El Mundo - Viernes, 12 de octubre de 2001
EE.UU. machaca a la milicia talibán
con las polémicas bombas de racimo
|
El Congreso español aprobó por unanimidad en 1997 una proposición no de Ley pidiendo su prohibición como solicitaba la Cruz Roja. El Gobierno afgano denuncia la muerte de 140 civiles ayer, 100 de ellos en una sola aldea, y EE.UU. dice que no se puede comprobar. Musharraf saca el Ejército a la calle para impedir todas las manifestaciones convocadas hoy en Pakistán por los integristas islámicos. Los ataques más intensos estuvieron precedidos de las potentes explosiones causadas por las bombas 'antibúnker'. El presidente George Bush ofrece detalles de los últimos ataques. CARLOS FRESNEDA. Corresponsal. NUEVA YORK.- Los aviones estadounidenses descargaron ayer por primera vez bombas de racimo, de gran poder devastador, y provocaron "un infierno de destrucción" en Kabul y en Kandahar, en palabras de cientos de afganos despavoridos que se sumaron al éxodo hacia Pakistán. Según los talibán, al menos ciento cuarenta civiles murieron en las últimas veinticuatro horas. El Pentágono reconoció haber lanzado "muchas bombas" desde los B-1 y los B-52 en la mayor ofensiva de los cinco días, pero insistió en que los objetivos eran militares. El ataque con bombas de racimo CBU-89 Gators, con más de ciento cincuenta explosivos en su interior capaces de causar una enorme destrucción, coincidió ayer con los homenajes a las víctimas del 11 de septiembre en Washington. Un mes después de la tragedia, George W. Bush prometió vengar las más de cinco mil muertes y usar "todos los recursos y todas las armas", durante una intervención en el Pentágono. En el otro lado del planeta, mientras, los aviones de EE.UU. desplegaron el máximo de su poder ofensivo sobre Afganistán. Lo que hasta el miércoles parecía un ataque selectivo y limitado, ayer cobró los visos de un bombardeo sistemático en todas sus dimensiones. Los talibán acusaron a la Administración Bush de haber lanzado "ataques indiscriminados" y de estar provocando "baños de sangre" entre la población. El Pentágono reconoció que el número de objetivos se había ampliado a las tropas de tierra, la artillería pesada, las guarniciones, los búnkeres y los almacenes de municiones del enemigo. Desde Kabul llegaron relatos de terror como el de Abdul Ghamar, en el paso fronterizo de Chaman. "La gente sale corriendo sin mirar hacia atrás", declaraba a la agencia AP. "Las bombas suenan a todas las horas". En Kandahar, el santuario de los talibán, las explosiones continuas están provocando un éxodo masivo hacia la vecina Pakistán. La ciudad, según declararon ayer decenas de refugiados, se ha quedado prácticamente desértica. Según los talibán, otros cincuenta cadáveres fueron encontrados en la aldea de Karoum, al este del país, en las inmediaciones de lo que Washington había identificado como uno de los veintitrés campamentos terroristas de Osama bin Laden. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, lamentó ayer la muerte de civiles durante los bombardeos, pero dijo que era imposible saber el número exacto de víctimas "al no haber fuentes imparciales". Rumsfeld confirmó que los aviones estadounidenses, apoyados de nuevo desde el mar con misiles Tomahawks, usaron en las últimas horas el "más amplio abanico de armas" desde que comenzó la ofensiva. Los ataques más intensos comenzaron en la noche del miércoles, precedidos de las potentísimas explosiones causadas por las bombas antibúnker GBU-28, de más de dos toneladas cada una. Las GBU-28 penetran a grandes profundidades y desde allí revientan la tierra. Los aviones de EE.UU. las han utilizado sobre todo para golpear las instalaciones militares en el aeropuerto de Kabul. Por efecto de las explosiones, las ventanas se rompieron en una amplia zona de la capital. Incluso a una gran distancia de la explosión, las vibraciones pueden fácilmente hacer sangrar las fosas nasales y los oídos. Rumsfeld admitió ayer que las potentísimas bombas antibúnker se han utilizado en los últimos ataques, "junto a otras municiones de precisión". El secretario de Defensa no quiso, sin embargo, comentar el uso de bombas de racimo CBU-89 Gators, que ya causaron una gran polémica durante los bombardeos por la crisis de Kosovo. Desde entonces, varios parlamentos europeos se han pronunciado contra su uso por los enormes "daños colaterales" que pueden causar entre la población. Las CBU-89 pesan media tonelada y llevan en su interior una colección de explosivos que se diseminan y arrasan con todo lo que encuentran a su alrededor en un amplio radio de acción. Las explosiones en cadena duran a veces incluso horas. Los ataques de ayer fueron principalmente con este tipo de bombas y con otras de 226 kilos de peso y lanzadas directamente desde los viejos bombarderos B-52 sin usar el láser ni la guía por satélite. Los B-1 y decenas de cazas de los portaaviones fondeados en el Golfo Pérsico han participado también en las últimas operaciones. Los bombarderos B-2 no han vuelto a utilizarse desde el martes. El cambio progresivo de estrategia, con la intensificación de los bombardeos y los preparativos de acciones con tropas de tierra, empezó a notarse también ayer en la vecina Pakistán, con la llegada de quince aviones C-130, cargados de marines y de efectivos para operaciones de tierra. Anoche, mientras proseguían los bombardeos en la periferia de Kabul, el presidente Bush aprovechó una intervención de 45 minutos, en hora de máxima audiencia televisiva, para anunciar que "la guerra contra el terrorismo marcha bien". El presidente dijo que el objetivo "es ahora Afganistán", pero no descartó futuras acciones "contra otros países que dan cobijo a los terroristas de Al Qaeda". "No sé si Bin Laden está vivo", dijo Bush. "Lo que sí puedo decir es que estamos haciendo todo lo posible por sacarle de su caverna y traerle ante la justicia". Bush informó que los primeros ataques habían servido "para destruir los campamentos terroristas y la capacidad militar de los talibán", pero no entró en mayores detalles sobre la campaña militar. Aventuró que la "primera guerra del siglo XXI puede durar un mes, un año o dos, pero al final prevaleceremos", enfatizó. El presidente se centró, sobre todo, en "la seguridad interior". "Quiero que los americanos sepan que existe una amenaza real, pero también que estamos tomando todas la precauciones necesarias para que puedan seguir adelante con sus vidas", añadió Bush. Durante su intervención, Bush reconoció que apoya "un Estado de Palestina cuyas fronteras deberían decidirse en una negociación si se alcanza la paz con Israel", siempre y cuando, matizó, los palestinos "reconozcan el derecho a la existencia de Israel". |
El Mundo - Viernes, 12 de octubre de 2001
España también posee bombas de racimo
|
La Armada y el Ejército del Aire disponen de ellas en sus arsenales. El Congreso aprobó en 1997, por unanimidad, prohibir el uso y almacenamiento de este tipo de armamento. JOSE L. LOBO MADRID El Congreso de los Diputados aprobó en 1997, por unanimidad, una proposición no de ley instando al Gobierno a regular la prohibición de fabricar, almacenar y exportar bombas de racimo. Sin embargo, el Ejército del Aire y la Armada disponen hoy en sus arsenales de este armamento especialmente diseñado para provocar un gran número de bajas, y el Gobierno no se ha opuesto a su empleo por parte de EE.UU. en los ataques sobre Afganistán. La proposición no de ley, presentada por IU, fue aprobada el 25 de febrero de 1997 por 319 votos a favor y ninguno en contra. En ella, el Congreso instaba al Gobierno a remitir a la Cámara Baja un proyecto de ley "que regule la prohibición de la fabricación, almacenamiento, comercialización, exportación y transferencia de tecnología de todo tipo de minas antipersonal, bombas de racimo y armas de efecto similar, así como de sus componentes, regulando igualmente la destrucción del stock actual". Al año siguiente, el Congreso aprobó la Ley de Prohibición Total de Minas y Armas de Efecto Similar, pero en el articulado del texto había desaparecido toda mención a las bombas de racimo. Y tampoco se aludía a este tipo de armamento en la Convención de Ottawa que prohíbe el uso de las minas antipersonal, y que España ratificó en enero de 1999. ¿Pueden considerarse las bombas de racimo "armas de efecto similar" a las minas antipersonal, como reza ambiguamente la ley aprobada en el Congreso en 1998? Según Human Rights Watch, las pequeñas bombas que componen esos artefactos -hasta ciento cincuenta en cada una de ellas- "presentan altos niveles de fallo y pueden esparcirse sin explotar en amplias zonas, permaneciendo listas para detonar por contacto". "Las partes que componen las bombas de racimo son realmente minas terrestres", argumenta Joost Hiltermann, uno de los responsables de la prestigiosa ONG estadounidense. "Y como minas antipersonal, pueden matar a civiles durante años una vez que el conflicto termine". De acuerdo a esta definición de las bombas de racimo, su uso debería estar prohibido, tal y como establece la Convención de Naciones Unidas de 1980 sobre "prohibición o restricción del empleo de ciertas armas convencionales que puedan considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados". El artículo 2 de esa Convención -que nunca ha sido suscrita por EE.UU.- prohíbe la utilización de "cualquier artefacto o material que sea diseñado, construido o adaptado para matar o herir y que explote inesperadamente cuando una persona manipule o se aproxime a un objeto aparentemente inofensivo o lleve a cabo una acción aparentemente segura". Las bombas de racimo se adaptan, también, a esta definición. Fuentes militares consultadas por EL MUNDO han asegurado que la Armada y el Ejército del Aire disponen de este tipo de armas. Los aviones de despegue vertical Harrier embarcados en el portaaviones Príncipe de Asturias poseen bombas de racimo MK-20 y BL-755. Por su parte, los cazas F-18 y Mirage F-1 de la Fuerza Aérea cuentan con las citadas MK-20 y con las BME-330. Estas últimas almacenan hasta ciento ochenta pequeñas bombas antipersonal o incendiarias. Incluso en la página web del Ejército del Aire se hace referencia a la BME-330AP, especialmente diseñada para destruir las pistas de las bases aéreas enemigas, pero que pueden ser también utilizadas contra concentraciones humanas. La ley vigente en España En sintonía con la Convención de 1980 de Naciones Unidas, la ley española de prohibición total de las minas antipersonal y armas de efecto similar prohibe su uso y fomenta su destrucción. Aprobada en 1998 por el Congreso de los Diputados, la norma promueve las acciones encaminadas a lograr tecnologías de localización y desactivación de estos ingenios y la asistencia de las víctimas. Además de la prohibición del empleo, desarrollo, producción, adquisición, almacenamiento, conservación o exportación de este tipo de armas, la ley veta los medios de lanzamiento o dispersión de minas. La proposición que hizo IU La proposición de ley que presentó Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados fue aprobada por unanimidad, 319 votos a favor, el 25 de febrero del año 1997. El Congreso instaba al Gobierno a remitir a la Cámara un Proyecto de Ley que regulara la prohibición de fabricación, almacenamiento, comercialización, exportación y transferencia de tecnología de todo tipo de minas antipersonales, bombas de racimo y armas de efecto similar. También regulaba la destrucción de los stocks que hubiera en ese momento en los almacenes de Defensa. La Convención de Naciones Unidas La Convención de 1980 de Naciones Unidas sobre la Prohibición o Restricción del uso de minas, trampas y otros dispositivos mortales prohíbe "en toda circunstancia" dirigir este tipo de armas contra civiles, incluso en el caso de defensa propia. Asimismo, prohíbe el uso de ingenios dotados con la apariencia de objetivos inofensivos que sean "expresamente concebidos y contruidos para contener una carga explosiva" y que se activen cuando son desplazados o cuando alguien se aproxima a ellos. También prohíbe las trampas que puedan ser asociadas con juguetes. La Convención de Ottawa España firmó en diciembre de 1997 la llamada Convención de Ottawa sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y su destrucción, que fue ratificada por el Congreso en enero de 1999. En el preámbulo de la convención, los países firmantes aseguran que están firmemente decididos a "poner fin al sufrimiento y las muertes causadas por las minas antipersonal, que matan o mutilan a cientos de personas cada semana, en su mayor parte civiles inocentes e indefensos, especialmente niños, y que obstruyen el desarrollo económico y la reconstrucción". |