El Mundo - Lunes, 12 de agosto de 2002
La ONU advierte
de los graves efectos sobre el planeta
de una gran nube tóxica
La "neblina asiática", formada por cenizas, sulfatos y ácidos,
tiene tres kilómetros de grosor
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IRENE HDEZ. VELASCO. Corresponsal. LONDRES.- La inmensa mayoría de los cerca de mil trescientos millones de personas que se agolpan en el sur de Asia está ya acostumbrada a ver flotando sobre sus cabezas una extraña bruma que transforma el cielo azul en una superficie de apagado tono gris. ¿Se imagina lo que es? Los científicos lo llaman la neblina asiática y es una gigantesca nube de contaminación formada por cenizas, sulfatos, ácidos, gases en suspensión y demás partículas. Puede llegar a alcanzar los tres kilómetros de grosor y, aunque se forma en el sur de Asia, es frecuente que durante los meses de diciembre y abril se desplace a otras zonas del continente. Auspiciados por la Organización de Naciones Unidas (ONU), un equipo de doscientos investigadores integrado por expertos europeos, estadounidenses e indios ha estado analizado durante meses y meses, con la ayuda de barcos, aviones, satélites y demás tecnología, las consecuencias que la neblina asiática puede acarrear en el medio ambiente y en la salud. Y las conclusiones a las que han llegado son absolutamente escalofriantes. Una enorme sombrilla Según el informe que hoy mismo hará público en todo el mundo el Programa Medioambiental de las Naciones Unidas, y que el pasado viernes esta organización ya avanzaba en Londres, la neblina asiática está actuando como una enorme sombrilla, reduciendo significativamente las radiaciones solares que alcanzan la superficie de la tierra que se halla bajo su dominio. Y, claro está, el que disminuya la luz solar afecta a la fotosíntesis, lo que a su vez redunda en la productividad agraria. Y, de todos los continentes, Asia es el que tiene una vocación más claramente campesina, el que acoge a cerca del setenta y cinco por ciento de la población agrícola del mundo, el que produce alrededor del ochenta y cinco por ciento del arroz del planeta. Existen pruebas palpables que demuestran que diversas localidades asiáticas están experimentando una reducción de la luz solar que les llega. En Pune, por ejemplo, una ciudad india del Estado de Maharashtra, se ha registrado en los últimos veinte años una disminución de nada menos que el doce por ciento en las radiaciones procedentes el Astro Rey. Pero esa no es la única consecuencia de la neblina asiática. Además, los investigadores tienen motivos para creer que estas nubes de contaminación están afectando también al régimen pluvial, reduciendo la eficacia de las precipitaciones al inhibir la formación de grandes gotas de lluvia. Porque, contrariamente a los gases de efecto invernadero, la neblina asiática provoca el enfriamiento y aridez. Menos precipitaciones En ese sentido, no es casualidad que desde la década de los sesenta, la mayoría de las regiones del continente asiático estén experimentando un descenso de las precipitaciones. Pakistán, sin ir más lejos, ha sufrido el azote de la sequía durante los años 2000 y 2001. Y, por supuesto, quienes viven bajo los efectos de la nube asiática lo pagan en salud. Se sospecha que en el Sur de Asia el número de enfermedades provocadas por contaminación del aire (léase infecciones respiratorias, cáncer de pulmón, obstrucción pulmonar crónica, tuberculosis y asma) es elevadísimo. Sólo en la India, se calcula que la polución atmosférica provoca cada año la muerte prematura de quinientos mil menores de cinco años y mujeres adultas. No en vano, en nada menos que veintitrés ciudades indias el nivel de contaminación del aire supera los estándares fijados por la Organización Mundial de la Salud. En Calcuta, en Delhi, en Lucknow, en Bombay, en Ahmedabad y en numerosos países del este asiático, incluidos China, Tailandia y Corea, se han detectado enfermedades respiratorias graves relacionadas con la polución atmosférica. Los achaques pulmonares acaban anualmente con 1,4 millones de vidas en toda la región del Sur de Asia. Y las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud dicen que, como sigamos contaminando al ritmo que lo hacemos, en 2020 la polución del aire matará a ocho millones de personas al año. |