La Jornada - Domingo 10 de julio de 2005

Informe mundial 2005 de la OIT

América Latina, de las zonas
con índices más altos en trabajo forzoso

CAROLINA GOMEZ MENA

Las áreas con mayor incidencia de trabajo forzoso en relación con su cantidad de población son Asia y el Pacífico, América Latina (AL) y el Caribe, y África subsahariana, y en éstas la principal modalidad es la "impuesta por agentes privados con fines de explotación económica", establece el informe 2005 Una alianza global contra el trabajo forzoso (PDF de 1.49 MB), elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En el estudio se detalla que en Latinoamérica setenta y cinco por ciento del trabajo forzoso con fines económicos es impuesto por el sector privado, dieciséis por ciento por el Estado y nueve por ciento tiene fines de explotación sexual.

Se detalla que son las zonas de Asia y el Pacífico en donde existen más personas en esta situación, pues son nueve millones cuatrocientas noventa mil; le siguen América Latina y el Caribe con un millón trescientas veinte mil, y África subsahariana con seiscientas sesenta mil.

Pero en esta lista también están los países industrializados, en los cuales trescientas sesenta mil personas son severamente explotadas, mientras que en Oriente Medio y África del Norte son doscientas sesenta mil, establece la OIT al resaltar que estas cifras ponen de manifiesto "la aparición de nuevas formas de trabajo forzoso vinculadas a la globalización, migración y trata de personas".

El organismo destaca que en el mundo la principal forma de trabajo forzoso es aquella con fines económicos; ya que son siete millones ochocientas diez mil personas las que padecen la explotación; a dos millones cuatrocientas noventa mil el trabajo forzoso les es impuesto por el Estado o por grupos militares; un millón trescientas noventa mil son víctimas de este tipo de labores con fines de explotación sexual, y seiscientas diez mil lo experimentan en una mezcla de modalidades.

La OIT define como trabajo forzoso aquél que se "exige bajo la amenaza de una pena y se lleva a cabo de forma involuntaria", y lo cataloga como "una grave violación de los Derechos Humanos y una restricción de la libertad personal".

Para la OIT el trabajo forzoso "no puede equiparse simplemente con salarios bajos o con condiciones de trabajo precarias", y aclara que el concepto tampoco abarca "situaciones de mera necesidad económica", tales como la incapacidad de dejar un puesto de trabajo por la falta de alternativas de empleo. No obstante, legislaciones de algunos países sí lo relacionan con condiciones de trabajo precarias.

En el mundo, por lo menos 12.3 millones de personas son víctimas de trabajo forzoso, precisa el informe, y hace hincapié en que pese a que es impuesto por el Estado sigue suscitando gran preocupación, éste parece estar declinando en todo el mundo, y agrega que el caso más sobresaliente es el de los militares en Myanmar, quienes imponen labores extremas.

Similar situación se vive con los Gobiernos de Tayikistán y Uzbekistán, con el caso de trabajos forzosos en los algodonales, que ha afectado principalmente a mujeres, niños y estudiantes jóvenes, precisa la OIT.

En cuanto a aquél originado por la trata de personas, el organismo refiere que el número mínimo estimado de quienes la padecen es de dos millones cuatrocientas cincuenta mil personas, es decir, casi veinte por ciento del trabajo forzoso exigido por agentes privados; detalla que tan sólo en Asia y el Pacífico son un millón trescientas sesenta mil las que desempeñan labores forzosas como consecuencia de la trata de personas; en los países industrializados son doscientas setenta mil, y en América Latina y el Caribe doscientas treinta mil.

En el caso de explotación económica cincuenta y seis por ciento corresponde a mujeres y niñas, y en la sexual comercial forzosa, noventa y ocho por ciento.