El País - Sábado, 12 de octubre de 2002
Jimmy Carter gana el Nobel de la Paz
por sus 'esfuerzos para resolver conflictos'
El presidente del comité señala que el premio es una crítica a la política actual de EE.UU.
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E. GONZÁLEZ. Washington. Fue un presidente desafortunado en unos años, de 1977 a 1981, de crisis profunda en Estados Unidos. Pero desde que abandonó la Casa Blanca su prestigio no ha dejado de crecer. Jimmy Carter obtuvo ayer a sus setenta y ocho años el Nobel de la Paz por su "vital contribución" al acuerdo de Camp David entre Egipto e Israel (1978), por "sus esfuerzos para resolver conflictos" y por su trabajo, ya como ex presidente, a favor de los Derechos Humanos. El presidente del comité del premio, Gunnar Berge, dijo que el reconocimiento a la figura de Carter era "una crítica a la actual Administración" de EE.UU. El demócrata Jimmy Carter no quiso entrar en polémicas sobre el actual presidente, George W. Bush. Dijo sentirse "muy agradecido" y atribuyó todo el mérito a la fundación por la paz que su mujer Rosalynn y él fundaron en Atlanta (Georgia) tras dejar la Casa Blanca. "Creo que el comité del Nobel ha reconocido que el Centro Carter ha realizado una maravillosa contribución al mundo en los pasados veinte años", declaró. Pero no quiso opinar sobre la política de Bush ni sobre el respaldo del Congreso a una posible invasión de Irak. Su oposición a toda acción unilateral y a la nueva doctrina estratégica de Bush, basada en los ataques preventivos, era bien conocida por diversos artículos publicados recientemente. Gunnar Berge, presidente del comité Nobel de Oslo, declaró que el premio a Carter, en la edición con más candidatos, ciento cincuenta y seis, algunos tan significados y controvertidos como el ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, y el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, constituía "una crítica a la actual Administración" estadounidense y "una patada en la espinilla a todos los que siguen la misma línea que Estados Unidos". Entre los candidatos figuraba el español Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional. Otros miembros del comité se distanciaron de las afirmaciones de Berge y dijeron que se trataba de "interpretaciones personales" que no habían formado parte de las deliberaciones previas a la concesión del premio. De todos modos, el comunicado del comité reconocía de forma indirecta su rechazo a Bush: "En una situación marcada por las amenazas de uso de la fuerza, Carter se caracteriza por defender el principio de que los conflictos deben resolverse, siempre que sea posible, con mediaciones, cooperación basada en la ley internacional, respeto a los Derechos Humanos y ayuda al desarrollo". Elkarri, movimiento por el diálogo y la negociación en Euskadi, planteó a mediados de los noventa la mediación de Carter en el conflicto del País Vasco. La fundación del ex presidente de EE.UU. desestimó la propuesta, ya que sólo interviene a petición de las partes implicadas. Luchas políticas Carter recibió la llamada desde Oslo a las 4.30, hora local, cuando ya estaba a punto de levantarse, lo que hace todos los días antes de las cinco de la mañana. En las elecciones de noviembre de 1976 derrotó al republicano Gerald Ford porque encarnaba la honestidad en una era marcada por el escándalo del Watergate. Era madrugador, honrado, un cultivador de cacahuetes que había alcanzado el puesto de gobernador de Georgia sin implicarse en las luchas políticas de Washington. Su mandato, sin embargo, resultó un fracaso. De este modo, el éxito de los acuerdos de Camp David, por los que el egipcio Anuar el Sadat y el israelí Menájem Beguin recibieron el Nobel de la Paz, quedó eclipsado por la alta inflación, el racionamiento de la gasolina y la larguísima crisis, cuatrocientos cuarenta y cuatro días, de los ciudadanos estadounidenses tomados como rehenes por el Irán del ayatolá Jomeini. Cuando intentó ganar la reelección, el republicano Ronald Reagan lo derrotó con claridad. "Al dejar Washington me di cuenta de que era un hombre joven y me quedaban unos veinticinco años de vida activa", explicó ayer el ex mandatario. "Por eso mi esposa y yo creamos el Centro Carter, para capitalizar mi influencia como ex presidente de la mayor nación del planeta y tratar de llenar un vacío". El "vacío" al que se refería Carter estaba relacionado con la paz y lo llevó a Asia para desactivar las tensiones nucleares entre las dos Coreas, a Centroamérica para evitar que Estados Unidos invadiera Haití o para luchar contra el embargo a Cuba, a Europa para oponerse a las guerras balcánicas y a África para supervisar procesos electorales. "Mi concepto de los Derechos Humanos", declaró ayer Jimmy Carter, "se ha expandido para incluir no sólo el derecho a vivir en paz, sino también el derecho a la atención sanitaria, al alojamiento digno, a la comida y a la igualdad de oportunidades". En Latinoamérica se aplaudió la concesión del Nobel a Carter desde Guatemala a Argentina. Sin embargo, el exilio cubano en Miami criticó la decisión. Premio a la mediación y al diálogo VICENÇ FISAS, director de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona. Siempre que se concede un premio Nobel de la Paz a un político, y más si ha ostentado la presidencia de un país como Estados Unidos, se corre la tentación de descalificar el premio y al laureado recordando lo que hizo o dejó de hacer hace veinte o veinticinco años. Pero el Nobel de la Paz para Carter no es por su labor como presidente, sino por el trabajo que ha impulsado posteriormente a través del Centro Carter, un centro que trabaja en los campos de los Derechos Humanos, la resolución de conflictos y el fortalecimiento de la democracia, y por promover diálogos y mediaciones en numerosos conflictos, con especial énfasis en Sudán, Uganda, los Grandes Lagos, Ecuador, Bosnia, Corea, Estonia y Liberia. El Nobel para Carter va a tener, sin duda, un notable impacto en el interior de Estados Unidos en la medida en que es notoria su crítica hacia la manera de entender la paz y los Derechos Humanos de la Administración Bush. Hace ahora un mes, Carter escribía un artículo en The Washington Post en el que de forma muy clara criticaba al Gobierno estadounidense por abandonar el largo camino trazado anteriormente para conseguir la paz en Oriente Próximo, por haber ignorado o perdonado abusos en varias naciones a cambio de obtener apoyo en su lucha antiterrorista, por despreciar la acción de Naciones Unidas y por retar contraproducentemente al resto del mundo en diferentes temas. Para Carter, además, Irak no representa actualmente ningún peligro para EE.UU., por lo que aboga por un tratamiento más político del tema y desde la ONU. En este sentido, la concesión de este Nobel es un serio aviso para la política exterior norteamericana. La segunda lectura de este Nobel es el respaldo hacia los trabajos de mediación, la cultura del diálogo y la práctica de tender puentes. El año 2002 es uno de los más ricos y esperanzadores en este sentido, pues en pocos meses se han abierto negociaciones y ha renacido la esperanza en Angola, Burundi, Corea, Aceh (Indonesia), Liberia, Myanmar, RD Congo, Somalia, Sri Lanka, Sudán y otras regiones del planeta. Muchos de estos conflictos arrastran décadas de guerra y suman millones de refugiados y de muertos. Los medios de comunicación conceden mucho espacio a la guerra y a los actores enfrentados, pero no dan suficiente visibilidad a los esfuerzos de paz, a las iniciativas ciudadanas que ponen las primeras semillas de un proceso esperanzador, e incluso a la misma diplomacia preventiva o constructora de espacios para la negociación. Este Nobel es, cierto, un reconocimiento a la tarea de Carter y de su centro de resolución de conflictos, pero es también una invitación para que el trabajo de los "ingenieros de puentes y caminos" de paz tenga mayor visibilidad y pueda obtener más apoyo que la tarea de quienes apuestan con tanta rapidez por la destrucción, en vano intento de resolver los conflictos. |
El Mundo - Sábado, 12 de octubre de 2002
El ex presidente de EE.UU. Jimmy Carter,
Nobel de la Paz
El presidente del Comité noruego afirma que este premio
"debe interpretarse como una crítica a la línea de la actual Administración Bush"
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CARLOS FRESNEDA. Enviado especial. WASHINGTON.- El ex presidente estadounidense Jimmy Carter recibió ayer el Premio Nobel de la Paz y dijo claramente que habría votado "no" a la autorización del "uso de la fuerza militar" contra Irak en el Congreso o en el Senado. El Nobel a Carter fue un portazo a la política belicista de George W. Bush y una distinción a la América multilateralista y de rostro afable, representada por el ex presidente demócrata. "Este premio debe interpretarse como una crítica a la línea que ha adoptado la actual Administración norteamericana", dijo el presidente del Comité noruego del Nobel, Gunnar Berge. "Se puede interpretar también como un tirón de piernas a todos aquellos que han decidido seguir la misma línea de Estados Unidos". Carter se impuso a sus compatriotas George W. Bush y Rudolph Giuliani, que también estaban nominados. Tony Blair era otro de los improbables candidatos. Quien más cerca estuvo de arrebatar el cetro a Carter fue el afgano Hamid Karzai, que felicitó en la distancia al "amigo americano" y prometió volver a intentarlo el año próximo. Carter mereció la máxima distinción por su "infatigable esfuerzo" a la hora de buscar soluciones pacíficas a los conflictos internacionales e impulsar los Derechos Humanos y la democracia. En un mensaje cargado de intencionalidad política, el Comité del Nobel reconoció que "en una situación marcada por las amenazas del uso del poder", Carter siempre ha sido fiel al principio de que "los conflictos deben resolverse dentro de lo posible a través de la mediación y la cooperación, basadas en las leyes internacionales, en el respeto a los Derechos Humanos y en el desarrollo económico". "No" al uso de la fuerza Jimmy Carter se desmarcó recientemente con un contundente artículo -El rostro preocupante de la nueva América- arremetiendo contra la doctrina del ataque preventivo abanderada por George W. Bush. En declaraciones a la CNN, Carter dijo ayer que habría votado "no" a la concesión de poderes de guerra al presidente Bush, que ayer fue de los primeros en llamar para felicitarle. "Fue una conversación cordial", dijo Carter, que afirmó haber apreciado un cierto cambio de talante en Bush en estas últimas semanas. "Antes se hablaba directamente de matar o eliminar a Sadam Husein, ahora parece que se busca el apoyo de la comunidad internacional... Pienso, sinceramente, que la crisis de Irak debería resolverse dentro del marco de Naciones Unidas". El nombre de Bush figuraba entre las ciento cincuenta y seis nominaciones (ciento diecisiete individuales y treinta y nueve asociaciones o grupos), pero la perspectiva de una guerra contra Irak devaluó notoriamente su candidatura. También estaba el ex alcalde de Nueva York Rudolph Guliani, que con una sola declaración ("Dejadme ejecutar personalmente a Osama bin Laden") tiró por tierra su encomiable labor durante el 11-S. Jimmy Carter, de setenta y ocho años, 39º presidente de Estados Unidos (entre 1977 y 1981), recibió la noticia en su terruño de Atlanta, donde funciona desde hace veinte años la prestigiosa Fundación Carter, dedicada a promover soluciones pacíficas a los conflictos mundiales. El ex presidente se mostró "humilde y agradecido" a la hora de recibir el Nobel de la Paz y quiso compartirlo con su mujer, Rosalynn, íntima colaboradora en la labor de la Fundación Carter. "Mi concepto de los Derechos Humanos ha crecido en estos últimos años y va más allá del derecho a la paz", dijo Carter en un breve comunicado. "A todos los seres humanos se les debe reconocer el derecho a tener alimento y cobijo, el derecho a tener asistencia sanitaria, el derecho a las oportunidades políticas. Espero que este premio refleje la aceptación universal de este concepto más amplio de lo que son los Derechos Humanos". "Desde que dejé la Casa Blanca intenté capitalizar la influencia que tenía como ex presidente de la nación más grande del planeta para intentar llenar los enormes vacíos que aún existen", añadió Carter, que no quiso pronunciarse sobre la política del presidente Bush hacia Irak ni entrar en la polémica sobre la intencionalidad política del premio. Durante las dos últimas décadas, Carter ha ejercido ocasionalmente como mediador en el conflicto de Haití y en la crisis de Corea del Norte, y se ha desmarcado abiertamente de las administraciones republicanas. Su último gesto simbólico fue la visita a Cuba. El Nobel a la Paz a Jimmy Carter es de alguna manera un reconocimiento implícito a la América multilateralista y de rostro afable, en las antípodas de la América de George W. Bush. El Comité del Nobel ha admitido que llegó hasta Carter después de meses de intensas deliberaciones, en una de las disputa más reñidas de los últimos años. El Comité estaba decidido a conceder un premio que recogiera de algún modo el espíritu del 11-S y enviara una señal a los preparativos de guerra contra Irak. El granjero de las misiones imposibles JULIO A. PARRADO. Corresponsal. NUEVA YORK.- Como presidente, Jimmy Carter se adelantó quizá a su época. Sus buenas intenciones de cooperación y solidaridad internacional, declaradas en su discurso inaugural ("No puede haber una ambición más noble para EE.UU. en este día que ayudar a formar un mundo más justo y pacífico que sea verdaderamente humano"), acabaron chocando con una realidad conflictiva y terminaron echando el país en brazos de la reacción nacionalista de Ronald Reagan. Carter terminó reconocido como "un buen hombre", pero condenado políticamente como un "líder nefasto". Los logros de paz del 39º presidente de EE.UU. quedaron enterrados bajo el espíritu de confrontación de sus inmediatos sucesores. Carter llegó a la Casa Blanca aupado en los últimos coletazos de las rebeliones políticas y juveniles de izquierda y del activismo social y derechos civiles. Su imagen bondadosa y su reputación de persona honrada y decente eran, también, un antídoto frente al envenenado ambiente de Washington después del escándalos de espionaje político del Watergate. Paradójicamente, la esperanza de aquellos movimientos progresistas recaían sobre un sureño, heredero de plantaciones y de un imperio de cacahuetes con base en Plains, Georgia, donde había nacido en 1924. Carter había roto con las tradiciones familiares poco después de la muerte del padre, en 1953, cuando abandonó la carrera militar y lanzó su candidatura para el Senado. Una vez en Washington, tras derrotar al republicano Gerald Ford, emprendió una política de acercamiento a antiguos enemigos de EE.UU. La culminación de sus esfuerzos internacionalistas fueron los tratados de Camp David de 1979, que no sólo pusieron fin a treinta años de hostilidad entre Israel y Egipto, sino que ataron definitivamente las relaciones exteriores estadounidenses al destino de Oriente Próximo. Carter trató de imprimir un estilo de gobernar cercano al ciudadano de la calle, mientras la oposición conservadora le tachaba de sensiblero y pusilánime. Pero fue la convulsión internacional la que le pasó la factura política más cara. La inestabilidad en Oriente Próximo y la subida de los precios del petróleo alimentaron la inflación y el desempleo. Las largas colas en las gasolineras agotaron la paciencia de los votantes. Finalmente, fue decisiva su incapacidad para resolver la crisis de la embajada de EE.UU. en Teherán, donde cincuenta y dos americanos permanecieron secuestrados durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. Tras su derrota a manos de Reagan, Carter se dedicó a cumplir con la misiones imposibles de su Presidencia. Corea del Norte, Uganda, Sudán y Haití han figurado en la lista de conflictos en los que ha actuado de mediador. Entre sus últimas misiones ha figurado Cuba, que visitó en mayo pasado. Pero la más difícil de las tareas está resultando convencer a sus conciudadanos de la inutilidad del conflicto con Irak. Bofetada a la Doctrina Bush FELIPE SAHAGÚN "¿Ve usted algún mensaje a los Gobiernos del mundo con este premio?", preguntó un periodista a Jimmy Carter ayer por la tarde en una rueda de prensa improvisada en el centro de Plains, el pueblo de Georgia, de seiscientos setenta y tres habitantes, donde el nuevo Nobel ha vivido antes y después de ejercer como trigesimonoveno presidente de EE.UU. "Es una apuesta por la paz y por el Derecho Internacional", contestó. "Responde al deseo de unos EE.UU. activamente involucrados en la comunidad internacional aunque se hayan convertido en superpotencia única. Necesitamos la ONU para resolver crisis como la de Irak. Espero y confío en que la ONU actúe con firmeza para que Sadam Husein cumpla las resoluciones y puedan volver los inspectores". En cinco líneas Carter resumía lo esencial de la escuela idealista de las relaciones internacionales que, con gran dificultad, trató de aplicar desde la Casa Blanca entre 1977 y 1981, y que, ya sin cortapisas de los poderes fácticos, ha impulsado desde el Centro Carter por medio mundo desde 1982. Los principios de esa escuela son el extremo opuesto de la Doctrina Bush anunciada hace dos semanas, basada en cuatro objetivos: militarización, lucha contra el terrorismo, unilateralismo y guerra preventiva. Gunnar Berge, presidente del Comité del Nobel de la Paz, citó el acuerdo egipcio-israelí firmado en Camp David en 1979 por Menahem Begin y Anuar Sadat gracias a los esfuerzos de Carter, pero no es por los éxitos de sus años como presidente por lo que hoy se le ha dado el Nobel. Han influido mucho más su labor posterior y el rechazo general europeo, sobre todo de Noruega, de la actual política de Bush. Como presidente, además de la paz de Camp David, firmó el tratado del 77 para la devolución del canal de Panamá en 2000, hizo más que nadie contra la proliferación nuclear, retiró el apoyo a la dictadura de Somoza, negoció con Brezhnev la limitación de armas estratégicas en las SALT II, estableció relaciones diplomáticas con China, impulsó la apertura al este mediante el proceso de Helsinki, facilitó el fin del genocidio en Camboya por Vietnam y situó la ética que predicaba cada domingo en una iglesia baptista de Washington como prioridad de su política exterior. Son méritos más que suficientes para haber compartido con Begin y Sadat el Nobel del 78 o para haberlo recibido en solitario, pero la Historia no le ayudó. La URSS aprovechó su mano tendida para reforzar a las guerrillas comunistas de África en una interpretación sui generis de la distensión. A Somoza, en vez de una democracia, lo sustituyó la dictadura sandinista en Nicaragua. Ariel Sharon se encargó, con su boicot de la paz y su expansión de los asentamientos, de impedir que Camp David I se transformara en una paz regional. La invasión soviética de Afganistán y, sobre todo, la sustitución del sha de Irán por el régimen teocrático y criminal de Jomeini hicieron el resto. En vez de sentarse en consejos de administración o cobrar millones en circuitos de conferencias por el mundo como han hecho otros ex presidentes tras perder las elecciones, Carter, el más íntegro de los presidentes estadounidenses del siglo XX, volcó todo su esfuerzo y prestigio en la defensa de los ideales que había postulado desde el poder. Ni Theodore Roosevelt ni Woodrow Wilson, los otros dos presidentes estadounidenses galardonados con el premio, reúnen la mitad de sus méritos. En la página de internet de su Fundación pueden leerse todos sus artículos de los últimos años. Desde el 1 de enero ha publicado cinco. En el primero, el 18 de abril, advertía, tras una visita relámpago a Caracas, que "los dirigentes venezolanos que han dominado el país desde hace cuarenta años no han digerido todavía su aplastante derrota a manos de Chávez, en el 98" y que "el presidente Chávez ha repetido la fallida estrategia del primer intento venezolano de democracia en 1945, que desembocó en el golpe militar del 48". En su segundo artículo, a finales de abril, y en otro, el 1 de julio, desautoriza a Sharon como dirigente capaz de restablecer la paz en Oriente Próximo y pide al Gobierno estadounidense que utilice las dos armas decisivas que tiene sobre Israel para frenarlo: la prohibición del uso de las armas estadounidenses introducida por Richard Nixon en 1973 y los diez millones de dólares diarios que Israel recibe de EE.UU. Sin acabar con los asentamientos, un Jerusalén compartido y abierto, y dos estados independientes, Carter no ve posible la paz. En el tercer artículo, tras visitar Cuba, defendió, el 24 de mayo, el fin del embargo económico y la normalización de relaciones. En el último, publicado el 12 de septiembre, arremete contra las acciones principales de la Administración Bush en todos los frentes: los enemigos combatientes, el boicot del Tribunal Penal Internacional, su rechazo de Kioto, su unilateralismo, la situación de Guantánamo y, por último, la campaña contra Irak. |
La Jornada - Sábado 12 de octubre de 2002
Obtiene Jimmy Carter el Premio Nobel de la Paz;
pide al mundo prevenir la guerra
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La decisión, una crítica a la política de Bush: comité que otorga el galardón. "Habría dicho no a la resolución" si hubiese podido votar en el Congreso, señala a CNN. AFP y DPA Atlanta, 11 de octubre. Jimmy Carter, ex presidente de Estados Unidos, obtuvo este viernes el Premio Nobel de la Paz 2002, y apeló a comunidad internacional para que prevenga la guerra y la opresión en su declaración de aceptación. El Comité Nobel indicó que la decisión es una forma de criticar la actual política del Gobierno del presidente estadunidense George W. Bush, que con su guerra contra el terrorismo exige tener carta blanca para atacar a países que califica de "ejes del mal", especialmente a Irak. "La gente de todo el mundo comparte el mismo sueño de una comunidad internacional responsable, que prevenga la guerra y la opresión", indicó Carter en la declaración difundida por el Centro Carter, organización no gubernamental con sede en Atlanta, Georgia, creada por él en 1982. Carter recordó que durante las dos décadas pasadas, al viajar con su mujer Rosalynn por varios países del mundo, "mi concepto de los derechos humanos se ha ensanchado, y no sólo incluye el derecho a vivir en paz", afirmó el ex presidente, quien ocupó la Casa Blanca entre 1977 y 1981. Asimismo, Carter de setenta y ocho años, en entrevista con la cadena CNN se mostró "agradecido y honrado" al obtener el Nobel de la Paz y afirmó al periodista Larry King que en caso de formar parte del Congreso estadunidense habría votado "no" a la resolución que otorgó al presidente George W. Bush la potestad para usar la fuerza militar contra Irak. El ex mandatario demócrata estadunidense abogó por que el conflicto con Irak se resuelva "a través de la Organización de Naciones Unidas (ONU)" y no por Estados Unidos de "forma unilateral". "No debemos eludir la obligación de trabajar con el Consejo de Seguridad de la ONU para forzar a Saddam Hussein a que permita una completa inspección y asegurarnos de que sus armas de destrucción masiva han sido eliminadas, así como su capacidad para producir armamento nuclear en un futuro", subrayó. Reiteró, por otra parte, su posición contraria al embargo estadunidense contra Cuba. Durante su mandato, Carter esbozó una normalización de las relaciones de Washigton con Cuba, estableciendo en La Habana una oficina de intereses de Estados Unidos. El ex mandatario, quien dejó la Casa Blanca en 1981 tras ser derrotado por Ronald Reagan en noviembre de 1980, pareció renacer con sus nuevas actividades, hasta el punto que es descrito a veces, no sin ironía, como el "mejor presidente" que haya tenido Estados Unidos. Después de haber sucedido en la presidencia a Gerald Ford, en 1977, el demócrata Jimmy Carter, quien entonces era gobernador de Georgia, debió enfrentar numerosas crisis internacionales y una recesión económica a finales de su mandato. La proeza de su administración fue ciertamente el acuerdo de Campo David en 1979 entre Israel y Egipto. Pero la misma también estuvo marcada por la pesadilla de la toma de rehenes estadunidenses en Irán en 1979-80, lo que le valió una reputación de debilidad e ingenuidad en el ámbito internacional. Carter, tras dejar la presidencia, aprovechó su aura de ex presidente para fundar en 1982, en Atlanta, el Centro Carter. En 1994, viajó a Corea del Norte para superar las tensiones entre Pyongyang, Seúl y Washington debidas al presunto armamento nuclear de Corea de Norte. En enero de 1995 consiguió un cese del fuego en Bosnia-Herzegovina, que duró cuatro meses. Además cumplió el rol de mediador en Haití, y luego entre facciones rivales en el sur de Sudán. También ha sido observador de procesos electorales, especialmente en México, Perú, Nicaragua, Venezuela y Timor Oriental. Cumplió el papel de consejero en la formación de la Zona de Libre Comercio de las Américas y, finalmente, emprendió campañas para prevenir y curar una enfermedad tropical en Guinea. Gunnar Berge, presidente del Comité Nobel, dijo que la atribución del galardón a Carter es también "una crítica a la política" de la actual administración estadunidense. Además, el jurado del premio, compuesto por cinco personas, resaltó especialmente la "contribución decisiva" que Carter aportó como mediador al acuerdo de paz de Campo David entre Israel y Egipto, durante su mandato. Sin embargo, la crítica formulada a Bush al otorgarle el Nobel de la Paz a Carter dio lugar a una controversia en el seno del Comité Nobel en Oslo. En entrevista con la emisora noruega NRK, la política Inger Marie Ytterhorn, uno de los cinco miembros del comité, se distanció de la declaración de Berge y señaló que "él expresó su opinión personal y no la del comité". Por último, el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, se rehusó a comentar lo dicho por Berge, pero señaló que "el presidente piensa que la atribución del Nobel es un gran día para James Carter y un momento importante, y es por eso que le telefoneó", precisó. |
Clarín - Sábado 12 de octubre de 2002
UNA SEÑAL CONTRA LA GUERRA: EL EX PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS
Otorgan el Premio Nobel de la Paz
a Jimmy Carter
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Es en reconocimiento a su militancia en favor del diálogo. El presidente del Comité Nobel dijo que el galardón es una señal contra el belicismo de Bush. Marina Aizen. NUEVA YORK. CORRESPONSAL. El nuevo ganador del Premio Nobel de la Paz es el ex presidente de los Estados Unidos James Carter, quien dedicó las últimas dos décadas de su vida a prevenir el derrame de sangre en conflictos en el mundo entero y a promocionar los Derechos Humanos. El anuncio ocurrió horas después de que el Congreso le confiriera poder a la Casa Blanca para hacer la guerra en Irak. Por eso, Gunna Berge, el titular del Comité Nobel, dijo que esta selección debe interpretarse como un mensaje contra la política belicista de Washington. Carter, como Jorge Luis Borges, parecía de esos candidatos eternos al Nobel, condenados a no recibir el premio, a pesar de que fue el patrocinador del acuerdo de Camp David, por el cual el ex premier israelí Menajen Begin, y el ex presidente egipcio Anwar Sadat, fueron galardonados en 1978. Pero su suerte finalmente cambió. Lo despertaron desde Oslo a las 4:30 horas (una más en Argentina) para comunicarle la noticia. "Este honor sirve de inspiración no sólo para nosotros, sino para los pueblos que sufren alrededor del mundo", dijo Carter en la nota de agradecimiento. "Y acepto (este premio) en su honor". El comunicado oficial del Comité Nobel, señala que "en la actual situación marcada por amenazas de uso del poder, Carter se ha abrazado el principio de que los conflictos deben ser. en la mayor medida posible, resueltos a través de la mediación y la cooperación internacional, el respeto a los derechos humanos y el desarrollo económico". Una frase tan contundente le dio pie a su titular a decir que este premio "debe ser interpretado como una crítica a la línea que ha asumido la actual administración" por su política hacia Bagdad, y que debería ser "una puntapié hacia todo aquel que siga la misma línea en los Estados Unidos". Pero, no todos los miembros del Comité Nobel, formado por cinco miembros del parlamento noruego, adhirieron a la interpretación de Berge. Rara vez, ellos ventilan sus diferencias de opiniones, pero ayer Inger-Maier Ytterhorn, se vio obligada a aclarar que sólo una lectura literal del texto oficial representa la opinión unánime sus integrantes. El mes pasado, Carter criticó los apuros de la administración Bush por ir a la guerra, diciendo que "era un grave error". Ayer, el ex presidente dijo a la CNN que él no hubiera votado a favor de la resolución del Senado para atacar Irak. También repudió en duro término la política de arresto de inmigrantes árabes y de los presos recluidos en la base de Guantánamo. Esta no es la primera vez que el Comité Nobel se inmiscuye en la política de un país. Por ejemplo, en 1975, irritó fuertemente a Moscú cuando le entregó el premio al físico soviético Andrei Sajarov. En 1989, pocos meses después de la masacre de Tienanmen, el líder espiritual del Tibet, el Dalai Lama, recibió este galardón, lo que obviamente no cayó bien en China. Pero, ayer, el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleisher, no quiso retrucar las duras críticas de Berge. En cambio, dijo que Bush había llamado a Carter bien temprano para felicitarlo por el premio. Paradójicamente, Bush figuraba también en la lista de los ciento cincuenta y seis candidatos que competían por el premio, aunque no se sabe sobre qué bases posibles. También estaba el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, y el presidente afgano Hamid Karzai, quien hasta había convocado a una conferencia de prensa, sintiendo que él podría ser el ganador. La lista incluía además a un argentino, el embajador Miguel Ángel Espeche Gil, quien había sido propuesto por la CLAT y la central mundial de trabajadores de Bruselas y por la Universidad Católica de La Plata. Este diplomático propuso llevar el tema de la deuda externa a La Haya por usura e iligitimidad. Esta no es la primera vez que un ex presidente de EE.UU. recibe el Nobel de la Paz. Theodore Roosevelt fue galardonado en 1906, y Woodrow Wilson en 1919. La selección de Carter no sólo se relaciona con su posición crítica contra la guerra en Irak, sino por su militancia en el campo de los Derechos Humanos y de la promoción de la democracia. A través del Centro Carter, que el ex presidente fundó con su inseparable esposa Rosalynn hace casi veinte años, participó como observador en procesos electorales y trabajó duramente para combatir enfermedades tropicales en países de África y América latina. El comunicado oficial del Comité Nobel destaca también a los acuerdos de Camp David, mediante los cuales Israel firmó la paz con Egipto, país al cual devolvió la península del Sinaí, que había conquistado cinco años antes, en la guerra de 1973. Carter podría haber recibido este premio en 1978 junto a Begin y a Sadat. La versión oficial fue que no fue nominado a tiempo -el Comité Nobel tiene rigurosas reglas- y que por eso no tuvo el galardón. Carter recibirá en sus manos el cheque de un millón de dólares de la Fundación Nobel en Oslo recién el 10 de diciembre, la fecha tradicional en que se entregan estos prestigiosos premios. Ayer, el ex mandatario dijo que donará la suma a la fundación que lleva su nombre, para seguir promoviendo las causas que hasta ahora ha venido abrazando. "No" a un ataque contra Saddam El ex mandatario estadounidense Jimmy Carter, flamante ganador del Nobel de la Paz 2002, expresó ayer su oposición al uso unilateral de la fuerza militar estadounidense contra Irak y abogó por que este conflicto se resuelva "a través de Naciones Unidas". Carter, presidente demócrata de EE.UU. entre 1977 y 1981, afirmó que habría votado "no" a la resolución que otorga al presidente republicano George W. Bush la potestad de usar la fuerza militar contra Irak. Lo hizo en una entrevista con la cadena CNN. "No debemos eludir la obligación de trabajar con el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, (...) para forzar a Saddam Hussein a que permita un completa inspección y asegurarnos de que sus armas de destrucción masiva han sido destruidas, así como su capacidad para producir armamento nuclear en un futuro", dijo el ex presidente. "Pero creo que todo esto debe ser hecho a través de Naciones Unidas y no de forma unilateral por Estados Unidos", agregó. En una nota que publicó en Clarín el mes pasado, el ex mandatario también sostuvo que "EE.UU. no enfrenta en estos momentos ningún peligro de parte de Irak. Si se tienen en cuenta los intensos monitoreos y la abrumadora superioridad militar estadounidense, cualquier medida beligerante de parte de Saddam Hussein contra un vecino, cualquier amenaza tangible para usar un arma de destrucción masiva o compartir esta tecnología con organizaciones terroristas, sería suicida". Carter había aceptado el galardón durante la mañana con una declaración en la que apelaba a la responsabilidad de la comunidad internacional. "La gente de todo el mundo comparte el mismo sueño de una comunidad internacional responsable que prevenga la guerra y la opresión", dijo Carter, en un comunicado difundido por el Centro Carter, una organización no gubernamental con sede en Atlanta creada por el ex mandatario en 1982. LA RELACIÓN DE WASHINGTON CON LA REGIÓN EN LOS 70 Una figura clave para los Derechos Humanos en América latina La llegada de Carter a la Casa Blanca coincidió con el auge de los regímenes militares en Latinoamérica. En la Argentina, el general Jorge Videla encabezaba la junta militar tras el golpe de Estado de 1976. Ana Barón. WASHINGTON. CORRESPONSAL. Por favor entréguele esta tarjeta a Jimmy Carter. Gracias a él estamos vivos". El actual secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el argentino Santiago Cantón obedeció. "Señor Presidente, esta pareja dice que lograron sobrevivir a la guerra sucia gracias a usted", le dijo. "Me alegro, justamente de eso se trataba", respondió Carter con una gran sonrisa. La escena tuvo lugar en República Dominicana hace ya algunos años, en una de las tantas misiones que Carter lideró en Latinoamérica para monitorear los procesos electorales y asegurar que la reglas básicas de la democracia sean respetadas. Cantón, todavía hoy, recuerda el episodio porque sintetiza admirablemente bien la increíble implicancia que tuvo la lucha por los Derechos Humanos que emprendió el ex jefe de la Casa Blanca cuando asumió la presidencia de Estados Unidos, el 20 de enero de 1977. En aquel momento, el general Jorge Rafael Videla presidía la junta militar en la Argentina, y la guerra sucia ya contaba con miles de víctimas. Carter decidió encarar a Videla personalmente. Durante la firma del Tratado de Panamá en Washington, Carter le entregó al ex dictador una lista de desaparecidos. Poco después, los cinco miembros de la familia Deutsch, detenidos en La Perla, uno de los campos de concentración donde el régimen militar detuvo y torturó a miles de argentinos, fueron liberados y enviados a California. Carter decidió sancionar a la dictadura reduciendo al mínimo la asistencia militar y financiera y argumentando públicamente que lo hacía por la continua violación de los Derechos Humanos en nuestro país. En el Banco Mundial y en el BID, el representante en ese entonces de Estados Unidos votó en contra de veintiocho de los treinta y dos créditos propuestos para la Argentina, dejando pasar únicamente los que tenían realmente carácter humanitario. Patricia Derian, la subsecretaria del Departamento de Estado para los Derechos Humanos, viajó a la Argentina tres veces y enfrentó, cara cara, a los militares argentinos, exigiéndoles explicaciones sobre los desaparecidos. Pero eso no fue todo. En la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, Ted Harris, uno de los agregados políticos, comenzó a trabajar activamente en un registro de todas las violaciones de los Derechos Humanos que se estaban cometiendo, en lo que hoy representa un verdadero documento histórico. "Desde el punto de vista moral, lo más terrible para mí fue descubrir cómo los militares argentinos estaban torturando, matando y haciendo desaparecer a su propia gente. El grado de violación de los Derechos Humanos era indignante, repugnante. Los militares habían decidido exterminar a toda la izquierda argentina, porque decían que había que 'terminar con el cáncer'", dijo Harris a Clarín, al recordar aquella época. Según Harris, fue gracias a Carter que la embajada comenzó a tomar una posición mucho más crítica con respecto a lo que estaba pasando en la Argentina. Desde el mismo momento que inició su campaña electoral para ser presidente de los Estados Unidos, Carter dejó muy en claro que el eje de su política exterior serían los Derechos Humanos. Durante uno de los debates televisivos que tuvo contra su rival, Gerald Ford, el ahora Premio Nobel de la Paz acusó duramente a los republicanos por su política sobre los Derechos Humanos y fundamentalmente con respecto a Chile, donde Estados Unidos fue uno de los principales promotores del derrocamiento del socialista Salvador Allende y de la toma de poder por parte del general Augusto Pinochet. De hecho, Carter decidió ingresar en política cuando vio cómo en la Universidad de Georgia, donde estudió, discriminaban a los estudiantes negros. De la lucha por los derechos civiles en su Estado natal, pasó a luchar por los Derechos Humanos y la democracia en el mundo. Sólo por su tarea a ese nivel en América latina, y especialmente en la Argentina, tiene merecido el Premio Nobel. |
Diário de Notícias - Sábado 12 de Outubro de 2002
Nobel consagra Jimmy Carter
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MANUEL RICARDO FERREIRA, CORRESPONDENTE A aceitarmos a opinião comum que, além dos acordos de Camp David, em 1978, pouco há de relevante no mandato do presidente democrata Jimmy Carter como 39.º presidente dos Estados Unidos, o mesmo já não se pode dizer da sua acção depois de sair da Casa Branca. Acção que lhe valeu ontem a atribuição do Prémio Nobel da Paz de 2002, e que provocou desde logo alguma controvérsia devido às declarações de Gunnar Berge, presidente do Comité Nobel, que considerou a atribuição uma "crítica à política de Bush" para o Iraque. No final de um mandato marcado pela crise dos reféns em Teerão, Carter, armado com os contactos e o prestígio que, apesar de tudo, alcançara nos seus quatro anos, continuou a desempenhar um papel activo no conflito israelo-palestiniano, como também não receou mediar e aconselhar noutros conflitos - de todos os géneros -, arriscando-se muitas vezes a ser impopular pelas posições defendidas. O melhor exemplo reside numa sua intervenção envolvendo um dos desportos mais populares nos EUA: o basebol. Carter é um fanático do basebol, e enquanto presidente chegou a formar uma equipa constituída por agentes dos serviços secretos que jogava jornalistas, estudantes ou outros convidados em jogos levados muito a sério por Carter. Assim, quando foi recusada a Pete Rose, uma das maiores estrelas de todos os tempos do basebol americano, a entrada para o Hall of Fame por ter sido apanhado a fazer apostas ilegais em acontecimentos desportivos, será Jimmy Carter que, num artigo publicado a 30 de Outubro de 1995 no USA Today, apareceu a defendê-lo. Para o ex-presidente a entrada de Pete Rose no Hall of Fame, tinha a ver com a impecável carreira desportiva, e como Rose já cumprira uma pena de prisão, na opinião de Carter, já pagara a sua dívida para com a sociedade. Foi essa mesma lógica de esperança e confiança num futuro melhor, a que os americanos chamam de "cristão renascido", que guiaram as suas recomendações a Daniel Ortega, na Nicarágua, para que organizasse eleições livres (que Ortega viria a perder), a convencer Kim Il Sung a reiniciar conversações com a Coreia do Sul, a persuadir os militares do Haiti a deixarem o poder, abrindo caminho ao regresso de Jean-Bertrand Aristide à presidência. É este sentido de justiça e a força moral que lhe advém dos sucessos que levam Carter a denunciar as fraudes nas eleições panamianas de 1989, que permitem a Manuel Noriega ocupar brevemente a presidência, ou conseguir um cessar-fogo entre as várias facções na Bósnia, abrindo o caminho ao fim da guerra civil. Foram ainda s suas convicções que o levaram em Maio deste ano a Cuba, pedindo o fim do bloqueio económico americano contra o regime de Fidel Castro, que dura há quarenta anos. Em contrapartida, Fidel permitiu-lhe que se dirigisse em directo e em espanhol através da televisão ao povo cubano, mesmo sabendo que o ex-presidente iria criticá-lo pelo desrespeito dos Direitos Humanos e incitar a uma abertura democrática do regime. Único ex-presidente americano cuja acção é aceite e reconhecida internacionalmente, Carter terá ficado irritado quando o presidente do Comité Nobel considerou a escolha uma "crítica" a Bush, isto apesar do próprio Carter se ter pronunciado contra as opções do actual presidente em relação ao Iraque. |
Folha de São Paulo, 12 - X - 2002
Carter é engajado na luta
pelos Direitos Humanos na América Latina
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da France Presse, em Washington O ex-presidente norte-americano Jimmy Carter, laureado hoje com o Prêmio Nobel da Paz 2002, enfatizou sua política externa nos Direitos Humanos, enfrentando-se com os militares que governavam quase toda a América Latina e provocando a incredulidade da esquerda da região, acostumada com uma Washington indiferente e até cúmplice dos ditadores e de seus abusos. O democrata Carter (1977-1980) instruiu seus funcionários para que registrassem e confrontassem os abusos contra os direitos humanos na região, impôs um embargo à venda de armas aos Governos militares, incentivou a criação de escritórios de interesses mútuos em Havana e Washington, e firmou os tratados do Canal do Panamá, entre outras medidas que lhe granjearam simpatias na região. "Jimmy Carter foi e é um dos líderes norte-americanos mais populares da América Latina, e merece o Nobel, porque sua política deu ao departamento de Estado um princípio organizador que incentivava a democracia, e nos permite guardar distância com os ditadores", disse Robert White, embaixador dos EUA no Paraguai e El Salvador do final dos anos setenta até o começo dos oitenta. Carter chegou à presidência com uma mensagem idealista depois do escândalo de Watergate que provocou a renúncia de Richard Nixon em agosto de 1974 e a humilhante retirada militar do Vietnã oito meses depois. Em sua campanha criticou o apoio do ex-presidente Gerald Ford e o secretário de Estado Henry Kissinger à ditadura de Augusto Pinochet no Chile (1973-1990), e prometeu uma política mais respeitosa para com a América Latina. Uma de suas primeiras medidas como presidente foi modificar o orçamento de Ford, para reduzir a ajuda às ditaduras da Argentina e Uruguai por suas violações aos Direitos Humanos, enviando um claro sinal aos países vizinhos. Aproximação com Cuba Carter - o primeiro presidente norte-americano a falar um pouco de espanhol desde Thomas Jefferson - também buscou oportunidades para defender a democracia no hemisfério. Ele tentou aproximar-se de Cuba, ainda que sua vontade tenha sido freada pela recusa de Fidel Castro de reduzir a presença militar cubana na África. Os dois Governos decidiram em setembro de 1977 estabelecer seções de interesses, e não reabrir embaixadas, o que significaria manter laços diplomáticos. O Governo Carter também enfrentou o ditador nicaraguense Anastasio Somoza e terminou cortando toda ajuda à Nicarágua e reduzindo a dotação de sua embaixada em Manágua pela metade. Antes do clímax da revolução sandinista, Carter intensificou seus esforços na América Central. Não teve sorte na Guatemala, governada por militares, e ainda que a política de El Salvador tenha começado a se abrir em 1979, seus esforços foram frustrados por causa dos atrozes assassinatos cometidos pelos esquadrões da morte direitistas, entre os quais o arcebispo Óscar Arnulfo Romero. Carter continuou se envolvendo na região através do centro de estudos políticos que leva seu nome, fazendo às vezes de mediador no Haiti e participando como observador em eleições no México, Peru, Nicarágua e Venezuela, entre outros. Em maio de 2002, se transformou no primeiro ex-presidente norte-americano a visitar Havana desde a chegada de Castro ao poder, em 1959, criticou mais uma vez o embargo americano imposto à ilha em 1960 e defendeu uma abertura de seu regime. Meses depois, Carter viaja a Caracas para buscar uma solução para a crise política que o presidente Hugo Chávez enfrenta com a oposição. "Seu programa [de governo] teve um impacto monumental na política externa na América Latina e no desenvolvimento das democracias latino-americanas", afirmou White. Robert White, que preside atualmente o centro de Política Internacional de Washington, lamentou no entanto que "os presidente que o sucederam não deram a mesma prioridade aos Direitos Humanos". Em El Salvador, por exemplo, suas conquistas "foram imediatamente revertidas pelo presidente Ronald Reagan e sua administração", que enfatizaram a luta contra-revoluvionária, concluiu. |
Rebelión - 5 de noviembre del 2002
El "pacifista" James Carter
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Sergio Aronas La entrega del Premio Nobel de la Paz 2002 a James Carter ha mostrado la asombrosa capacidad de olvido de los aristócratas caballeros del Parlamento Noruego y como el olvido está lleno de memoria recordemos qué hizo por la paz este sureño militarista productor de maní que la Comisión Trilateral llevó a la presidencia de EE.UU. entre 1977 y 1981. - Apoyó y consolidó a todas las dictaduras militares en América Latina mediante la doctrina de la seguridad nacional, el terrorismo de Estado, el plan Cóndor y la represión más sanguinaria y salvaje jamás conocida en la región bajo los auspicios de los Derechos Humanos pero no para garantizarlos sino para mantenerlos a un nivel tal de violación que no obstaculizara las inversiones y las ganancias del capital norteamericano. - Apoyó y consolidó todos los créditos del FMI, BM, BID y de los bancos comerciales que contribuyeron a la formación de la deuda externa del Tercer Mundo y la expansión del capital financiero al servicio de los monopolios imperiales. - El 7 de julio de 1977 anuncia que EE.UU. ha probado la bomba de neutrones que mata a las personas y mantiene en pie las construcciones e instalaciones. - Firma la Directiva 18 de 1978 que establecía las áreas geográficas como esferas de los intereses vitales de los Estados Unidos: Medio Oriente, el Golfo Pérsico, América Latina y Corea y así justificar sus asquerosas intervenciones militares en el planeta. - El 1 de octubre de 1979 ordena la creación de las Fuerzas de Despliegue Rápido para intervenir en cualquier rincón del mundo, sobre todo contra los movimientos de liberación nacional en Asia, África y América Latina. - Bajo la presión de EE.UU. el 12 diciembre de 1979 la OTAN resuelve instalar en Europa los misiles nucleares de alcance intermedio: 464 Pershing II y 108 Cruise, dotados de ojivas múltiples para hacer blanco en los países del entonces Tratado de Varsovia. - Retiró del Congreso y por lo tanto nunca fue ratificado por el Congreso de Estados Unidos el Segundo Tratado de Limitación de los Armamentos Estratégicos Ofensivos (SALT II) firmado en Viena con la entonces Unión Soviética el 18 de junio de 1979. - El 25 de julio de 1980 firma directiva 59 donde fija la estrategia de contrapeso que preveía la guerra nuclear de contrafuerza limitada autorizando a las fuerzas armadas de EE.UU. a dar el primer golpe nuclear preventivo. - Asignó billonarios recursos para la fabricación de armas de exterminio masivo como la neutrónica, químicas y basadas en el rayo láser. Dio luz verde para la producción de los cohetes MX, los misiles Trident-2 (en reemplazo de los Polaris), los aviones de combate F-14/15/16/18, los antitanques A-10 y los E-2 para la observación electrónica e impulsó el rearme naval y submarino. Aprobó el proyecto para la fabricación del superbombardero B-1 y la modernización de los B-52. - Alentó la guerra de China contra Vietnam en febrero de 1979 pero el contraataque vietnamita terminó en una derrota para los chinos. - Amplió y mantuvo en el exterior un ejército de 500 mil soldados distribuidos en 2500 bases en más de 50 países. - Contra Cuba, la CIA desencadenó la guerra bacteriológica provocando la epidemia del dengue tipo 2 cuando no existía actividad epidémica de ninguna especie y había sido erradicada del suelo cubano y mantuvo el bloqueo económico. - El tratado de Camp David en 1979 no trajo ninguna solución al principal problema del Medio Oriente: la ocupación de los territorios palestinos por Israel. En ese contexto el premier Beguín había declarado el 23/3/79: "Haré todo lo posible para evitar la creación de un Estado palestino". Lógicamente, EE.UU. lo ayudó. - En enero de 1980 decretó el embargo cerealero y el boicot a los Juegos Olímpicos en la URSS por su invasión a Afganistán y armó un escándalo propagandístico y diplomático de proporciones demenciales. - Los acuerdos Torrijos - Carter de 1977 finalmente terminaron con la invasión de 1989 y la conversión de Panamá en una dependencia de los Estados Unidos. - Apoyó hasta el último minuto a criminales como Somoza en Nicaragua, al Sha de Irán, armó a Saddam Hussein y no movió un dedo para impedir la matanza entre los iraníes e irakíes. - Autorizó la agresión armada a Irán enviando una considerable flota de guerra cuyas acciones militares terminaron en un completo fracaso. - Apoyó al régimen fascista y racista del apartheid de Sudáfrica incumpliendo las resoluciones de la ONU. En todos los golpes de Estado ocurridos en su presidencia estuvo presente la mano imperialista de Estados Unidos. Con todos estos antecedentes los méritos de James Carter al Nobel de la Paz quedan totalmente desvirtuados y si quisieron con su figura contraponer la imagen del guerrerista y fascista de Bush se equivocaron de persona, porque en Estados Unidos existen personalidades que tienen mayores cualidades para merecer tan alto honor como los que luchan por la defensa de las culturas indígenas, los científicos atómicos que se oponen a la política de guerra de Bush, el reverendo Jessie Jackson, la defensora de los derechos civiles Angela Davis, los profesores James Petras, Noam Chomsky, Ralph Nader, el movimiento Arco Iris, the Human Rights Watch, los movimientos ecológicos. De modo que premiarlo por auditar elecciones en diversos países o por visitar Cuba no puede borrar la historia que, como presidente de los Estados Unidos, impulsó un rearme fenomenal, una política de confrontación contra ex los países socialistas, la exportación de la contrarrevolución y el sostén de las dictaduras más brutales y más despiadadas que hayan existido: Pol Pot (Camboya), Suharto (Indonesia), Marcos (Filipinas), Pinochet (Chile), Videla (Argentina), Stroessner (Paraguay), Somoza (Nicaragua), Duvalier (Haití), Duarte (El Salvador), Peter Botha (Sudáfrica), Chung Du Hwan (Corea del Sur), Banzer (Bolivia), Romeo García (Guatemala), Evren (Turquía), Reza Palevi (Irán) y la lista sigue. Por todo ello resulta muy extraño el otorgamiento del Nobel al manicero Jimmy Carter con esta hoja de servicios, porque todo lo que hizo en su gobierno fue contra la paz y a favor de la guerra. Sin embargo, al reputado comité de notables expertos noruegos parece que la actuación del señor Carter como jefe de Estado del país más belicista del mundo no fue tenido en cuenta o quizás tengan que esperar unos veinticinco años para que documentos desclasificados les permitan conocer más de cerca a este simpático personaje sobre el cual nadie sabe de qué corno se ríe. 25 de octubre de 2002 |