La Jornada - Lunes 20 de diciembre de 2004

Estallan bombas en las ciudades santas chiítas de Najaf y Kerbala

Iraq: setenta y un muertos tras ataques suicidas

PATRICK COCKBURN - The Independent

Bagdad, 19 de diciembre. Atacantes suicidas se hicieron estallar en las ciudades santas chiítas de Najaf y Kerbala el domingo, y mataron al menos a setenta y una personas e hirieron a ciento veintinueve.

Se prevé que estos atentados incrementen la hostilidad entre las comunidades chiíta y sunita, a exactamente seis semanas de que el país celebre elecciones.

La primera bomba explotó en Kerbala, en una estación de autobuses al aire libre que siempre está atestada de peregrinos que se dirigen a la mezquita de cúpula dorada del imán Hussein. La explosión dejó el suelo regado con los cadáveres de por lo menos catorce personas; unos treinta y nueve heridos yacían en medio de la lluvia helada.

El segundo estallido fue aún más letal y ocurrió en la vecina ciudad santa de Najaf, donde se había reunido una multitud para asistir al funeral de un jeque tribal.

"La bomba explotó cerca de nosotros", declaró el gobernador de la provincia, Adnan al Zurufi, quien se encontraba a unos cien metros de distancia. "Vi unas diez personas muertas. Algunas otras volaron por los aires y fueron llevadas al hospital", añadió.

De inmediato hubo llamados de líderes chiítas que instaron a su comunidad a no buscar venganza, pero que al mismo tiempo acusaban a fundamentalistas musulmanes sunitas conocidos como los salafi o wahabitas, así como a ex miembros del partido Baaz, de estar detrás de los ataques.

Los líderes chiítas se han comprometido a participar en las elecciones del 30 de enero con las que esperan que su comunidad, que conforma sesenta por ciento de la población iraquí, obtenga mayoría en la Asamblea Nacional.

"Están tratando de catalizar una guerra civil sectaria para evitar que las elecciones se celebren a tiempo. Pero han fracasado hasta ahora y volverán a fracasar", dijo Mohammed Bahr al Uluom, clérigo chiíta.

Agregó: "Los chiítas están comprometidos a no responder a la violencia. Estamos decididos a participar en las elecciones y el ayatola Alí Sistani ha dejado esto muy claro".

Los bombazos de hoy podrían ser el principio de una campaña contra los chiítas. Hubo una explosión en Kerbala hace seis días, que mató a doce personas y dejó heridas a otras treinta, en un aparente intento de asesinar al clérigo chiíta Abdul Mehdi al Kerbalai, cuando iba en camino a la oficina. El líder es considerado muy cercano a Sistani.

Las divisiones entre sunitas y chiítas en Iraq se han profundizado desde el derrocamiento de Saddam Hussein. Sistani argumenta que, si bien los entre quince y dieciséis millones de chiítas se opusieron a la ocupación estadunidense, no deben tomar parte en la resistencia armada, sino convalidar su condición de mayoría en las urnas.

Los entre cuatro y cinco millones de sunitas, que eran la columna vertebral del régimen de Saddam Hussein y de Gobiernos iraquíes anteriores, generalmente han apoyado la resistencia. Lo más probable es que la mayoría de ellos se abstengan de votar y, por lo tanto, obtengan una representación pobre en la nueva Asamblea Nacional.

Los chiítas han sufrido repetidos ataques con bomba, particularmente cerca de los templos religiosos, donde es difícil imponer seguridad y las multitudes son vulnerables. En marzo pasado, ciento setenta personas murieron en explosiones ocurridas en Bagdad y Kerbala durante las ceremonias anuales del luto chiíta.

Si los chiítas votan y los sunitas no el 30 de enero, las diferencias entre las comunidades sólo se incrementarán. El domingo el movimiento encabezado por Moqtada Sadr afirmó que la venganza es una trampa. "Una guerra civil será el infierno", afirmó un funcionario político del movimiento del líder. "El consenso se opone a la venganza".

El primer ministro interino iraquí, Iyad Allawi, un chiíta laico pro estadunidense, señaló que un incremento en las ataques era previsible a medida de que se acercara la fecha de las elecciones.

"Es seguro que debemos esperar ataques y esperamos que los ojos de nuestro pueblo estén abiertos para informar a las autoridades y ayudarles con su trabajo", declaró a la televisora Al Iraquiya.

Los salafíes consideran a los chiítas herejes del Islam. Les será fácil enviar a bombarderos suicidas reclutados en los poblados fundamentalistas sunitas que existen en los alrededores de Latafiya, situada sobre la carretera hacia Bagdad.

La eficiencia con la que combatientes de la resistencia penetran los bastiones sunitas más duros quedó subrayada el domingo, cuando tres funcionarios electorales iraquíes fueron emboscados por treinta hombres armados en el centro de Bagdad y fueron asesinados a plena luz del día.

El ataque ocurrió en la calle Haifa, un notorio bastión rebelde cerca de la zona verde, donde se instaló el gobierno iraquí interino y sus aliados estadunidenses tienen sus cuarteles.

Adel Lami, miembro de la Comisión Electoral Independiente, dijo que treinta hombres emboscaron el autobús en que viajaban cinco empleados que trabajaban para la comisión. Lanzaron granadas y dispararon ametralladoras contra el vehículo y luego sacaron a la fuerza tres trabajadores y los hicieron arrodillarse en el suelo. Les dispararon en la cabeza con pistolas.

Otros tres grupos insurgentes, mientras tanto, han secuestrado a diez iraquíes que trabajaban para la compañía estadunidense Sandi Group, y en un video dijeron que los asesinarán a menos que la empresa se retire de Iraq.

Los militantes afirmaron ser representantes del Ejército Mujaidín, la Brigada Banderas Negras y la Brigada Mutassim Bellah, grupos desconocidos hasta hace poco. Difundieron un video que muestra a nueve de los rehenes, con los ojos vendados, formados contra una pared. El décimo rehén yace en una cama, aparentemente herido.

Por otro lado, hombres armados asesinaron a tres funcionarios de la Unión Patriótica del Kurdistán y a un miembro del Partido Kurdo en ataques a sus hogares en la localidad de Hawija, doscientos cuarenta kilómetros al norte de Bagdad, según informó el general anwar Mohammed Amin, de la Guardia Nacional iraquí.

Traducción: Gabriela Fonseca