El País - Martes, 14 de mayo de 2002
EE.UU. y Rusia acuerdan reducir sus armas nucleares
Unas nueve mil cabezas atómicas se desmantelarán o enterrarán en los próximos diez años
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ENRIC GONZÁLEZ. Washington. Estados Unidos y Rusia han decidido acabar, definitivamente, con los arsenales heredados de la guerra fría. George Bush anunció ayer un acuerdo, corroborado por Vladímir Putin, por el que unas nueve mil cabezas nucleares de los misiles de largo alcance serán desmanteladas o almacenadas en los próximos diez años. Bush y Putin firmarán el acuerdo de reducción de arsenales estratégicos el próximo día 24, en Moscú. El arsenal nuclear de EE.UU., que dispone de siete mil cabezas, no tendrá más de dos mil doscientas en 2012; el ruso, con unas seis mil cabezas, bajará hasta casi dos mil. 'Con este acuerdo, la guerra fría puede darse por terminada de una vez por todas', dijo ayer Bush sobre el césped de la Casa Blanca, cuando por sorpresa anunció que la larga negociación con Moscú había concluido con éxito. Bush y Putin siempre estuvieron de acuerdo en los objetivos y lo único complicado fue resolver los detalles. De hecho, el tratado START II obligaba a ambas potencias nucleares a mantener sólo tres mil quinientas cabezas activas y, en 1997, Bill Clinton y Borís Yeltsin acordaron que el SALT III fijaría un máximo de dos mil quinientas. El entendimiento en lo fundamental viene de antiguo. El despliegue masivo de armamento atómico propio de la guerra fría y de la llamada MAD (destrucción mutua asegurada), un equilibrio basado en el terror, era desde hace años un derroche de dinero y recursos humanos, muy difícil de sostener para Rusia. Bush ya dijo antes de ganar las elecciones que aligeraría el arsenal estratégico estadounidense, hiciera lo que hiciera Putin. Su intención era, y es, dar carpetazo a la acumulación de fuerza nuclear bruta y concentrarse en artefactos más sofisticados: las pequeñas bombas atómicas de uso táctico, que podrían ser útiles para destruir fortificaciones subterráneas, y sobre todo el escudo antimisiles, un plan basado en proyectiles inteligentes que, en teoría, deberían ser capaces de interceptar los misiles enemigos en pleno vuelo. Al final, EE.UU. y Rusia han alcanzado un acuerdo que cabe en tres folios, un espacio muy reducido para lo que es habitual en negociaciones de desarme. Moscú quería que las cabezas retiradas del arsenal fueran totalmente desmanteladas, aunque no destruidas (por dificultades tecnológicas); Washington prefería almacenarlas. La posición estadounidense parece haber prevalecido, ya que, según un portavoz del Departamento de Estado, cada país será libre de desmantelar o almacenar. EE.UU. anunció que sólo destruirá una cierta cantidad de sus misiles; el resto se desmontará para disponer de piezas de recambio para las cabezas en activo o se almacenará 'de forma muy segura', añadió el portavoz. Moscú ha prevalecido, en cambio, al lograr que el acuerdo se plasme en un documento escrito. Cuando George Bush y Vladímir Putin trazaron las líneas maestras del plan, el pasado noviembre, en el rancho presidencial de Tejas, no ocultaron a la prensa sus diferencias sobre la desembocadura formal de las negociaciones. 'Bastará un apretón de manos entre amigos', dijo Bush. 'Estas cosas deben quedar por escrito', respondió Putin. Este acuerdo deja sobre la mesa dos problemas pendientes de resolución entre las superpotencias nucleares. Rusia mantiene una oposición firme al proyecto del escudo antimisiles, y ha mantenido contactos con China para articular un frente común contra un sistema defensivo que, de llegar a funcionar, podría conceder a EE.UU. una ventaja ligera, pero decisiva en el equilibrio nuclear. Washington, por su parte, considera que la tecnología nuclear rusa no está lo bastante controlada y se filtra hacia países considerados enemigos, como Irak, Siria, Irán o Corea del Norte, o hacia organizaciones terroristas antiestadounidenses. Los militares rusos mantienen objeciones al acuerdo RODRIGO FERNÁNDEZ. Moscú. El presidente ruso, Vladímir Putin, dijo estar 'satisfecho con la labor conjunta' realizada con EE.UU. para lograr el acuerdo sobre reducción de armas estratégicas ofensivas. No obstante, el texto consensuado ayer en Moscú aparentemente representa una entrega de posiciones por parte del Kremlin. De premio de consolación, Rusia obtendrá un documento vinculante que podrá mostrar a sus ciudadanos como prueba de que ha comenzado una nueva era de entendimiento con Estados Unidos. El subsecretario de Estado norteamericano, John Bolton, y el viceministro de Exteriores ruso, Gueorgui Mamédov, acordaron reducir sustancialmente las armas nucleares estratégicas. Pero esa reducción no significará la destrucción de todas las cabezas nucleares hasta llegar al techo pactado -entre mil setecientas y dos mil doscientas-, sino que algunas podrán almacenarse. Esto era lo que pretendía EE.UU. y a lo que Rusia se oponía. Moscú deseaba que todas las cargas nucleares fueran realmente eliminadas. En Rusia continúa una lucha sorda entre los diplomáticos partidarios de aceptar la posición de EE.UU. y los militares reacios a ello. Pocas horas después de que Bush y Putin hicieran público el acuerdo, el ministro de Defensa, Serguéi Ivanov, hizo declaraciones que ponen en duda los resultados alcanzados por Bolton y Mamédov. 'Rusia no ha retirado sus objeciones con respecto a los planes de almacenar y no destruir parte de las ojivas', dijo el ministro. Ivanov, amigo de Putin, de quien fue colega en los servicios secretos, declaró que el almacenamiento de las cargas nucleares 'no significa' una disminución de los arsenales. Pero puede ser que esas palabras de Ivanov vayan dirigidas a calmar los ánimos de los halcones, que acusan a sus dirigentes de capitular ante el dictado estadounidense. No está claro aún cuántas cargas nucleares serán realmente eliminadas y cuántas almacenadas. Los jefes de la diplomacia de ambos países, Colin Powell e Ígor Ivanov, deberán afinar los detalles en la reunión que mantendrán hoy y mañana en Islandia. No sólo Rusia ha mostrado flexibilidad en las conversaciones. EE.UU., que en un principio se mostraba reacio a firmar un documento vinculante, ahora ha anunciado que lo hará. El acuerdo dejará, no obstante, muchos cabos sueltos. |
La Jornada - Martes 14 de mayo de 2002
Busca Bush "liquidar el legado de la guerra fría"
Acuerdo entre Rusia y EU para reducir ojivas nucleares
Firmará el pacto con Putin en su próxima visita a Rusia
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Reuters y AFP Washington, 13 de mayo. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció este lunes un acuerdo con Rusia para reducir dos tercios del número de ojivas nucleares de ambos países y "liquidar el legado de la guerra fría". El presidente ruso, Vladimir Putin, recibió con satisfacción el acuerdo, que le da a Moscú el tratado formal que buscaba y a Washington la flexibilidad de almacenar algunas armas en lugar de desmantelarlas. "Este tratado va a liquidar el legado de la guerra fría", dijo Bush en un sorpresivo anuncio a los periodistas en la Casa Blanca antes de viajar a Chicago para realizar una visita de un día a esa ciudad. "La nueva era será un periodo de incremento de la seguridad mutua, seguridad económica y mejora de relaciones", dijo. Agregó que el tratado se firmará en Moscú durante su próxima visita a Rusia para sostener un cumbre con Putin, del 23 al 26 de mayo. Conforme al tratado, las dos mayores potencias nucleares del mundo reducirán las ojivas de su actual nivel de entre cinco mil y seis mil hasta en mil setecientas ó dos mil doscientas para el año 2012, detallaron funcionarios estadunidenses. Uno de estos funcionarios, citado por Reuters, dijo que se utilizarán métodos existentes de verificación para supervisar el cumplimiento del acuerdo, y que además ambas partes establecerán una comisión para mejorar la "transparencia" en las reducciones. "Como punto de partida se aplicarán las reglas, los procedimientos que fueron creados bajo el START 1 (alcanzado en 1991), que requiere inspecciones en el lugar, contar el número de ojivas, e ir a las bases de operación y observar en los silos de misiles o en los tubos de los submarinos", detalló. El funcionario también subrayó que de esta forma Washington también ha preservado la flexibilidad que buscaba para la reducción de su arsenal. "Según este tratado, ambas partes pueden hacer reducciones de la forma que cada una desee, según sirva a sus intereses", agregó el funcionario estadunidense. En Rusia, Putin dijo: "estamos satisfechos por este trabajo en conjunto". El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Igor Ivanov, había anticipado el domingo que el acuerdo pendiente no era "tan ambicioso", pero que eso no le restaba importancia. El acuerdo final sobre el tratado fue alcanzado esta mañana por los negociadores de ambas partes reunidos en Moscú, dijo Sean McCormack, vocero del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos. Explicó que ambas partes llegaron al acuerdo formal como quería Putin, mientras que Bush pedía un acuerdo menos formal. El pacto para la reducción de armas nucleares forma parte de las nuevas relaciones estratégicas entre Washington y Moscú. Sin embargo, Bush planea desechar el Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM) de 1972 con el fin de desarrollar el sistema de defensa antimisiles al que se opone Rusia. Putin precisó que este martes y miércoles en Reykjavik, capital de Islandia, Ivanov y el secretario de Estado estadunidesne, Colin Powell, "ultimarán los textos de los otros documentos con miras a la cumbre". La reunión Ivanov-Powell se celebrará dentro de un encuentro de ministros de Relaciones Exteriores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los días 14 y 15 de mayo. Asimismo, la OTAN y Rusia buscarán dejar atrás décadas de animosidad y desconfianza durante la reunión del martes en Islandia, que sentará las bases de un nuevo foro de cooperación en amenazas a la seguridad que van desde el terrorismo a las armas de exterminio masivo. Ivanov y sus diecinueve colegas de la OTAN firmarán un pacto que tuvo su origen en la decisión de Moscú de alinearse con Estados Unidos y sus aliados tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. |