El País - Viernes, 31 de mayo de 2002
El boicoteo y las manifestaciones violentas en Cabilia
marcan las elecciones en Argelia
Una alta abstención en el resto del país revela el desinterés hacia los comicios legislativos
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IGNACIO CEMBRERO, ENVIADO ESPECIAL. Tizi Uzu. Colegios electorales cerrados y calles envueltas en humaredas de neumáticos quemados en medio de la calzada por los manifestantes, a los que respondían los disparos de granadas lacrimógenas por las fuerzas de orden público. La rebelión de Cabilia, la región donde viven la mayoría de bereberes argelinos, logró ayer su objetivo de impedir la celebración de las segundas elecciones legislativas desde 1991. La abstención fue muy alta en el resto del país. El ministro del Interior estimó la participación entre un 45% y un 50%. Tizi Uzu, la capital de Cabilia, era ayer una ciudad muerta, en la que no había un solo autobús público que circulase, un solo comercio abierto, excepto algunas farmacias, y mucha basura amontonada en las calles porque está interrumpida su recogida. Lleva así desde el martes, en que empezó la huelga general decretada por los aruchs, los dirigentes tribales y locales designados espontáneamente, en protesta contra la "mascarada electoral". Los periodistas extranjeros que se desplazaron a cubrir las elecciones argelinas obtuvieron ayer, tras una semana de prohibición alegando problemas de seguridad, la autorización para desplazarse, escoltados por policías, a Cabilia, donde viven cinco millones de bereberes a tan sólo un centenar de kilómetros al este de Argel. "¡Prohibido votar! ¡Ningún voto para estos criminales!". Agolpados en las esquinas, los jóvenes corean eslóganes cuando ven llegar al cortejo de periodistas a la Nouvelle Ville, un barrio de reciente construcción en esta ciudad de cerca de doscientos mil habitantes. "Miren, la paralización es total, aquí no va a votar nadie", explica satisfecho Rachid, un estudiante. En la escuela primaria Doukar, en la Nouvelle Ville, el colegio electoral ha logrado abrir sus puertas bajo la protección de los antidisturbios. "Estoy aquí porque trabajo en la Administración y he recibido una orden administrativa", explica, visiblemente incómodo, un funcionario. "No, no me filmen porque tengo hijos", advierte a un equipo de televisión, dando a entender que haber acatado la disposición le podría costar caro. El funcionario está sólo con una secretaria de mesa. Los representantes de los partidos que concurren a las elecciones no se han atrevido a acudir. "¿Que cuánta gente ha votado en mi mesa?" "De ocho a doce de la mañana, tres personas de las 1.875 inscritas". "¿No sé si no sería mejor cerrar el colegio dado que los demás lo están?", se pregunta aparentemente deseoso de volver a su casa. Los jóvenes cabiles se empeñan en cerrarlo. Agrupados detrás de una verja, lanzan grandes pedruscos que rompen algunos cristales del edificio. Los antidisturbios responden con granadas desde el patio del colegio, pero el viento cambia de dirección y el humo se esparce también por dentro. Las mujeres a cargo de las mesas se asustan, salen corriendo y se refugian en un aula algo más alejada del escenario de la batalla. Abandonan momentáneamente urnas y papeletas. "En la Nouvelle Ville no se ha logrado clausurar el colegio, pero en otro, el que está al lado del hospital Mohamed Nedir, los muchachos consiguieron a primera hora quemar urnas y papeletas", afirma orgulloso Samir, recepcionista en un hotel. "Aun así, nos contarán en la televisión manipulada que la participación en Cabilia ha superado el cinco por ciento para que la elección sea válida", añade Farid, matizando la alegría de Samir. Tizi Uzu, y toda Cabilia, llevan quince meses de protesta, y en el camino que conduce a la céntrica plaza Aben Ramden los síntomas de los enfrentamientos saltan a la vista. Pintadas denunciando al "¡Poder asesino!", farolas derribadas y edificios públicos con sus fachadas quemadas por los coctéles molótov, como el antiguo cuartel de la Gendarmería, que abandonó la ciudad hace un mes y fue sustituida por la policía. La ira de sus habitantes se concentra ahora sobre los antidisturbios, que ayer cruzaron la plaza exhibiendo armas largas a través de las ventanillas de sus todoterrenos. El desinterés del resto de argelinos hacia los comicios legislativos se plasmó en una alta abstención. Al cierre de los colegios electorales, la tasa de participación nacional se situaba entre el 45% y el 50%, según el ministro del Interior, Yazid Zerhuni, citado por la radioestatal. En las legislativas de 1997, votó el 65,49% del electorado. La falta de interés más notable se registró en los grandes centros urbanos del país. La mayor participación se registraba en el sur del país. Zerhuni también informó de que los enfrentamientos entre manifestantes y policías habían dejado un muerto y tres heridos en Cabilia. El día anterior un grupo armado asesino a 23 personas al oeste de Argel. 'Aquí no somos árabes' 'Argelia no es árabe, corrijan la historia'. '¡Viva Sharon, muerte a Buteflika! ¡Vivan los judíos'. Los elementos más radicales de la revuelta de Cabilia han llegado a hacer estas pintadas en pueblos como Tadmait o Freha, no muy lejos de Tizi Uzu, la capital regional. Con sus palabras provocadoras no brindan un apoyo a la política del primer ministro israelí, Ariel Sharon, en su enfrentamiento con los palestinos, sino que reivindican su especificidad berebere desmarcando de lo árabe. Cuando se pregunta a los jóvenes de Cabilia qué se sienten, la mayoría responde 'argelino y cabil', aunque unos pocos ponen más énfasis en su carácter cabil. 'Ya va siendo hora de que la gente se entere de que aquí no somos árabes', afirmaba ayer en Tizi Uzu Samir, un comerciante. 'Luchamos para no acabar siendo diezmados como los aztecas de México o los indios de Norteamérica'. Los cinco millones de habitantes de Cabilia son bereberes y hay al menos otros tantos bereberes esparcidos por el resto de Argelia. Todos sumados representan un tercio de la población de Argelia. En Marruecos, su peso demográfico es similar y hay también comunidades bereberes, más pequeñas, en los demás países del norte de África. Eran los pobladores originales del Magreb antes de que llegasen los árabes. Además del árabe, muchos cabiles hablan tamazig, su lengua original, y también francés. En las ciudades de Cabilia la mayoría de los letreros están en francés. La pronunciación, la gramática y la ortografía del tamazig no están unificadas, por lo que es difícil que un argelino de Cabilia se entienda con un marroquí del Rif. En origen, la reivindicación de los cabiles tenía un fuerte carácter cultural y consiguieron el mes pasado que el tamazig quedase recogido como lengua nacional en la Constitución. Ahora, esta exigencia ha pasado a un segundo plano y aseguran luchar antes por la democracia y la autonomía regional. |
El Mundo - Viernes, 31 de mayo de 2002
Islamistas y beréberes
ensombrecen las legislativas argelinas
Sólo un 2% de los votantes acudió a las urnas en la Cabilia, donde se registraron enfrentamientos
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JAVIER ESPINOSA. Corresponsal en África. Degollaron a veintiuno, quemaron vivos a otros dos y finalmente ejecutaron a tiros a la pareja restante. Entre los muertos figuraban catorce niños, incluido un bebé de dos meses. La masacre de este último miércoles en Sendjas, en la provincia de Chelef, supone la puesta en práctica de una ideología desquiciada cuya mejor expresión se recogía en una de las últimas hojas volantes hechas públicas por los seguidores de Rachid Abou Tourab, el nuevo líder del Grupo Islámico Armado (GIA). "Ni tregua, ni diálogo, ni reconciliación, sino sangre y destrucción. Continuaremos destruyendo sus cosechas, robando sus bienes, violando a sus mujeres, decapitando en las aldeas, en las ciudades y en el desierto. Mataremos y degollaremos sin ningún descanso". Las elecciones legislativas de Argelia se celebraron ayer ensombrecidas por una nueva masacre de los grupos radicales, en medio de violentos enfrentamientos en la región de la Cabilia y con la previsión de una menguada tasa de participación que, a tres horas del cierre de los centros de votación, era del 38,15% (muy lejos todavía del 65,49% de asistencia que registraron los comicios de 1997). La abstención fue masiva a esa misma hora en la zona beréber y alcanzaba el 98%. "Ulac L'vote Ulac. Combat continue" ("No al voto No. El combate continúa"). La banderola colgada sobre uno de los edificios de la población beréber resumía perfectamente el "ambiente insurreccional" expresión de Le Quotidien d'Oran que se registró en toda la Cabilia, que siguió la orden de boicot dictada por los comités de aldeas y tribus (CADC). Según las agencias de información, desde primeras horas de la mañana cientos de jóvenes se enfrentaron a la policía en las calles de Tizi Uzu, la capital de esta zona, trufadas de pedruscos, ruedas ardiendo y barricadas. Centros de voto como las escuelas de Les Genets o Dali ya habían sido quemadas días antes, lo mismo que el salón de honor de la Alcaldía y otros inmuebles vinculados con los partidos considerados oficialistas o con el Gobierno de Argel. Las Fuerzas de Seguridad recurrieron a gases lacrimógenos y a balas de gomas, pero también a pedradas para dispersar a los chavales que se agrupaban en la avenida Ramdane y en torno al céntrico Teatro Municipal de la villa. Las rutas que conducen de Tizi Uzu a aldeas de la montaña como la emblemática Beni Doula, donde se inició la revuelta beréber tras la muerte del joven Massinissa Guermah en abril de 2001, permanecieron completamente cerradas al tráfico con troncos y enormes pedruscos. "Votar es dar la confianza al poder. No quiero dar mi voz a esos criminales", aseguró Samir Salahi, un comerciante de treinta y siete años. Los incidentes se reprodujeron con especial virulencia también en Bujía, el principal enclave de la Pequeña Cabilia. El ministro del Interior, Yazid Zerhouni, acusó a los beréberes de atacar con "cócteles molotov y cuchillos" los colegios electorales, obligando a cerrar a la mayoría. ¿Otro periodo de confrontación? El diario Le Matin establecía ayer en su editorial un sombrío paralelismo entre los comicios parlamentarios de 1991, que ganaron los islamistas y supusieron el inicio de la guerra civil, y los presentes. "'Las legislativas de 1991 condujeron a Argelia a una década de caos', dijo sentir Buteflika. ¿Qué podríamos decir entonces de estos que organiza hoy con gran cantidad de mañas, de policías y bombas lacrimógenas? Estas van a sumir al país en otro trágico periodo de confrontaciones internas", escribía el matutino. El periódico recordaba las lúgubres horas del apogeo de las acciones armadas integristas para después describir el "decorado de guerra" que dice se vive en la Cabilia. "Lluvia de granadas lacrimógenas y de piedras, carreteras nacionales cortadas, alcaldías incendiadas, centros de votación saqueados...". Bajo este turbulento clima político, muchos de los analistas locales dudan de la capacidad de estos comicios para solventar la larga crisis argelina. Para Said Saidi, jefe del RCD, el presente panorama "es sólo la agonía de un régimen y podríamos asistir a espasmos sangrientos". Una opinión que contrasta con la del dirigente del partido integrista moderado Movimiento de la Reforma Nacional (MNR), Abdala Yaballah, quien consideró que la jornada era un "acto histórico". |
La Jornada - Viernes 31 de mayo de 2002
Enfrentamientos en Kabilia, el punto más conflictivo de repudio a los comicios
Tensión en las elecciones parlamentarias de Argelia;
presuntos rebeldes asesinan a 26 civiles
Se estima que 190 personas han muerto en hechos violentos desde principios de mes
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AFP, DPA y Reuters Argel, 30 de mayo. Por lo menos veintiséis civiles fueron asesinados en las últimas horas por presuntos rebeldes islámicos en el oeste de Argelia, en un clima de gran tensión de cara a las elecciones parlamentarias que se celebran este día, y que ante hechos de violencia se encontraban paralizadas en la provincia de Kabilia. Informes de radio señalaron que de las veintiséis víctimas, veinticuatro eran nómadas que fueron objeto de asaltos perpetrados por extremistas islámicos en la localidad de Sendjas, provincia de Chlef, unos ciento ochenta kilómetros al oeste de Argel, de acuerdo con fuentes del Gobierno. Esta matanza es la más reciente de una serie de asesinatos contra civiles y miembros de las fuerzas gubernamentales, y ocurrió horas antes del inicio de unas elecciones boicoteadas por la oposición política, muy crítica del Gobierno central y que teme irregularidades. Se estima que unas ciento noventa personas han muerto en hechos violentos en Argelia desde comienzos de mayo, incluidos más de cincuenta integrantes de las fuerzas de seguridad. Pero informes más completos apuntan que en realidad son más de seiscientos diez los muertos, entre ellos ciento cincuenta miembros de la policía, desde principios de año. Estas son las segundas elecciones legislativas que se celebran en el país desde el inicio del sangriento levantamiento tras la cancelación de una consulta parlamentaria en 1992, en la que los radicales islámicos obtuvieron una ventaja abrumadora y que espantó a la comunidad internacional. El punto más conflictivo de repudio a los comicios es Kabilia, donde ha ocurrido una serie de enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad. Es decir, se trata de una región convertida en barómetro sobre el grado de apoyo con que cuenta el cuestionado presidente Abdelaziz Bouteflika. Más de dieciocho millones de argelinos están convocados a participar en los comicios legislativos, y según fuentes del Ministerio del Interior al filo del mediodía sólo 28.22 por ciento de los electores habían acudido a las urnas. Está previsto que los resultados se den a conocer mañana viernes. |