Clarín - Sábado 22 de setiembre de 2001

Violentas protestas en Pakistán
por el respaldo del gobierno a Washington

Los líderes islámicos pro talibán llamaron a una huelga nacional en repudio a la política paquistaní de apoyar a EE.UU. contra Bin Laden. Los manifestantes incendiaron negocios y fueron reprimidos. Hubo 4 muertos.

Islamabad. Dpa y ANSA.

Una ola de multitudinarias protestas que fueron escalando en violencia se produjeron ayer en Pakistán. Como consecuencia murieron 4 personas y al menos otras 24 resultaron heridas.

Las manifestaciones eran en repudio a la política de Estados Unidos contra el multimillonario líder islámico Osama bin Laden y contra el presidente paquistaní Pervez Musharraf quien prometió la ayuda a la acción militar norteamericana contra Afganistán.

El "Consejo para la Defensa de Afganistán", que aglutina a más de treinta grupos islámicos, convocó ayer a una huelga nacional en señal de apoyo a los talibán. En las principales ciudades y en las áreas tribales junto a la frontera con Afganistán, el 80% de la gente observó la medida.

Las manifestaciones de los jóvenes -mayoritariamente estudiantes de escuelas religiosas- fueron en principio pacíficas pero tomaron un giro violento luego de que los clérigos musulmanes excitaran los ánimos en las plegarias del viernes.

Los partidos religiosos de línea dura comenzaron a oponerse fuertemente a Musharraf y a advertir que "cada ataque contra Afganistán sería un ataque contra toda la comunidad islámica".

Los incidentes más graves se produjeron en Karachi, la ciudad del sur en la que dos muchachos murieron cuando la policía usó gases lacrimógenos para dispersar a una multitud.

El tercer caso fue, al parecer, un comerciante linchado por la gente por no haberse plegado a la huelga.

El cuarto sería un joven muerto por un disparo de bala en el barrio de Malir mientras grupos de extremistas intentaban incendiar un cine.

Los jóvenes, muy nerviosos, se lanzaron a las calles quemando muñecos muy rudimentarios en los que estaba escrita la palabra "Bush" o imágenes y fotos de diarios del presidente norteamericano.

Las fuerzas de seguridad arremetieron en Karachi y utilizaron gases lacrimógenos y palos contra los simpatizantes del régimen radical islámico talibán de Afganistán, quienes a su vez bloquearon las calles de Karachi y quemaron neumáticos y basura para expresar su furia.

Otros, más violentos, tiraron piedras contra los automóviles que circulaban, forzando la suspensión del servicio local de ómnibus.

Los manifestantes más radicales incendiaron un comercio de bebidas alcohólicas en el barrio no musulmán de Gulshan-e-Iqbal. La religión musulmana prohíbe el consumo de alcohol.

El Maulana (Honorable, NDR) Fazr ul-Rehman, uno de los líderes del Consejo y un fiel aliado de los talibán, habló en uno de los más populares bazares de Peshawar, la ciudad paquistaní más cercana a Afganistán desde el punto de vista geográfico, cultural y político.

Rehman dijo que en el probable caso de un ataque norteamericano a Afganistán por haberse negado a entregar a Bin Laden (para EE.UU. el principal sospechoso de haber cometido los atentados del 11 de setiembre) el Consejo "participará en la Jihad" o guerra santa.

Mientras miles de militantes de grupos integristas y estudiantes de escuelas coránicas gritaban "Muerte a Estados Unidos", el Maulana advirtió: "Si Pakistán apoya a los enemigos del islam, no será tratado de manera diferente".

Entre bastidores, los líderes religiosos negocian contra reloj con el ejército, que tradicionalmente protegió y usó la derecha religiosa para asegurarse el control de Afganistán y mantener una agotadora guerra de guerrillas en el territorio de Cachemira que disputa con su vecina, India.

Los líderes religiosos se habían comprometido a evitar la violencia, pero la situación estuvo a punto de írseles de las manos. Está por verse si cuando las cosas se precipiten con la inevitable represalia de EE.UU. contra los talibanes, conseguirán tener de su lado al menos a una parte del ejército.

Hasta ahora, parece que los militares aceptaron, aunque sea de mala gana, la elección del "mal menor" indicada por Musharraf.