Clarín - Jueves 20 de diciembre de 2001

LA CRISIS DE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO EN BRASIL

El 30% de los brasileños vive en la indigencia

Lo determinó una investigación de la fundación Getulio Vargas. Son 50 millones de personas que ganan menos de 35 dólares mensuales.

Eleonora Gosman. CORRESPONSAL EN SAN PABLO.

El "mapa del hambre", en Brasil, crece como una mancha viscosa. Un total de 50 millones de personas, o sea, el 29,3% de la población, vive en condiciones de indigencia.

Los datos son de la Fundación Getulio Vargas, una prestigiosa institución dedicada a la educación e investigación económica.

Según esa alta casa de estudios, estos cincuenta millones de brasileños no alcanzan a ganar treinta y cinco dólares mensuales, es decir lo mínimo necesario para cubrir de modo en extremo magro el requerimiento individual de alimentos.

"Son tan pobres que no llegan a conseguir la canasta mínima hogareña", describió Marcelo Neri, coordinador del estudio de la Fundación.

Los informes del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística revelan que el diez por ciento de los jefes de hogar no tienen ninguna clase de ingresos (el total de hogares suman 44,8 millones).

En tanto 1,2 millones reciben apenas el salario mínimo de 78 dólares.

El presidente Fernando Henrique Cardoso consideró que durante sus siete años de gobierno (inició su gestión el 1 de enero de 1995 y terminará el último día del 2002) implicaron una mejora en la redistribución del ingreso.

Pero el país continúa dominado por una pobreza crónica en los Estados del Nordeste y amazónicos.

Esto hace que el presidente brasileño diga, cada vez que tiene una oportunidad, que "Brasil es un país injusto, pero no subdesarrollado", frase que acuñó desde su campaña que lo llevó a la jefatura de Estado.

Lo cierto es que los bolsones de miseria son visibles también en las principales ciudades del sudeste del país (como San Pablo, la de mayor población del país, y Río de Janeiro).

Según el titular del instituto de estadística, Sergio Besserman, "es más difícil combatir la concentración de la renta que la pobreza. El país mejoró, pero tiene un largo camino por delante".

Si la situación social en Brasil no llegó al estallido de Argentina es por la naturaleza "estructural" de la marginación y el hambre en ese país.

Con una distribución del ingreso, que figura entre las peores del mundo y que apenas supera la situación de Nigeria, nunca tuvo un predominio de la clase media, ni siquiera en sus principales capitales. Y desde el punto de vista de la reacción social, no es lo mismo nacer y morir en el pozo, que caer en él en forma repentina.

Con esa larga historia de hambre, en Brasil crecieron las organizaciones que dan cuenta de los marginados. Incluso los movimientos que parecen más radicales, como el de los Sin Tierra, que agrupa a un total de 4,5 millones de personas que demandan la entrega de tierras con una estrategia de toma de haciendas y choques con la policía, se esmeran en garantizar que los alimentos lleguen a sus bases, ya sea por la ayuda de la Iglesia Católica como de las innumerables Organizaciones No Gubernamentales.

Hasta las bandas de narcotraficantes cariocas son funcionales a esa misión paliativa. Si todavía comandan los morros de Río de Janeiro es porque cumplen un "papel social", mediante la provisión de recursos para la educación y la salud, que el Estado no puede o no quiere suministrar.

Con todas las críticas y advertencias que hacen los especialistas al presidente Cardoso, es preciso señalar que durante su gobierno mejoraron los índices de alfabetización, escolaridad y acceso a la infraestructura sanitaria.

Según Besserman, entre los años 1991 y 2000, la concentración de la renta disminuyó apenas tres décimos (de 0,63 para 0,60). Pero el analfabetismo, que mostraba una tasa de 23,8 por ciento en 1991, bajó a 17,2 por ciento en el 2000. Aun así, todavía suman más de 17,6 millones de analfabetos.

La renta media de los jefes de hogar pasó de doscientos cincuenta a trescientos dólares, el cincuenta por ciento de los jefes de familia percibe hasta un máximo de ciento cuarenta dólares.

En ese cuadro, las mujeres asumen, cada vez más, el papel de jefes de hogar. Hay 11,2 millones de mujeres menores de sesenta años dirigiendo sus hogares.