
Pánico en Belfast al estallar una bomba
cerca de un colegio
El artefacto explotó al paso de un grupo de niñas católicas e hirió a cuatro policías
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IRENE HERNANDEZ-VELASCO. Enviada especial. BELFAST.- Paulette Donnelly tiene 10 años, la cara llena de pecas y los ojos muy azules. "Estoy viva de milagro, ¿sabes?", dice con su tierna vocecilla infantil. Su madre, Denise, la coge de la mano y asiente con la cabeza: "Sí, es cierto. Unos asesinos desalmados han tratado de matar a mi hija y a otras muchas niñas. Jamás, aunque viva mil años, olvidaré lo ocurrido. Ni yo ni ninguno de los otros padres", advierte Denise. Muy poco faltó ayer para que las calles de Ardoyne, en el norte de Belfast, se vieran bañadas en sangre. Las alumnas del colegio católico de educación primaria del Sagrado Corazón no sólo tuvieron que soportar los insultos y amenazas y la lluvia de ladrillos con que desde el lunes son recibidas cada vez que ponen el pie en Glenbryn, el barrio protestante que cruzan para acudir a su centro escolar. Ayer, además, una bomba explotó al paso de las pequeñas. Cuatro agentes de policía resultaron heridos y tres personas fueron detenidas en relación con lo sucedido. Ya antes de que el artefacto hiciera explosión, la inmensa mayoría de las cerca de 40 niñas que ayer se sometieron al calvario de acudir al Sagrado Corazón atravesando Glenbyrn se dirigía a clase llorando a moco tendido. A pesar de ir acompañadas por sus padres, a pesar de que decenas de policías y soldados velaban por su seguridad, las alumnas llevaban el miedo escrito en el rostro. Y con razón. En respuesta a los ataques que aseguran haber sufrido a manos de los católicos, muchos vecinos de Glenbyrn se niegan en redondo a permitir que las pequeñas pasen por su territorio para ir a la escuela. Por eso, ayer recibieron ayer a las niñas con una feroz avalancha de insultos. Lanzaron sobre ellas un auténtico alud de piedras y ladrillos, que los escudos de las fuerzas de seguridad del Estado se encargaron de repeler. Y entonces, justo cuando un sacerdote del Sagrado Corazón apremiaba a las niñas para que se dieran prisa en recorrer los escasos metros que aún las separaban del centro escolar, una bomba de fabricación casera saltó por los aires. El estruendo de la explosión fue seguido por un griterío ensordecedor y un caos absoluto. Las niñas comenzaron a chillar histéricas, a correr desenfrenadamente, a buscar un lugar en el que cobijarse. Algunos padres agarraban a sus hijas fuertemente de las mano, otros trataban de protegerlas abrazándolas. Un policía cayó al suelo herido. Sus compañeros formaron una especie de escudo a su alrededor para evitar que fuera pisoteado por la multitud de niñas y padres que huían aterrados del lugar. "¡Espero que os sintáis orgullosos!", increpó a los manifestantes de Glenbyrn una mujer que llevaba a su hija en los brazos. Paulette, envuelta en lágrimas, tiraba de su madre, Denise, a la que el terror había dejado paralizada. Milagrosamente, ninguna niña resultó herida. Entre los padres sólo hubo que lamentar una baja: la de una mujer a la que el suceso generó tal estado de conmoción que tuvo de ser hospitalizada. En las filas policiales, la bomba dejó heridos a cuatro agentes. Los Defensores de la Mano Roja, un sobrenombre utilizado indistintamente por varios grupos paramilitares lealistas, han reivindicado el atentado. "Ha sido un intento de asesinato con premeditación y alevosía", aseguraba Denise. "Jamás pensé que llegarían tan lejos", indicaba Jim, padre de otra de las alumnas del Sagrado Corazón. "Mi hija está aterrada, pero te aseguro que no permitiré que se salgan con la suya. Seguiremos pasando por Glenbyrn para ir al colegio, como hemos hecho siempre", indicaba enfurecido. La gravedad de lo sucedido ayer en Ardoyne hizo que el ministro británico para Irlanda del Norte, John Reid, haya decidido finalizar anticipadamente sus vacaciones y desplazarse rápidamente al Ulster. Pero ayer mismo Reid ya dejaba claro que la población de Irlanda del Norte no debería permitir que la región volviera a transitar por el "camino del salvajismo". "Cualquier reivindicación legítima de los manifestantes se ha enterrado por esta muestra de violencia sectaria", declaraba Reid. "Los niños no deben pagar por el fracaso de los adultos de vivir en paz". |
Diário de Notícias - 6 de Setembro de 2001
Violência explode no Ulster
Bomba artesanal rebentou junto à escola de Holly Cross,
no terceiro dia de ataques protestantes contra crianças católicas
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António Rodrigues Com a bomba artesanal que explodiu ontem perto da escola católica de Holly Cross em Belfast, provocando ferimentos ligeiros em quatro polícias, o ambiente na Irlanda do Norte deteriorou-se a um nível preocupante. Pelo terceiro dia consecutivo, as pequenas estudantes católicas choraram por culpa dos protestantes que, desta vez, foram além dos insultos e dos gestos obscenos. O pânico, que durou uns momentos, lembrou o passado anterior ao Acordo de Paz de Sexta-Feira Santa de 1998. Nem a rua pejada de polícias de choque impediu os incidentes, mais uma vez, naquele pedaço de terra protestante que as crianças católicas necessitam atravessar para chegar a Holly Cross. "Era um caos indescritível", testemunhou Philomena Flood, uma mãe que levava pela mão a sua filha de sete anos: "Depois da explosão, corremos em todos os sentidos. Havia crianças por todo o lado e cada um tentava encontrar as suas". O ataque foi reivindicado pelos Red Hand Defenders (Defensores da Mão Vermelha), organização paramilitar protestante que serve de fachada à milícia do Ulster Defence Association (ver texto abaixo). Acção drástica para justificar uma reivindicação de sempre: o enclave protestante de Ardoyne, no Norte de Belfast, sempre se opôs à passagem das famílias católicas pelo seu bairro, caminho mais directo para aceder à escola de Holly Cross. O ministro britânico para a Irlanda do Norte teve mesmo de interromper as suas férias para enfrentar a crise. John Reid tenta agora encontrar uma solução para ultrapassar o problema: "As manifestações devem terminar agora e todos os implicados devem retomar o diálogo". O ministro considera que "mais uma vez, a reputação da Irlanda do Norte no mundo está pelas ruas da amargura devido à violência". Jane Kennedy, secretária de Estado da Segurança na Irlanda do Norte, afirmou que "aqueles que estão implicados nestes actos de violência devem compreender que as crianças são a nossa prioridade". Apesar das prioridades, os incidentes não cessaram. "Quando a bomba explodiu tive medo de olhar para trás", declarou Isabel McGrann que acompanhava a sua filha Emma, de sete anos. "Pensei que todos os pais que estavam atrás de mim tinham morrido", continua. Para Gerry Kelly, deputado do Sinn Fein na assembleia local, criada pelo Governo britânico depois do Acordo de Sexta-Feira Santa, este tratou-se de um "atentado à bomba contra crianças que por milagre não feriu ninguém". Billy Hutchinson, também deputado na assembleia local, mas do Partido Progressista Unionista (protestante), condenou igualmente o atentado dizendo que "os responsáveis da explosão deveriam ter vergonha". Desde a demissão efectiva do primeiro-ministro da Irlanda do Norte, David Trimble, a 1 de Julho que a crise política se instalou no território. Crise que pode degenerar em violência incontrolável. Em 24 horas, registaram-se numerosos incidentes que resultaram em 45 polícias e dois soldados feridos e quatro carros queimados. Mais de 250 cocktails molotov foram lançados. Defensores da Mão Vermelha são fachada de grupo lealista Radicais prometem violência nos próximos meses O grupo The Red Hand Defenders (Os Defensores da Mão Vermelha), que reivindicou a explosão de Belfast, é considerado uma fachada da maior milícia lealista da província, a Associação para a Defesa do Ulster (UDA-UFF). Já em 30 de Julho, os Red Hand Defenders reivindicaram o assassínio de um jovem de 18 anos, protestante, que estava com um grupo de amigos católicos em frente de um clube de desportos gaélicos, nos arredores de Belfast. A formação lealista prometera então que a sua campanha de violência contra a comunidade republicana católica iria "aumentar em ferocidade nos próximos dias, semanas e meses". Oficialmente, a UDA-UFF afirma que o cessar-fogo, anunciado em 1993, continua em vigor. Mas após múltiplas violações da promessa, esse compromisso perdeu toda a credibilidade. A UFF e o pequeno Partido Unionista Progressista (PUP), braço legal de outra milícia protestante, a Força dos Voluntários do Ulster (UVF), tinham anunciado em meados de Julho que se retiravam das conversações de paz. Ambas as formações consideram que o processo de paz beneficiou os católicos. Se chegasse à conclusão que a UDA violou o cessar-fogo, o Governo britânico poderia voltar a meter na prisão os cerca de cem militantes que beneficiaram de libertação antecipada. |
Clarín - Jueves 6 de setiembre de 2001
Bomba protestante contra nenas católicas en Belfast
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Un grupo paramilitar arrojó una molotov a chicas que iban, acompañadas de sus padres, a la escuela. Además los insultaron y agredieron. Es parte de la escalada que ya causó un muerto. MARIA LAURA AVIGNOLO. Londres. Corresponsal. Las chicas del colegio católico de la Santa Cruz en Belfast no podrán olvidar jamás su primer día de clase porque con un bombazo han recibido su primera lección de los niveles de irracionalidad que alcanza el odio religioso y la violencia en Irlanda del Norte. Ayer, cuando llegaban al colegio acompañadas por sus padres, un grupo paramilitar de protestantes, "Mano Roja", les arrojó una bomba, después de haber sitiado durante tres días la escuela a la que las alumnas llegan sólo luego de atravesar un barrio protestante. Al parecer la bomba fue en represalia de un incidente ocurrido el martes por la noche cuando una mujer católica atropelló con su auto a un adolescente protestante que le había arrojado una piedra a su paso. El joven murió. Cuatro agentes de la Royal Constabulary Police fueron heridos al tratar de protegerlas de la explosión. Como parte de esta nueva dimensión de violencia que vive Belfast, los protestantes insultaban y agredían groseramente a padres y alumnas católicos del colegio situado en el barrio de Ardoyne. Luego del estallido de la bomba se escuchaba el llanto desesperado de las alumnas y los gritos de terror de los padres. Dos de ellos se encuentran con heridas graves. Tres sospechosos de haber cometido el atentado están detenidos. Las nenas, de entre doce y cuatro años, miraban cómo volaban los fragmentos metálicos y vieron horrorizadas cómo alguno se incrustaba en la pierna de un policía y la sangre salía a borbotones. "Cuando escuché la bomba no quería mirar para atrás. Creía que los padres y los chicos que estaban detrás de mí estaban todos muertos. Agarré a todos los chicos que pude y me protegí detrás de la puerta del colegio", contó Isabel McGrann, que había llevado a su hija de siete años a la escuela en el inicio del año escolar. El grupo paramilitar protestante "Mano Roja" había amenazado el lunes a los padres de los 400 alumnos con duras represalias si seguían llevando a sus hijos a un colegio que, geográficamente y aunque sea católico, limita con una zona loyalista protestante en el norte de Belfast. El miércoles sólo cien alumnos asistieron al colegio con los padres, temerosos por las represalias pero decididos a hacer cumplir las obligaciones escolares a sus hijos. El intento fue una tragedia aunque milagrosamente no hubo chicos heridos. Durante la noche del martes al miércoles, los protestantes sitiaron el lugar e intercambiaron disparos con supuestos milicianos del grupo católico IRA que protegían el colegio. Se arrojaron bombas molotov mientras la policía mantenía un cordón en el lugar. "Esto es una bomba destinada a chicos de escuela. Hay un policía herido pero ha sido un milagro que no haya más gente o chicos heridos", dijo Gerry Kelly, diputado del Sinn Fein y el jefe actual de la guerrilla del IRA. Frenéticas negociaciones entre los políticos se llevaron a cabo durante la tarde para terminar con el sitio al colegio y encontrar una forma de descomprimir la tensión y abortar otra noche de violencia. Billy Hutchisson, miembro de la asamblea legislativa de Belfast por un sector más progresista dentro de los protestantes loyalistas (un hombre con una condena por doble asesinato) se reconoció "absolutamente avergonzado de que gente que también se llaman a sí mismos loyalistas atacara chicas católicas", advirtió. El secretario de Irlanda del Norte, John Reid, se vio forzado a interrumpir sus vacaciones ante la ola de violencia. "Lo que hemos visto en los últimos días es el camino a la barbarie", dijo. El ataque fue condenado fervorosamente por la comunidad protestante y católica y ha sido considerado el peor ejemplo en mucho tiempo de la violencia sectaria. A través de la TV todo el planeta pudo ver cómo nenas de escuela primaria son insultadas, agredidas con piedras, mientras caminaban en un desfiladero de escudos policiales. La dirección de la escuela Santa Cruz dijo a los padres que la mejor manera de proteger a sus hijas es eligiendo otro camino para ir a la escuela y advirtió que de otro modo quedarán traumatizadas para toda la vida. Pero la mayor parte de ellos no piensa hacerlo. "Vamos por aquí porque es nuestro derecho", afirma Denise Donnelly, que lleva a su hija Paulette, de diez años, de la mano. "No somos ciudadanos de segunda", agregó. La comunidad católica se niega además a que la escuela sea cerrada y que se cambie su puerta de entrada, que da al barrio protestante. "Los chicos están traumatizados. El ataque ha sido orquestado y premeditado. Pero ninguno de nosotros está dispuesto a no llevar a nuestros hijos al colegio. Lo vamos a seguir haciendo", desafió una de las madres. Una declaración del colegio de la Santa Cruz sostuvo que su directorio ha resuelto que el colegio no sea cerrado. Cualquier posibilidad de acuerdo por el momento parece remota porque el odio es más fuerte que el deseo de reconciliación, aun con chicos de por medio. Otra derrota del proceso de paz El brutal atentado protestante contra niñas católicas en un colegio en Belfast demuestra la frustración, la volatilidad, el miedo y la mentalidad territorial de las dos comunidades en Irlanda del Norte. La bomba no es otra cosa que la expresión del fracaso del proceso de paz entre los grupos armados y la pelea de los ciudadanos ordinarios para conseguir no sólo llevar una vida normal sino digna, sin la presión de los extremistas de uno y otro lado. Educar a sus hijos es el mínimo derecho al que aspiran los católicos republicanos, aunque los loyalistas protestantes aún no la entiendan y los unionistas temen perder la mayoría poblacional que aún duramente conservan frente a los católicos. El proceso de paz esta en agonía después que renunció el primer ministro unionista protestante David Trimble a su cargo porque la guerrilla del IRA no se desarma. Con un artilugio legal, la asamblea legislativa se suspendió por un día y se reinició para poder obtener otras seis semanas de deliberaciones entre católicos y protestantes para arreglar el problema del desarme. Pero el IRA ahora no quiere volver a la mesa de las negociaciones y ha retirado su propuesta de decomiso de armas. La policía que debe controlar el sitio de la escuela de la Santa Cruz está en una posición imposible. La cuestionan los católicos, que la consideran sectaria, y los protestantes sienten que los ha abandonado. Los loyalistas protestantes están aislados: todos están en su contra, incluida su propio comunidad. A ellos, perdedores de la batalla de la propaganda, no les importa y han decidido retomar las armas en una guerra que ya tienen perdida frente a la opinión pública. El católico republicano Sinn Fein y su líder Gerry Adams ha pedido que el derecho a educar a sus hijos en la escuela de la Santa Cruz se debata en la asamblea legislativa el lunes próximo, cuando se reanuden las sesiones. Sugirió a los loyalistas que no se dejen utilizar por la línea dura y abandonen la protesta. La racionalidad escasea en Irlanda del Norte y nadie ve que en este capítulo tenga chances de ganar. |
La Jornada - JUEVES 6 SEPTIEMBRE 2001
Por tercer día consecutivo hubo enfrentamientos entre unionistas y policías
Lanzan protestantes una bomba molotov
contra unas cien niñas católicas en Belfast
El atentado, condenado por todos los líderes políticos y religiosos de Irlanda del Norte
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DPA, AP Y AFP Belfast, 5 de septiembre. Al menos cien niñas católicas, que se dirigían acompañadas por sus padres a su escuela ubicada en una zona de mayoría protestante en Belfast, fueron atacadas por tercer día consecutivo por dos centenares de unionistas. Los agresores lanzaron una bomba molotov contra las menores sin que ninguna de ellas resultara herida, pero los enfrentamientos con la policía norirlandesa tuvieron saldo de dos uniformados lesionados. El ataque fue perpetrado en momentos en que los católicos y la policía eran apedreados por residentes del sector de Glenbryn, en el área mayoritariamente protestante de Ardoyne, en el norte de Belfast. Por tercer día consecutivo la policía y fuerzas de seguridad debieron montar un gran operativo para garantizar un corredor seguro de varios cientos de metros hasta la escuela, a la que se llega atravesando una calle que pasa por el barrio protestante. La bomba hirió a un agente en una pierna, mientras que otro sufrió lesiones en un oído cuando se produjo la detonación cerca de las niñas y sus padres, que se dirigían a la primaria Holy Cross. El atentado fue reivindicado por los Defensores de la Mano Roja, nombre utilizado por la Asociación de Defensa del Ulster y por la Fuerza de Voluntarios del Ulster. Las autoridades informaron que detuvieron a tres hombres que podrían estar relacionados con la explosión. La noche del martes fueron lanzadas en enfrentamientos callejeros en Belfast quince bombas incendiarias y 250 cocteles molotov, asimismo un total de 41 policías y dos soldados resultaron heridos, y cuatro automóviles fueron incendiados. El cura Aidan Troy, presidente del consejo que dirige el colegio y que acompañaba a las pequeñas, aseguró que todo el mundo estaba "absolutamente aterrorizado y me causa pesadillas sólo pensar que pudo haber sido herida una niña de cuatro años". Billy Hutchinson, diputado protestante local en el Parlamento regional de Irlanda del Norte, se mostró indignado: "Me avergüenzo mucho hoy de ser unionista, luego de haber visto cómo esta gente atacó a pequeñas niñas católicas". "Ellos (los protestantes) que esperaban que pasaran las niñas son los responsables", dijo una consternada madre a la televisión Sky, y agregó: "No creo que pueda seguir soportando más, no puedo poner a mi niña en este peligro". El atentado de este miércoles fue condenado por todos los líderes religiosos y políticos de diversos credos e ideologías de Irlanda del Norte. Sin embargo, los manifestantes protestantes afirmaron que continuarán acosando a las estudiantes hasta que los católicos dejen de atacar sus casas, edificadas a un lado de la escuela, en el barrio predominantemente católico de Ardoyne. Ante esta situación, el ministro británico para Irlanda del Norte, John Reid, interrumpió sus vacaciones y exigió este miércoles que finalicen las manifestaciones y que se reanude inmediatamente el diálogo entre las partes. En un comunicado recibido en Londres, Reid también advirtió contra un regreso de la barbarie al Ulster y saludó los "comentarios de dirigentes políticos que condenaron la violencia". "Los niños no tienen por qué pagar el precio del fracaso de los adultos en lograr vivir juntos y los policías tampoco", indicó. El atentado de hoy se da en el marco de un difícil proceso en Irlanda del Norte para lograr la paz entre los grupos armados y políticos que apoyan a los republicanos católicos -que buscan la independencia- y los que apoyan a los protestantes unionistas, que desean que Gran Bretaña continúe gobernando la provincia. |