El País - Sábado, 20 de octubre de 2001
Miles de afganos huyen de los bombardeos rumbo a Pakistán
Unas 3.500 personas cruzaron ayer la frontera, récord en un solo día
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ÁNGELES ESPINOSA, ENVIADA ESPECIAL. Islamabad. La llegada masiva de afganos a Pakistán puede haber empezado ya. Ayer, 3.500 cruzaron por los distintos puestos fronterizos, la mayoría por Chamán, tras una noche de intensos bombardeos sobre Kandahar. Es el mayor número en un solo día. Pakistán estima que cincuenta mil refugiados han llegado a su país desde el inicio de la crisis. 'Una oleada de pánico ha barrido la frontera', declaró ayer un portavoz de las Naciones Unidas. Según el portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Islamabad, los afganos que llegan a Chamán vienen sin pertenencias ni comida, un detalle que coincide con numerosas entrevistas realizadas por esta enviada especial en los días pasados tanto en Quetta como en Peshawar, las dos ciudades paquistaníes donde se van acomodando los nuevos refugiados. El hecho de que las fronteras estén oficialmente cerradas dificulta su atención, porque de alguna manera tampoco existen. 'Dígame dónde están, porque tengo que mandar a la policía a expulsarlos', comentó a EL PAÍS el ministro del Interior de Beluchistán. Más allá de las declaraciones, las autoridades paquistaníes están haciendo la vista gorda e incluso mantienen una contabilidad. Estiman que son unos cincuenta mil los que han cruzado por los llamados pasos tradicionales. La cifra está todavía lejos de los cuatrocientos mil que la ONU se está preparando para recibir en una primera fase. No obstante, los trabajadores humanitarios subrayan las dificultades que encuentran. La mayoría sabe a estas alturas que todas las fronteras que rodean su país están cerradas. Luego, la gente carece del dinero necesario para el viaje. Cruzar por los pasos de montaña viene a costar entre diez mil y veinte mil pesetas por persona en pago a los guías (contrabandistas) y sobornos a los vigilantes de fronteras. Refugiados en Irán Irán anunció ayer que permitirá la instalación de varios campamentos en su territorio después de que los talibanes se negaran a aceptar su establecimiento al otro lado de la frontera. Sin embargo, Pakistán mantiene su negativa. El Gobierno de Islamabad aduce que ya está al límite de su capacidad con 3,5 millones de afganos en su suelo. Las cifras del ACNUR hablan de dos millones (1,2 millones en campamentos de refugiados y 800.000 en otros lugares). Las cifras reales son difíciles de saber con una frontera de dos mil cuatrocientos kilómetros muy permeable. El ministro alemán de Exteriores, Joschka Fischer, que ayer estuvo en Islamabad, dijo comprender la situación de las autoridades paquistaníes, pero pidió que abrieran la frontera ante la amenaza de una catástrofe. Pakistán sólo permite oficialmente la entrada en casos de emergencia sanitaria. Inicialmente pretendió que los campamentos para hacer frente a las huidas que hacían prever los bombardeos se colocaran dentro de Afganistán. Bajo la presión de las agencias humanitarias ha accedido a facilitar espacios dentro de su territorio, cerca de la frontera. Las ONG han denunciado la falta de seguridad y de condiciones adecuadas en esas zonas, bajo control tribal y donde el personal extranjero halla dificultades. |
Clarín - Sábado 20 de octubre de 2001
DENUNCIA DE LA ACNUR POR LA LLEGADA A PAKISTÁN DE MILES DE REFUGIADOS
Caos en la frontera por el éxodo de afganos
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Islamabad. ANSA y EFE. "Una ola de pánico barrió la frontera", así sintetizó ayer una vocera del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ante los periodistas, al relatar la llegada a Pakistán de al menos 3.500 afganos que huyen de la guerra. Se trata del éxodo de refugiados más grande registrado en un solo día en la frontera entre ambos países. "Llegan al límite entre ambos países presas del pánico, sin comida ni agua", dijo la vocera. "Ya no tienen nada consigo, muchas familias están divididas: el puesto de frontera de Chaman, por sí solo, está repleto de afganos presa de pánico, que huyeron de Kandahar y de los duros bombardeos de la noche pasada", denunció Fatoumata Kaba. La vocera del ACNUR dijo que los refugiados huyeron durante la noche de Kandahar y otras localidades cercanas a la ciudad santa de los talibán, blanco de los ataques anglo-norteamericanos. En Ginebra, funcionarios del ACNUR definieron como "caótica" la situación en la frontera, y agregaron que muchas familias se dividieron durante la desordenada fuga hacia Pakistán y la salvación. El ACNUR comunicó que unos diez mil refugiados llegaron a la provincia de Belukistán en los últimos seis días, incluidos los 2.700 que llegaron a Chaman entre el miércoles y jueves. El Alto Comisariado advirtió que un millón y medio de personas podría intentar huir de Afganistán hacia los países limítrofes, como resultado de las incursiones aéreas pero también de la sequía. Unos cinco millones de afganos -un quinto de la población- ya viven en campos de refugiados, sobre todo en Pakistán y en Irán. Muchos de los desesperados que huyeron de Kandahar pagaron a traficantes para que los trasladen hasta la frontera, y entre los recién llegados hay muchas familias formadas sólo por mujeres, niños y ancianos. Manifestaron al ACNUR que los hombres dejan ir a sus mujeres e hijos a Pakistán, en tanto ellos prefieren quedarse en Kandahar para proteger las casas de los saqueos. Para pagar el viaje, que cuesta hasta dos mil rupias (unos treinta dólares) tienen que vender la mayor parte de sus bienes, denunció el ACNUR. Las condiciones de los refugiados no mejoran mucho una vez que pasan la frontera. Unas 260 familias afganas (aproximadamente 2.300 personas) que llegaron recientemente al miserable campamento de Jalozal, cerca de Peshawar, viven en condiciones miserables. Los refugiados que llegan desde Kabul deben pagar unos cincuenta dólares por el pasaje a Jalalabad, desde donde luego emprenden un camino de unas quince horas a través de las montañas para luego llegar a Pakistán. Algunos dicen haber huido por miedo a las bombas, otros por temor a ser reclutados por la fuerza por los talibán, en tanto otros dicen temer que Kabul caiga bajo el control de la Alianza del Norte. |
Clarín - Sábado 20 de octubre de 2001
TRAS LAS BOMBAS, LLEGARÁ EL INVIERNO Y EL FIN DE LA AYUDA HUMANITARIA
La ONU advierte de que sólo queda un mes
para salvar a los chicos afganos
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Todavía quedan treinta días. Después, para casi diez millones de chicos afganos, será demasiado tarde. En un mes, el invierno hará que los caminos que conducen a los pueblos rurales de gran parte del país se vuelvan intransitables. Entonces, los alimentos, medicamentos y mantas que envían las organizaciones humanitarias ya no podrán llegar a destino. Por Stefania Di Lellis. El hielo y el hambre podrían condenar a muerte a quienes hayan podido sobrevivir a las bombas occidentales, a las minas diseminadas por la Alianza del Norte o a los disparos de los Kalashnikov de las milicias talibán. Un día después del llamamiento del presidente norteamericano, George Bush, a los chicos de Estados Unidos ("Donen un dólar cada uno para los chicos afganos"), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia advirtió que el tiempo se acorta y explicó que, hasta ahora, la caridad del mundo desarrollado había dejado mucho que desear: sólo se recaudó el 20% del dinero necesario para satisfacer las necesidades más urgentes de los menores de edad, el sector de la población que corre mayores riesgos. Hay seis millones de personas (un millón y medio de ellas de menos de cinco años de edad) que sobreviven sólo gracias a la ayuda humanitaria. A pesar de los ataques, UNICEF sigue llevando a destino sus entregas. "Pero sólo pudimos entregar alimentos y medicamentos suficientes para 1.250.000 personas. Para el resto, no alcanzó el dinero", subraya la directora del Fondo Carol Bellamy. El llamamiento del presidente norteamericano recibió muchas críticas: hay quien calculó que, aún si todos los chicos norteamericanos respondieran al llamado, se reuniría menos de lo que se gasta por día en bombardeos. Bush, sin embargo, no desiste: mostró, orgulloso, el primer dólar recibido. "Ayudando a los chicos afganos, afirmamos los ideales norteamericanos", repitió, en una ofensiva planeada para galvanizar a la opinión pública interna, pero también para ablandar la opinión internacional. Las emergencias humanitarias en Afganistán son incontables. El acceso a la atención sanitaria de las madres y de sus chicos recién nacidos, es ridícula. La mortalidad de las mujeres que acaban de parir es una de las más altas del mundo. Uno de cada cuatro chicos muere antes de haber cumplido cinco años. Cada doce meses casi trescientos mil menores mueren como consecuencia de enfermedades fácilmente curables. Y mientras mueren siete chicos por día, víctimas de los más de diez millones de minas personales diseminadas, a cuatrocientos mil les faltan brazos y piernas. Pero, atención: la de los niños afganos no es una infancia mutilada sólo físicamente. Al menos un millón de ellos están afectados por problemas psíquicos causados por la guerra. Y, no es para menos: uno de cada tres es huérfano y al 72% se les murió algún familiar en combate. Por otra parte, son pocos los modelos de vida alternativa que tienen las nuevas generaciones. Los traficantes de opio reclutan "correos" entre los chicos, la Alianza del Norte convoca a mujaidines menores de edad y los talibán buscan soldados imberbes para su Jihad (guerra santa). En cuanto al sistema escolar, recibió la estocada final cuando los mullah (los intérpretes de las leyes y dogmas del Islam) despidieron al 40% de los maestros, lo que condenó al 85% de los chicos y el 100% de las chicas afganas al analfabetismo. La Repubblica. Traducción de Claudia Martínez. |
La Jornada - SÁBADO 20 OCTUBRE 2001
Continúa el éxodo afgano hacia Pakistán
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DPA, AFP, AP y Reuters Unos sesenta mil afganos han huido a Pakistán desde que el 7 de octubre Estados Unidos comenzó los ataques aéreos sobre Afganistán, presas del pánico, sin alimentos y sin pertenencias, señaló este viernes el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Sólo este viernes unos tres mil quinientos afganos lograron cruzar la línea divisoria por el puesto de Chamán, cerca de Quetta, y la mayoría denotaban pánico tras los incesantes ataques sobre Kandahar, la ciudad afgana más castigada. Aunque el ACNUR afirmó tener provisiones para unos cien mil o doscientos mil refugiados que sigan llegando a Pakistán, las agencias humanitarias de Naciones Unidas sólo han recibido 186 millones del monto de más de seiscientos millones prometidos por los donantes. A esto se suma el hecho de que las fronteras hacia Afganistán están prácticamente cerradas ante los incesantes bombardeos de la aviación estadunidense, por lo que en el territorio afgano no están llegando los suministros. En Nueva York el representante de ACNUR, Rudd Lubbers, admitió que las operaciones militares contra Afganistán podrían provocar un éxodo de hasta un millón quinientas mil personas, considerando los flujos en Pakistán, Irán y otras fronteras. En el marco de una visita que realiza a Islamabad el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, la agencia humanitaria alemana Deutsche Welthungerhilfe aseveró que en Afganistán "la presión es enorme" porque el invierno está a punto de comenzar y la gente necesita con urgencia cereales, sal, aceite, azúcar y agua potable, y que no se puede esperar a que asuma otro gobierno en Kabul. Pero Fischer no habló de detener los bombardeos, sino que se concretó a señalar que puede haber "un desastre humanitario" en Afganistán y que le preocupa un posible "vacío de poder" en el país tras la caída de los talibanes. |