La Jornada - Viernes 20 de diciembre de 2002
Estados Unidos socava los esfuerzos internacionales
contra las armas de destrucción masiva
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Según expertos, Washington posee la segunda reserva mundial de arsenales químicos. La existencia de sus programas de producción consta en documentos, aunque no se hable de ellos. JIM CASON y DAVID BROOKS, corresponsales Washington y Nueva York, 19 de diciembre. Mientras prepara una campaña contra las armas de destrucción masiva que presuntamente posee Iraq, el Gobierno de George W. Bush también mina esfuerzos internacionales para el control y la desaparición de arsenales químicos y biológicos, sostienen varios expertos entrevistados por La Jornada. Estados Unidos mantiene la segunda reserva más grande de armas químicas en el mundo, revela una revisión de documentos de tratados internacionales, así como varios expertos. Además, el país ha realizado experimentos con sus propias armas biológicas, entre ellas el ántrax, desde que Washington firmó un tratado internacional que prohibía la producción y el uso de este tipo de armas. Aunque ninguno de los expertos consultados dudaba de la importancia de desarmar a Iraq -el único país en utilizar armas químicas a escala masiva desde la Primera Guerra Mundial-, varios se alarmaron ante la posibilidad de una expansión mayor de armas biológicas y químicas como resultado de la política actual de Estados Unidos. Las dimensiones de este problema casi nunca se mencionan en público. Por ejemplo, la CIA hace informes que describen los programas e instalaciones de armas biológicas y químicas en doce países, entre ellos Irán, Iraq, Libia, Corea del Norte y Siria. Pero esta información casi nunca reconoce la existencia de los programas sustancialmente más grandes de estas mismas armas desarrollados por el gobierno estadunidense durante las últimas décadas. Sin embargo, la existencia de estos programas está bien documentada. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, agencia multilateral responsable de aplicar el tratado sobre la eliminación de todas estas armas, informó hace poco que existen por lo menos setenta mil toneladas métricas de armas químicas tóxicas y 8.6 millones de municiones y contenedores en las reservas mundiales, y la mayoría de estas se encuentran en Rusia y Estados Unidos. Además, según información de abril de 2002, Estados Unidos aún mantenía por lo menos ocho instalaciones de producción de armas químicas, y Rusia tenía catorce. Guerra biológica, riesgo mayor Los peligros de guerra química, aunque están ampliamente documentados, son considerados como algo más remoto que el creciente riesgo de una guerra con armas biológicas. Fue por esta razón que el presidente Bush ordenó que se administraran vacunas contra la viruela a casi un millón de empleados federales y oficiales de seguridad pública este mes. Pero, de acuerdo con el científico Milton Leitenberg, de la Universidad de Maryland, Estados Unidos tiene una larga historia de experimentación con armas biológicas. Durante la guerra contra Vietnam, por ejemplo, utilizó armas químicas como el agente naranja y el napalm, las empleó con tal intensidad y consecuencias que desde entonces ambas han sido prohibidas por las convenciones internacionales. Washington también tiene un largo historial de encubrimiento del uso de tales armas por parte de sus aliados en tiempos de guerra, como fue el caso en la guerra entre Iraq e Irán en los años ochenta, cuando funcionarios estadunidenses ocultaron sistemáticamente informes del uso iraquí de armas biológicas, aun después de que inspectores de la Organización de Naciones Unidas lo habían confirmado. Teóricamente Estados Unidos ha firmado un tratado internacional en 1969 que prohíbe completamente las armas biológicas, pero la CIA siguió desarrollando este tipo de armas para emplearlas en complots de asesinato y la destrucción de grupos selectos de "objetivos" humanos. Más recientemente, las fuerzas armadas estadunidenses han estado explorando procedimientos para desarrollar armas que usan ciertos tipos de ántrax resistentes a toda vacuna en existencia. Leitenberg afirma que el Gobierno estadunidense ha producido varios agentes para uso en guerras biológicas, incluyendo ántrax, y ha experimentado con decenas de otros patógenos mortales durante los pasados treinta años. Estados Unidos insiste en que estos experimentos se realizan sólo para desarrollar defensas contra nuevas armas biológicas, pero Leitenberg se pregunta por qué entonces en 1992 el ejército estadunidense construyó dos cámaras de prueba para estudiar "medios de entrega explosivos y no explosivos de microorganismos peligrosos en forma de aerosol". El año pasado el diario New York Times informó que una tercera cámara de pruebas de armas biológicas fue construida en el Sitio de Pruebas de Nevada en 1998 y 1999. Ninguna de estas instalaciones ha sido reportada a las agencias internaciones encargadas de aplicar las convenciones internacionales, como están obligados los países que las firmaron. El problema es que si Estados Unidos está desarrollando estas armas, ¿por qué estarían dispuestos otros países a eliminar las suyas? Los temores de otros países fueron exacerbados cuando en 2001 el presidente Bush decidió retirarse de las negociaciones internacionales para elaborar un procedimiento de verificación para el tratado internacional de prohibición de armas biológicas. Este retiro destruyó las negociaciones y eliminó cualquier posibilidad de una convención internacional para verificar el cumplimiento del tratado sobre bioarmas. Lo que preocupa a expertos como Leitenberg es que todo esto ocurrió justo antes de los atentados del 11 de septiembre, con el subsecuente incremento de la retórica política sobre las amenazas del uso futuro de este tipo de armas. De hecho, según este experto, muchas de estas amenazas son exageradas. Por ejemplo, señala que en dos ocasiones Bush ha afirmado que Al Qaeda y otros "criminales" han desarrollado armas biológicas. Pero este mismo año el oficial de la CIA encargado de Medio Oriente declaró públicamente que no existen pruebas que apoyen esta afirmación. Además, el 25 de febrero de 2002, el general Tommy R. Franks, comandante de las fuerzas militares en Afganistán, declaró que después de examinar más de ciento diez sitios diferentes en ese país, "Estados Unidos aún debe hallar pruebas de que Al Qaeda fue capaz de crear un arma química o biológica en cualquiera de sus campamentos". Y claro, el ataque con armas biológicas más público en tiempos recientes aparentemente no fue el atentado realizado por un terrorista enloquecido del Tercer Mundo, sino el de un enfurecido científico en Estados Unidos que envió esporas de ántrax por el correo a varios medios y legisladores federales en Washington. Pero las consecuencias de esta cadena de eventos alarman a Leitenberg y a otros expertos en armas biológicas y químicas entrevistados por La Jornada pero que solicitaron el anonimato. Las acciones del Gobierno de Bush están generando un mayor peligro en torno a estos tipos de armas, coinciden. "Están catalizando una ampliación mayor tanto en el interés como de las capacidades globales en el rubro de armas biológicas y su uso bélico", considera Leitenberg. |