El País - Viernes, 1 de marzo de 2002

ETA intenta matar a una edil socialista
con una bomba oculta en un carrito

La banda hizo estallar más de 20 kilos de dinamita ocultos en un carrito de la compra en Portugalete

JAVIER RIVAS / AITOR GUENAGA. Bilbao.

ETA intentó asesinar ayer con más de veinte kilos de dinamita escondidos en un carrito de la compra a una concejal del PSE, nueve días después de haber mutilado con una bomba lapa a un dirigente de las Juventudes Socialistas.

Esther Cabezudo Martínez, de cincuenta y seis años, teniente de alcalde de Portugalete (Vizcaya) e histórica sindicalista, y su escolta privado, Iñaki Torres Mediavilla, de treinta, salvaron la vida gracias a que los etarras habían orientado el artefacto en la dirección contraria al lugar por el que ambos caminaban. La explosión sólo les causó heridas leves, al igual que a otras tres personas que pasaban por la zona.

Los departamentos de Interior de los Gobiernos central y vasco atribuyen sin dudar este nuevo atentado al comando Vizcaya, el más activo con que cuenta actualmente la banda terrorista y el responsable de once de los doce atentados cometidos en España en los últimos tres meses.

En pleno debate político sobre la seguridad de los concejales vascos, ETA ha reorientado de nuevo sus armas contra cargos locales socialistas, colectivo contra el que no atentaba desde que en marzo del año pasado asesinó al edil guipuzcoano Froilán Elespe.

Esther Cabezudo salió de su domicilio, en la calle de Peñota de Portugalete, junto a su escolta, contratado por el Ministerio del Interior, poco antes de las nueve. Ambos se dirigían a pie al ayuntamiento, donde la edil iba a participar en un pleno al mediodía.

Los activistas del comando Vizcaya habían escondido la carga, entre veinte y treinta kilos de dinamita Titadyne de la robada por la banda en Francia, dentro de un carrito de la compra azul y blanco que colocaron contra la pared del inmueble número 11 de la calle de Casilda Iturrizar, junto a una tienda de muebles.

Los terroristas esperaron a que la edil y su escolta estuvieran a la altura del carrito, aunque en la acera de enfrente, para activar a distancia el artefacto.

Un "error afortunado" de los etarras, en expresión del consejero vasco de Interior, Javier Balza, salvó la vida a Cabezudo y su escolta. Los activistas colocaron el carrito de forma que la onda expansiva se dirigió principalmente hacia la estructura del inmueble, uno de cuyos pilares llegó a seccionar, y no hacia la acera.

La casualidad hizo que una furgoneta de reparto de bebidas pasase en ese momento por la calle. Este vehículo recibió parte de la metralla y de la onda expansiva, hasta el punto de que todos sus cristales se rompieron, perdió parte del techo y sus ruedas reventaron, según precisó su conductor.

Dos hombres

Testigos presenciales vieron huir corriendo del lugar a dos hombres inmediatamente después de la explosión, según aseguró Balza en los pasillos de la Cámara vasca. La policía investiga si los dos etarras usaron un teléfono móvil para activar la carga.

En las cercanías, junto a una parroquia, se encuentra el centro cultural Santa Clara, en el que cerca de un centenar de personas, en su mayoría adolescentes, recibían en esos momentos clases de formación ocupacional.

"El estallido ha sido terrible. Ha temblado todo. Los cristales han saltado por los aires y menos mal que había unas cortinas. He salido corriendo y he visto dos cuerpos tendidos en el suelo", señalaba ayer tras el cordón policial uno de los alumnos del centro.

Cabezudo y Torres cayeron aturdidos por el estallido y varios transeúntes fueron los primeros en atenderles. Una ambulancia les trasladó poco después hasta el Hospital de San Eloy, en la cercana localidad de Barakaldo.

La edil presentaba, según el parte médico, múltiples heridas de metralla y le había estallado el tímpano del oído derecho. Su estado es leve, salvo complicaciones. Iñaki Torres sufría múltiples heridas por metralla en extremidades y tórax, estallido timpánico también del oído derecho y una herida en la parte superior de la ceja. Su pronóstico es menos grave. Tras curar sus heridas, ambos pasaron a planta.

Otras tres personas -dos mujeres y un hombre joven- que pasaban por la zona en el momento de la explosión fueron atendidas en el Hospital de Cruces, en Barakaldo, de lesiones leves, principalmente problemas auditivos, y dados de alta sin llegar a ingresar. Además, una mujer de 32 años embarazada, quien también se encontraba en el lugar, acudió al mismo hospital para comprobar el estado del feto, que no sufrió ningún daño.

Todo parece indicar que el comando había ensayado la acción en la mañana del miércoles. Javier Miranda, concejal del PNV en la misma localidad y que reside en el inmueble junto al que estalló la bomba, vio el carrito a primera hora de la mañana de ese día apoyado junto a su portal. Un tiempo después ya no estaba.

Miranda volvió a ver el carrito ayer poco antes de la explosión. "Lo vi otra vez y me dije: a este repartidor [de propaganda, que usan carritos de ese tipo] le debe tocar aquí otra vez. Sí, me pareció raro, e incluso pensé en tocarlo. Al final subí a mi casa y al poco se produjo la explosión", relató el edil peneuvista. Él fue, precisamente, una de las primeras personas en atender a Cabezudo y su escolta.

Es la segunda vez en su histortoria que ETA usa un carro de la compra como escondite de una bomba. Activistas del comando Vizcaya emplearon ese método en julio de 1990 para atentar contra un guardia civil en la también localidad vizcaína de Getxo. El agente resultó herido grave, pero salvó la vida al sospechar del carro.

La explosión de ayer fue de tal magnitud -la carga es similar a la de muchos coches bomba- que el estallido pudo oírse con claridad en domicilios de Las Arenas, el barrio de Getxo separado de Portugalete por el cauce de la ría del Nervión. Una nube de humo se elevó desde la calle, una céntrica vía en cuesta que llega al Puente Colgante sobre la ría.

Un total de cuarenta y cinco viviendas de una docena de inmuebles quedaron "gravemente afectadas" por la deflagración, según señaló el alcalde de la localidad, el socialista Mikel Cabieces. Decenas de cristales saltaron en los edificios cercanos, algunos de ellos distantes hasta casi un centenar de metros del lugar de la explosión.

Las viviendas más cercanas, especialmente las del inmueble número 11, que tuvo que ser apuntalado por los bomberos, quedaron destrozadas. Unas veinticinco familias no podrán volver a sus hogares en varios días. El estallido afectó también a las conducciones de gas, lo que obligó a desalojar cuatro edificios, y dañó a numerosos vehículos y comercios de la zona.

El Mundo - Viernes, 1 de marzo de 2002

Un monovolumen salvó a la concejala y a su escolta
del 'carrito de la muerte'

ETA intentó asesinar ayer a la edil socialista de Portugalete Esther Cabezudo con treinta kilos de dinamita camuflados en un carro de la compra. Capturados cinco etarras en Pamplona, todos los cuales han formado parte de Jarrai y habían sido detenidos por algaradas con anterioridad.

OSCAR SUBIJANA / JAVIER URTASUN

PORTUGALETE.- La banda terrorista ETA incrementa día a día su sofisticación en los métodos asesinos. Ayer mismo utilizó un carro de la compra para intentar asesinar en Portugalete a la teniente de alcalde del Ayuntamiento de esta localidad, Esther Cabezudo, y a su escolta, Iñaki Torres.

Los etarras del comando Vizcaya, al que se atribuye el atentado, no consiguieron su objetivo por la acción de pantalla que hizo el coche monovolumen aparcado del concejal del PNV Javier Miranda y por una incorrecta orientación del explosivo.

La acción terrorista se produjo a las nueve y diez minutos de la mañana frente al número 11 de la calle de Casilda Iturrizar, conocida popularmente como "Cuesta de las Maderas". Tanto Cabezudo como su escolta tan sólo sufrieron heridas leves.

Apenas una semana después de que ETA mutilara al joven secretario Institucional de las Juventudes Socialistas, Eduardo Madina, mediante la colocación de una bomba lapa en los bajos de su vehículo, la banda terrorista volvió ayer a sembrar el terror entre las filas del socialismo vasco.

Pero esta vez el artefacto erró el objetivo. Este "afortunado accidente", en palabras de Balza, que permitió salvar la vida a Esther Cabezudo y a su escolta, Iñaki Torres, pudo deberse a que el artefacto compuesto por entre 20 y 30 kilogramos de dinamita, posiblemente de la marca titadine , estaba mal orientado y a que un vehículo, propiedad de un concejal del PNV, hizo de parapeto para la edil del PSE-EE y su escolta, perteneciente a la seguridad privada y asignado por el Ministerio del Interior.

Ayer, como en otras ocasiones en las que no acude en su coche oficial, Esther Cabezudo recorría a pie la distancia que une su domicilio en la parte alta de Portugalete con el Ayuntamiento de la localidad. Tras recorrer el 80% del trayecto, la edil y su escolta, afiliado a UGT como Cabezudo, atravesaron la zona peatonal de la Plaza Poeta Larrañaga para desembocar perpendicularmente en la calle Casilda Iturrizar. En el momento en que ambos llegaron a la altura del número 11, los terroristas (dos individuos según Balza), accionaron el dispositivo.

Ambos se dirigían al Ayuntamiento portugalujo para participar en una sesión plenaria a las 12.30 horas, en la que se iba a debatir, precisamente, temas relacionados con la protección de los concejales.

El acceso más utilizado

La calle Casilda Iturrizar es la única vía que permite el acceso en vehículo al Ayuntamiento, y es el tramo más utilizado por los concejales cuando tienen plenos municipales. A este extremo se refirió la concejala popular Dolores Ziordia, al afirmar que todos los vecinos de la localidad saben que los ediles utilizan este trayecto para llegar al Consistorio a pie "Nos vigilan porque lo tienen muy fácil", señaló.

Los dos autores del atentado utilizaron un telemando para activar el detonador de la bomba al paso de la edil y huyeron del lugar. Uno de ellos llevaba todavía el mando a distancia para activar el explosivo en una mano, según narraron testigos presenciales a Europa Press. Los individuos se juntaron a la carrera con otras dos personas que los esperaban en las cercanías. Los cuatro se alejaron de la zona a pie.

El consejero de Interior interpretó la utilización en el atentado de un carro de la compra como un paso más en los intentos de los comandos de ETA por "dificultar las labores de los escoltas". Así, recordó que la banda ya ha utilizado métodos similares, como colocar explosivos en una jardinera.

"Los servicios de escolta son conscientes de la existencia de este comando, de su actividad, y priman al máximo todos los elementos de seguridad, que deben ser reforzados tanto en lo político como en lo operativo", aseguró el consejero.

Esther Cabezudo y su escolta fueron trasladados en ambulancia al Hospital de San Eloy de la localidad limítrofe de Barakaldo, donde se les realizaron las primeras curas de urgencia. "Lo han intentado, pero no han podido conmigo", dijo en el centro sanitario.

Según el parte médico emitido por el director gerente del hospital, Santiago Rabanal, Cabezudo presenta múltiples heridas de metralla, estallido de tímpano del oído derecho y vértigos, y su pronóstico es leve salvo complicaciones.

Por su parte, el escolta Iñaki Torres tiene también múltiples heridas de metralla en extremidades y tórax, así como estallido de tímpano del oído derecho y su pronóstico es menos grave. A las dos de la tarde fueron trasladados a planta tras someterse a sendas intervenciones quirúrgicas para extraerles esquirlas y metralla.

La explosión provocó, además, heridas de carácter leve a otras ocho personas que fueron atendidas de cortes, crisis nerviosas y diversas lesiones. El Hospital de Cruces atendió a cuatro personas que sufrían las consecuencias de la onda expansiva de la bomba. Tres de ellas padecían afecciones en el oído y la cuarta era una mujer embarazada de 32 semanas, que sufrió un ataque de nervios. La DYA atendió en el lugar a otras cuatro personas que presentaban diversos cortes y estados de nerviosismo.

La explosión provocó graves daños materiales en el número 11 de la calle Casilda Iturrizar, así como en varios vehículos y edificios colindantes. Rotura de cristales, marcos de puertas y ventanas desencajados y conducciones de gas afectadas, obligaron a los Bomberos y efectivos policiales a desalojar cinco edificios afectados.

La colocación del carrito bomba en las proximidades del portal de la edil socialista fue ratificada por el concejal del PNV de Portugalete, Javier Miranda, que vive en el número 11 de la calle Casilda Iturrizar, donde se produjo el atentado.

Según relató Miranda a Europa Press, cuando el miércoles iba al Ayuntamiento a las 8.55 horas, vio un carro de cuadros junto al portal, y pensó que era el típico que se usa para el reparto de propaganda por los domicilios. Al volver a casa a las 10, el carro ya no estaba.

Miranda llevó ayer a su hijo de seis años al colegio y volvió a ver el carro en la calle junto al portal. Al volver diez minutos después, estalló el artefacto. El concejal nacionalista pudo comprobar desde la ventana de su domicilio que Esther Cabezudo y su escolta yacían heridos en el suelo frente al portal.

En una primera inspección ocular, Javier Miranda comprobó que su coche, un monovolumen, había resultado fuertemente dañado y que había servido de barrera impidiendo que los efectos de la explosión acabaran con la vida de la concejala socialista. Un efecto en el que también incidió el paso de una furgoneta de reparto que circulaba en el instante de la explosión.

Tras comprobar que su mujer y su otro hijo, de once meses, estaban bien, a pesar de que algunos cristales rotos, frenados por las cortinas del dormitorio, habían caído sobre la cuna del pequeño, decidió bajar a la calle, donde vio a Esther Cabezudo tendida en el suelo.

"Tranquila Esther, tranquila, que estoy contigo", fueron las primeras palabras de ánimo del edil, que pudo comprobar la preocupación del escolta que trataba de incorporarse para auxiliar a su protegida. Al ver que Miranda estaba con ella, no pudo aguantar más y se desvaneció, según el relato del propio concejal del PNV.

Miranda cree que el carro fue colocado el miércoles para acabar con la vida de la concejala pero algo falló. La decisión de los terroristas fue repetir la operación a primera hora de la mañana de ayer.