El País - Domingo, 3 de marzo de 2002
Diez muertos por un ataque suicida
en el mayor barrio ultraortodoxo de Jerusalén
Un palestino hizo estallar una potente carga explosiva en la puerta de una sinagoga
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FERRAN SALES. Jerusalén. "Muerte a Arafat, muerte a todos los árabes", gritaban ayer encolerizados los vecinos del barrio ultraortodoxo de Mea Shearim, en Jerusalén Oeste, minutos después de que un hombre bomba se suicidara a las puertas de una sinagoga, provocando la muerte de nueve israelíes, entre ellos un bebé, y heridas a más de medio centenar de viandantes. El suicida activó los explosivos que llevaba encima en la calle, frente a las escaleras por las que se accedía al templo, justo cuando los fieles salían del recinto judío después de haber participado en la última ceremonia religiosa del Shabat. "Primero oí una enorme explosión y después vi una gran llamarada", explicaba estremecido por el miedo, un joven ultraortodoxo judío vecino del barrio de Mea Shearim, estudiante del seminario religioso de Haim Ozev, testigo presencial del atentado que acabó con la vida de nueve ciudadanos israelíes, entre los que se encontraba una niña de un año y medio. Sobrecogido por lo que trataba de explicar, el muchacho estalló en lágrimas, mientras se abrazaba a un compañero. Entonces los gritos contra el presidente de la Autoridad Palestina se hicieron más insistentes. Los equipos de televisión encendieron sus focos y se escucharon en medio de la oscuridad de la calle Beit Israel, escenario del atentado, unos tímidos aplausos. El resto de los vecinos permanecían sobrecogidos, mientras trataban de descubrir entre las tinieblas las huellas de la tragedia. La explosión dejó sin aliento la calle de Beit Israel, una de las más humildes y degradadas de la zona, donde se amontonan millares de familias religiosas judías, cuyo única obsesión es rezar, estudiar las Sagradas Escrituras y esperar la venida del Mesías. Para ellos no existe la política, ni siquiera el Estado de Israel o el conflicto con Palestina. Tratan de vivir de espaldas al conflicto, olvidándose de que esta misma calle fue hace cerca de un año escenario de un atentado similar que provocó una decena de heridos. A escasos trescientos metros del lugar donde ocurrió el atentado, unos tres mil manifestantes israelíes del movimiento Paz Ahora se dirigían hacia la casa del primer ministro Ariel Sharon. Los manifestantes, que escucharon la deflagración, acusaron a Sharon de ser responsable de la nueva matanza. "Esto prueba que las incursiones en los campos de refugiados de Balata y Jenin no arreglan el problema de la violencia", dijo uno de ellos. El kamikaze, un joven palestino, había logrado acceder al barrio de Mea Shearim desde la carretera que une Ramala con Jerusalén, eludiendo los controles habituales del Ejército y la policía. El atentado fue reivindicado por el grupo palestino laico de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa. El mismo que se responsabilizó horas después del asesinato de un policía israelí, cuyo cuerpo con diversos impactos de bala, apareció en la cuneta de una carretera cercana a la colonia judía de Qedar, en Cisjordania. En el comunicado se indicaba que la muerte de este policía era la respuesta al asesinato en noviembre de un jefe local de las Brigadas en Jenin. La respuesta del Ejército israelí tampocos se hizo esperar y anoche mismo comenzó la caza. Las fuerzas de seguridad acordonaron el barrio, mientras los helicópteros sobrevolaban la zona con los focos encendidos. "Arafat responsable" Jerusalén volvía a revivir la tragedia de diciembre cuando, también en Shabat, dos comandos suicidas provocaron la muerte de doce jóvenes. El Gobierno de Israel responsabilizó al presidente palestino Yasir Arafat. Renan Guissin, portavoz del primer ministro Ariel Sharon, acusó nuevamente al líder palestino del atentado: "La Autoridad Palestina es totalmente responsable". La voz indignada de Guissin, y los gritos de los vecinos de Mea Shearim lograban apagar las quejas de la comunidad internacional, que en los últimos días ha criticado duramente a Israel por la represión de civiles palestinos. En Ramala hubo muestras de alegría por la acción terrorista, que fue condenada por la ANP. Por otra parte, el Ejército israelí anunció anoche que ha descubierto un taller donde se fabrican los misiles artesanales Qassam, en el campo de refugiados palestinos de Balata, en Cisjordania, que ocupa desde el viernes y donde ha realizado brutales registros. Un portavoz militar dijo que en el taller se encontraron un cohete listo para ser disparado y otros a punto de terminarse. "Es la primera vez que hallamos una fábrica de cohetes artesanales", añadió. Arafat suspende las negociaciones tras la ocupación militar israelí Por primera vez en la historia de la autonomía palestina, Yasir Arafat ha ordenado suspender todas las relaciones políticas y negociaciones con Israel mientras dure la ocupación de los campos de refugiados de Jenin y Balata, iniciada el pasado jueves y que se ha saldado hasta ahora con veintidós muertos y más de trescientos heridos. La decisión de Yasir Arafat se materializó ayer al dejar en suspenso una reunión con los responsables de seguridad israelí en la que, bajo la tutela de los servicios secretos norteamericanos (CIA), ambas partes debían examinar la situación sobre el terreno y establecer mecanismos para hacer descender la violencia. Pocas horas después de que Yasir Arafat tomara esta decisión, las tropas israelíes abandonaban el campo de refugiados de Jenin para tomar posiciones en los alrededores del recinto, en un intento de controlar los accesos de los vecinos. Las tropas, sin embargo, continuaron ayer actuando en el interior del otro campo Balata, en el término municipal de Nablús, donde se volvieron a producir enfrentamientos e incidentes que se saldaron con otros dos muertos. El Ejército de Israel hacía ayer públicos los primeros resultados de la operación, asegurando que se habían desarticulado diversos talleres clandestinos para la fabricación de explosivos, armas y cohetes Qassam 2. El Ejército recalcaba en su nota que ninguna de las acciones emprendidas en los campos iban dirigidas contra la población civil, lo que se contradice con la muerte de varios menores, un hombre de sesenta y cinco años y la destrucción de numerosos domicilios. La comunidad internacional y especialmente la Unión Europea reanudaron ayer los llamamientos a Israel para que se retire de los campos de refugiados. Tras el atentado con coche bomba de anoche en el centro de Jerusalén, los pacifistas israelíes suspendieron la manifestación prevista en la ciudad para protestar contra la política del primer ministro, Ariel Sharon, y exigir el fin de la operación militar en los campos de refugiados palestinos. |
El Mundo - Domingo, 3 de marzo de 2002
UNA GUERRA NO DECLARADA
Un kamikaze provoca al menos diez muertos
en un barrio ortodoxo de Jerusalén
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Se trata del ataque más grave sufrido hasta ahora por los ultraortodoxos. Las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa reivindican el atentado. Entre los fallecidos se encuentra un bebé. MIGUEL MURADO. Especial para EL MUNDO. JERUSALÉN.- Las bombas han vuelto a Jerusalén. Tras varias semanas de relativa calma, la escalada de los últimos días ha acabado por golpear de nuevo a la ciudad dividida. Ayer, un kamikaze palestino camuflado como un ortodoxo judío, se autoinmoló con los explosivos que portaba, en una calle de un barrio religioso, matando a otras nueve personas. De los diez fallecidos, uno es un bebé de un año y al parecer hay otros niños. Otras cuarenta personas resultaron heridas. Varias de ellas se encuentran en estado crítico. Beit Ysrael, el lugar de la trágica explosión, es uno de los barrios de Jerusalén habitados exclusivamente por integristas religiosos judíos. Las calles se encuentran por lo general muy concurridas en este barrio superpoblado, pero a la hora del ataque se hallaban particularmente atestadas de gente. Eran los momentos inmediatamente posteriores al fin de la festividad religiosa del shabat, cuando muchos judíos observantes salen del rezo de las sinagogas. Para el terrorista, vestido con las ropas negras y el sombrero de los judíos ultraortodoxos, fue fácil disimularse entre la multitud y hacer estallar la bomba que llevaba consigo, al parecer en una bolsa de plástico. La deflagración fue tan poderosa que calcinó un vehículo que se encontraba aparcado cerca y causó considerables destrozos en toda la calle. Las vecindades ultraortodoxas de Jerusalén se encuentran muy próximas a la línea verde, una división imaginaria que separa los sectores judío y árabe. Esto las convierte en un blanco más fácil para esta clase de ataques que el centro de la ciudad, donde la vigilancia policial es mucho más intensa. Este es, sin embargo, el atentado más grave sufrido hasta ahora por los ultraortodoxos de Jerusalén. Minutos después, una llamada telefónica reivindicaba el ataque en nombre de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Al Fatah, la organización que lidera el presidente palestino. El comunicante justificó el atentado como "respuesta a las masacres que [Israel] ha emprendido en Balata y Yenin", en referencia a la operación militar contra los campos de refugiados. Desde su encierro en Ramala, Yasir Arafat condenó el atentado así como "todos los ataques contra civiles". Pero Israel vuelve a responsabilizarles, a él y a su Gobierno, de lo sucedido. Últimamente, se había observado una tendencia por parte de las organizaciones armadas palestinas a evitar atentados de este tipo y concentrarse en ataques contra los colonos y los soldados de los territorios ocupados. Pero es cierto que en los últimos días se habían multiplicado las amenazas de retomar los atentados suicidas dentro de Israel, en represalia por la última ofensiva. De hecho, el atentado de Jerusalén es una venganza anunciada por la toma de dos campos de refugiados en Cisjordania por parte del Ejército de Sharon. Esta operación, que todavía proseguía ayer, ha dejado hasta el momento un rastro de veinticinco palestinos y dos soldados israelíes muertos, así como unos trescientos heridos. Precisamente, la Presidencia española de la UE había pedido a Israel que retirase sus tropas, mostrándose preocupada por las "consecuencias muy graves" que podían derivarse de no hacerlo. En Yenín, las tropas se retiraron durante el día pero tan sólo al exterior del campo, desde donde lanzaron incursiones ocasionales. Este repliegue condujo a un macabro hallazgo: el cuerpo maniatado de un deficiente mental de veintidós años, muerto de un disparo en la cabeza. Fuentes palestinas aseguran que el joven fue asesinado por los soldados a sangre fría. Las fuerzas israelíes permanecen todavía en el campo de Balata, donde afirman haber encontrado lo que un portavoz del Ejército describió como "una factoría para la fabricación de cohetes Kassam", donde se incautaron de siete de ellos. Aunque este arma casera tiene apenas poder destructivo, los israelíes le otorgan importancia debido a su radio de acción, que le permite alcanzar núcleos de población en el interior de Israel. La jornada terminó con la muerte de un comisario de policía israelí, cerca de Belén, reivindicada por un grupo formado por parientes de un líder de Al Fatah fallecido en un atentado. Falta de asistencia médica JERUSALÉN. La pequeña de un año muerta en el atentado de Jerusalén no fue el único bebé en perecer ayer víctima del conflicto. Otro niño, este palestino, fallecía horas antes en un control de carreteras de Cisjordania. Los hechos tuvieron lugar en las cercanías de Ramala, a cuyo hospital trataba de llegar una embarazada de veintidós años en cuyo parto se habían presentado complicaciones. La ambulancia en la que la trasladaban fue detenida por los soldados durante horas, lo que terminó acarreando la muerte del bebé. Esa misma mañana, un palestino de veintiocho años había fallecido en el norte de Gaza, también por falta de asistencia médica. El joven había sido herido la noche anterior y, según fuentes sanitarias, los soldados impidieron que fuese conducido a un centro de salud hasta el día siguiente. Con estos son ya treinta y cuatro las personas que han fallecido en los territorios ocupados por falta de asistencia médica, según Cruz Roja. La Liga Árabe justifica la resistencia palestina EL CAIRO. El secretario general de la Liga Árabe, Amro Musa, justificó ayer la resistencia palestina en respuesta a las acciones masivas que ha emprendido el Ejército israelí en los campamentos de refugiados de Cisjordania, que se han cobrado veinticinco vidas palestinas en los últimos días. "En ocasiones como ésta, no es posible pedirle a los palestinos que pongan fin a su resistencia (...) La actual agresión israelí justifica la resistencia nacional contra la ocupación", afirmó Musa horas antes de conocer el último atentado suicida palestino en Jerusalén. La masiva operación israelí lanzada en los campos de refugiados con el objetivo de "desmantelar redes terroristas", según el Gobierno de Ariel Sharon, fue calificada por el secretario de la Liga Árabe como una "masacre" que recuerda, a su juicio, a la ocurrida a principios de la guerra civil libanesa en el campamento palestino de Tel Zaatar, donde las milicias cristianas mataron de hambre a cientos de personas en un asedio que duró cincuenta y seis días. Respecto a las posibilidades del plan de paz que presentará el príncipe heredero saudí, Abdalá, en la próxima cumbre de la Liga Árabe (a celebrar en Beirut a finales de este mes), Musa no se mostró optimista. El responsable afirmó que los países árabes continuarán trabajando en esta iniciativa "ya que no bailamos al ritmo del Gobierno israelí". "Hasta ahora no ha habido nada nuevo por parte de Israel, pero después de lo que ha perpetrado en los campos de refugiados no esperamos que responda". Retirada libia La actitud de Israel no es la única que podría torpedear la iniciativa de paz. El presidente libio, Muhamar Gadafi, instó ayer a su Gobierno a formalizar su retirada de la Liga Árabe, una decisión que parece vinculada al plan de paz saudí. "No puede haber un Estado palestino en Cisjordania y Gaza. Es cómico reconocer un Estado palestino en esas dos zonas", afirmó Gadafi, en la primera crítica directa a la iniciativa del príncipe Abdalá, que hasta ahora había sido positivamente recibida por los países árabes y la Unión Europea, y que contempla el reconocimiento oficial de Israel por parte de la Liga Árabe a cambio de una retirada de los territorios ocupados. "No se puede reconocer como Palestina sólo Gaza y Cisjordania. No puede haber dos países entre el Mediterráneo y Jordania", insistió Gadafi. |