Clarín, 29 - IX - 2005

"FATWA" CONTRA LA JUGADORA DE 18 AÑOS

Sania Mirza, la tenista musulmana
condenada por usar minifalda

Líderes religiosos de su país, India, le exigen que se "cubra el cuerpo" para jugar

The Guardian

Es joven. Muy joven. Aún no cumplió diecinueve años. Es atractiva. Es conocida: figura entre las cuarenta mejores tenistas del mundo. Es un ícono del deporte en su país, la India, y varias empresas quieren que sea la cara de sus avisos publicitarios. Parece ser un buen momento para Sania Mirza. Pero no tanto: un grupo de clérigos musulmanes de su país emitió una "fatwa" (decreto religioso) en la que le reclaman que se cubra el cuerpo durante los partidos, pues sus polleras cortas y sus remeras ajustadas son "antiislámicas" e "indecentes".

Hace pocas semanas, esta muchachita de 1,53 metros de altura, hombros anchos y sonrisa fácil se convirtió en la primera tenista india que participó de un torneo abierto de Estados Unidos. Llegó a la cuarta ronda, en la que perdió frente a la número uno del mundo, la rusa Maria Sharapova. La derrota no la desanimó, pues en su país casi todos hablan de ella.

En la India ya se vislumbra una "Saniamanía" entre las adolescentes que la siguen y quieren parecerse a ella, con su característico aro en la nariz y su ropa "atrevida" para los cánones del islam, la religión que ella practica, en un país donde los musulmanes son minoría: cerca de ciento treinta millones, en una población de mil millones.

Justamente, su alto perfil llamó la atención de los líderes musulmanes de su país. El clérigo Haseeb-ul-hasan Siddiqui, del grupo de los ulemas sunnitas, lanzó el decreto contra la vestimenta de Mirza en las canchas y otros eventos. La que suele usar, aseguró el religioso, podría influir a otras mujeres jóvenes y "corromperlas".

Este grupo religioso no tardó en encontrar apoyo entre los sectores más radicales de su país. Frente a las presiones, durante el torneo de Calcuta, la semana pasada, Sania se vistió algo más discreta: remera de manga corta en lugar de las musculosas que suele usar, y short en vez de minifalda. Aun así, recibió mensajes anónimos con amenazas de muerte, informó el diario español El País. Sus guardaespaldas no la dejan sola ni un minuto.

La fatwa contra la tenista afirma que "una mujer musulmana puede quitarse el velo en determinadas ocasiones, pero no de la manera que lo hace ella yendo y jugando en cualquier sitio".

Para el clérigo Siddiqui, "la ropa que Mirza usa en las canchas de tenis no sólo no cubre gran parte de su cuerpo, sino que no deja nada para la imaginación".

Los ulemas le recomendaron a la muchacha que siga el ejemplo de las mujeres iraníes que usan largas túnicas y se cubren la cabeza para jugar en el campeonato de badminton de Asia, que se realiza esta semana en la ciudad india de Hyderabad, justamente donde nació Sania.

Pero la nueva estrella del tenis indio no se deja influir. "Es bastante molesto que mi vestimenta se haya convertido en el centro de una controversia. No tengo ningún comentario que hacer. Yo me considero una buena musulmana haciendo lo que hago y como lo hago. No creo que por jugar al tenis con minifalda insulte a mi religión", afirmó a la prensa al volver de Estados Unidos, a comienzos de setiembre.

"Cada palabra que digo, cada pollera que uso es discutida y analizada", se quejó. "En cualquier lugar al que voy la gente me mira. Por eso estos días prefiero estar en mi casa. Debo aprender a vivir con todo esto", señaló hace pocos días, según la cadena BBC. Además, afirmó que reza cinco veces al día.

El caso ya levanta polvareda en la India y en casi todo el mundo musulmán. Los medios indios han dedicado gran espacio a la polémica sobre la distancia entre el discurso de los líderes religiosos y la realidad de estos tiempos, sobre todo la de los jóvenes.

Lo cierto es que ésta no es la primera vez que un deportista musulmán genera un debate de este tipo. De hecho, debido a estas trabas, la presencia de atletas de esta religión en los circuitos de competición ha sido siempre bastante escasa.

Un ejemplo es la atleta argelina Hasiba Bulmerka, quien en 1992 debió abandonar su país después de que los clérigos condenaron que corriera en pantalones cortos, recordó ayer El País. La muchacha había ganado el oro olímpico en mil quinientos metros, pero ni siquiera ese éxito la protegió contra la ira de los clérigos.

Otras condenas polémicas

El término "fatwa" (decreto religioso musulmán) se difundió en Occidente a partir de febrero de 1989, cuando el escritor de origen indio y nacionalizado británico Salman Rushdie fue condenado a muerte por Los versos satánicos.

El ayatollah Jomeini, líder de la Revolución Islámica en Irán, lanzó esa orden por considerar que el libro era blasfemo. Jomeini murió poco después, pero Rushdie se escondió hasta 1999, cuando el entonces líder iraní Mohamad Jatami suavizó la condena.

También es recordada la fatwa dictada por un tribunal de Nigeria, que condenaba a muerte a la periodista Isioma Daniel, acusada de insultar al profeta Mahoma en uno de sus artículos sobre moda. Pero el Gobierno de ese país africano anuló el decreto religioso.