El País - Jueves, 13 de septiembre de 2001

Amenazas e insultos contra los musulmanes

Los dirigentes islámicos piden a sus fieles que se queden en casa ante el acoso tras los atentados

R. M. DE R. Chicago.

A primeros de mes, los musulmanes de EE.UU. celebraban como un triunfo la presentación de dos sellos conmemorativos de dos de sus más importantes fiestas religiosas.

'Es la prueba de que los musulmanes de EE.UU. han ganado su lugar en el país', decía entonces en Chicago Sayid Muhammad Syed, secretario general de la Sociedad Islámica de Norteamérica.

Sin embargo, los musulmanes están recibiendo insultos y amenazas tras los atentados.

'Este papelito anuncia al mundo que los musulmanes de Estados Unidos están plena y completamente imbricados en la sociedad americana'. Ayer, Syed subrayaba que su organización había recibido muestras de apoyo de otras confesiones religiosas, pero estaba en la minoría.

La mayoría de los testimonios de dirigentes islámicos daban cuenta de insultos y amenazas, y de cómo habían pedido a sus fieles que se quedaran en casa y mantuvieran la máxima discreción.

'Váis a sentir la furia de todos los americanos. Dejad este país mientras podáis', amenazaba un e-mail recibido en la Arab American Action Network, una agrupación de Chicago cuyo director, Hatem Abudayeh, cerró a medio día del martes sus locales como medida de precaución, mientras en la calle el conductor de un coche le insultaba y acusaba a los del centro de ser 'asesinos de niños'.

'Esto pasa cada vez que hay un atentado', comentaba Abudayeh. En otros lugares había pintadas: 'Hay que matar a todos los árabes terroristas'.

En Estados Unidos hay algo más de 3,5 millones de árabes, siempre vistos con desconfianza. En la mente del americano medio, terrorismo, islamismo y árabes van de la mano.

En California, en Tejas, en Michigan se produjeron incidentes semejantes al de Chicago, con llamadas telefónicas que preguntaban: '¿Por qué los árabes hacéis esto?'.

La comunidad recordaba las agresiones sufridas en 1979 con motivo de la ocupación de la Embajada de EE.UU. en Teherán y cómo tras el atentado de Oklahoma, en 1995, los primeros detenidos fueron árabes, sospechosos de haber perpetrado aquel ataque. Uno de ellos, que dejó la ciudad en la hora del atentado, fue repatriado desde Londres.

'Ahora mismo, en la mente de cada musulmán americano está la idea de los campos de concentración en que fueron encerrados los americano-japoneses tras el ataque de Pearl Harbor', señalaba Omar Ricci, portavoz en Los Ángeles del Consejo Musulman de Asuntos Públicos.

La idea no era sólo suya y de los musulmanes. En televisión, alguien, una americana de raíz anglo, aludió a aquella atrocidad como algo que no debería repetirse y ejemplo de las consecuencias de reacciones precipitadas.

A los árabes de EE.UU. les heló la sangre las imágenes de palestinos y otros árabes celebrando la mortandad del martes. El Consejo de Coordinación Política Islámico Americano, un grupo conservador que apoyó la candidatura presidencial de George W. Bush, salió al paso de esa noticia para subrayar que los 'musulmanes de EE.UU. condenan lo que parecen cobardes actos de terrorismo contra inocentes civiles'.

La tónica dominante era el mensaje recibido en Dearborn, un municipio pegado a Detroit, donde dos de cada tres vecinos son árabes.

'Ruega a Dios que no hayan sido los árabes', escuchó por teléfono Osama Siblani, editor del periódico Arab American News.

'No quiero salir a la calle', comentó un vecino de la zona de Devon, un barrio esencialmente indio-paquistaní de Chicago, donde las tiendas cerraron de inmediato. 'Ser musulmán en EE.UU. es vivir a la defensiva', reconocía el propietario de una librería en el mismo barrio.

El Mundo - Jueves, 13 de septiembre de 2001

El terrorismo estadounidense

FAISAL BODI

Mientras los estadounidenses se van despertando de la pesadilla de los brutales ataques de ayer a unos edificios que juegan un papel clave desde los puntos de vista comercial y político, lo más probable es que dos preguntas asomen a sus labios: quién y por qué.

La de quién es la más sencilla. Sólo una organización con una adecuada financiación, con una perfecta preparación y con gran sofisticación en el terreno militar sería capaz de llevar cabo tan audaz asalto a una superpotencia mundial.

Todos los dedos apuntan a una única dirección, a las montañas de Afganistán en las que tiene su guarida Osama bin Laden, el multimillonario y jefe del Ejército musulmán internacional que se hace llamar al-Qaeda.

La pregunta más compleja es la de por qué. ¿Por qué EE.UU. sigue siendo objetivo de los ataques de los islamistas? ¿Qué es lo que pasa con EE.UU. que le convierte en un imán de los militantes musulmanes?

El presidente Bush y el secretario de Estado Powell dieron ayer su versión. Acusaron a los extremistas de empeñarse en destrozar la democracia y la civilización occidental. Lo más preocupante es que, con toda probabilidad, sus opiniones van a calar en una audiencia cuya comprensión de las cuestiones internacionales es tan simplista que le impide distinguir entre la realidad y la imagen que se le da.

Desde 1991, la política de sanciones a Irak capitaneada por los estadounidenses y los efectos del uranio empobrecido han provocado la muerte de un millón de niños. Quién sabe si los autores de los ataques de ayer tenían la intención de que llegaran a paralizarse todos los vuelos en el interior de Estados Unidos y, al menos por un día, consiguieron invertir las tornas por lo que se refiere a la zona de exclusión de vuelos impuesta sobre Irak.

Desde que empezó la sublevación palestina en septiembre pasado, helicópteros Apache, bombarderos F-16 y fusiles M-16 de procedencia estadounidense han sido responsables del asesinato de 700 palestinos y de haber causado otros 25.000 heridos.

Estos no son nada más que los ejemplos más evidentes de la desconsideración que EE.UU. aplica a los territorios musulmanes. Mientras ondea con una mano la bandera de la democracia, Washington vierte generosamente miles de millones de dólares en el sostenimiento de regímenes totalitarios en Egipto, Jordania, Arabia Saudí y Argelia, por citar algunos, para garantizarse que a sus pueblos se les impida el ejercicio de su voluntad colectiva.

No es probable que ocurra pero, si los siniestros nubarrones del terrorismo musulmán abrieran un resquicio de esperanza, uno rogaría que ese resquicio consistiera en una reconsideración interna de la política exterior de EE.UU., especialmente por lo que se refiere a Israel.

Los ataques de ayer suponen un intento de intimidar a Washington por la insensibilidad con que menosprecia los Derechos Humanos de los demás, una política de la que ahora se están viendo sus funestas consecuencias.

Aunque dentro del Islam es minoritaria la posición de quienes aprueban los ataques de represalia contra civiles, es esa actitud lo que EE.UU. está fomentando. El terrorismo llama al terrorismo. Lo cual no ha de interpretarse como una excusa de sus ejecutores, sino como el ofrecimiento de una salida a esta espiral de hacer pagar el terror con la misma moneda.

Faisal Bodi es escritor, experto en temas musulmanes.

Diário de Notícias - 13 de Setembro de 2001

Árabes dos EUA temem ataques

"Mayor" de Nova Iorque mandou reforçar a segurança nos bairros de muçulmanos

Manuel Ricardo Ferreira. Correspondente em Nova Iorque.

Depois de ter sido anunciado que pelo menos os cinco terroristas que partiram de Boston nos aviões que chocaram contra as torres do World Trade Center eram árabes, tornou-se problemático ser-se árabe e muçulmano nos Estados Unidos.

Em Nova Iorque, o mayor Rudolph Giuliani mandou reforçar as forças policiais que patrulham as zonas com maior densidade de residentes de origem árabe, para evitar represálias do resto da população. "Registámos alguns incidentes, muito poucos, contra pessoas que podem ser de origem árabe ou asiática", explicou Giuliani em conferência de imprensa.

Já houve esse género de represálias noutras cidades - balas disparadas contra um centro islâmico em Dallas (Texas), insultos no interior de uma mesquita em Chicago e em outra no Colorado; e múltiplos insultos e ameaças por telefone e através da Internet.

As organizações americano-árabes apressaram-se a condenar em termos firmes os atentados e as organizações islâmicas fizeram o mesmo, lembrando que a religião muçulmana condena as acções deste género.

Mas toda a gente viu pela televisão as manifestações de alegria e os festejos de palestinianos no Médio Oriente quando tomaram conhecimento dos atentados, e a étnica e racialmente estruturada sociedade americana presta-se a esse tipo de apelos à xenofobia, não sendo portanto de estranhar que possam surgir outros incidentes.

Após o atentado de Oklahoma, em 1995, registaram-se mais de duas centenas de incidentes contra a comunidade árabe ou muçulmana.

Clarín - Jueves 13 de setiembre de 2001

La prioridad es aliviar la pobreza
que alimenta al fundamentalismo

El mundo unipolar consolidó un modelo de exclusión que viene incrementando la tensión en Oriente Medio

Por MARCELO CANTELMI. De la Redacción de Clarín.

La percepción de un mundo en marcha descontrolada, como el que se experimenta en estas horas tras el brutal ataque en Estados Unidos, ha permanecido viva con la fuerza renovada de una paradoja aún desde después que se rompió el equilibrio entre el Este y el Oeste.

Ese balance de fuerzas del pasado había generado cierto control planetario, pero al costo del temor de que en algún momento una de las dos potencias oprimiera el botón rojo de la guerra nuclear.

La caída de la Unión Soviética en los albores de la década del 90 produjo un mundo de diseño unipolar con un gendarme, Estados Unidos, en el tope de su poder político, militar, económico y hasta cultural.

Pero ese escenario estuvo lejos de construir un panorama tranquilizador. Hace años, John Mearsheimer, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago, pronosticaba ya en clave pesimista que Estados Unidos acabaría rápidamente perdiendo su victoria en la Guerra Fría. Y no sería a manos de otra potencia.

Este cientista admitía que un mundo compartido entre dos es más fácil de conducir que otro multipolar donde son numerosos los participantes, los intereses y los riesgos. "Un error se cometerá tarde o temprano", adujo.

En su visión dramática sostenía que "en un nuevo e incierto medio ambiente" todos los Estados, grandes o pequeños, incluidos grupos rebeldes, acabarán por desarrollar armas sofisticadas, aun nucleares".

Esa curiosa nostalgia por las épocas de la Guerra Fría se explica en que aquellos años de mutua destrucción asegurada entre las potencias cancelaban la iniciativa bélica de los dos contendientes manteniendo al mundo al filo de un abismo.

Con la unipolaridad, si bien se alejó ese peligro, se consolidó una modificación estructural en el capitalismo que se fortaleció y generó una nueva etapa de acumulación definida como globalización o neoliberalismo. Este capítulo dio nacimiento a otro tipo de tensiones o se fortalecieron otras anteriores.

Los terroristas de Nueva York y Washington no hicieron más que confirmar los pronósticos ominosos de los analistas. Y lo hicieron en el peor extremo del estilo de atentados suicidas que han venido sacudiendo a Oriente Medio y que se redoblaron en la última intifada iniciada hace un año este mes.

La virulencia de esos ataques figura al tope de los desafíos que enfrentan la única potencia mundial y sus aliados. Pero en una lista que no sólo incluye el desmadrado conflicto entre israelíes y palestinos, sino también, con sus grados de importancia, las crecientes oleadas de repudio a las consecuencias sociales de la globalización; las crisis de refugiados que escapan de países empobrecidos que se lanzan sobre los ricos de Occidente en búsqueda de sitios donde poder construir un futuro; o la aparición de nuevos arsenales nucleares en naciones de la extrema periferia mundial como Paquistán.

Pero esos desafíos no son percibidos con igual claridad por Washington, e incluso, antes que resueltos, muchos de ellos han merecido consideraciones devaluatorias como la generalizada crisis de pobreza y sus consecuencias políticas.

Recientemente, el canciller israelí, Shimon Peres, afirmó con elocuencia que la realidad de su país no sólo se limita a enfrentar un enemigo sanguinario como es el terrorismo suicida, sino al hecho cierto de que frente a sus fronteras se alzan tres millones de palestinos indigentes.

El veterano funcionario, enfrentado con el primer ministro Ariel Sharon por la estrategia de los asesinatos selectivos de dirigentes palestinos, iluminó con ese comentario uno de los puntos clave de la crisis en Oriente Medio: la pobreza que alimenta al fundamentalismo.

Washington, confrontado ahora con el mayor atentado en la historia de Estados Unidos dentro de sus fronteras, y al margen incluso de la identidad de la muy compleja red que tramó el ataque, está obligado a girar su mirada sobre esa crisis abierta. Pero no es claro cómo lo hará.

Aun por encima de la presión para una acción militar que balancee el durísimo golpe recibido, la prioridad debería ser apagar uno de los focos de tensión más imprevisibles que existen en el mundo. Y ello difícilmente sea tarea para las fuerzas armadas, como remarca el propio Peres.

Para muchos analistas, como el francés Alain Touraine, es hora de que Occidente "abra los ojos" y utilice los enormes recursos acumulados en la última década para aliviar tensiones.

En Israel hay ya un debate para que se decida el retiro a las fronteras previas a la guerra del 67 y se desarme la política de los colonos. Ese retiro unilateral debería contemplar un programa para apagar el hambre que denuncia el canciller y eliminar así la principal motivación del fundamentalismo.

Es una salida improbable en estas horas en que los escombros en Nueva York y en el Pentágono presionan hacia otros rumbos. Pero si no se lo hace, el pronóstico de Mearsheimer será mucho más que una amarga profecía.

La Jornada - JUEVES 13 SEPTIEMBRE 2001

EU, el mayor exportador de violencia en el mundo, sostienen analistas

La respuesta militar no frenará ataques: expertos

Necesario, un análisis del por qué somos odiados por tanta gente, consideran

JIM CASON Y DAVID BROOKS. CORRESPONSALES.

Washington y Nueva York, 12 de septiembre. El presidente George W. Bush y su gobierno clamaron hoy una "guerra plena" contra el terrorismo, pero expertos en el tema advirtieron que aunque una respuesta militar podría ser inevitable, ésta no evitará más ataques e indicaron que es hora de que este país intente entender las razones que motivan a ciertas personas a entregar la vida para dañar a Estados Unidos.

"Lo que se necesita es un análisis de dónde estamos en este mundo y por qué somos odiados por tanta gente en el planeta", explicó Richard E. Rubinstein, profesor de resolución de conflictos en la universidad George Mason.

El profesor y varios sicólogos subrayaron que los ataques de ayer probablemente no fueron realizados por "locos", sino por activistas con compromisos ideológicos y que la pregunta ahora es: ¿por qué?

El profesor Rubinstein, autor de varios libros sobre terrorismo, explicó a La Jornada que desde su perspectiva la respuesta es que "por todo el mundo, no sólo en Levante, sino en Colombia, Indonesia, o por ejemplo, en varios países africanos, la gente está luchando para proteger su identidad, su forma de vida; lucha por la dignidad o por la justicia económica, y se encuentran frente a balas, armas, tanques, o bombardeos de aviones y, virtualmente, todos estos proyectiles, bombas y armas tienen escrito: 'Hecho en Estados Unidos'".

El país, dijo este experto, "es el exportador mayor de la violencia en el mundo hoy día".

En una amplia entrevista con La Jornada, el profesor de Ciencias Políticas manifestó su condena a los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, y supuso que habrá una reacción militar casi inmediata.

"Lo primero que tenemos que hacer, claro, es apesadumbrarnos por nuestros muertos, aunque la gente demandará que se adopten medidas para encontrar a los responsables, fiscalizarlos o matarlos", sostuvo.

Pero Rubinstein, quien se ha dedicado durante décadas al estudio de este tipo de atentados, destacó que la respuesta militar no detendrá más ataques en el futuro. "La gente en este país tiene que entender que la represalia sólo continúa el ciclo de violencia, no acaba con él", dijo.

Por otro lado, el almirante retirado Eugene Carroll afirmó: "si simplemente destruimos Kabul en represalia, eso no detendrá las agresiones".

"Creo que necesitamos entender este ataque como un intento para igualar la balanza o de tomar venganza contra el país más poderoso del mundo por gente que se siente victimizada por esta nación, y que comparte una combinación particular de un sentir de falta de poder, humillación y esperanza de un cambio radical que forma parte de la mentalidad terrorista", opinó Rubinstein.

Este experto y varios sicólogos señalaron que los ataques probablemente no fueron cometidos por "cobardes insensatos", como han calificado los políticos estadunidenses a los autores de los atentados.

"La persona que hace esto no se percibe a sí misma como dando su vida en un punto prematuro", comentó el doctor Harvey W. Kushener, experto en "bombas suicidas", a The New York Times. "Lo ve como algo para el bien mayor de la sociedad. Y para nosotros que intentamos defendernos contra esto, es desastroso".

Rubinstein comentó a La Jornada que "en verdad no importa si eres un palestino que participa en la intifada, o si eres un campesino colombiano intentando vivir en el campo, o un separatista indonesio, o de Sri Lanka: es probable que seas víctima de las armas otorgadas por Estados Unidos a tropas asesoradas o capacitadas por Estados Unidos".

Si la población estadunidense, dijo el especialista, estuviera consciente de las armas o el entrenamiento militar que otorga este gobierno a otros países, quedaría "horrorizada".

Esta información, dijo Rubinstein, no justifica la muerte de civiles en este país o en cualquier otra parte. Pero, agregó, "ciertamente, es más comprensible que la gente esté enfurecida pero sea incapaz de atacarnos de una forma convencional, y que siente que es poco posible armar un caso contra nosotros políticamente, dado que controlamos de forma sustancial a la Organización de Naciones Unidas... Así, algunos utilizarán el arma de los débiles, que es el terrorismo".

"No hay duda que esto va a ser un punto crítico mayor en la historia estadunidense", explicó Rubinstein. "La pregunta es de qué manera vamos a cambiar. Los estadunidenses han descubierto que no están protegidos por una manta de invulnerabilidad y que no están separados del resto del mundo. ¿Esto hará que sientan que tienen que dominar absolutamente, que será la nueva Roma? ¿O se darán cuenta de que uno necesita revaluar y reconstruir las relaciones con otros pueblos del mundo, para reducir el odio que, generación tras generación, producirán ataques terroristas entre otras cosas?"

Mientras varios líderes nacionales de todas partes del mundo expresaron su apoyo a Estados Unidos, una fuente diplomática de la Organización de Naciones Unidas cuestionó la forma en que este país está definiendo el ataque. "Es muy peligroso que Estados Unidos diga que es un ataque contra el mundo", comentó. "No es un ataque contra el mundo, es un ataque contra Estados Unidos en respuesta a las políticas estadunidenses".