Clarín - Jueves 20 de diciembre de 2001

LA APLICACIÓN DE LA SHARIA O LEY ISLÁMICA POR ADULTERIO

Conmoción por la condena a una mujer nigeriana
a morir apedreada

Es una madre de 35 años. Tuvo una relación sexual con un hombre, pero dice que fue obligada. Un tribunal islámico la condenó. La pena implica enterrarla hasta las axilas y tirarle piedras hasta que muera.

THE OBSERVER. ABUJA, NIGERIA. Especial para CLARÍN.

Safiya Huseini parece bastante mayor de los 35 años que tiene, mientras sostiene contra su pecho a su pequeño bebé. Su caso conmociona al mundo: fue condenada por adulterio por un tribunal islámico de Nigeria y condenada a morir apedreada.

Su hija Adama, de once meses, es su principal alegría y el símbolo de su lucha. Fue justamente porque concibió un hijo fuera del matrimonio que la justicia la consideró culpable de adulterio. Ella es divorciada, pero bajo la ley islámica (la sharia) el delito es igual que si estuviera casada. El castigo más leve por él, de cien azotes, se aplica sólo a las vírgenes.

A ella la van a enterrar hasta la altura de las axilas, para que no pueda moverse. Luego le colocarán una capucha y, finalmente, decenas de personas le lanzarán piedras a la cabeza hasta que muera.

El hombre que, según Huseini, es el padre de su hijo es del mismo poblado que ella, Tungar Tudu, en el noroeste de Nigeria. Se trata de Yakubu Abubakar. Tiene dos esposas y, aunque reconoció la relación con la mujer, rehusó casarse con ella o hacerse cargo del chico.

Las habituales disputas de familia se han resuelto por la sharia durante décadas, de acuerdo a un sistema que rige en los estados del norte de Nigeria, mayoritariamente musulmanes. Pero fue sólo en los últimos dos años que los peores castigos, como el apedreamiento (para el adulterio), la amputación (para los robos) o latigazos (para quienes tomen alcohol y protagonicen algunos casos de fornicación), fueron introducidos.

El reciente endurecimiento de los castigos para incluir los dictados de la sharia estuvo guiado por intereses políticos más que religiosos, y sirvió para aumentar la tensión entre los musulmanes y la minoría cristiana que vive en el norte. En choques entre las dos comunidades, alrededor de cuatro mil personas perdieron su vida en los últimos dos años.

Cuando el caso de Huseini llegó a la justicia, el padre de su hijo se retractó de su confesión y dijo que nunca se había encontrado con ella. Así, lo liberaron de cualquier cargo. Bajo la ley islámica, si un hombre no hace su confesión ante la corte, la única manera en que puede ser condenado es si cuatro hombres (no mujeres) afirman haber sido testigos presenciales de los actos de adulterio.

Huseini, con la sentencia de muerte pesando sobre ella, recuerda que se sintió "enferma cuando el juez leyó la sentencia porque es una tremenda injusticia". Y agregó que la condenaron porque es pobre. "Yo soy pobre, mi familia es pobre, y yo soy mujer".

La apelación de Huseini contra la sentencia es respaldada por grupos nigerianos defensores de los Derechos Humanos y por el mismo ministro de Justicia de Nigeria.

Aunque los treinta y seis Estados que conforman Nigeria tienen códigos legales independientes, algunas cuestiones constitucionales están poco claras. Si la apelación no es aprobada en la Corte del Estado de Sokoto, puede seguir hasta la Corte Suprema, en la capital del país, Abuja, donde las inconsistencias del sistema legal nigeriano deberán ser dirimidas.

El ministro de Justicia, Bola Ige (cristiano) dijo que no permitirá que el apedreamiento se lleve a cabo en Nigeria en el siglo XXI. "Algunos de nuestros hermanos en el norte del país han implementado muchas políticas que van más allá de la sharia, que está perjudicando la imagen de Nigeria", dijo recientemente.

Uno de los hombres a los que se refiere el ministro es el fiscal general de Sokoto, Aliyu Abubakar Sanyinna, un atildado hombre de treinta años. "Es la ley de Alá", sostiene. "Al ejecutar a alguien condenado por la ley islámica, sólo estamos cumpliendo con la ley de Alá", dice.

Cuando le preguntaron cuán grandes podían ser las piedras, levantó el puño: "puede ser algo como esto", dice. ¿Y cómo se llevará a cabo la ejecución?. Contestó el fiscal: "Cavarán un pozo, pondrán al condenado de una manera tal que no pueda escapar y luego será apedreado". El método preciso, explicó Sanyinna con cuidado, es una decisión del juez. "Otro método puede ser atarlo contra un árbol o un pilar", según el fiscal.

La apelación de Huseini está basada en su afirmación de que fue obligada a mantener esa relación, que el hombre usó encantos y fetichismo sobre ella para convencerla de acostarse con él. Bajo la ley islámica, haber sido seducida por un método ilógico es una defensa válida, pero en este caso Husini no dijo, en el juicio original, que fue forzada a comenzar esa relación contra su voluntad.

Su abogado, Abdukkadar Iman Ibrahim, no inspira confianza. Es optimista con respecto al éxito de la apelación, pero no parece tener claridad sobre los hechos del caso. Vive en Sokoto, pero no visitó el pueblo de Huseini ni pidió que el hombre declare en la corte de apelación por cargos de violación. E hizo una afirmación que, por ser el abogado defensor de la mujer, suena ridícula: "él fue absuelto, ¿por qué deberíamos hacerlo sufrir otra vez?".