ABC - Jueves, 16 de septiembre de 2004
Cada minuto muere una mujer en el mundo
por falta de asistencia en el embarazo o el parto
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El Fondo de Población de las Naciones Unidas denuncia la falta de apoyo económico de los países desarrollados a los programas de salud sexual y reproductiva. ÉRIKA MONTAÑÉS / MADRID. Una vez más se trata de cambiar buenas intenciones por acciones más eficaces. Y, otra vez más, el megáfono utilizado para denunciar el estado de la población mundial es la presentación de un informe inquietante. En esta ocasión, con un motivo añadido, puesto que el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha querido hacer balance, una década después, de la implementación de los compromisos suscritos por ciento setenta y nueve países en El Cairo, que tenían como meta combatir la pobreza a través de una fórmula hasta entonces desconocida: potenciando la salud sexual y reproductiva. Para los responsables de este organismo, un indicador conduce directamente al otro: las deficiencias en los servicios de salud reproductiva causan en el mundo una quinta parte de la carga de morbilidad prematura y una tercera parte de las defunciones de las mujeres en edad fértil. El mismo rostro que dibujan las cifras: cada año quinientas veintinueve mil mujeres pierden la vida por complicaciones en el parto o el embarazo, más de trescientos cincuenta millones de parejas siguen careciendo de acceso a la planificación familiar y la mitad de los cinco millones de infectados por VIH en 2003 tenían nombre de mujer. La "vulnerabilidad" de la mujer es, pues, el aspecto clave de esta lucha iniciada en 1994 y que se llama Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo. Ahora, llegado a su ecuador (la fecha tope para alcanzar las metas fijadas es 2014), la ONU pasa revista y, aunque se han hallado importantes avances, llama la atención sobre los flancos más débiles: el imparable crecimiento demográfico y la veloz propagación del SIDA, entre ellos. Mientras, de los ciento cincuenta y un países encuestados, ciento treinta y uno han enmendado sus legislaciones a fin de reconocer los derechos reproductivos; y el uso de anticonceptivos ha crecido de un cincuenta y cinco por ciento a un sesenta y uno por ciento en esta década. Son los aspectos positivos. En 46 años, 2.500 millones más Cada año que pasa, somos setenta y seis millones nuevos "inquilinos" más en el mundo. Un crecimiento que, según Naciones Unidas, continuará exacerbando la pobreza, así como el hundimiento económico y social de la mujer. Ese acelerón será dispar también en cuanto a regiones, puesto que el noventa y seis por ciento de los dos mil quinientos millones de personas que nacerán en los próximos cuarenta y seis años lo harán en países en vías de desarrollo. Sólo los cincuenta países más pobres del planeta triplicarán en este periodo su censo: cuantificarán, exactamente, mil setecientos millones de personas más. La ecuación se resuelve demasiado sencillamente: más gente con iguales o menores recursos, igual a más pobreza. Y otra tesis que avala idéntico resultado: la mala salud y los embarazos no planificados determinan si una familia queda atrapada en la pobreza o escapa de ésta. De nuevo, el informe Estado de la población mundial 2004 denuncia que las mujeres más pobres siguen teniendo más hijos, a edades más tempranas y, dada su deficiente información en materia anticonceptiva, se enfrentan a riesgos mayores que las demás madres del planeta. Uno de cada dieciséis nuevos alumbramientos en África acaban en muerte del bebé o de la progenitora; la proporción en los países desarrollados supera el uno por cada cuatro mil. Por último, el documento resalta que cuantas medidas se impulsen en pro de la educación y la prevención en salud sexual y reproductiva serán pocas. A día de hoy, todavía existen unos doscientos un millones de mujeres cuyas necesidades de anticoncepción no están cubiertas. Unos tres mil novecientos millones de dólares bastarían para mitigar esos requerimientos, además de prevenir veintitrés millones de partos no deseados, veintidós millones de abortos inducidos y más de un millón de defunciones de menores al año. Los donantes cumplen a medias Es insoslayable, pues, el papel estelar que ocupa la aportación de los países donantes. En este sentido, aunque la "hoja de ruta" marcada en la capital egipcia fue alabada en su día como "una nueva era en cuestiones de población", el texto -que en Madrid tuvo la voz de Marisela Padrón, directora de la División de América Latina y el Caribe del UNFPA- reconoce que el incumplimiento de los compromisos financieros adquiridos por los países donantes pone en jaque el futuro de los dos mil ochocientos millones de personas que se afanan por sobrevivir con menos de dos dólares al día. De los seis mil cien millones de dólares anuales "pactados" para sufragar un tercio de las necesidades en salud reproductiva, en 2002 las donaciones ascendieron a sólo tres mil cien millones, a la mitad del camino prometido. España no ha contribuido a elevar esa cifra, pues apenas destina medio millón de euros anuales, como recordó Leire Pajín, secretaria de Estado de Cooperación Internacional, quien asumió el reto de aumentar la partida presupuestaria para programas de salud sexual y reproductiva esta legislatura, aunque no llegó a concretar su cuantía. Un guiño al que debe seguir la mueca de los otros ciento setenta y ocho implicados. |