El Mundo - Miércoles, 14 de agosto de 2002
Cambiar el nombre de los meses es
la última prueba de megalomanía de Saparmurat Niyázov
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DANIEL UTRILLA. Corresponsal. MOSCÚ.- En un excéntrico arrebato más propio de Nerón que de un dirigente del siglo XXI, el presidente vitalicio de la república ex soviética de Turkmenistán, Saparmurat Niyázov, de sesenta y dos años, ha cambiado la denominación de los meses del año por nombres de artistas y jerarcas ilustres de la mitología nacional, empezando por el suyo. El gesto ilustra su megalomanía de corte mesiánico, patente ya tanto en la ubicuidad de su retrato como en la pomposidad de sus efigies, entre ellas una dorada y de gran tamaño que gira sin perder de vista el movimiento del sol. A partir de ahora, Niyázov, que ostenta desde 1993 el título de Turkmenbashí (Padre de todos los turkmenos), estará en boca de todos. Al menos los 31 primeros días del año. Desde hoy, enero pasa a denominarse "Turkmenbashí", abril será "Gurbán Saltán Idyé" (madre del presidente, muerta en el terremoto que sacudió Ashjabad en 1948), y a septiembre lo cambiarán por "Rujnamá", la guía espiritual de cuatrocientas páginas escrita por Niyázov, de lectura obligatoria para estudiantes y funcionarios. En la Rujnamá, cuyos versos acostumbra a leer el presidente en las reuniones del Gobierno, se relata cómo a los doce años Niyázov recibió un toque de atención celestial que le predispuso a liderar el país. La revolución del calendario también ha trastocado los días de la semana, que adoptan denominaciones alegóricas como "día principal" para el lunes, "día bendito" para el jueves o "día espiritual" en el caso del sábado. Sólo el viernes se ha salvado de la quema, defendida por Niyázov porque representa una vuelta a las raíces culturales del país. Desde 1985, año en que fue elegido primer secretario del Partido Comunista de Turkmenistán, Saparmurat Niyázov dirige con mano dura los destinos de este país del tamaño de España y cinco millones de habitantes, cuya principal fuente de ingresos reside en la extracción de gas y petróleo del mar Caspio. Tras la descomposición de la URSS en 1991, Niyázov supo mantener las riendas del poder rodeándose de una casta corrupta de fieles consejeros. Presentado como candidato único en las elecciones presidenciales de 1992, en el referéndum de 1994 (que prolongó su mandato hasta 2002) y en los comicios de 1999, Niyázov se ha perpetuado en el poder aupado por la dócil complicidad del Consejo Popular, órgano deliberativo formado por 2000 delegados -entre ministros, ancianos y diputados- cuya función se limita a ovacionar sus discursos. En la última década, Turkmenistán ha dado la espalda a las asociaciones económicas regionales auspiciadas por la Comunidad de Estados Independientes (CEI), el antiguo espacio soviético, acercándose, sin embargo, a Irán. Desde 1991, Niyázov ha hecho gala de un paternalismo sin contemplaciones. El fusilamiento de siete criminales retransmitido hasta la saciedad por la televisión o la salomónica decisión de acribillar a un grupo de militares amotinados y a sus rehenes sin negociación previa, son algunos gestos de su macabro efectismo. Su aparente falta de carisma la compensa su fiel cortejo de colaboradores, el mismo que le animó a desterrar cualquier atisbo democrático en la Constitución y que lleva diez años sacando tajada a la sombra del poder. Una década en la que no ha germinado ningún brote de oposición interior. El movimiento que el ex viceprimer ministro Boris Shijmuradov articula contra Niyázov no bebe tanto de hondas convicciones democráticas como del rencor acumulado desde que Niyázov prescindió de sus servicios. Shijmuradov fue la mano derecha del dictador, cuyo culto fomentó de la nada. Sin embargo, la desmedida ambición de Shijmuradov le enfrentó al presidente, que temió verse eclipsado.El año pasado, Shijmuradov -a la sazón embajador en Beijing- fue acusado de soborno y crimen estatal, lo que le animó a instalarse en Moscú, desde donde ejerce su oposición virtual a través de una página en internet. El 28 de diciembre de 1999, el Consejo aprobó una enmienda constitucional que extendió el mandato del presidente por tiempo indefinido. Desde entonces, Niyázov es el único dirigente de la órbita ex soviética que hoy por hoy sabe que morirá gobernando. El último fue Konstantín Chernenko, el secretario general del PCUS cuya muerte en 1985 permitió el ascenso al poder de Mijail Gorbachov. |
Folha de São Paulo, 16 - VIII - 2002
Na Ásia, ditador amplia adolescência
e põe seu nome em mês
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Folha de São Paulo, com agências internacionais Saparmurad Niyazov, ou Turkmenbashi, o Grande, ditador do Turcomenistão (Ásia Central), já dava seu nome a cidades, ruas e aeroportos. Seu retrato aparece como ícone na TV estatal, no dinheiro, em garrafas de vodca e em pacotes de chá. Agora, janeiro será chamado de Turkmenbashi (pai de todos os turcomanos), e abril terá o nome de sua mãe, Gurbansoltan-edzhe. "Vamos voltar a nossas raízes", afirma Niyazov. Nesse esforço para criar uma identidade turcomana, ele pretende agora reclassificar as idades dos seus cidadãos. A adolescência durará até os 25 anos; de 49 a 62, todos terão "a idade do profeta"; de 62 a 73, "a idade da inspiração"; de 73 a 85, a idade das barbas brancas; e de 97 a 109, "a idade de Oguz Khan" (um líder de clã que governou os ancestrais dos turcomanos). Poucos devem chegar à "idade de Oguz Khan", pois a expectativa de vida no país é de 62 anos para os homens e 68 para as mulheres. Niyazov, que está no primeiro ano da "idade da inspiração", havia feito essas propostas na semana passada, durante o encontro do Conselho do Povo, uma assembléia com 2.000 delegados indicados por ele e que é o mais alto corpo consultivo do país. Depois, resolveu acabar com a farsa e fez as mudanças por decreto. A mais pobre das antigas repúblicas soviéticas, com cerca de 4,2 milhões de habitantes (77% turcomanos e minorias uzbeques e russas), o Turcomenistão nunca havia sido um país independente antes da derrocada do império comunista soviético, em 1991. Desde então, Niyazov, que era líder do Partido Comunista desde 1985 -ou seja, governava o país-, vem sendo "reeleito" com porcentagens do eleitorado nunca menores do que 99%. Quinta-feira passada, o Conselho do Povo o aclamou, por unanimidade, presidente vitalício. Docemente constrangido, ele recusou a honraria e prometeu outra "eleição" para 2008. A Anistia Internacional denuncia a perseguição do regime contra oposicionistas, contra membros de religiões minoritárias -os muçulmanos sunitas são 88% da população- e a falta de liberdade de expressão. Dizendo que eram expressões culturais contrárias às tradições turcomanas, o presidente proibiu o balé, a ópera e o circo. O culto à personalidade e a falta de tolerância com qualquer tipo de oposição levaram o Departamento de Estado dos EUA a classificar o seu regime como de "um autoritarismo do estilo soviético", talvez só comparado ao regime norte-coreano de Kim Jong-il. Mas Washington não crê que o Turcomenistão seja parte do "eixo do mal" (Irã, Iraque e Coréia do Norte). Niyazov ganhou alguns pontos com os americanos ao ceder espaço aéreo e passagem de tropas durante a operação contra o vizinho Afeganistão. |