Amnistía Internacional - 7 de septiembre de 2005
Estados Unidos maltrata y niega atención médica
y protección a presos de Guantánamo
|
El ciudadano egipcio Sami al-Laithi corre peligro inminente de ser devuelto de la bahía de Guantánamo a Egipto, donde se teme que pueda correr grave peligro de ser sometido a tortura, malos tratos, juicio injusto u otras graves violaciones de Derechos Humanos. Sami al-Laithi lleva más de tres años y medio recluido en la bahía de Guantánamo sin cargos ni juicio. El 10 de mayo, las autoridades estadounidenses, mediante el procedimiento de los Tribunales de Revisión del Estatuto de Combatiente, determinaron que no es un "combatiente enemigo". Permanece recluido en Guantánamo hasta que se complete su traslado. Sami al-Laithi está confinado en una silla de ruedas a causa de una lesión medular que, según asegura, le fue causada por agentes estadounidenses que, en el hospital de la bahía de Guantánamo, le propinaron un pisotón en la espalda, fracturándole dos vértebras. Él ha declarado: "Después del pisotón en la espalda [...] un miembro de la Policía Militar me arrojó al suelo, y de allí me levantaron para dejarme caer de nuevo de golpe". Le han dicho que un movimiento brusco podría seccionarle la médula espinal y dejarlo paralizado. Al parecer, le han negado la operación quirúrgica que podría salvarlo de una parálisis permanente. Sami al-Laithi también ha declarado que sufre una lesión permanente en el cuello porque lo han sometido repetidamente a una práctica que consiste en empujarle con fuerza la cabeza, desde la parte posterior, hacia las rodillas. Al parecer, un portavoz de la prisión ha atribuido su lesión de espalda a una enfermedad degenerativa. Según los informes, Sami al-Laithi ha sido agredido sexualmente durante su reclusión en Guantánamo, y ha sido amenazado repetidamente con ser devuelto a Egipto. En una ocasión, según los informes, una delegación egipcia que visitó la base le dijo que "desde luego regresará a Egipto", donde, según le dijeron, será sometido a un juicio militar. Actualmente se encuentra recluido en el Campo V, un bloque penitenciario para unos ochenta detenidos que permanecen recluidos las veinticuatro horas del día en régimen de aislamiento en una celda de cemento de aproximadamente cuatro metros por dos. Se cree que Sami al-Laithi abandonó Egipto en 1986 para quedarse con su hermana en Pakistán. Nunca ha regresado a su país, pues teme ser perseguido por sus críticas a las autoridades egipcias. Al parecer, huyó de Pakistán a Afganistán cuando las autoridades egipcias enviaron a dos agentes a buscarlo. En Afganistán estuvo enseñando inglés y árabe en la Universidad de Kabul hasta la invasión de Iraq encabezada por Estados Unidos, cuando huyó de vuelta a Pakistán. Al poco tiempo, se cree que fue capturado en Pakistán y posteriormente vendido a fuerzas estadounidenses. Poco después fue trasladado a la bahía de Guantánamo. El 21 de julio, los abogados de Sami al-Laithi pidieron que se avisara a éste al menos con treinta días de antelación de cualquier traslado desde Guantánamo, y que se le encontrara un país seguro al que trasladarlo. Esta solicitud fue denegada el 28 de agosto, cuando el juez resolvió que los abogados no habían ofrecido pruebas directas de que Sami al-Laithi sería torturado en Egipto. El juez también citó declaraciones de las autoridades estadounidenses afirmando que se oponen a la tortura y que no enviarían a nadie a un país donde pudiera ser torturado. INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA Actualmente hay unos quinientos cinco detenidos de unos treinta y cinco países recluidos en Guantánamo. Algunos han permanecido recluidos sin cargos ni juicio más de tres años y medio. Según el Departamento de Defensa, ya se ha puesto en libertad a ciento setenta y cuatro detenidos, y sesenta y ocho han sido trasladados a otros países (veintinueve a Pakistán, cinco a Marruecos, siete a Francia, siete a Rusia, cuatro a Arabia Saudí, dos a España, uno a Suecia, uno a Kuwait, uno a Australia, nueve a Gran Bretaña y dos a Bélgica). Algunos de ellos han sido puestos en libertad desde entonces, entre ellos los trasladados a Reino Unido, Rusia, Suecia, Australia y Kuwait. En Egipto, los presuntos miembros de grupos armados de oposición islamistas y los opositores políticos, incluidos los que son devueltos desde el extranjero, son frecuentemente torturados, especialmente en la jefatura del Servicio de Información y Seguridad del Estado en la plaza de Lazoghly, en El Cairo, pero también en otras sedes de ese Servicio, en comisarías y, ocasionalmente, en prisiones. Los métodos más denunciados son las descargas eléctricas, las palizas, la suspensión por las muñecas o los tobillos, las quemaduras con cigarrillos y diversas formas de tortura psicológica, como amenazas de muerte y amenazas de violación o abusos sexuales contra el detenido o contra las mujeres de su familia. A pesar de los centenares de denuncias de tortura presentadas por abogados y grupos de Derechos Humanos ante la Fiscalía, no se tiene noticia de que se hayan llevado a cabo investigaciones imparciales. Pueden consultar también la versión original de esta página. |