El Mundo - Sábado, 18 de mayo de 2002

Nuevos combates entre los paramilitares y la guerrilla
causan 200 muertos en Colombia

De confirmarse la cifra, podría tratarse del peor episodio desde que se inició el conflicto armado

SALUD HERNANDEZ-MORA. Especial para EL MUNDO.

MEDELLÍN/CAMPAMENTO (ANTIOQUIA). Las dos mujeres suben la loma en silencio. July y Jennifer ya saben que sus maridos están entre los muertos, pero quieren cerciorarse personalmente. El niche llevaba sólo ocho meses con las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), y Bigotes, el marido de Jennifer, tres años.

"Se metió porque le pagaban el mínimo [trescientos mil pesos, ciento ochenta euros] y por estos lados no hay trabajo", explica July.

Cuando llegamos a la cima, cubierta por una neblina, lloran al ver la desolación de cuerpos hinchados, esparcidos por lo que fue un campamento, y el olor a cadáver que empieza a ser habitual en muchos rincones de Colombia. Después de un rato encuentran a sus maridos y se quedan para conseguir que alguien los baje y puedan enterrarlos.

Hay quienes hablan de doscientos muertos por los combates que libraron el lunes pasado las AUC y el Frente José María Córdova de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en la zona rural de Campamento, a tres horas de Medellín, Antioquia.

Hasta el momento, han trasladado sólo veintitrés cadáveres de ambos bandos al pueblo, pero ya han contado cuarenta y cinco más sólo en el mencionado campamento y algunos campesinos han visto muchos regados por los cerros aledaños, la mayoría de ellos de las AUC. Las autoridades todavía no los han rescatado a todos porque los campos están minados.

Escalada bélica

Al parecer, unos seiscientos guerrilleros atacaron por sorpresa a más de cien paras del denominado Bloque de Mineros, llamado así por una mina de Arbesto cercana, y acabaron con ellos.

De confirmarse la cifra, sería la más alta producida en un combate desde que se inició el conflicto armado colombiano, hace ya cuatro décadas.

Sería, además, una indicación del recrudecimiento de la guerra entre paras y FARC, que pelean por el control de zonas estratégicas, ya sea por su geografía o por su riqueza.

Ante la escalada bélica, los dos bandos reclutan campesinos en las zonas cuyo control se disputan. Manfre, de veintisiete años, era uno de ellos. Padre de cinco hijos, fue uno de los pocos que recibió sepultura el miércoles, dos días después de morir.

"Hacía cuatro meses que estaba con esa gente. Yo le pedí al comandante que me lo entregara, porque no quería que me lo mataran. Pero como disparaba bien porque cumplió servicio [militar], me dijeron que en otros tres meses me lo regresaban a la casa", cuenta Gloria, su mujer. Necesitaban el salario porque como jornalero en los campos de caña, el principal cultivo local, sólo ganaba la mitad, ciento ochenta mil pesos (ciento ocho euros).

Asegurar ingresos

Lo mismo les ocurrió a Fabián, de veintitrés años, y Eder, de diecisiete. Sobrino y tío, se sacaban unos pesos como ayudantes en los autobuses que van a Medellín, pero decidieron asegurar unos ingresos fijos.

"No habían tenido el primer sueldo porque no completaron el mes", comenta Gloria. Los dos habían nacido en Campamento y, al igual que a Manfre, todo el pueblo los conocía y quería. Por esa razón, muchos vecinos acompañan sus féretros hasta el cementerio.

También querían a las monas, dos jóvenes que se habían metido en la guerrilla hacía años y que cayeron en los combates. Antes de que los paras se metieran al pueblo, en enero pasado, eran ellas y sus compañeros rebeldes los que patrullaban las calles del pueblo.

"¿Para qué belleza?", se pregunta una mujer mirando el paisaje de montañas verdes, las casas adornadas con flores, las calles limpias. "No soportamos más esta guerra. Algunos muchachos de la guerrilla se voltearon y se fueron con los paras por un salario. No hay futuro para nuestros hijos y algunos ven en la guerra su única salida. Qué pesar".