El País - Martes, 26 de marzo de 2002
El tribunal islámico absuelve a Safiya,
pero otra nigeriana es condenada a la lapidación
La ejecución de la nueva víctima se aplaza hasta que deje de amamantar a su hija
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CRUZ BLANCO / AGENCIAS. Madrid / Abuja. 'Hoy soy feliz. Doy gracias a Dios', dijo ayer Safiya Hussaini a la salida de la vista celebrada en Sokoto (Nigeria) donde el tribunal islámico de apelación desestimó condenarla a lapidación por adulterio. El alto tribunal respondió así al recurso de Safiya y a la campaña de las ONG que, dirigida por Amnistía Internacional, exigió la absolución de la mujer. Sin embargo en Katsina, otro Estado nigeriano, un tribunal islámico ha condenado a Amina Lawal a morir a pedradas por adulterio. El juez retrasará ocho meses la ejecución para que Amina dé el pecho a su hija, nacida de la relación. Nada más salir de la sala de apelación y con una amplia sonrisa, Safiya, de treinta y cinco años, se acercó a su hija, Adama, y la acarició. Adama, de un año, es el fruto de la relación que sirvió a los jueces del tribunal islámico de Sokoto (norte de Nigeria) para inculparla por adulterio en octubre pasado. La falta de asistencia letrada y el hecho de que la sharía (ley islámica) -adoptada desde hace dos años en once Estados norteños de Nigeria y aplicada en el juicio- no estuviera en vigor cuando Safiya mantuvo las supuestas relaciones adúlteras sirvieron a la defensa para apelar la primera sentencia. La causa fue revisada ayer por el tribunal de apelación de Sokoto, que finalmente absolvió a Safiya. La alegría por la liberación de Safiya Hussaini se vio ayer empañada al conocerse que otro tribunal islámico, esta vez de Bakori, en el Estado norteño de Katsina, había condenado el viernes pasado a morir lapidada a Amina Lawal, aldeana de treinta y cinco años, por adulterio probado por el nacimiento de una hija el pasado enero. La mujer, que dispone de treinta días para apelar, estaba divorciada desde finales de 2000, y reconoció en el juicio su relación con Yahaya Mohammed durante los últimos meses porque la había prometido casarse si consentía tener relaciones sexuales. Mohammed admitió ante el tribunal las relaciones con Amina, pero negó que hubieran sido sexuales. El tribunal retiró los cargos contra él debido a que Amina no pudo presentar los cuatro testigos que exige la ley islámica, lo mismo que le sucedió a Safiya en su día. Amina, que tuvo a la niña a principios de 2002, fue detenida el 4 de marzo por vecinos de su pueblo, Kurami. La sentencia por condena a lapidación se basa en la declaración de la inculpada y en la prueba de la hija nacida fuera de matrimonio. En un acto de generosidad, el tribunal ha otorgado a Amina ocho meses de plazo antes de la ejecución de la sentencia para que pueda dar el pecho a su hija. En caso de no haber apelación, la condena tendrá que ser aprobada por un consejo de Estado sobre la interpretación de la sharía y por el gobernador del Estado de Katsina, Umar Musa Yar' Adua, próximo al presidente del Estado Federal, Olusegun Obasanjo, y conocido por su actitud moderada ante la aplicación de la ley islámica. Los rasgos de este nuevo juicio parecen un calco del celebrado contra Safiya, quien pese a la condena pudo volver momentáneamente a su pueblo, Tungar Tudu, a treinta kilómetros de Sokoto, para cuidar de la pequeña Adama y de sus otros cuatro hijos. La ignorancia de las leyes y la falta de abogado hacen que estas mujeres caigan en aceptar haber mantenido relaciones extramatrimoniales. En el caso de Safiya, con un primo, de sesenta años y casado con dos mujeres, que negó la relación bajo juramento y fue absuelto. También la hija de esa relación sirvió de prueba al tribunal para inculparla por adulterio. Orientada por su abogado, Safiya declaró que su hija, Adama, era fruto de relaciones mantenidas con su anterior esposo, argumento que la amparaba, ya que la interpretación de la sharía permite al matrimonio disuelto mantener relaciones sexuales hasta siete años después de producido el divorcio. Desde octubre pasado, que se conoció la sentencia a muerte por lapidación de Safiya, las ONG, con una intensa campaña liderada por Amnistía Internacional, que recogió sólo en España y en una semana más de seiscientas mil firmas en defensa de la vida de la acusada, exigieran al Gobierno federal de Nigeria, que intercediera ante el tribunal de apelación que decidía ayer sobre la suerte de la mujer. La presión internacional hizo que el Gobierno nigeriano optara por enfrentarse a los tribunales de los once Estados del norte del país donde se aplica la sharía como código penal. El pasado 18 de marzo, el ministro nigeriano de Justicia, Kanu Agabi, advirtió a los gobernadores de esos Estados de que la estricta aplicación de la ley islámica es ilegal y contraria a la Constitución del país. Amnistía teme nuevos casos y pide que se mantenga la presión a Nigeria C. B. Madrid. Amnistía Internacional (AI) mostró ayer su satisfacción por la absolución de Safiya Hussaini, pero la nueva condena a lapidación por adulterio formulada el pasado viernes a otra mujer en el Estado de Katsina ha forzado a la organización a llamar a que se mantenga la presión sobre el Gobierno de Nigeria, para que intervenga en los once Estados del norte donde se aplica la sharía o ley islámica. AI y una ONG dedicada a temas nigerianos, Baobab por los Derechos Humanos de las Mujeres, denunciaron ayer que la sharía que se aplica en los tribunales del norte de Nigeria está orientada a castigar a las víctimas de los abusos sexuales y que los hombres violan o coaccionan a las mujeres y niñas 'seguros de su impunidad'. Ambas organizaciones transmiten que han observado cómo la aplicación de la ley islámica está sirviendo para cometer 'serias violaciones de los principios de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional'. Y citan una lista de estas violaciones, que incluye los castigos crueles, inhumanos y degradantes (lapidación, flagelación o amputación de miembros), el incumplimiento de las normas internacionales sobre un juicio justo, así como discriminación por razón de sexo y por estatus social, falta de información judicial a los jueces de los tribunales de la sharía y potestad de condenar a muerte de estos tribunales. Las entidades religiosas islámicas en España se sumaron ayer a la satisfacción generalizada por la decisión del tribunal de apelación. Josep Fernández, portavoz de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, denunció la condena por lapidación, de 'injusta desde todos los puntos de vista, incluido el islámico'. 'El Corán no habla de pena de lapidación', añadió. La 'sharía' en once Estados En 2000 un total de once Estados del norte de Nigeria aprobaron la sharía en su territorio. La mayoría musulmana de estos territorios aplaudió la expansión de la ley islámica, ante la oposición de la minoría cristiana. Basada en el Corán, la ley islámica ofrece unas reglas de comportamiento para los musulmanes que, caso de ser transgredidas, pueden acarrear incluso la pena de muerte. Nigeria se rige por una constitución federal y es el país más poblado de África, con casi ciento diez millones de habitantes. A partir de los años sesenta, su economía, basada hasta entonces exclusivamente en la agricultura tradicional dio un giro con el desarrollo de la industria petrolera en el sur del país. Hoy los grupos islamistas más rigoristas, educados en las doctrinas saudíes, desafían al Gobierno nigeriano y no reconocen autoridad a un Estado que antepone la Constitución a Dios. |
El Mundo - Martes, 26 de marzo de 2002
Absuelven a Safiya
pero condenan a otra mujer a morir lapidada
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El tribunal islámico nigeriano alega errores en el proceso contra Husseini y en el informe policial. Otro Estado musulmán sentencia de muerte a Amina Lawal por tener también un hijo fuera del matrimonio. PEDRO SIMON Llegó justo a tiempo el salvavidas planetario lanzado por la comunidad internacional al rescate de Safiya Husseini. Quedó absuelta la campesina de una muerte a pedradas, pero la inercia de hacer justicia con sangre sigue ahí. La nueva Safiya, ayer mismo la conocimos, se llama Amina Lawal. Tuvo un hijo fuera del matrimonio. Debe morir lapidada por ello, han dicho en el Estado nigeriano de Katsina. Algo más de dos horas tardó el tribunal islámico de Sokoto en leer la sentencia redentora. Aplaudió parte del público. Levantó los brazos la campesina celebrando la vida. Arropado por otros tres jueces (todos hombres), el presidente de la sala de apelaciones, Mohamed Tambari-Uthman, indicó que hubo diversos errores procesales cuando fue condenada por adúltera en octubre. Safiya, treinta y cinco años y madre pobre con cinco hijos, se puso a llorar. "El primer tribunal que la condenó no siguió el procedimiento apropiado. El informe policial tampoco ofreció toda la información necesaria relacionada con el delito", afirmó Tambari-Uthman. "Un juez está obligado a explicar con todo detalle al acusado cuál es el delito por el que se le acusa, y eso no se hizo en este caso". "Estamos muy satisfechos con la sentencia", dijo nada más conocer la buena nueva Abdulkadir Imam, abogado de la condenada, quien no paró de acunar en el juicio a la prueba del delito, su pequeña Adama. "Estoy contento por los jueces, por los Derechos Humanos y por la comunidad internacional". Parte del milagro obrado es cosa de Internet (seiscientas cincuenta mil firmas en una campaña memorable de Amnistía Internacional). Y parte del qué dirán, la imagen internacional de Nigeria gastadísima hoy por culpa de la sharia (ley coránica). División religiosa Desde hace dos años, en doce Estados musulmanes del norte, de los treinta y seis que tiene el país, se impone esta suerte de justicia basada en una muy particular lectura del Corán, otro motivo de disputa en una tierra partida en dos por la religión: el sur, cristiano; el norte, islámico. En una carta escrita la pasada semana por el ministro de Justicia y fiscal general Kanu Agabi, el Gobierno pedía el fin de la implacable sharia "por ilegal e inconstitucional" en la docena de Estados en los que se aplica. Espejo del caso Safiya (condenada por tener un hijo fuera del matrimonio), desde el viernes Amina Lawal también está sentenciada a morir lapidada. El delito es el mismo, adulterio: admitir haber dado a luz a un hijo estando divorciada. Lawal confesó que mantuvo una relación fuera del matrimonio de once meses con un hombre de su aldea, Yahaya Mohammed, quien le había prometido el matrimonio si accedía a mantener relaciones sexuales con él. Quedó embarazada y tuvo una niña a principios de este año. Fue detenida por varias personas en su aldea, Kurami, y presentada ante el tribunal. Durante su comparecencia, Yahaya Mohammed reconoció sus relaciones con Amina, pero negó que practicara el sexo. El tribunal le creyó y le absolvió. A ella no. "En el caso de Amina no tenemos aún ninguna confirmación, pero parece que es así y que tiene un mes para apelar. Nuestro objetivo es que no haya más Safiyas, que no sólo se acabe la pena de muerte por lapidación, sino las mutilaciones, las flagelaciones...", señala a este periódico Eva Suárez-Llanos, presidenta de la sección española de Amnistía Internacional. "Vamos a seguir presionando a las autoridades nigerianas y a los otros treinta países donde se aplican castigos corporales. Hay que seguir denunciando con campañas como ésta", añade. "Así sabrán los Gobiernos que hay gente mirando, y que las víctimas no están solas". Insisten los expertos en que el peso de la sharia recae casi exclusivamente sobre las espaldas de los más pobres, de los analfabetos, de las mujeres y de los campesinos. Digamos que Safiya daba el perfil. Lo ha comentado ella misma desde su aldea de Tungur Tudu. "Otros han cometido peores crímenes, pero por ser hombres y por tener influencias en las altas esferas no fueron castigados". Sokoto critica a los defensores de los Derechos Humanos Autoridades internacionales y españolas, ONG y grupos de defensa de los Derechos Humanos se pronunciaron ayer sobre la absolución de Safiya. Estas son algunas de las opiniones. Gobernador de Sokoto Attahiru Bafarawa, gobernador del Estado de Sokoto (donde se impuso la condena) criticó ayer a la Unión Europea y a los grupos de Derechos Humanos por haber intentado mediar en el caso. "Los agitadores favorables a una liberación inmediata de Safiya sin que la ley siguiera su curso son los que han alargado el problema", añadió. "La ley islámica reconoce los derechos de cada uno más que muchas otras" y está "contra toda forma de discriminación". Gobierno español La secretaria general de Asuntos Sociales, Concepción Dancausa, mostró su satisfacción por la absolución de Safiya. "Este es un primer paso", subrayó, "pero lo que hay que conseguir es que no pueda volver a suceder, que no haya otras Safiyas que tengan otra vez esta pena encima. Lo importante es que cambien las normas y los gobiernos las controlen para que se persigan estas prácticas". Por ello, concluyó, el objetivo es que modifiquen la legislación y que ratifiquen la Convención para la eliminación de todas las discriminaciones contra la mujer de Naciones Unidas, "que todavía hay muchos países que no la tienen ratificada". PSOE e IU "Estamos satisfechos por el caso concreto de Safiya, pero no hay que olvidar que el resultado de este caso se debe a la presión internacional ejercida. Safiya es un símbolo pero ahora hay otra mujer condenada por la misma causa y es necesario mantener la presión", dijo la secretaria de Igualdad del PSOE, Micaela Navarro. Por su parte, Izquierda Unida se congratuló de la absolución y animó a la sociedad "a que no baje la guardia, ya que existen otras condenas en marcha". En un comunicado indica que "la movilización que salvó la vida de Safiya, debe continuar e intensificarse ahora en solidaridad con Amina". "El Corán no plantea semejante pena" MADRID. La Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas aplaudió ayer públicamente la decisión del tribunal islámico de Nigeria de absolver a Safiya Husseini, la mujer sentenciada a morir lapidada, una pena que, en su opinión, no solamente es injusta sino que además no aparece en ninguna parte del Corán. En declaraciones a Servimedia, Josep Fernández, portavoz de la Federación, recalcó su rechazo a la condena de lapidación que, según dijo, no se puede justificar en base a los textos del Corán. Por ello, explicó que la sentencia a morir apedreada era "injusta desde todos los puntos de vista, incluido el islámico, ya que en el Corán no se habla de la pena de lapidación". "El Corán contempla el adulterio de una forma negativa y reprobable, pero en ningún caso plantea semejante pena", añadió Fernández. Desde que se conoció la sentencia, la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas se ha dirigido al tribunal islámico en Nigeria solicitando la derogación de esta pena. "Estábamos sorprendidos por esa sentencia y porque se quisiera justificar en base al Corán, y se lo hicimos saber a través de un escrito", explicó el portavoz de este colectivo. Por último, reiteró que, entre los musulmanes españoles, se considera que la lapidación es una pena que no se ajusta al Derecho islámico. Fernández quiso acabar sus palabras con un llamamiento internacional: "Demandamos que esa pena sea suprimida en todo el mundo, sobre todo porque su aplicación siempre ha recaído más en las mujeres que en los hombres, lo cual es otra injusticia más". |