El País - Lunes, 17 de septiembre de 2001
La CIA puede volver a recuperar
su 'licencia para matar'
El Gobierno y el Congreso quieren conceder una libertad casi total a sus servicios secretos
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ENRIC GONZÁLEZ. Washington. Estados Unidos ha declarado la guerra contra el terrorismo. Y se prepara a librarla tanto en el exterior como en el interior. En el ámbito doméstico, el Departamento de Justicia anunció ayer el envío al Congreso de un paquete de leyes antiterroristas que relajarán el control judicial sobre las investigaciones y permitirán a la policía actuar de forma expeditiva contra cualquier sospechoso. En el exterior, tanto el Gobierno como los parlamentarios están dispuestos a conceder una libertad casi total a la CIA, sobre todo en un punto crucial: el espionaje estadounidense recuperará la licencia para matar. James Woolsey, ex director de los servicios de espionaje, declaró ayer que percibía en Washington un "cambio radical" en los puntos de vista sobre la lucha antiterrorista. "Antes del martes, yo estaba de acuerdo con la prohibición impuesta a la CIA en cuanto a cometer asesinatos; después de lo que ha sucedido, mis convicciones se tambalean", explicó a The New York Times. El secretario de Estado, Colin Powell, fue menos explícito pero apuntó en la misma dirección. "Se tendrán que aprobar nuevas leyes para mejorar nuestra capacidad de respuesta a este tipo de amenazas", dijo. La CIA perdió la licencia para matar hace 25 años, por una orden ejecutiva del entonces presidente Jimmy Carter. Los estadounidenses estaban descubriendo con desagrado algunas operaciones encubiertas de sus servicios de espionaje en Centromérica, Suramérica, Asia y África, seguían horrorizados por Vietnam y querían acabar con la guerra sucia. Carter prohibió que los agentes secretos mataran a extranjeros. Los servicios de espionaje no pueden, por tanto, preparar legalmente operaciones cuyo objetivo consista en la eliminación física de un dirigente terrorista. El recurso de la CIA para soslayar esa orden consistió en contratar, para aquellas misiones que implicaran asesinatos, a militares, paramilitares o matones del país donde se desarrollaba la operación. De esa forma entró Manuel Noriega, ex hombre fuerte de Panamá, en la red de espionaje de Estados Unidos. Pero esa vía fue igualmente cegada a mediados de los noventa por Bill Clinton, después de saberse que un oficial guatemalteco reclutado por la CIA había asesinado a un ciudadano estadounidense. Escándalos como el Irán-Contra -durante el mandato de Ronald Reagan- contribuyeron a amedrentar a los responsables de la CIA y a ajustar sus métodos al respeto a los Derechos Humanos. Todas esas restricciones parecen a punto de caer. La licencia para matar puede ser devuelta por una simple orden ejecutiva del presidente George W. Bush. Las normas de organización interna de la CIA, entre las que figuran los criterios de contratación, dependen del Congreso; y en ambas cámaras se observa la intención de dejar total libertad a los jefes de los servicios de inteligencia. El senador Bob Graham, demócrata y presidente del Subcomité de Servicios de Inteligencia, opina ahora que es necesario permitir a la CIA que reclute a quien le parezca. "No importa que nuestros agentes extranjeros hayan cometido acciones contra los Derechos Humanos si son efectivos", dijo. Añadió, según un portavoz, que la gente que necesitaba en estos momentos la CIA "no se encuentra en los monasterios". Muchos congresistas consideran que, si el país está en guerra, la CIA lo está también, y que las reglas de juego deben cambiar para que sus agentes no sólo se infiltren en organizaciones enemigas, sino que dispongan de poderes para destruirlas. El año pasado, una comisión independiente recomendó que se permitiera a la CIA utilizar a individuos que hubieran violado los Derechos Humanos, pero la Administración Clinton desestimó la propuesta. Ahora, algunos parlamentarios consideran que es necesario "aprender" de Israel y de su política de asesinar preventivamente a los palestinos sospechosos de organizar ataques terroristas. El fiscal general, John Ashcroft, anunció ayer que enviaría al Congreso un proyecto de legislación antiterrorista más dura que la actual. Ashcroft pide que la policía pueda detener a extranjeros sospechosos sin restricciones judiciales. |
El Mundo - Lunes, 17 de septiembre de 2001
El 'número dos' de la Administración Bush dice que le gustaría
que le sirvieran "la cabeza de Bin Laden en una bandeja"
EE.UU. propone atacar el terrorismo mediante la 'guerra sucia'
El vicepresidente Cheney avisa
de que la guerra "será larga"
y se extenderá "a varios países"
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CARLOS FRESNEDA. Corresponsal. NUEVA YORK.- El vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, advirtió ayer de que la guerra contra el terrorismo "será larga y llevará años", y de que la ofensiva en ciernes podría extenderse a "varios países". Cheney declaró que le gustaría que le sirvieran "la cabeza de Bin Laden en una bandeja", pero insistió en que el objetivo último es "desmontar la red terrorista sobre la que caerá toda la cólera de América". Dick Cheney dio la cara ante la NBC y ejerció de agresivo lugarteniente de George W. Bush, volcado ayer al teléfono para intentar lograr el máximo respaldo internacional a la represalia por los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono. El consejo de guerra siguió instalado provisionalmente en Camp David, mientras el Capitolio se prepara para remover los cimientos de la CIA y autorizar el recurso a la guerra sucia contra el terrorismo. "Estamos ante una lucha que va a ser el objetivo prioritario de Estados Unidos en el futuro", anticipó ayer Dick Cheney, que extendió virtualmente el campo de batalla "a una red de terroristas que se encuentran entre Egipto y Uzbekistán". "No tengo la menor duda de que Bin Laden y su organización tuvieron un papel importante en los ataques", dijo Cheney. "Tenemos la total seguridad de que es el primer sospechoso... Pero eso no significa que no haya otros implicados". "Vamos a perseguir agresivamente a Bin Laden y a sus cómplices", insistió Cheney, quien aludió a la necesidad de recurrir a la guerra sucia para combatir a los terroristas: "Necesitamos tener en plantilla a personajes desagradables. Es un asunto peligroso y sucio y tenemos que operar en ese campo". Por primera vez, el Gobierno norteamericano identificó al grupo egipcio Yihad Islámica entre sus objetivos. La "cruzada" de Bush Entre tanto, el presidente de EE.UU., George W. Bush, que volvió ayer a la Casa Blanca tras pasar el fin de semana en Camp David, se mostró dispuesto a dirigir una "cruzada" para "librar al mundo de los malvados", aunque no entró a detallar sus planes de acción inmediata. Su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, anticipó las líneas maestras de la "primera guerra del siglo XXI", en la que, dijo, "la mejor defensa es la ofensiva". "Para vencer esta batalla no tendremos que apoyarnos tanto en los bombarderos, en los tanques y en los buques de guerra como en otros métodos menos convencionales", dijo Rumsfeld, que destacó el papel que en el futuro desempeñarán los "comandos especiales". Rumsfeld advirtió, sin embargo, que los países que dan cobijo a los terroristas sí podrían ser atacados con métodos convencionales. El secretario de Defensa reiteró también la necesidad de reforzar los lazos entre los servicios de inteligencia y el Ejército y de incrementar notablemente el número de efectivos destinados a "operaciones especiales". EE.UU. cuenta con 29.000 especialistas en activo y con 14.000 reservistas destinados a este tipo de operaciones. Sus misiones van desde la lucha antiterrorista a ofensivas a pequeña escala, la guerra psicológica, los secuestros y hasta los sabotajes. Las palabras de Rumsfeld llegaron acompañadas de un clamor en el Congreso para declarar la guerra sucia al terrorismo internacional. "Debemos ser mucho más agresivos para evitar nuevos ataques", dijo Richard Shelby, vicepresidente del comité de Inteligencia del Senado. James Woolsey, ex director de la CIA, se felicitó también por el cambio de estrategia en Washington. Por primera vez en 25 años, el Gobierno parece dispuesto a reabrir el debate sobre métodos proscritos como "poco éticos" desde la Guerra Fría. Entre ellos, recordó el secretario de Estado, Colin Powell, figura el de utilizar los servicios de inteligencia para asesinar a líderes extranjeros o a los responsables de atentados terroristas en suelo americano. |