Clarín - Miércoles 19 de setiembre de 2001

Una comisión reclamó al Congreso
que la CIA contrate a mercenarios

Fue al fin del gobierno de Clinton, que archivó el pedido. También recomendó pinchar teléfonos de sospechosos.

CLAUDIO MARIO ALISCIONI. De la Redacción de Clarín.

Que el gobierno de EE.UU. esté evaluando autorizar a la CIA a contratar a individuos indeseables para cumplir los trabajos turbios no es una idea surgida al calor de los recientes atentados.

Ese precisamente fue el reclamo que una comisión de expertos hizo al Congreso a fines del año pasado y que, en su momento, fue sepultado porque generaba incomodidades a más de un grupo influyente en el establishment.

Pero ahora, tras los ataques de Nueva York y Washington, la recomendación ha sido exhumada y goza de predicamento y vitalidad en la dirigencia y en más de la mitad de la población.

La iniciativa anuncia cambios de trascendencia en el nivel de escrúpulos del espionaje estadounidense y es la mayor transformación en la "ética" de los servicios de inteligencia desde hace un cuarto de siglo.

En 1976, el presidente Gerald Ford firmó una orden ejecutiva que prohíbe a los agentes secretos cometer asesinatos en el extranjero o implicarse en ellos. También les prohíbe contratar a personajes de prontuario impresentable.

La veda ocurrió al destaparse uno de los tantos intentos de los servicios norteamericanos por asesinar al cubano Fidel Castro. La prohibición fue reforzada en 1995.

Las recomendaciones están incluidas en un informe -al que tuvo acceso Clarín- de un centenar de páginas que los 10 miembros de la llamada "Comisión Nacional sobre Terrorismo", elaboraron hacia el final del mandato de Bill Clinton para revisar todas las políticas antiterroristas de la Casa Blanca.

El grupo, que tuvo seis meses para estudiar leyes y escuchar decenas de asesores, fue presidido por Paul Bremer III, uno de los directivos de Kissinger Associates, la consultora internacional del ex secretario de Estado.

Los reclamos -que Clinton archivó- son los que al parecer tuvieron en cuenta el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Justicia, John Ashcroft, el fin de semana para presionar por los cambios, al final aceptados por el presidente George Bush cuando dijo que quería a Osama bin Laden "vivo o muerto".

La Casa Blanca afirma que ese millonario saudita está tras de los atentados.

Cheney declaró el domingo a la NCB: "No queremos que nuestros agentes tengan las manos atadas. Será necesario que la CIA tenga a sueldo a personajes repugnantes".

Ashcroft quiere permiso para "pinchar" teléfonos. Dijo que es "simplemente incomprensible" que la CIA y el FBI deban pedir autorización para escuchar a personas en investigación.

Pero ayer trascendió que el Congreso se plantea que los espías deben recuperar su licencia para matar y el secretario de Estado, Colin Powell, admitió que la veda legal para esos crímenes "está en discusión".

Según encuestas de la cadena CBS y de The New York Times, el 65% de los consultados está de acuerdo con permitir el asesinato de extranjeros que provoquen actos terroristas en suelo estadounidense.

Estos son los principales puntos del informe al Congreso:

- Se reconoce que la CIA debe reclutar "agresivamente" nuevos informantes, aunque eso requiera contratar a quienes "hayan estado involucrados en violaciones a los Derechos Humanos" o a aquellos que "hayan cometido actos terroristas o crímenes ligados a ellos, del mismo modo que la policía recluta a informantes criminales para perseguir a los peces gordos".

La Comisión sostuvo que las trabas legales han inhibido el reclutamiento de "esenciales informantes" y ha forzado a EE.UU. a "descansar demasiado en la inteligencia extranjera".

El respeto a las leyes llevó a "una marcada declinación en la moral de la CIA, sin paralelos desde los 70, con un número significante de funcionarios que renunciaron o se jubilaron".

- Aunque reconoce que hay una Constitución que respetar, la comisión dice que debe darse al FBI "autorización para vigilancia electrónica", o sea, "pinchazos" de teléfonos.

Sostiene que las agencias del área han venido trabajando "engorrosamente y de un modo muy cauto" en esos operativos. También recomienda que el Estado pague la mitad de los seguros que contratan funcionarios de la CIA y el FBI para obtener representación legal si son demandados a raíz de operaciones turbias ligadas a su trabajo.

- Sostiene que la revolución tecnológica dificulta muchas veces las tareas de espionaje y reclama volcar más recursos en el personal, tanto espías como analistas y traductores -ya que hay "un déficit de lingüistas"- en vez de volcar millonarios recursos en la tecnología ultrasofisticada.

"No podemos priorizar, traducir y entender en tiempo toda la información a la que accedemos", asegura. "Hasta que la información -dice- llega a traducirse en inglés, es casi imposible determinar si es relevante para una operación antiterrorista".

- Afirma que el terrorismo ha cambiado de estrategia y que, con mayor frecuencia que antes, su objeto principal es "provocar más y más víctimas mortales" de un solo golpe, con el consiguiente efecto mediático, y sin que importe el repudio de quienes, de otro modo, apoyarían esos actos.

El trabajo poco aporta sobre las causas de los ataques a EE.UU.: menciona el "odio irracional" como explicación básica, omite cuestionamientos a los efectos de la política exterior del país y sólo menciona una vez razones de "opresión económica" como motivo de los atentados.

Acaso uno de los elementos más reveladores del informe es su análisis de Bin Laden. Contra la estrategia actual de Bush, la comisión sostiene que ni el saudita ni al-Qaida -su presunta red mundial de acólitos terroristas- es la única entre los enemigos de Washington.

El párrafo clave es éste: "Si al-Qaida y Laden dejaran de existir mañana, los EE.UU. todavía se verían frente a otras potenciales amenazas terroristas de un creciente número de grupos opuestos a la hegemonía estadounidense. Más incluso, nuevas amenazas pueden surgir de improviso de oscuros cultos sin historia previa de violencia".