Rebelión - 5 de noviembre del 2002

Grupos de mujeres y de defensores de los derechos civiles swazi
protestan ante la caza de vírgenes para el Rey en Swazilandia

afrol news

Los secuestros de jóvenes chicas swazi para convertirse en esposas del Rey autocrático Mswati III están generando ya protestas incluso en el interior de Swazilandia, donde la palabra del Rey es la ley.

Nueve grupos de derechos civiles swazi se han arriesgado a expresar sus opiniones claramente.

Para hacer cumplir la cultura de la responsabilidad nos gustaría declarar nuestra condena extrema ante el reciente rapto de tres chicas por parte de los mensajeros de Su Majestad el Rey Mswati III, denunciaron ayer los nueve grupos swazi para la defensa de los derechos civiles, en un tono que sólo podría parecer modesto fuera de Swazilandia.

Los grupos incluyen a tres organizaciones que promueven los derechos de la mujer y grupos entregados a los derechos de los niños, la libertad de prensa y Derechos Humanos en general.

Lindiwe Dlamini, de treinta y nueve años, viuda y madre soltera, provocó el desafío al Rey al no aceptar el secuestro de su hija, Zena Mahlangu, que cuenta con dieciocho años. Dlamini fue a un tribunal de Mbabane a exigir que el Rey Mswati le devuelva a Zena.

Casos así no suelen escucharse con normalidad en Swazilandia, donde el Rey playboy sigue la tradición de, simplemente, secuestrar a vírgenes para ver si le complacen y, eventualmente, convertirlas en unas más de sus esposas.

Mswati se ha casado ya con nueve muchachas swazi de esta forma. Sin embargo, no hay base jurídica para estos secuestros, tampoco en Swazilandia.

La sorprendente acción legal tomada por una mujer que podría convertirse en suegra del Rey ha provocado un debate de masas en Swazilandia. El Príncipe Masitsela añadió más leña al fuego al preguntar, en una entrevista al diario Times of Swaziland la pasada semana, quién se cree que es ella [Dlamini] para desafiar al Rey.

Nos sentimos entendiendo que esta pregunta no fue dirigida sólo a Lindiwe Dlamini, sino a todos los ciudadanos de este país, contestaron ayer al Príncipe swazi los nueve grupos de defensa de los derechos civiles.

"Por lo tanto, nos preguntamos que somos nosotros en este país. ¿Podemos como individuos, ser ciudadanos swazi? ¿Podemos demandamos tener Derechos Humanos básicos?"

Lo que es aún más paradójico, los grupos de defensa de los derechos civiles se sienten consternados ante el momento que atraviesa la juventud del país, después de que el propio Rey pidiese a los jóvenes swazi seguir, durante cinco años, la ley tradicional de castidad de "Umcwasho".

Este retroceso a esta antigua ley de castidad fue la medida adoptada por el Rey para detener la propagación del VIH/SIDA, que ya afecta a la tercera parte de la población del país.

A las chicas vírgenes, en concreto, se les prohibió de esta forma mantener relaciones sexuales durante cinco años.

Los grupos observaban, irónicamente, que "el sistema ejemplar del Rey Mswati III sirve para sucumbir con nuestros esfuerzos dirigidos a contener la epidemia en Swazilandia". Una crítica aún más amplia contra la aplicación de la ley de "Umcwasho" era que así el Rey ha evitado tener que aumentar los gastos sanitarios y los dedicados a la prevención de la epidemia.

También "existe preocupación" ante el hecho de que el rey decida no casarse con estas tres muchachas que ha secuestrado. En el caso de que no casarse con ellas, las chicas estarán estigmatizadas para el resto de sus vidas, negándoseles el respeto y la dignidad.

Pero no toda la población swazi comparte las opiniones de estos grupos y de la "moderna" madre de Zena Mahlangu.

Todos los partidos políticos han estado prohibidos en Swazilandia desde que el Rey suspendió la constitución en 1973.