El País - Viernes, 3 de mayo de 2002

¿Qué oculta Israel en Yenín?

Human Rights Watch asegura que el Ejército cometió crímenes de guerra, pero no ejecuciones sumarias masivas.

ANA CARBAJOSA. Madrid.

La ONU no podrá investigar lo ocurrido en Yenín debido al rechazo de Ariel Sharon. Pero la organización de defensa de los Derechos Humanos Human Rights Watch ha investigado durante una semana sobre el terreno y, a través de decenas de entrevistas y de comprobaciones in situ, ha sacado sus conclusiones: no hubo ejecuciones sumarias masivas, como han denunciado algunos palestinos, pero el Ejército de Israel asesinó deliberadamente a civiles, cometió crímenes de guerra y violó la legislación humanitaria internacional.

Tras mantener más de cien entrevistas con habitantes de Yenín, acceder a algunos de los cadáveres y contactar con organizaciones humanitarias, Peter Bouckaert, uno de los tres miembros de la misión de investigación de Human Rights Watch, indica, en conversación telefónica desde Yenín, que han contabilizado, con nombres y apellidos, cincuenta y dos muertos palestinos, veintidós de ellos civiles.

'Todavía hay unos ochenta desaparecidos y hay fuertes evidencias de que el número de muertos podría ser mayor, pero no mucho mayor', relata.

Bouckaert asegura que 'las tropas israelíes causaron un daño desproporcionado a los civiles palestinos. Les dispararon deliberadamente, los utilizaron como escudos humanos, se les negó el acceso a los servicios médicos y destruyeron sus casas'.

Niños, mujeres, ancianos y discapacitados figuran entre las bajas palestinas. Kamal Zghair, de cincuenta y siete años, trataba de avanzar en su silla de ruedas en la que ondeaba una bandera blanca cuando fue arrollado por un tanque israelí.

Una carga explosiva le estalló en la cara a Afaf Disuqui, de cincuenta y dos años, cuando fue a abrirle la puerta de su casa a las tropas israelíes.

Farwa Jammal, una enfermera de veintisiete años, uniformada, murió por los disparos de los soldados israelíes mientras socorría a un enfermo.

Mariam Wishai, de cincuenta y ocho años, murió dos días después de que un misil alcanzara su casa, sin que los servicios médicos pudieran acudir a socorrerla y horas después de que su hijo fuera disparado en la calle.

Jamal Fayid, paralítico de treinta y siete años, murió en su casa aplastado por un buldozer israelí.

Muhammad Abu Saba'a suplicó a los soldados que no demolieran su casa, en la que permanecía su familia dentro. Cuando se dio la vuelta le dipararon causándole la muerte.

Faris Zaiban, de catorce años, murió por los disparos de un tanque cuando iba a comprar fruta durante un levantamiento del toque de queda.

Hani Abu Rumaila, de diecinueve años, se acercó a la cancela de su casa para contemplar la batalla. Primero le dispararon en la pierna, cuando quiso volver a su casa le dispararon en el pecho y en el abdomen.

Munthir al-Haj, un miliciano de veintidós años, desarmado y con los brazos rotos, murió por los disparos del Ejército cuando estaba refugiado en un hospital de una organización caritativa.

Yusra Abu Khurj, una enferma mental de sesenta y seis años, resultó muerta por los disparos israelíes mientras gritaba y cantaba desde la ventana de su casa.

Kamal Tawalbi fue utilizado junto a su hijo de catorce años como escudo humano en la línea de fuego.

Así, hasta veintidós, según un minucioso informe de la organización de defensa de los Derechos Humanos que será hecho público hoy.

La organización asegura asimismo que durante la Operación Muro Defensivo, en Yenín se vetó el acceso a los servicios médicos del 4 al 15 de abril. En esos días los milicianos y civiles heridos no pudieron ser atendidos y algunos murieron por falta de asistencia médica. En varias ocasiones los soldados dispararon contra ambulancias y personal sanitario.

'Cada vez que enviábamos ambulancias los tanques disparaban contra ellas, a veces incluso después de haber obtenido permiso para hacer nuestro trabajo. Pero había tantos heridos y muertos que lo intentábamanos de todas maneras', asegura el director de la Media Luna Roja de Yenín, Ibrahim Dababna.

Los emisarios de Human Rights Watch también comprobaron los enormes destrozos provocados por los buldozers y los carros de combate en las casas de los civiles de Yenín. Según la organización, ciento cuarenta edificios han quedado totalmente destruidos, cien de ellos en el distrito de Hawashin, donde se libraron los combates más intensos entre israelíes y palestinos.

Como consecuencia de los destrozos, cuatro mil palestinos de Yenín se han quedado sin casa, y el Alto Comisionado para los Refugiados en la zona busca ahora la forma de realojarlos.

Human Rights Watch considera que la actuación del Ejército israelí en Yenín viola el derecho humanitario internacional, recogido en las convenciones de Ginebra y en particular vulnera el articulado que establece la proporcionalidad en el uso de la fuerza, el concepto de necesidad militar, y los límites a la destrucción de la propiedad de los civiles. Insisten además, en la necesidad de que la ONU investigue con rigor lo sucedido en Yenín.


Una sangrienta batalla

El emisario de Human Rights Watch Peter Bouckaert reconstruye lo que asegura fue una cruenta batalla entre israelíes y palestinos.

'El fuego cruzado se mantuvo durante la mayor parte de la incursión israelí, lo que no sabemos es si la ofensiva continuó una vez que la resistencia palestina ya había cesado', admite Bouckaert.

La noche del 2 de abril, las tropas israelíes rodearon el campo de Yenín, en el que viven unos catorce mil palestinos y donde unos ochenta milicianos, entre ellos militantes de Hamás, Yihad y las brigadas de Al Aqsa, se atrincheraron y defendían el perímetro del campo de refugiados.

Los soldados israelíes lograron desbloquear el acceso norte del campo y desplazaron a los milicianos al centro de Yenín. Enseguida comenzaron los registros casa por casa. Perforaron los muros de las viviendas creando pasadizos de una a otra y capturaron palestinos que, a punta de pistola, hicieron de escudos humanos.

Mientras, en las calles de Yenín se libraba la batalla cuerpo a cuerpo. Tras tres días de combates, los helicópteros israelíes comenzaron, la madrugada del 6 de abril, la ofensiva aérea y lanzaron misiles sobre la población, que todavía dormía.

Dos días después, los buldozers israelíes irrumpieron en Yenín y destrozaron decenas de edificios, algunos con personas dentro, para abrir el paso a los carros de combate hacia el sinuoso centro de Yenín.

En la batalla muerieron veintitrés israelíes y decenas de palestinos. Un mes más tarde, los habitantes de Yenín todavía buscan a sus muertos entre los escombros.

El Mundo - Viernes, 3 de mayo de 2002

Human Rights Watch detalla
"crímenes de guerra" en Yenín

Durante sus investigaciones, la organización pro Derechos Humanos ha documentado 52 muertes en el campo de refugiados palestino. El informe recoge asesinatos de civiles desarmados durante la ofensiva del Ejército israelí.

MIGUEL MURADO. Especial para EL MUNDO.

JERUSALÉN. Jani Abu Rumaila tenía diecinueve años. Había pasado la noche del 2 de abril en casa de su abuela. Desgraciadamente para él, esa casa se encontraba en el campo de refugiados de Yenín y el día 3 entraron los tanques israelíes.

Su madrastra, Jala, cuenta cómo murió: "Los israelíes acababan de llegar y Jani intentaba abrir la puerta de casa. Le dispararon en una pierna. Empezó a gritar. Cuando intentó ponerse en pie le dispararon en el abdomen y en el pecho".

Jani no iba armado ni pertenecía a ninguna organización radical. Lo mismo que Farua Yamal, la enfermera de veintisiete años que intentó socorrerle y fue igualmente abatida por los soldados. Su hermana, que también fue herida, insiste en que no había ningún intercambio de disparos en la zona.

Este es uno de los relatos que contiene un informe de la organización de defensa de los Derechos Humanos Human Rights Watch (HRW) al que EL MUNDO tuvo acceso ayer, antes de su publicación.

Los expertos de HRW han investigado durante días los hechos de Yenín, los mismos que debería haber estudiado una comisión de Naciones Unidas nombrada por el propio secretario general, Kofi Annan. Israel lo ha impedido y el informe de HRW podría indicar el porqué.

"Graves violaciones"

Durante sus investigaciones, HRW dice haber hallado "graves violaciones de las leyes humanitarias internacionales". Esta organización sólo ha documentado cincuenta y dos muertes en Yenín, aunque cree posible que la cifra aumente.

Pero de estos cincuenta y dos fallecidos, casi la mitad (veintidós) eran como Jani y Farua: civiles desarmados, mujeres, niños, ancianos y discapacitados.

Es el caso de Afaf Disuqui, de cincuenta y dos años. Se encontraba en casa con su hermana Aisha, de treinta y siete, cuando los soldados las llamaron. Era una trampa.

Cuando Afaf abrió la puerta, una bomba hizo explosión. "Vimos el lado derecho de su cara destrozado" cuenta Aisha. "Gritamos, pedimos una ambulancia. Los soldados se reían".

La risa de los soldados, en cierto modo el detalle más sobrecogedor del episodio, ha sido confirmada por otros testigos en entrevistas separadas.

"El asesinato sin remordimientos de Afaf Disuqui, una civil desarmada" clama el informe de la organización HRW, "constituye un crimen de guerra".

Denegación de auxilio médico, fuego indiscriminado, destrucción innecesaria de infraestructuras públicas, lo son también. Según HRW, de todo ello hay casos documentados en Yenín, como también los hay del empleo de civiles palestinos como "escudos humanos" por parte de los soldados. El informe dice que esta práctica y otras similares "fueron generalizadas" durante la operación de Yenín.

Kamal Tawalbi y su hijo de catorce años lo sufrieron en sus propias carnes. "Nos cogieron a mí y a mi hijo" relata Kamal. "Me pusieron a mí en una esquina [del balcón de su casa] y a mi hijo en la otra. El soldado puso su arma en mi hombro. Entonces, empezó a disparar. Esto duró tres horas. Mi hijo estaba en la misma situación que yo, mirando cara a cara a un soldado que disparaba sobre su hombro", relata.

Tragedia

Uno tras otro, los casos estudiados por este comité de expertos destilan la tragedia que se vivió en el campo de refugiados palestino durante la ofensiva israelí: civiles obligados a abrir puertas que podrían ocultar explosivos, milicianos heridos a los que se deja que se desangren sin auxilio médico o casas que son destruidas por las excavadoras del Ejército israelí, con sus habitantes dentro.

Como en el caso de Yamal Fayid, un joven paralítico. Su madre y su hermana gritaron a los soldados que había gente en la vivienda, pero ni siquiera la intercesión de un enfermero del Ejército sirvió para nada.

La madre recuerda cómo se entretuvieron en llamarla "perra" mientras la casa se derrumbaba sobre su hijo.

El cuerpo de Yamal, junto a su silla de ruedas, ha sido ya desenterrado de entre los escombros. Quizá la verdad de lo que sucedió en Yenín también haya empezado a emerger entre las ruinas.