El País - Sábado, 21 de septiembre de 2002

Bush convierte el ataque preventivo
en la doctrina estratégica de EE.UU.

El presidente de EE.UU. hace público el documento con su estrategia militar

ENRIC GONZÁLEZ. Washington.

Estados Unidos se atribuye el derecho a lanzar ataques preventivos contra otras naciones y a actuar al margen de las organizaciones internacionales, cuando así lo aconsejen sus propios intereses; no permitirá que se reduzca su "inmensa ventaja militar" frente a los demás países, y trabajará activamente para extender su modelo de capitalismo al resto del planeta.

Éstos son los principios desarrollados en un documento de treinta folios, firmado por el presidente George W. Bush, sobre la nueva doctrina estratégica estadounidense, que la Casa Blanca envió ayer al Congreso.

El texto, de enorme importancia geopolítica y articulado en torno a la lucha antiterrorista, plasma la agresividad exterior de la presidencia de George W. Bush y detalla los principios que guiarán a la hiperpotencia durante el siglo XXI.

Bush es consciente de que el documento titulado La nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos inquietará al resto del mundo, pese a que, según la Casa Blanca, han sido suprimidos los pasajes "demasiado arrogantes". El borrador, redactado por la asesora de seguridad nacional, Condoleezza Rice, era mucho más duro.

Su publicación y envío al Congreso fueron aplazados hasta ayer para que no coincidieran con el discurso del presidente ante Naciones Unidas y con las posteriores negociaciones acerca de Irak: la claridad y la dureza de la doctrina Bush se proyectarán durante mucho tiempo sobre las instituciones multilaterales.

"La estrategia de seguridad", proclama Bush, como firmante del texto, "se basará en un internacionalismo típicamente americano que refleja la unión de nuestros valores y nuestros intereses nacionales".

El texto establece, de forma oficial, que Estados Unidos está por encima de instituciones internacionales como la ONU: trabajará con ellas, pero sin sentirse obligado a seguir sus instrucciones ni a respetar sus acuerdos, que sí rigen para el resto de los países.

El pensamiento que subyace en la primera explicación integral del sistema diplomático de George W. Bush tiene sus raíces en dos acontecimientos históricos: el fin de la Guerra Fría y los atentados del 11 de septiembre.

Supone la ruptura definitiva con los principios multilaterales que guiaron a Bill Clinton y a George Bush padre, y enlaza, en cierta forma, con la idea del "imperio benigno" establecida por Ronald Reagan. Pero ya no existe, como en los años ochenta, un imperio del mal, la Unión Soviética.

El imperio americano ha obtenido una "victoria decisiva", disfruta de "una fuerza e influencia sin precedentes en el mundo" y debe "extender los beneficios de la libertad a todo el orbe".

La supremacía militar estadounidense será mantenida a toda costa: "Nuestras fuerzas serán lo bastante poderosas como para disuadir a potenciales adversarios de que acumulen armas con la esperanza de superar, o igualar, a Estados Unidos".

El primer paso, ante la ausencia de otras potencias comparables a Estados Unidos, es acabar con la doctrina de la "no proliferación" de armamento, vigente desde la II Guerra Mundial y basada en tratados, y pasar a la "contraproliferación", una doctrina que combina elementos pasivos y activos: desde la creación de defensas como el proyectado "escudo antimisiles" sobre territorio estadounidense, al desmantelamiento forzoso de presuntos arsenales enemigos, como el que, según la Casa Blanca, justifica la invasión de Irak.

La disuasión es otro viejo principio que desaparece. La hiperpotencia "ya no está amenazada por Estados expansionistas, sino por Estados fracasados" y por "tecnologías catastróficas en manos de unos pocos amargados" que no temen las represalias.

En adelante, frente a organizaciones terroristas y países enemigos, el objetivo consistirá en "identificar y destruir la amenaza antes de que se acerque", "incluso si hay dudas sobre el lugar y momento del ataque enemigo".

Derecho a la autodefensa

"No dudaremos en actuar solos, si es necesario, para ejercer nuestro derecho a la autodefensa con una operación preventiva", promete Bush, quien proporciona al resto de la comunidad internacional la sola garantía de su palabra: "Las razones de nuestras acciones serán claras; la fuerza, medida, y la causa, justa".

Y añade una advertencia a quienes puedan sentirse tentados de utilizar en su favor los precedentes sentados por Washington: "Las naciones no deben utilizar la prevención como pretexto para la agresión".

En el ámbito de la economía y el medio ambiente, Bush eleva sus preferencias personales al rango de doctrina planetaria.

Anuncia que utilizará su poder para promover en todo el planeta medidas que "generen crecimiento económico", y destaca entre ellas la reducción de los impuestos directos y la desregulación de la actividad empresarial.

Coherente con su rechazo del acuerdo de Kioto, afirma que la reducción en la emisión de gases que provocan el efecto invernadero debe ser un acto voluntario de empresas y Gobiernos, sin que les obligue ningún tratado.

El Mundo - Sábado, 21 de septiembre de 2002

Bush hace pública su doctrina militar:
"Ningún país podrá igualar nunca el poder de EE.UU."

Un documento del presidente oficializa la teoría del ataque preventivo
"contra el terrorismo y los Estados hostiles"

Un documento oficial sostiene que EE.UU. no permitirá que sus enemigos "golpeen primero" y que sus fuerzas disuadirán a cualquiera que pretenda igualar o superar su poder.

CARLOS FRESNEDA. Corresponsal.

NUEVA YORK.- El presidente Bush dio instrucciones para que su nueva Estrategia de Seguridad Nacional fuera redactada en lenguaje llano, claro y contundente : "América actuará contra cualquier amenaza emergente [...] No dudaremos en actuar en solitario, si es necesario, atacando preventivamente [...] No podemos permitir que nuestros enemigos golpeen primero [...]".

"Nuestras fuerzas serán tan potentes como para disuadir a cualquier potencial adversario que aspire a sobrepasar o igualar el poder de Estados Unidos", destaca la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de George W. Bush.

El mensaje al resto del mundo, en plenos preparativos de guerra contra Irak, no podía ser más directo.

Bush acaba de consumar el volantazo más agresivo en la política exterior norteamericana desde la era Reagan. Los halcones han ganado la partida: el gigante norteamericano asume finalmente el papel de superpolicía y se reserva el derecho a lanzar ataques "preventivos" en cualquier punto del mundo (en defensa de "la libertad, la democracia y el mercado libre").

Se acabó la era de los tratados internacionales de no proliferación. Por decreto de George W. Bush, entramos en la época de la contraproliferación, que consiste ni más ni menos que en esto:

"Debemos eliminar y defendernos de la amenaza antes de que se desencadene [...] Dados los objetivos de los terroristas y de los Estados delincuentes, Estados Unidos no puede confiar únicamente en la postura reactiva del pasado".

Sin ambages, la Administración Bush admite que cuando estén en juego "los intereses de América" no habrá compromisos. El documento presentado ayer sostiene que la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional "no se extiende sobre los americanos".

Los tres "halcones"

La penúltima Estrategia de Seguridad Nacional, presentada por Bill Clinton al Congreso en 1999, parece un lejano y utópico cántico al internacionalismo. La visión del mundo de George W. Bush y de sus halcones (Condoleezza Rice, Dick Cheney, Donald Rumsfeld) marcará a partir de ahora la preocupante pauta del unilateralismo.

Aunque se presente en estos momento, con los atentados del 11-S como telón de fondo, la nueva estrategia estaba ya perfilada incluso antes de que George W. Bush llegara al poder. En un documento titulado Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), los halcones instaban a que el Gobierno norteamericano aprovechara su "incuestionable liderazgo global" para asumir un papel más activo "en el orden de la seguridad internacional".

El 11-S no fue sino el resorte que disparó definitivamente el mecanismo, preparado de antemano por Donald Rumsfeld desde que asumió el timón del Pentágono. Tras el éxito de la ofensiva contra el régimen talibán, el "ataque preventivo" contra Irak puede muy bien ser el primer laboratorio de pruebas de la nueva estrategia.

Según adelantaba ayer el diario ultraconservador The Washington Times, con línea directa con el Pentágono, los estrategas militares están ultimando los planes para atacar Irak en febrero.

La campaña inicial, como ocurrió en Afganistán, consistirá en un bombardeo sistemático con misiles Tomahawk y con dieciséis bombarderos B-2, que partirán de la base británica de Diego García en el Índico y podrán participar mucho más intensamente en la campaña.

B-52 y B-1

Los objetivos iniciales serían unas sesenta instalaciones militares con baterías antiaéreas. Luego entrarían en acción los B-52 y los B-1, con bombas de precisión contra los mandos centrales del Ejército iraquí y contra los campamentos y residencias de Sadam.

El general Tommy Franks confía en que la guerra de desgaste acabe provocando un golpe interno contra Sadam Husein y que el número necesario de tropas de tierra no sea al final muy superior a los setenta y cinco mil soldados. El ataque desde el cielo será tan intenso que se espera bloquear cualquier intento de represalia de Sadam contra Israel o cualquier otro país vecino.

"América identificará y destruirá la amenaza antes de que alcance nuestras fronteras", puede leerse en la Estrategia de Seguridad Nacional que entregó ayer Bush al Congreso, al tiempo que presionaba para conseguir un apabullante respaldo al "uso de la fuerza" contra Sadam Husein.

El presidente, codo a codo con su consejera de Seguridad Condoleezza Rice, introdujo el pasado fin de semana los últimos retoques a su estrategia y puso un especial empeño -en palabras de un funcionario de la Casa Blanca- "en moderar el tono para que no pareciera excesivo o arrogante".

La Jornada - Sábado 21 de septiembre de 2002

Proclama Bush que Estados Unidos
es el "poder supremo" del mundo

Advierte que no tolerará ningún desafío a su ventaja estratégica en el planeta. Descarta la disuasión por una "acción preventiva"; EU, "amenazado por Estados fracasados", afirma. Es una "cruzada para remodelar" el orbe, alertan los analistas William Hartung y Marcus Corbin.

JIM CASON y DAVID BROOKS, CORRESPONSALES

Washington y Nueva York, 20 de septiembre. Estados Unidos es el "poder supremo" del mundo, proclamó hoy el Gobierno del presidente George W. Bush, advirtió que no tolerará desafíos a su ventaja de poder, estableció explícitamente el derecho de intervención en cualquier parte del mundo con ataques "preventivos" y declaró que todo esto se justifica en defensa de "la libertad", el libre mercado, la propiedad privada y otros elementos de "sociedades libres y abiertas".

Este poder, dijo el mandatario, no se empleará para obtener "ventaja unilateral" para este país.

En un documento enviado hoy al Congreso, Bush establece que la supremacía estadunidense no tolerará ninguna competencia a su poder: "el presidente no tiene ninguna intención de permitir que algún poder extranjero alcance la enorme delantera que Estados Unidos ha logrado desde la caída de la Unión Soviética hace más de una década... Nuestras fuerzas serán lo suficientemente fuertes para disuadir a potenciales adversarios de promover una acumulación militar con la esperanza de superar, o igualar, el poder de Estados Unidos".

Subraya que su país "debe y tiene que mantener la capacidad para derrotar todo intento de un enemigo, sea un Estado o un actor no estatal, de imponer su voluntad sobre Estados Unidos, nuestros aliados, o nuestros amigos".

El documento de treinta y tres cuartillas, llamado La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, debe ser presentado por cualquier presidente al Congreso, pero en este caso es la primera vez que el Gobierno de Bush detalla su política global de forma comprensiva, aunque muchos elementos habían sido expresados y conocidos.

Aumentará la preocupación

Para William Hartung, analista de políticas militares del World Policy Institute, de Nueva York, el documento expresa que el Gobierno desea "la capacidad ilimitada de utilizar la fuerza para moldear al mundo de la manera que consideran mejor", y en entrevista con La Jornada consideró que "si se confía en el juicio de esta administración, tal vez esté bien, pero muchos países ya estaban nerviosos por el unilateralismo estadunidense y esto los preocupará aún más".

La "estrategia" descarta los elementos básicos de la llamada política de "disuasión" y "no proliferación" que han formado el eje, por lo menos oficialmente, de la política exterior estadunidense durante los últimos cincuenta años.

En su lugar promueve el concepto de "contraproliferación", o sea el desarme obligado de todo poder que desafíe o presente una amenaza a los intereses estadunidenses.

La disuasión es inútil contra enemigos que "odian a Estados Unidos y todo lo que representa", sostiene el documento, y agrega que el país "ahora es amenazado menos por Estados conquistadores que por los fracasados".

En torno a la lucha contra la amenaza de adversarios con armas de destrucción masiva, se establece el concepto de "esfuerzos proactivos de contraproliferación" para atacar a países y "terroristas", porque Estados Unidos "ya no puede depender sólo de una posición reactiva como en el pasado", y por tanto tiene el derecho de actuar contra "la amenaza antes que sea desatada".

Sobre la guerra contra el "terrorismo", reitera la posición dibujada por Bush desde el 11 de septiembre de 2001. Estados Unidos, indica, actuará en conjunto o en solitario sólo si es necesario "para ejercer nuestro derecho de autodefensa al actuar preventivamente".

"Tenemos que adaptar el concepto de amenaza inminente a capacidades y objetivos de los adversarios de hoy. Estados pícaros y terroristas no buscan atacarnos utilizando medios convencionales... dependen de actos de terrorismo y, potencialmente, armas de destrucción masiva... Largamente Estados Unidos ha mantenido la opción de acciones preventivas contra una amenaza suficiente a nuestra seguridad nacional. Más grande la amenaza, más grande el riesgo de inacción, y más convincente el argumento a favor de tomar acción anticipada para defendernos, aun si permanece la incertidumbre sobre los tiempos y lugares de un ataque enemigo. Para demorar o prevenir tales actos hostiles de nuestros adversarios, Estados Unidos actuará, si es necesario, preventivamente".

Todo esto sustituye la política anterior, señala el documento, de depender de medidas de no proliferación, descartando así las premisas de acuerdos internacionales sobre desarme y control de armas.

A pesar de subrayar el tema multilateral, el documento también reitera la posiciones estadunidenses de rechazar algunos acuerdos internacionales, y haciendo mención específica de que este Gobierno jamás sujetará a uno de sus ciudadanos a la nueva Corte Penal Internacional, "cuya jurisdicción no se extiende a los estadunidenses".

En el frente económico, detalla esfuerzos diplomáticos, utilizando y cambiando el papel de la asistencia exterior y los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para llevar a cabo la batalla entre "valores e ideas", particularmente en el mundo musulmán.

En este ámbito se promoverán políticas en otros países que nutren el mercado libre y atraen inversión empresarial y ofrecen "acceso a mercados", o sea, el libre comercio: "trabajaremos activamente para llevar la esperanza de la democracia, el desarrollo, los mercados libres y el libre comercio a toda esquina del mundo", sostiene.

El documento comienza declarando que "las grandes luchas del siglo XX entre la libertad y totalitarismo terminaron con una victoria decisiva para las fuerzas de la libertad y un solo modelo sostenible para el éxito nacional: libertad, democracia y la libre empresa".

Para el siglo XXI, afirma, sólo los países que se comprometan con la libertad política y económica y la protección de los derechos humanos básicos podrán avanzar.

Señala que todo ser humano "desea las libertades de expresión, de elegir sus gobernantes, educar a sus hijos y gozar de los beneficios de su trabajo... y de tener el derecho de ser dueños de propiedad".

Marcus Corbin, analista e investigador del Centro para Información de Defensa en Washington, comentó a La Jornada que "una de las cosas que surgen de este documento es la forma ambiciosa, casi de cruzada, en que se expresa un deseo para remodelar el mundo".

En el documento el Gobierno "habla de hacer del mundo una agrupación de naciones que aman la libertad, lo cual no es el caso, a pesar de tanta referencia a los mercados libres, la libertad y la democracia", consideró Corbin.

Señaló que "si uno lee este documento, pensaría que Arabia Saudita, Egipto y Pakistán podrían ser los próximos en la lista de objetivos, los próximos que atacará Estados Unidos después de Irak, si en verdad toma en serio que todo esto se trata de democracia. Pero en términos reales, eso no es lo que se está diciendo".

América Latina y México

El documento señala que Estados Unidos "ha formado coaliciones flexibles con países que comparten nuestras prioridades, particularmente México, Brasil, Canadá, Chile y Colombia". Con ellos y con las instituciones hemisféricas como la Organización de Estados Americanos y el proceso de la Cumbre de las Américas, agrega, se promoverá "la democracia", la seguridad y la prosperidad.

Señala que existen conflictos regionales en las Américas, y subraya los vínculos entre la violencia del narcotráfico y los vínculos entre los narcotraficantes y "grupos terroristas y extremistas" que amenazan a algunos Estados de la región. Aquí se centra en la cooperación con Colombia para combatir esa amenaza combinada.

Clarín - Sábado 21 de setiembre de 2002

EL FIN DE LA TÁCTICA DE LA DISUASIÓN QUE REINÓ DURANTE LA GUERRA FRÍA

EE.UU. lanza una nueva doctrina militar
basada en el ataque preventivo

La presentó ayer el presidente Bush. Se basa en que, tras la caída de la URSS, el gran enemigo es ahora el terrorismo. Y busca evitar que potenciales adversarios intenten superar el poderío bélico de Washington. Procura legitimar, además, el ataque contra Irak.

Ana Barón. WASHINGTON. CORRESPONSAL.

Estados Unidos mantendrá su supremacía militar y política en el mundo lanzando ataques preventivos contra todo aquél que pretenda amenazarlo, ya sean Estados o grupos terroristas. La nueva doctrina militar anunciada ayer por el presidente George W. Bush pone fin oficialmente a las estrategias de disuasión y contención que prevalecieron durante la Guerra Fría.

La nueva doctrina marca el inicio de un período en el que, todo indica, la guerra ya no será la continuación de la política por otros medios, como decía el estratega alemán V. Clausewitz, ya que a partir de ahora Estados Unidos estará dispuesto a atacar sin antes haber agotado todos los esfuerzos diplomáticos.

De hecho, se señala que los tratados de no proliferación de armas de destrucción masiva serán reemplazados por acciones contra la proliferación militar.

"El presidente no tiene la intención de permitir a ningún poder extranjero el alcanzar o superar la gran ventaja que EE.UU. tiene desde que cayo la Unión Soviética hace diez años", dijo Bush en un informe titulado La estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos que ayer entregó al Congreso estadounidense cumpliendo con una ley de 1986.

En el contexto de esa ley todo los presidentes deben informar anualmente a los legisladores sobre los objetivos estratégicos de Washington.

"Estados Unidos debe mantener y mantendrá su capacidad para derrotar todo intento de un enemigo, ya sea un Estado o grupos terroristas, de imponer sobre nuestro país, nuestros aliados o nuestros amigos su voluntad".

En el documento Bush hace oficial lo que ya todo el mundo sabía: el enemigo principal de Estados Unidos a partir de los atentados contra las Torres Gemelas, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington, es el terrorismo internacional y se comprometió a derrotarlo "identificando y destruyendo la amenaza antes de que llegue a nuestras fronteras".

Más aún, Bush deja bien en claro que Estados Unidos utilizará su poder económico y militar para alentar "a que las sociedades sean abiertas, libres y democráticas, en vez de dedicarse a la búsqueda de la ventaja unilateral".

En ese sentido, Bush asegura que la característica principal del internacionalismo norteamericano será, de ahora en más, una conjugación de valores morales y los intereses nacionales. En efecto, en su nueva doctrina Bush intenta integrar lo económico, lo militar y su visión moral del mundo.

El documento tiene una parte dedicada a cómo Estados Unidos debe utilizar la diplomacia, la asistencia financiera internacional, los programas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial para imponer los valores y principios económicos norteamericanos en el mundo y para poder tener peso en el futuro del mundo musulmán.

El texto deja en claro que la guerra contra el terrorismo no es un enfrentamiento entre civilizaciones. "Revela sin embargo el enfrentamiento dentro de una civilización, una batalla por el futuro del mundo musulmán. Esta es una batalla de ideas, y es ahí donde Estados Unidos debe triunfar".

Según The New York Times, que ayer adelantó los conceptos principales de la nueva estrategia en su primera plana, la consejera nacional para la Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, tuvo gran influencia sobre Bush en la preparación y redacción de los numerosos borradores.

Pero fue el presidente quien editó el texto final porque, según el periódico, tenía párrafos "demasiado arrogantes".

Todo indica que la propuesta del Bush será criticada tanto a nivel doméstico como en el extranjero porque sólo prevé acciones multilaterales cuando los aliados de Estados Unidos están dispuestos a hacer lo que Washington quiere hacer. De lo contrario, Estados Unidos actuará por su cuenta.

El interrogante que plantea la nueva doctrina de Bush es qué pasa si otros países adoptan la misma posición. En una parte el informe señala: "Nuestras fuerzas van a ser lo suficientemente fuertes como para disuadir a los potenciales adversarios y evitar que persigan un fortalecimiento militar con la esperanza de superar, o igualar el poderío de Estados Unidos".

Como Rusia está debilitada económicamente y no puede acercarse a igualar el gasto militar norteamericano, este punto parece estar dirigido a potencias emergentes, como China, que está expandiendo sus fuerzas nucleares y convencionales.

El anuncio tuvo como telón del fondo el conflicto entre Estados Unidos e Irak. Pese a que Bagdad ha accedido a que regresen los inspectores de armas de las Naciones Unidas sin condiciones, Bush ha seguido adelante con sus planes para lanzar un ataque y derrocar a Saddam Hussein.

Según la nueva doctrina, los conceptos de disuasión no funcionan contra el terrorismo, cuyas tácticas tienen por objetivo la destrucción y causar la mayor cantidad de víctimas inocentes. Se asegura que "la superposición entre Estados que patrocinan el terrorismo y aquellos que fabrican armas de destrucción masiva es lo que nos compele a la acción" y agrega que "cuanto mayor es la amenaza, mayor es el riesgo de la inacción y la obligación de tomar acciones preventivas para defendernos, inclusive si permanece incierto el lugar y el momento en que atacará el enemigo".