El País - Viernes, 1 de marzo de 2002

Israel lanza un ataque masivo
contra campos de refugiados palestinos

13 muertos y 200 heridos en el asalto a las ciudades cisjordanas de Nablús, Jenín y Belén

FERRAN SALES. Belén.

Ofensiva sin precedentes sobre los campos de refugiados palestinos de Nablús, Jenín y Belén. Tanques, helicópteros y fuerzas de infantería participan de manera coordinada en una operación de limpieza que trata, según portavoces del Ministerio de Defensa, de acabar con los 'santuarios del terror' en los territorios autónomos.

Las milicias palestinas, débilmente armadas y desorganizadas, tratan inútilmente de frenar la avanzada. Anoche continuaban los combates. El número de muertos se elevaba a trece (uno de ellos un soldado israelí) y el de heridos superaba los doscientos. La tregua es ya papel mojado.

El suicidio de una mujer bomba en un control del Ejercito israelí cerca de la línea verde desató en la madrugada de ayer las iras del mando militar de Israel, a pesar de que se había saldado con sólo tres heridos. Las fuerzas de infantería, apoyadas por helicópteros y blindados, invadieron el campo de refugiados de Balata (dieciséis mil habitantes), de donde era originaria la kamikaze: Dalil Abu Isa, de veintiún años, estudiante de Literatura Inglesa en la Universidad de An Naja, militante de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, soltera y con un novio con el que iba a casarse en breve.

El ataque sobre Balata, que desde hace meses había sido planificado en los cuarteles del Estado Mayor israelí, se inició antes del alba, para toparse desde el primer momento con la resistencia de las milicias palestinas, a las que se sumaron las fuerzas de seguridad de Yasir Arafat.

Las refriegas y los enfrentamientos culminaron al mediodía con la toma de una escuela en el centro del campo, donde las fuerzas especiales trataban de dominar la zona, mientras el resto de los soldados trataban de localizar activistas y armas. Calle por calle, casa por casa, a las que ascendían no por las puertas, sino derribando los muros de separación de los domicilios contiguos.

A la misma hora, las fuerzas israelíes iniciaban otra ofensiva similar sobre el campo de refugiados de Jenín, con mil quinientos habitantes, también en Cisjordania.

Las tropas dispararon indiscriminadamente sobre la población civil, como lo demuestra la muerte de un hombre de sesenta y cinco años y el gran número de heridos, entre los que hubo mujeres y niños.

En medio del caos y de la confusión se aseguraba que las tropas habían dado orden a los refugiados de abandonar sus casas y salir de los campos, para poder actuar con mayor facilidad. Pero nadie se movió de sus domicilios.

En total, 1,3 millones de palestinos viven en los veintisiete campos de refugiados en Gaza y Cisjordania.

Por la tarde, tras catorce horas de enfrentamientos en Balata y Jenín, se sumó a la lucha Belén. Las milicias de las Brigadas de los Mártires de al Aqsa, concentradas en el Centro Internacional de la Paz, en la plaza del Establo, frente a la Basílica del Nacimiento, vestidas en traje de combate y empuñando fusiles y morteros, lanzaron un ultimátum a las fuerzas israelíes: 'Abandonáis Nablús y Jenín o atacamos el asentamiento de Gilo', situado a las puertas de Jerusalén.

Dos horas después, mientras los soldados proseguían con la ofensiva, las milicias disparaban sobre ese asentamiento-barrio. Se abría así, en menos de veinticuatro horas, un tercer frente.

'Voy a vengar las muertes de mis hermanos en Balata', aseguraba Mohamed, enfundado en su traje de combate, mientras empuñaba un fusil de asalto M-16 y subía a un vehículo para dirigirse al frente de Belén.

Helicópteros de combate

Minutos antes, de espaldas al Centro Internacional de la Paz, símbolo del dos mil aniversario de Belén, encarado a Gilo, rezaría su última plegaría, la del magreb o la del atardecer.

Los helicópteros de combate Apache llegaron a Belén poco después, al anochecer, para bombardear los campos de refugiados de Dheisde y Aidha.

La diplomacia internacional, pilotada por Javier Solana, seguía impulsando incansable el último experimento de paz: el llamado plan saudí.

Solana se entrevistó ayer con el presidente egipcio, Hosni Mubarak, en El Cairo. El lunes y el martes viajará a Washington para reunirse con el presidente George W. Bush. Mientras, en Israel empiezan a escucharse las primeras voces de oposición al mismo.

Portavoces del partido nacionalista Likud, liderado por Ariel Sharon, disienten oficiosamente del proyecto del príncipe heredero saudí. 'Es un suicidio para Israel: no podemos replegarnos a las fronteras del 67 y tampoco dejar en manos palestinas Jerusalén este', declaró un dirigente nacionalista.

El Mundo - Viernes, 1 de marzo de 2002

Israelíes y palestinos libran los peores combates
desde el inicio de la Intifada

El Ejército penetra en dos campamentos de refugiados palestinos y mata a doce personas. Al Fatah promete represalias. Powell exige a Ariel Sharon una retirada inmediata.

MIGUEL MURADO. Especial para EL MUNDO.

JERUSALÉN. Ha sido el mayor enfrentamiento entre soldados israelíes y combatientes palestinos desde el comienzo de la Intifada. Durante al menos veinticuatro horas, el Ejército israelí atacó ayer dos de los mayores campos de refugiados palestinos en Cisjordania. Al menos trece personas perdieron la vida, cien resultaron heridas y decenas de miles fueron obligadas a abandonar sus casas a punta de fusil.

Tropas de elite de la Brigada Golani y paracaidistas asaltaron los campamentos a primeras horas de la madrugada, apoyados por decenas de blindados y varios helicópteros de combate.

En Yenin, siete palestinos murieron al ofrecer resistencia a la invasión, cinco de ellos policías. La megafonía de las mezquitas repitió sus nombres ayer durante todo el día, en medio de los tiroteos y las explosiones.

En el campo de Balata, en Nablus, fueron seis los que perecieron, cinco palestinos y un soldado israelí. Los combates comenzaron en medio de la oscuridad, después de que dos misiles israelíes destruyesen el generador de electricidad del campo.

En medio de la confusión de los disparos y las llamadas de las mezquitas a resistir el ataque, los intercambios de fuego se prolongaron a lo largo de todo el día de ayer. Los soldados avanzaban casa por casa, destruyendo las paredes que las separan en el superpoblado campo de refugiados para así no exponerse al fuego de los palestinos.

Por medio de megáfonos, los soldados ordenaron a los refugiados marcharse del campo si no querían ser bombardeados. Miles de residentes (unos veinte mil, según algunas fuentes) han huido por miedo, pero muchos otros se han quedado por temor a que los israelíes destruyan este campamento, en el que viven cerca de noventa mil personas.

Al parecer, un grupo de militares, aproximadamente una docena, perdió la orientación en el laberinto de Balata y tuvo que refugiarse en una escuela de Naciones Unidas, donde fueron rodeados por residentes del campo. Aunque el Ejército negó ayer insistentemente este extremo, testigos presenciales aseguraron que palestinos de todas las edades dispusieron alrededor del edificio artefactos explosivos caseros (incluyendo bombonas de butano), y atacaron la escuela con piedras y fuego de armas ligeras. Al cierre de esta edición no se había confirmado este posible ataque.

A última hora de ayer, la tensión había alcanzado tales proporciones que el secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, exigió por teléfono al primer ministro israelí, Ariel Sharon, que se retirase inmediatamente de los campos. Se dice que el jefe del Gabinete se ha negado a seguir una petición cuyo tono de exigencia tiene, en realidad, la fuerza de un ruego, como demuestran los precedentes.

No sólo la Casa Blanca está alarmada. El jefe de la oposición parlamentaria israelí, Yossi Sarid, calificó la operación de "una completa locura" y la consideró "un salto cualitativo en la guerra por el bienestar de los asentamientos".

El líder de Al Fatah en Cisjordania, Marwán Barguti, advertía de "represalias generalizadas" precisamente contra los asentamientos judíos en los territorios ocupados, si el Ejército israelí no abandona inmediatamente sus posiciones.

Poco después, algunos disparos hacían impacto en el asentamiento judío de Giló, cercano a Jerusalén, causando un herido leve.

En respuesta, el Ejército bombardeó otro campo de refugiados en Belén.

Los medios israelíes justifican la operación militar de Balata y Yenin como una represalia por el ataque suicida del miércoles pasado, llevado a cabo por una joven que procedía de uno de estos dos campamentos de refugiados, descritos por el Ejército como "nidos de terroristas".

Sin embargo, llama la atención que se haya dado una respuesta tan dura a un atentado que sólo costó la vida a su autora, ya que la joven kamikaze hizo detonar el explosivo que portaba prematuramente.

Por otra parte, esta represalia viene a coincidir con la presentación de una iniciativa de paz elaborada por el príncipe heredero de Arabia Saudí Abdalá, la cual ha merecido una ambigua acogida en la Administración israelí.