La Jornada - Lunes 3 de enero de 2005
Víctima de la "guerra sucia" aparece vivo
Aleida Gallangos da con el paradero de su hermano, plagiado en los setenta
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Reuters Aleida Gallangos se reunió por primera vez con su hermano, desde que éste fue secuestrado por la policía mexicana hace treinta años, en el afortunado y poco habitual cierre de un capítulo de los cientos de la "guerra sucia" en México. El rencuentro se produjo la semana pasada en Washington. Lucio Antonio Gallangos es el primero en aparecer vivo entre quinientas treinta y dos víctimas de desaparición forzada documentadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), principalmente gracias a los esfuerzos de su hermana, quien comenzó su búsqueda hace pocos años. "Es igualito a mis tíos: mi tío Manuel y mi tío Fernando", expresó Aleida Gallangos, de treinta y un años, luego de ver el rostro del familiar, que es el lazo más cercano con sus padres, a quienes ella no puede recordar en persona. Aleida es una de las sobrevivientes de la "guerra sucia" en México que han juntado las piezas de historias personales y de familias rotas, a medida que nuevos Gobiernos han levantado el velo que cubría las atrocidades cometidas hace décadas en la región. Gallangos logró encontrar a su hermano con la ayuda de registros de adopción, las Páginas Amarillas, una red de inmigrantes latinoamericanos en Washington, y un bondadoso portero en la capital estadunidense. Lucio Antonio tenía casi cuatro años en 1975 cuando agentes federales lo detuvieron junto a sus padres y un tío -sospechosos de pertenecer a guerrillas-, después de un tiroteo callejero entre rebeldes y la policía, en la ciudad de México. Con un disparo en la pierna, Lucio Antonio fue llevado a un orfanato, donde lo adoptó una pareja mexicana. Sus padres nunca aparecieron. Gallangos quería que su hermano supiera que sus padres no lo habían abandonado. La noticia estremeció al hombre de treinta y tres años, conocido como Juan Carlos Hernández, quien hace una década se fue a vivir a Estados Unidos y ahora lucha por reconciliar dos historias personales que permanecían separadas. ''Lo tengo que asimilar, que vengo de otros padres", comentó en entrevista telefónica. "Ya he pasado una vida con mi familia. Yo soy parte de esa historia (Gallangos), pero mi vida también es otra. "A los tres años me alteraron la vida, ahora me la volvieron a alterar", agregó. Pero las revelaciones sobre su pasado lo volvieron más agradecido con sus padres adoptivos. ''Que lo sepan las personas que tomaron la vida de ese niño: de eso salió algo muy bueno." Los hermanos están seguros de sus lazos sanguíneos, aunque él se realizaría una prueba de ADN para confirmarlo. Gallangos, mujer de suave hablar y eficiente trabajadora que estudió ingeniería industrial en Ciudad Juárez, tenía dos años cuando su familia quedó destrozada en el punto máximo de una "guerra sucia" que incluyó drásticas medidas contra la izquierda. Cientos o más mexicanos murieron o desaparecieron entre las décadas de los sesenta y los ochenta a manos de las fuerzas de seguridad del Estado. Un amigo de la familia la rescató de la balacera y la llevó con un pariente, quien la crió con un nuevo nombre. Mientras, la abuela paterna Gallangos comenzó la búsqueda de los dos hijos, una nuera y dos nietos desaparecidos en 1975. Tras la toma de posesión de Vicente Fox, en diciembre de 2000, con la que concluyeron setenta años de unipartidismo en el poder, se abrieron documentos secretos guardados por décadas sobre la "guerra sucia" para el escrutinio público. Gallangos y su abuela se rencontraron gracias a un artículo sobre desaparecidos que fue publicado por una revista. Desde entonces la vida de Gallangos se ha transformado radicalmente. En febrero descubrió el archivo de un niño que ingresó al orfanato en junio de 1975, que se hacía llamar a sí mismo "Tony" y cuya foto mostraba los mismos rasgos de su padre. Pero cuando contactó a la familia que lo adoptó la eludieron, temerosos de que la verdad pudiera herirlo o alejarlo de ellos. A través de listas de números telefónicos, Gallangos encontró a las hermanas adoptivas de él en Washington. Una corazonada la llevó a toparse con un agradable portero de un edificio de departamentos, quien le informó sobre el lugar de trabajo de una de las hermanas, en momentos en que la prensa del lugar publicitaba la historia. En Nochebuena, su hermano la llamó y escuchó las revelaciones. "Él me dijo: 'tú esperabas a alguien. Yo, la verdad, no esperaba a nadie. Hace menos de doce horas yo era otra persona'", dijo Gallangos entre sollozos. "Encontré a la persona que estaba buscando. Una persona muy trabajadora, sensible, abierta", dijo Gallangos. "En su rostro le noto mucho dolor. De alguna forma tendremos que ir sanando todo eso." |