Amnistía Internacional - 7 de julio de 2004
China: los uigures que huyen,
devueltos a la tortura y la ejecución
a cuenta de la "lucha contra el terrorismo"
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China está utilizando la "guerra contra el terrorismo" para justificar su prolongada represión de los derechos de la comunidad uigur, tal como establece un nuevo informe de Amnistía Internacional: Uighurs fleeing persecution as China wages its "War on Terror". Muchos uigures huyen a los países vecinos, pero cada vez más son devueltos a China, donde se enfrentan a la tortura y la ejecución. La organización de Derechos Humanos ha declarado: "China ha rebautizado su represión de los uigures como una lucha contra el 'terrorismo'. Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el Gobierno chino ha venido utilizando la 'lucha contra el terrorismo' como pretexto para intensificar su represión de todas las formas de disidencia política o religiosa en la región". A lo largo de los tres últimos años, decenas de miles de personas han sido detenidas, según los informes, a cuenta de la "lucha contra el terrorismo" en la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang, en el noroeste de China. Y ello a pesar de que en abril el jefe del Gobierno regional declaró que "en los últimos años no ha habido ningún caso de ataque con explosivos o asesinato". El Gobierno chino sigue deteniendo a presos de conciencia, que nunca han utilizado la violencia o propugnado su uso, demostrando así que la política de represión en la región va mucho más allá de combatir los actos de violencia o "terrorismo". Una presa de conciencia, Rebiya Kadeer, de cincuenta y siete años, solía ser alabada como empresaria modelo por el Gobierno chino: formó parte de la delegación oficial que asistió a la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer en 1995. Luego, en el año 2000, esta mujer, madre de once hijos, fue condenada en un juicio secreto a ocho años de prisión por "proporcionar información secreta a extranjeros". Resultó que había enviado periódicos locales, disponibles públicamente, a su esposo, ex preso político que se fue a vivir a Estados Unidos. Rebiya Kadeer sufre ahora gastritis crónica y toma medicación diaria en prisión. Amnistía Internacional mostró su satisfacción por la reducción de su condena (se redujo en un año) anunciada en marzo, pero sigue pidiendo su libertad inmediata e incondicional. El Gobierno también ha cerrado varias mezquitas y ha prohibido escuelas y prácticas religiosas, incrementando las restricciones de los derechos religiosos de los uigures, en su mayoría musulmanes. Además de amplias restricciones a los derechos religiosos, culturales y sociales, los presuntos "separatistas, terroristas o extremistas religiosos" se han enfrentado durante años al encarcelamiento o la ejecución tras juicios sin las debidas garantías, así como a la tortura y a prolongadas detenciones sin cargos ni juicio y sin acceso a abogados o familiares. Amnistía Internacional ha manifestado: "Con los niveles actuales de represión, el espacio para la expresión independiente de la identidad cultural o religiosa de los uigures se está estrechando peligrosamente". Muchos uigures optan por huir a países vecinos, como Kirguistán, Kazajistán, Nepal y Pakistán. Pero ni siquiera allí están a salvo, ya que el Gobierno chino presiona a estos países para que devuelvan a los solicitantes de asilo. De vuelta en China, los uigures huidos se enfrentan a graves violaciones de Derechos Humanos, tales como la tortura, los juicios injustos, e incluso la ejecución. En un caso reciente, Shaheer Ali fue ejecutado en China tras ser devuelto desde Nepal a pesar de haber sido reconocido como refugiado por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados en Nepal. Este activista uigur aguardaba a ser reasentado cuando fue detenido por las autoridades de inmigración nepalíes. Según un testigo presencial, unos funcionarios de la embajada china en Nepal se lo llevaron más tarde junto con al menos otro detenido. Durante su estancia en Nepal, Shaheer Ali describió ocho meses de tortura en una prisión de la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang en 1994. Según su relato, lo golpearon con grilletes, le aplicaron descargas eléctricas y le metieron clavos de metal en las uñas de los pies en un intento de hacerle confesar diversos delitos. Un funcionario estadounidense declaró recientemente que los veintidós uigures recluidos en la bahía de Guantánamo no podían ser devueltos a China, al parecer porque se temía que, una vez allí, fueran torturados o incluso ejecutados. Amnistía Internacional ha recibido denuncias creíbles que afirman que, durante una visita de una delegación china a Guantánamo, los uigures fueron sometidos a intimidación y amenazas y a técnicas de "estrés y padecimiento" como la privación del sueño o permanecer sentado durante muchas horas. Al parecer, algunos de estos abusos se infligieron siguiendo instrucciones de los delegados chinos. Información general Las tensiones étnicas constantes en la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang se ven alimentadas por el hecho de que el Gobierno chino no hace frente a las violaciones generalizadas de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de los uigures. Por ejemplo, el flujo constante de chinos de etnia han a la región ha acrecentado el desempleo, ya de por sí elevado, entre los uigures. También hay informes cada vez más abundantes que indican que los promotores inmobiliarios de etnia han están expulsando a los uigures de sus tierras. Se han prohibido y quemado decenas de miles de libros uigures y se ha prohibido el uigur como lengua en la enseñanza de la mayoría de las asignaturas de la Universidad de Sin-kiang. Incluso aunque no sean Estado Parte en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, todos los países están obligados a cumplir el principio de no devolución (non-refoulement), que prohíbe a todos los Estados devolver a personas a un país en el que su vida o su libertad corran peligro o en el que existan probabilidades de que sean torturados. Éste es un principio fundamental del Derecho Internacional consuetudinario. |