La Jornada - Jueves 31 de julio de 2003
Cientos de miles de refugiados
esperan retornar a Iraq
Temor de EU del regreso de desplazados
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ROBERT FISK - The Independent Bagdad, 30 de julio. Son libres de volver a casa desde Arabia Saudita, pero para ellos la "casa" es un lugar de anarquía, violencia y guerra de guerrillas. Naciones Unidas hizo su mayor esfuerzo por los doscientos refugiados iraquíes que fueron llevados este miércoles en autobús al otro lado de la frontera saudita, a Basora, donde abrazaban a seres queridos a los que no habían visto desde que huyeron de la feroz venganza de Saddam Hussein en 1991. Sólo veintidós mil doscientos iraquíes están registrados como refugiados en Arabia Saudita. En Irán viven al menos doscientos cuatro mil chiítas iraquíes, la mayoría de los cuales huyó de la reacción de Saddam por la revuelta en la que tomaron parte, alentada por Estados Unidos. Para ellos el retorno implicará más que el permiso de volver que les concedieron las fuerzas de ocupación. Es una situación extraña este retorno de refugiados. Leila Nassif, del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, indicó que "en este momento estamos discutiendo las modalidades" que permitirán el regreso de más de doscientos mil iraquíes que se encuentran en Irán. Estados Unidos, por supuesto, teme que después de diez años, o inclusive veinte, de vivir en la república islámica, ochenta por ciento de estos doscientos mil iraquíes -chiítas provenientes del centro y sur de Iraq- se hayan convertido en militantes islámicos listos para destruir los planes de las fuerzas de ocupación. Por consiguiente, sus derechos de refugiados son secundarios ante los temores de Washington. Sin embargo, son estos mismos refugiados los que atendieron el llamado del presidente Bush padre de levantarse contra el régimen del partido Baaz tras la liberación de Kuwait en 1991. La mayor parte de ellos ha vivido en veintidós campamentos a lo largo de la frontera iraní, y en muchos casos han sufrido malos tratos de los servicios de seguridad iraníes. En realidad, lo más probable es que regresen sin intención alguna de crear una versión en miniatura del Estado iraní que los alojó. Al menos van a regresar a regiones de Iraq que, de momento, son relativamente seguras. No puede decirse lo mismo de los trescientos mil iraquíes en el exilio en Jordania o los setenta y dos mil que residen ilegalmente en Siria. Tampoco puede decirse del gran número de refugiados o solicitantes de asilo iraquíes en Europa. Hay ochenta mil novecientos en Alemania, treinta y ocho mil quinientos en Holanda y veintisiete mil en Gran Bretaña. Si regresan a zonas del norte de Iraq, donde hay guerrillas sunitas, ingresarán a un país de pillaje, atentados y redadas del ejército estadunidense. Es aún más perturbadora la tarea que la ONU debe realizar en busca de hogares para hasta ochocientos mil kurdos que fueron expulsados de Kirkuk y Mosul durante el racista programa de arabización de Saddam Hussein. Ruud Lubbers, titular del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, dijo en Bagdad la semana pasada que Naciones Unidas trata de evitar conflictos de propiedad y que existen pocos problemas con los árabes que han desalojado las propiedades que pertenecían originalmente a los kurdos. Sobre las familias árabes que aún ocupan viviendas que les otorgó por sorteo el partido Baaz, Lubbers dijo: "Hemos hablado con las comunidades para ver si esas personas en verdad son de este lugar". En otras palabras, si los árabes son de las ciudades norteñas de Kirkuk y Mosul, o si llegaron para aprovecharse de la limpieza étnica que Saddam infligió a los kurdos. La ONU cree que entre veinte mil y doscientos mil kurdos pueden hacer el intento de mudarse de nuevo a sus hogares en el otoño próximo, lo que implicará una crisis que tanto Naciones Unidas como las fuerzas de ocupación tendrán que enfrentar. Como dijo el mismo Lubbers -con cansancio, más que desesperación-, "no puedo reparar en un mes los daños provocados por Saddam Hussein". Entre los iraquíes desalojados de sus hogares en otros sitios del país están también trescientos mil árabes que fueron obligados a abandonar sus hermosas aldeas construidas de carrizo a causa del absurdo proyecto de Saddam de dragar los pantanos del sur de Iraq. Y casi olvidados en medio de su miseria están los refugiados de otros países que viven o quedaron varados en Iraq. Hay dieciocho mil setecientos iraníes, por ejemplo, muchos de ellos kurdos, en el norteño campamento de refugiados de Al Tash, quienes a raíz de la "liberación" de Iraq han sido objeto de saqueos, tiroteos y el corte del suministro de agua por las autoridades iraquíes locales. Existen otros trece mil quinientos refugiados turcos, nueve mil de ellos kurdos, que viven en el noroeste del país. Igualmente trágicos son los ochenta mil refugiados palestinos que llegaron a Iraq en 1948, 1967, 1973 y 1991, cuya mayoría radica en Bagdad, mientras que varios miles han sido obligados a dejar los hogares que les otorgó el régimen de Saddam en los tiempos en que la Organización para la Liberación de Palestina tenía oficinas en Iraq. El más viejo de estos refugiados salió de Palestina en 1948 con unidades del ejército iraquí que combatieron en vano, por supuesto, con el llamado "ejército árabe de liberación". Cuando los iraquíes se retiraron, los palestinos se fueron con ellos hasta Bagdad. Los refugiados, al parecer, no se acaban nunca. Traducción: Gabriela Fonseca |