El País - Lunes, 14 de octubre de 2002
MATANZA DE TURISTAS EN INDONESIA
Al menos 187 muertos en Bali
en un atentado atribuido a radicales islamistas
La mayoría de las víctimas del peor ataque terrorista desde el 11-S son turistas
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MIQUEL NOGUER, ENVIADO ESPECIAL. Darwin. La explosión de un coche bomba frente a una discoteca en el centro turístico de la isla de Bali (Indonesia) se convirtió ayer en el peor ataque terrorista desde el 11-S. Al cierre de esta edición, la cifra de cadáveres recogidos entre los escombros del Sari Club, en la playa de Kuta, ascendía a ciento ochenta y siete. Dos terceras partes de las víctimas eran turistas, la mayoría procedentes de Australia, según los servicios de urgencia de los hospitales de Bali, colapsados por los más de trescientos heridos, decenas de ellos en estado crítico. Anoche no había aparecido ninguna víctima española. Australia comenzó ayer a evacuar a sus nacionales hacia la ciudad de Darwin, en el norte del continente y a unas tres horas en avión de Bali, mientras cientos de turistas de otros países abandonaban la isla. Fuentes próximas al primer ministro australiano, John Howard, apuntaron al grupo radical islamista Jemaa Islamía, supuestamente ligado a Al Qaeda, como autor del atentado. Su líder, Abu Bakar Baasiir, vive en libertad en Indonesia. Estados Unidos había advertido en las últimas semanas a las autoridades de Yakarta del elevado riesgo de atentados terroristas ligados a Al Qaeda. El pasado mes, la Embajada de EE.UU. en la capital indonesia permaneció seis días cerrada por temor a un ataque. El presidente estadounidense, George Bush, y otros líderes mundiales -entre ellos el presidente español José María Aznar- transmitieron su consternación a la presidenta de Indonesia, Megawati Sukarnoputri. "Los terroristas han vuelto a golpear a gente inocente. El mundo entero debe hacer frente a esta amenaza planetaria", dijo Bush. El país más afectado por la tragedia fue Australia. Entre los desaparecidos figuran famosos futbolistas y jugadores de rugby que estaban de vacaciones. "Hubo un momento en que no pude filmar más porque me estaba poniendo enfermo", dijo a Reuters Richard Poore, de 37 años, un presentador de televisión neozelandés. "Vi trozos de cuerpos por todas partes. Nunca he visto nada igual", agregó. El coche bomba devastó casas y vehículos en un radio de quinientos metros. Otros artefactos explosivos afectaron, sin causar víctimas, a un edificio consular de EE.UU. en Bali y al Consulado de Filipinas en las islas Célebes. Uno de los centenares de heridos, un estadounidense llamado Amos Libby, que había sido alcanzado en un pie, se encontraba ayer en el aeropuerto esperando a sus padres que iban a pasar las vacaciones con él. Pero ahora serán muy cortas. "Tan pronto como lleguen, nos iremos de aquí a toda leche", señaló. Libby difícilmente podrá olvidar la noche del sábado en el Sari. "Fue como si el cielo cayese sobre nosotros, con un enorme bola de fuego blanca", dijo. Los atentados no han sido reivindicados, pero los Gobiernos occidentales no tienen duda de que el terrorismo radical islámico está detrás de la matanza. El Gobierno australiano estimaba ayer por la tarde que el 75% de los fallecidos podrían ser turistas de esta nacionalidad, aunque sólo habían logrado identificar a un decena de ellos entre los escombros de la discoteca. Alemania, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, Grecia, Japón, Nueva Zelanda, Perú, Suecia, Singapur, Suráfrica y Suiza tienen ciudadanos entre las víctimas; pero, ante el estado en el que han quedado los cadáveres, la identificación avanza lentamente. Ni el lugar, ni el día, ni naturalmente la hora, fueron escogidos por casualidad. A las 23.00 locales, cuando hizo explosión el potente coche bomba, la zona de mayor actividad nocturna de Bali, en la localidad de Kuta, se encontraba hasta los topes de occidentales. Miles de turistas iban de bar en bar, los restaurantes estaban llenos, así como las discotecas. La cadena de televisión británica BBC ha recogido el amplio testimonio de uno de aquellos miles de visitantes nocturnos, el británico Matt Noyce. "Estaba hablando en la barra del Paddy Bar con un par de personas que había conocido hacía sólo diez minutos cuando sentí la tremenda explosión. Vi una luz enorme y sentí que mis oídos estallaban. El pánico era terrible, la gente se empujaba para salir, gritaba, pedía la ayuda de un médico... Pero fuera era peor, como una imagen sacada de la guerra de Vietnam: cuerpos por todas partes, gente ardiendo, sangre", relató Noyce, quien también describe la confusión, el terror, las víctimas pidiendo auxilio y los heridos leves ayudando a aquellos que habían sido alcanzados de gravedad. "No se parecía a nada que haya visto antes en mi vida", dijo a la cadena australiana Nine Network el turista Martin Lyons, que había llegado a Bali hacía poco desde Melbourne. "No se puede describir con palabras: el olor de la carne quemada y los gritos de dolor de los heridos". El miedo llegó a otras partes de la isla: un testigo relató cómo algunos huéspedes de su hotel prefirieron pasar la noche al aire libre ante el temor a que el establecimiento fuese el objetivo de un atentado. Ante semejante catástrofe, la mayor que afronta Australia fuera de conflictos armados, el primer ministro australiano, John Howard, calificó el acto de "barbarie indiscriminada, brutal e indecente". En el mismo discurso, Howard no tuvo reparos en atribuir el atentado al grupo terrorista filial de Al Qaeda llamado Jemaa Islamía con base en Indonesia y que hace unos meses ya intentó atentar contra las embajadas de Estados Unidos, Reino Unido y Australia en Singapur. El primer ministro australiano, John Howard, mostró ayer su "apoyo incondicional" a la guerra contra el terrorismo. "No hay dudas de que hay células de Al Qaeda en el sureste asiático y que pueden actuar en cualquier momento. Esta vez ha ocurrido en las puertas de casa, pero puede ocurrir también en Australia". Las palabras de Howard llegan después de una intensa campaña del Gobierno australiano para liderar un movimiento internacional que logre controlar el terrorismo islámico en el sureste asiático. Las últimas semanas han estado llenas de acusaciones por parte de Australia y otros países como Malasia y Singapur contra Indonesia porque consideran que este país no está trabajando con suficiente rigor para erradicar el terrorismo internacional. "Apretaremos muy fuerte a Indonesia para que de una vez por todas erradique a estos grupos terroristas de su territorio". Asimismo, apuntó que "el mundo tiene que afrontar la amenaza del terrorismo y Australia no puede abandonar la guerra contra el terror iniciada el año pasado". Pánico en el aeropuerto Centenares de turistas se agolparon en el aeropuerto de Denpasar, la capital de Bali, a lo largo de ayer buscando dejar la isla lo antes posible. Los países vecinos habilitaron vuelos especiales hacia Malaisia, Singapur y Australia para sus súbditos, aunque los heridos, unos trescientos, tuvieron prioridad en abandonar la isla ya que los diez hospitales de Denpasar no daban abasto en atender a las víctimas. Un centenar de heridos llegaron ayer a Darwin, la ciudad australiana más cercana a Bali. El hospital de esta ciudad acondicionó pabellones especiales y sus responsables incluso tuvieron que atender a los heridos en la cafetería del centro médico. Un responsable del hospital comparó la situación de ayer con "la masiva llegada de heridos tras el conflicto armado que afectó a Timor Oriental hace dos años". Por esa razón, en el norte de Australia las autoridades pedían ayer a la gente que donaran sangre para los heridos, la mayor parte de ellos con graves quemaduras. Un grupo indonesio afín a Al Qaeda aparece como probable autor del ataque La detención en junio de un miembro de la red de Bin Laden desató la alarma en Yakarta. AGENCIAS / G. H. Yakarta / Madrid. Anoche nadie había reivindicado el atentado que costó la vida a 187 personas, la mayoría turistas occidentales, pero los analistas apuntaban a la red terrorista de Osama Bin Laden como responsable de la masacre. La detención en junio pasado por la policía indonesia de un kuwaití militante de Al Qaeda desató las alarmas en EE.UU., que en las últimas semanas advirtió a sus ciudadanos contra viajar a Indonesia, y en los países vecinos, que temían convertirse en los lugares elegidos por los terroristas para llevar a cabo su campaña contra Estados Unidos, en particular, y contra Occidente, en general. Según la confesión de Omar Al Faruq, el mulá Abu Bakar Bashir, no es sólo el líder de la organización religiosa Jemaa Islamía (JI), sino "el cerebro y el instigador", además de prestar apoyo logístico, a un plan que pretendía atacar las embajadas de EE.UU. en Yakarta, Singapur y Kuala Lumpur, en el aniversario del 11 de septiembre. El plan preveía utilizar camiones cargados de explosivos para estrellarse contra las sedes diplomáticas, como en Kenia y Tanzania, en 1998, según reveló el periódico de Singapur The Straits Times. Bashir, de sesenta y cuatro años, que dirige una madrasa (escuela coránica) en el centro de la isla de Java, se defendió ayer de las acusaciones que le colocan en el punto de mira del atentado de Bali. Según Bashir, "la potencia de los explosivos utilizados" revela que no pudo ser obra de indonesios, sino de "extranjeros". Y va aún más lejos: "EE.UU. hace cosas para justificar su idea de que Indonesia es un santuario para los terroristas. Espero que el Gobierno no caiga en esta trampa". El primer ministro australiano, John Howard, acusó a la JI de la autoría del atentado, que costó la vida de decenas de sus nacionales, y pidió al Gobierno de Indonesia que actúe contra esta organización. Pero no es la primera vez que lo hace. Tanto Australia como Singapur y Malaisia pidieron en estos meses a Yakarta que detuviera a Bashir, pero el jefe de la policía Salé Saaf reiteró hace tres semanas que Bashir era un líder religioso y que las investigaciones mostraban que "no había violado la ley indonesia". La presidenta Megawati Sukarnoputri, que ayer visitó el lugar de la matanza, prometió capturar a los culpables. "Esta bomba es un aviso para todos nosotros de que el terrorismo es un peligro real y una amenaza potencial contra la seguridad de la nación", dijo. Sin embargo, Sukarnoputri, que se apoya en los islamistas moderados, se negó siempre a actuar contra JI o contra Bashir por temor a una reacción popular que desestabilice este complicado archipiélago, de doscientos veinticinco millones de habitantes, mayoritariamente musulmanes y trescientas lenguas distintas. Indonesia atraviesa uno de los quinquenios más difíciles de sus historia. Comenzó en 1998 con el estallido de una crisis económica que arrastró a sus vecinos hasta convertirla en la "crisis asiática". Le siguió la caída de Suharto, tras treinta y dos años de régimen corrupto. A su sucesor Abdurrahman Wahid le estalló el problema de Timor Este que, finalmente se independizó después de veinticinco años de ocupación indonesia. Sukarnoputri llegó al poder en 2001 y se enfrenta a una guerra larvada en la provincia norteña de Aceh y otros movimientos independentistas que amenazan con romper un archipiélago unido por los colonizadores holandeses a principios del siglo XX. Agravios de Occidente A esta situación de por sí complicada se une el malestar existente entre un número creciente de indonesios, por lo que consideran "agravios de Occidente". En ellos se incluye el apoyo, sobre todo de Australia, a los "traidores" de Timor Oriental; el respaldo a Suharto mientras la corrupción dejaba en la miseria a millones de personas y el cierre temporal de la Embajada de EE.UU. en Yakarta, con lo que Washington tildaba de "terroristas" a los indonesios antes incluso de investigar una eventual conexión entre Al Qaeda e Indonesia. Sin embargo, en un país que sigue siendo tolerante con las diferencias religiosas, los grupos extremistas islámicos son pequeños y están mal organizados. Para los expertos, "es fácil" que sean estos grupos los autores del lanzamiento de una granada contra una instalación consular de EE.UU. en Bali casi a la misma hora de la tragedia de la discotera Sari, pero dudan de que sean capaces de realizar un ataque de tales dimensiones "sin apoyo externo". Además, la confesión de Al Faruq ha desatado en Malaisia una lluvia de detenciones de extremistas islámicos y entre ellos, Yazid Sufaat, acusado de prestar su apartamento para reunión de dos de los secuestradores aéreos del 11-S. Al Faruq dijo también que varios militantes de JI fueron entrenados en Afganistán por los talibanes. Cuatro atentados en dos semanas EL PAÍS. Madrid. El atentado de Bali es el cuarto en lo que va de mes que se relaciona con Al Qaeda. No se descarta que también haya una conexión con el coche bomba colocado cerca de un edificio de la Embajada de EE.UU. en Yakarta el 23 de septiembre, que, aparte de los daños materiales, sólo causó la muerte de uno de los que lo conducía. - Filipinas. El 2 de octubre, un soldado estadounidense y otro filipino murieron por la explosión de una bomba de fabricación casera en la ciudad filipina de Zamboanga, capital de la independentista isla de Mindanao. La detonación, registrada en un bar frecuentado por militares, causó además veintiún heridos, entre ellos un soldado de EE.UU. Ninguno de los grupos rebeldes de la sureña Mindanao se ha responsabilizado de la explosión. Washington desplegó un millar de soldados en el sur de Filipinas entre enero y junio de este año para luchar contra Abu Sayaf, grupo islámico que EE UU y Manila vinculan con la red terrorista Al Qaeda. - Yemen. El 6 de octubre, el petrolero francés Limburg explosionó frente a las costas de Yemen. El barco fue alcanzado por una barcaza cargada de explosivos. Al menos doce marineros resultaron heridos y uno desaparecido. Tanto los propietarios del buque como las autoridades francesas se mostraron convencidos de que el Limburg fue objeto de un atentado terrorista similar al que hace dos años sufrió el destructor estadounidense Cole en esas mismas aguas. El 10 de septiembre, EE.UU. alertó sobre que Al Qaeda habría previsto atacar petroleros que circularan por el golfo Pérsico. - Kuwait. El 8 de octubre, un marine estadounidense murió en Kuwait abatido por disparos de desconocidos y otro resultó herido. Los agresores también murieron cuando los compañeros de los soldados repelieron el ataque. Según el Pentágono, al menos uno de los atacantes tenía parentesco con kuwaitíes detenidos en la base estadounidense de Guantánamo. |
El Mundo - Lunes, 14 de octubre de 2002
Masacre en el paraíso
El enviado de EL MUNDO reconstruye en Bali el asesinato de 187 personas
en un atentado con el que se vincula a Al Qaeda
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DAVID JIMENEZ. Enviado especial. BALI (INDONESIA).- La pista de baile se encontraba abarrotada, los camareros no daban abasto y decenas de personas esperaban su oportunidad para entrar en la discoteca de moda de Bali, junto a la playa tropical de Kuta. En un instante, el paraíso se convirtió en un infierno. El edificio del Club Sari voló por los aires y los cuerpos de centenares de turistas quedaron desperdigados en la avenida Legian, entre restaurantes de comida rápida y bares de copas. Jóvenes surfistas, todavía enfundados en sus camisetas y bañadores estampados, trataban de huir con los cuerpos envueltos en llamas o se arrastraban semiinconscientes con las extremidades amputadas. "Parecía un campo de batalla, había piernas y brazos por todas partes y gente corriendo desnuda y en carne viva a la vez que gritaba: ¡Ayuda! ¡Ayuda!", decía entre sollozos la joven australiana Susane Friers, que se encontraba a unos metros del local en el momento de la explosión. Un año después de atacar el centro económico del mundo y tumbar las Torres Gemelas, el terrorismo islámico ha asestado su mayor golpe desde el 11-S en uno de los principales destinos turísticos del mundo. El último recuento de víctimas ascendía a última hora de ayer a ciento ochenta y siete muertos y más de trescientos heridos (noventa de ellos en estado grave), la mayoría occidentales que se encontraban de vacaciones en la isla. Sin embargo, la cifra de muertos podría crecer en las próximas horas si se confirma el dato que anoche -hora española- aportaban las autoridades australianas. A los trece muertos de esta nacionalidad ya confirmados, el Gobierno de Sydney añadió una cifra de doscientas veinte personas desaparecidas de las que no se tenían noticias desde después de la explosión del pasado sábado. Los terroristas eligieron la zona de pubs más popular entre los visitantes extranjeros y la hora más concurrida, un sábado a las 23.30 horas, para llevar a cabo la acción. Tres bombas explotaron casi simultáneamente frente al consulado estadounidense en la localidad de Sanur. La primera detonación no causó víctimas. La segunda, en el interior del bar Paddys, hizo que la gente saliera corriendo a la calle y se concentrara junto al local vecino, la discoteca Sari. En ese momento, un vehículo todoterreno lleno de explosivos estalló en la entrada del segundo pub y "el cielo de Bali se iluminó como si lanzaran fuegos artificiales", según el relato de varios testigos. Caos y alaridos El caos se apoderó rápidamente del centro de Kuta, el corazón turístico de Bali. Centenares de personas gritaban el nombre de familiares y amigos tratando de obtener alguna respuesta entre los escombros. "Los servicios de rescate no llegaban y la gente agonizaba por el suelo entre alaridos", contaba Martin, un estadounidense que había estado en el local unos minutos antes. Muchos de los turistas que lograron escapar sin heridas huyeron de la zona a la carrera en dirección a la playa o a sus hoteles, donde permanecieron encerrados en sus habitaciones ante el temor de que se produjeran nuevas explosiones. Otros, atrapados en algunos de los bares semiderruidos, esperaron en vano a que los servicios de emergencia apagaran las llamas que se extendieron a una veintena de edificios. El Gobierno indonesio trasladó ayer a Bali varios equipos médicos para tratar de asistir a los desbordados hospitales locales, donde a última hora de ayer se seguían viviendo escenas de pánico y turistas tratando de encontrar a sus familiares en las unidades de quemados. Los servicios médicos lanzaron una petición a "todos los extranjeros que sepan de medicina" para que acudan a los hospitales ante la falta de personal. Un equipo de policías indonesios recorría ayer todos los hoteles de la isla para tratar de elaborar una lista de desaparecidos, después de que fuera imposible identificar a más de una veintena de muertos, la mayoría australianos. "Los cuerpos están destrozados, desfigurados y carbonizados", según los médicos del hospital Sanglah, el mayor de la isla. Richard Poore, un reportero de una cadena de televisión de Nueva Zelanda, pudo filmar las escenas que siguieron al atentado después de haber salvado la vida veinte minutos antes al desistir de entrar en la discoteca debido a la cantidad de gente que había en el interior. "Había partes de cuerpos humanos por todos lados. Tuve que dejar de filmar porque estaba enfermando físicamente de ver aquello", aseguraba Poore. Alertas en vano La posibilidad de un atentado inminente en Indonesia había sido anunciada tres días antes por el Departamento de Estado de EE.UU., que desde hace un año ha tratado en vano de alertar a las autoridades indonesias de la presencia de activistas de Al Qaeda en el país musulmán más poblado del mundo. El Gobierno de Yakarta se había negado hasta ahora a detener a varios líderes religiosos sospechosos de haber reclutado a activistas para Al Qaeda, la organización de Bin Laden. "Estas bombas son una prueba de que el terrorismo es una amenaza para todos", dijo ayer la presidenta indonesia, Megawati Sukarnoputri, que se trasladó a Bali y prometió dar con los culpables. EE.UU., Singapur y Australia han situado al clérigo musulmán Abu Bakar Bashir al frente de la lista de sospechosos del terrorismo islámico en Indonesia. Bashir, líder del grupo radical Yemaa Islamia (vinculado a Bin Laden), dijo en una entrevista con EL MUNDO en junio que "había disfrutado con la caída de las Torres Gemelas" y que la guerra santa debía seguir hasta que el mundo fuera gobernado por un musulmán. Bali, con una población mayoritariamente hindú, era el último sitio donde la policía podía esperar un ataque. A pesar de que Indonesia ha sufrido enfrentamientos étnicos, religiosos y políticos desde la caída del dictador Suharto en 1998, la isla se había mantenido como un edén en medio de la crisis del resto del país. La prueba de que el paraíso se ha desvanecido se podía encontrar ayer en el aeropuerto de Denpasar. Cientos de turistas trataban de encontrar un asiento libre en un vuelo a cualquier parte. "Quiero irme de aquí y olvidar esta pesadilla. ¿Volver? Jamás, esto es el infierno", prometía Linda, una joven australiana que se llevaba el recuerdo de "decenas de cuerpos" a las puertas del Club Sari. Condena de los movimientos musulmanes YAKARTA.- Los dos grandes movimien- tos de masa musulmanes indonesios -el Nahdlatul Ulama (NU) y la Muhamadiya- condenaron ayer el atentado perpetrado el sábado por la noche en dos discotecas de la isla de Bali. "Es aterrador, estamos muy preocupados", declaró el vicesecretario general de NU, Masduqi Baidlowi, citado por la agencia oficial de noticias Antara. Nahdlatul Ulama, a la que pertenece el ex presidente Abdurramán Wahid, está considerada como la organización islámica más importante del archipiélago, con 40 millones de afiliados. El presidente de Nahdlatul Ulama Ha-syim Muzadi, por su parte, subrayó que el atentado "perjudica" la imagen internacional de Indonesia, el país musulmán más grande del mundo, donde el ochenta por ciento de sus doscientos catorce millones de habitantes practican el islam. Ashmad Syafii Maarif, líder supremo de Muhamadiya, una agrupación que cuenta con cerca de treinta millones de adeptos repartidos por todo el país, también denunció el acto terrorista y lo calificó de "salvaje e inhumano", según Tempo, un portal interactivo indonesio. "Si sus autores tienen una religión, entonces han traicionado las enseñanzas de esa religión", declaró. Los dos jefes religiosos pidieron que se abra de inmediato una investigación para detener al responsable o responsables de la matanza. |
La Jornada - Lunes 14 de octubre de 2002
Grupo vinculado a Al Qaeda, entre los sospechosos
del atentado que provocó 187 muertos
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Resurgen en Occidente llamados a la lucha antiterrorista tras el ataque en Bali. Washington retira personal diplomático en Indonesia, informa el Departamento de Estado. Países vecinos acusan de débil la actitud del Gobierno de Yakarta hacia militantes islámicos. AFP, Reuters y DPA Washington, 13 de octubre. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, condenó este domingo el atentado en Bali, que dejó casi doscientos muertos, al señalar que "los terroristas apuntaron a inocentes, esta vez en Indonesia", en un "acto que apunta a sembrar el terror y el caos". Al menos ciento ochenta y siete personas, la mayoría turistas extranjeros, murieron y más de trescientas resultaron heridas en el atentado que ocurrió la noche del sábado. Según las primeras investigaciones, se trató de un chochebomba que habría estallado frente a una discoteca de la isla turística de Bali, Indonesia, informó la policía. Hubo otra explosión cerca de la sede del consulado estadunidense, pero en ese caso no hubo heridos, sólo daños materiales. "En nombre del pueblo estadunidense condeno este acto atroz, ofrezco mis profundas condolencias a las familias de las víctimas de este crimen, originarias de diversos países, y nuestro deseo de que los heridos se recuperen completamente", afirmó Bush en un comunicado. El mandatario estadunidense aprovechó la ocasión para reforzar su llamado a una campaña global contra el terrorismo, mientras su gobierno acrecienta las presiones sobre los países aliados para lograr consenso para una acción militar contra Irak, al que Washington acusa de poseer armas de exterminio masivo y de vínculos con el terrorismo. "El mundo debe enfrentar esta amenaza que es el terrorismo. Debemos recoger el desafío y hacer fracasar la idea de que el asesinato de inocentes puede hacer progresar una causa o respaldar cualquier aspiración. Y debemos llamar a este hecho infame por su nombre correcto: asesinato", sostuvo. La Casa Blanca ofrece ayuda Bush ofreció ayuda a las autoridades de Yakarta para "llevar a esos asesinos ante la justicia". El diario The New York Times indicó que un equipo de la FBI está en camino a Bali, pero la policía federal estadunidense no confirmó esa información. Asimismo trascendió que un equipo de inteligencia británico se trasladó a Indonesia. Luego del atentado, Washington redujo su presencia diplomática en Indonesia, informó el departamento de Estado, que instó a los ciudadanos estadunidenses a abandonar ese país, el de mayor población musulmana del mundo. Al menos ocho australianos murieron, al igual que tres ciudadanos de Singapur, dos británicos, un ecuatoriano, un francés, un holandés y un alemán, según fuentes médicas indonesias, que ya identificaron veintiséis cuerpos. La presidenta de Indonesia, Megawati Sukarnoputri, quien voló a Bali luego de una reunión de emergencia que sostuvo con su gabinete, declaró que las explosiones eran una advertencia de que el terrorismo es una amenaza contra la seguridad nacional. Pero no dio pistas sobre los posibles culpables que tienen en mente las autoridades. El Ministerio de Seguridad informó que se enviaron soldados a custodiar las principales instalaciones de petróleo y gas, algunas de ellas operadas por compañías multinacionales, por temor a más ataques. El atentado, no reivindicado hasta el momento, ocurre en momentos en que diplomáticos estadunidenses habían expresado sus temores sobre el riesgo de nuevos ataques terroristas en Indonesia, relacionados con Al Qaeda, red dirigida por el fundamentalista islámico Osama Bin Laden. En Australia las fuentes de inteligencia apuntan hacia el grupo Yemaá Islamiyá, que ha sido vinculado con Al Qaeda. Esa organización, que opera en el sureste asiático, planeó atentados en Singapur que fueron impedidos a tiempo, y su presunto líder, Abu Bakar Baasyir, actúa con libertad en Indonesia, según autoridades de Malasia y Singapur. Yakarta, sin embargo, afirma que no posee pruebas para detenerlo. Asimismo, el atentado en Bali surge días después de la explosión en el petrolero francés Limburg, en las costas de Yemen, que los investigadores calificaron de acto terrorista, y la muerte de un militar estadunidense a manos de kuwaitíes identificados como simpatizantes o miembros de la organización de Bin Laden. Países vecinos criticaron duramente a Indonesia por su renuencia a detener a militantes islámicos. "Nos gustaría ver un máximo esfuerzo por parte del gobierno para tratar dentro de sus fronteras con el problema del terrorismo", dijo a los periodistas el primer ministro australiano, John Howard, luego de conversar telefónicamente con la presidenta de Indonesia. "Ha sido un problema durante mucho tiempo", agregó. Australia anunció una revisión de la seguridad nacional tras los atentados en Bali y ofreció ayuda al Gobierno de Yakarta. Por lo pronto, Canberra envió aviones Hércules C-130 a Bali para trasladar a los ciudadanos de su país heridos que puedan hacer el viaje. El primer ministro australiano evitó asociar los atentados al fanatismo musulmán. A su vez, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, condenó el atentado en Indonesia y se declaró escandalizado y horrorizado, según un comunicado. Estos ataques contra civiles "violan todos los estándares aceptados de moralidad, así como toda ley internacional y nacional, y no pueden ser justificados por ninguna causa o ideología", señala el texto. El presidente ruso Vladimir Putin estimó desde Moscú que este atentado "confirma que la comunidad internacional debe coordinar de manera más estrecha su combate contra el terrorismo internacional". Condena internacional El primer ministro británico, Tony Blair, se declaró "horrorizado" por la matanza en Bali, y el ministro de Relaciones Exteriores, Jack Straw, puso a disposición de su par indonesio, Hasan Wirayudha, expertos en la lucha antiterrorista para seguir la pista de los autores del atentado. El presidente francés, Jacques Chirac, expresó igualmente su "horror y consternación", y también ofreció al Gobierno indonesio su disposición para "otorgarle toda la ayuda posible". Similares condenas hicieron los Gobiernos de España, Alemania y Portugal, al tiempo que el alto representante para la política exterior de la Unión Europea, Javier Solana, consideró que el atentado prueba que "la lucha contra el terrorismo está lejos de terminar". En Asia, el primer ministro indio, Atal Behari Vajpayee, pidió a la comunidad internacional erradicar el cáncer del extremismo religioso, al tiempo que se informaba que una persona murió y diez resultaron heridas cuando presuntos militantes islámicos arrojaron granadas contra una multitud que participaba en un festival hindú, en Bongaigaon, cerca de la frontera con Bangladesh. Analistas señalan que el atentado en Bali puede asestar un golpe terrible al turismo, que hace llegar al país cinco mil millones de dólares al año, así como a las inversiones extranjeras. "El corazón turístico de Bali fue golpeado. Para nosotros es sencillamente un desastre", declaró I Gede Wiratha, presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes de Bali. Precisamente el mayor corredor turístico mundial, el consorcio alemán TUI, anunció que suspendió sus vuelos a Indonesia previstos para los próximos días. Mientras, centenares de personas se concentraron en el aeropuerto de Bali para abandonar la isla. |
Diário de Notícias - Segunda Feira 14 de Outubro de 2002
Jacarta reforça segurança
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O Governo indonésio anunciou que vai reforçar a segurança das instalações estratégicas do país, nomeadamente os locais da exploração petrolífera. O ministro da Segurança, Susilo Bambang Yudhoyono, disse que "esses sítios vitais incluíam a mina de ouro de Freeport, as companhias petrolíferas e diversos edifícios". A mina de ouro de Freeport, uma filial de uma sociedade americana, na Papuásia, é considerada como a mais rica do mundo; e a empresa americana ExxonMobil explora instalações de gás natural na província separatista de Aceh - já guardadas pelo exército em tempo normal. O atentado de Bali coloca às autoridades indonésias a escolha entre uma luta determinada contra o extremismo islâmico ou a continuação de uma política de meio termo entre o poder militar e o fundamentalismo. O atentado de sábado tornou claro que os avisos de que o maior país muçulmano do mundo se estava a transformar num berço para militantes islâmicos não eram uma invenção. Países como a Malásia e Singapura haviam advertido para o facto de, a menos que Jacarta reagisse rapidamente, esses militantes se virem a tornar num desafio para toda a região. Ainda que não se saiba quem é responsável pelo atentado de Bali, há o receio de que os até agora frágeis grupos de militantes islâmicos indonésios, que desejam enfraquecer o Governo de Jacarta, tenham desferido este ataque com o apoio político e material das organizações terroristas internacionais que procuram atingir o Ocidente. Apesar de, em Setembro, as autoridades indonésias terem entregue aos Estados Unidos um koweitiano, chamado Omar al-Faruq, acusado de ser um importante operacional da Al-Qaeda, a Indonésia tem reagido muito lentamente aos avisos sobre o terrorismo, em parte porque o Governo da Presidente Magawati assenta no apoio de partidos políticos islâmicos. O terceiro partido do país - o islâmico PPP - é liderado pelo vice-presidente Hamzah Haz e essa complexidade política explica que o Parlamento não tenha ainda aprovado uma lei antiterrorismo que permita às autoridades deter suspeitos, tal como tem acontecido na Malásia ou em Singapura. As autoridades destes dois últimos países têm acusado muitos desses militantes detidos de serem membros de um grupo conhecido como a Jemaah Islamiah (JI), o qual defende a criação de um Estado islâmico de que fariam parte a Malásia, a Indonésia, Singapura e a ilha filipina de Mindanau. A Indonésia tem permitido que um dos supostos mais influentes líderes da JI, o clérigo islâmico Abu Bakar Ba'asyir, permaneça em segurança. Na semana passada Ba'asyir foi citado em desafio ao Governo de Jacarta: "Defendo o Islão. Agora é altura de o Governo, a polícia e o povo da Indonésia defenderem também o Islão, ou escolherem defender a América." A ligação dos detidos na Indonésia, Malásia e Singapura ao terrorismo internacional tem sido denunciada pelas autoridades destes países. Omar al-Faruq, detido na Indonésia, foi citado como sendo um quadro da Al-Qaeda. Um dos detidos na Malásia, Yazid Sufaat, é acusado de se ter reunido, no seu apartamento, em 2000, com dois dos piratas do ar do 11 de Setembro. Membros da JI foram treinados no Afeganistão, no tempo dos talibãs - e alguns deles participaram nos confrontos entre muçulmanos e cristãos, nas Molucas. Valérie Niquet, especialista francesa da Ásia do Sudeste, classificou a Indonésia como "uma zona cinzenta", um "Estado fraco" onde, desde a independência de Timor-Leste, "foi posto em causa o poder militar e o papel das Forças Armadas, e nada foi feito para controlar o fundamentalismo islâmico". |