El País - Martes, 27 de diciembre de 2005
Navidades en el 'gulag'
Las autoridades rusas endurecen las condiciones de vida del ex oligarca Mijaíl Jodorkovski en un presidio de Siberia
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RODRIGO FERNÁNDEZ Moscú. Mijaíl Jodorkovski, que hace dos años era el hombre más rico de Rusia y encabezaba la entonces principal petrolera rusa, Yukos, pasa estas fiestas de fin de año en la fría Siberia, donde está cumpliendo una condena de ocho años. Para el ex oligarca que osó desafiar al Kremlin con sus ambiciones políticas, ya comenzaron los problemas con las autoridades del presidio al que llegó hace dos meses. En el presidio IK-10 de Krasnokámensk, provincia de Chitá, Jodorkovski está obligado a trabajar haciendo manoplas en una máquina de coser. Hace poco, la aguja de su máquina se quebró y entonces fue en busca del cerrajero jefe para informarle del incidente. Eso le valió que las autoridades del presidio le amonestaran "por abandono sin permiso de su puesto de trabajo", lo que le puede traer serios problemas. Primero, las amonestaciones pueden ser motivo para que el juzgado rechace una petición de pasarle a un régimen más suave, lo que significa que no podrá aumentar el número de visitas personales largas -de tres días- que al año le puede hacer su esposa -sólo cuatro- ni el de paquetes postales que puede recibir: uno cada dos meses. Además, le pueden impedir en el futuro salir en libertad condicional antes de cumplir su condena. Yuri Schmidt, uno de los abogados de Jodorkovski que viajó a Krasnokámensk, afirma que su cliente actuó de acuerdo con las normas al apagar su máquina y buscar al jefe. Las entrevistas de los abogados con Jodorkovski transcurren en una habitación dividida por una doble reja gruesa y tupida, lo que prácticamente impide ver a su cliente, estrecharle la mano al saludarle y trabajar con documentos. "Nunca antes, en mi práctica, había visto nada parecido", afirma Schmidt. El presidio de Krasnokámensk no es el más alejado de Moscú, pero sí el de más difícil acceso. Para llegar a él hay que volar seis horas desde Moscú hasta Chitá y después pasar otras quince horas en el tren desde esa capital provincial hasta Krasnokámensk. En coche el trayecto dura unas diez horas por un camino lleno de baches. Jodorkovski debería cumplir condena en la provincia de Moscú, según la ley, y si no hubiera lugar en ésta, en las más cercanas. Yuri Kalinin, jefe del Servicio Federal de Cumplimiento de Condenas (SFCC), explicó que el multimillonario fue enviado más allá del lago Baikal porque en la provincia de Moscú no había lugar. Schmidt afirma que Kalinin miente. "¡Es una tontería que no haya lugar más cerca! Sería creíble si lo hubiesen enviado a la provincia de Tver o Tula. ¡Sólo en el Distrito Federal Central hay cuarenta y cinco presidios de régimen general!", señala el abogado. Jodorkovski quería enseñar Física o Historia en el presidio y preparar su doctorado, pero por ahora no se lo han permitido. Se ve obligado a trabajar, aunque hay muchísimos otros presos que quisieran hacerlo y ganar así un poco de dinero. En Krasnokámensk hay mil presos, pero sólo ciento cincuenta puestos de trabajo, explica Schmidt. Jodorkovski sufre, ante todo, debido al vacío informativo en que se encuentra. Sólo puede leer el diario local y ver el televisor común a las horas que la administración del presidio se lo permite. La mayoría de las decenas de miembros de la "brigada" a la que ha sido asignado el ex oligarca tienen entre dieciocho y veinte años y no desean ver programas políticos. Vive Jodorkovski en una barraca con otros ciento cincuenta presos, donde las literas están pegadas una a otra, cuenta Sergio Taratujin, párroco de la iglesia del Salvador, en Krasnokámensk. Pueden ducharse una vez por semana y el retrete son cinco hoyos que no están separados en cabinas individuales. El pope Sergio, ex disidente que pasó por tres presidios soviéticos, dice que las condiciones de Jodorkovski son peores que las que él conoció. "Yo estaba entre gente de mi círculo, con presos políticos, personas instruidas. Jodorkovski, en cambio, está con delincuentes comunes", explica. Un desierto de uranio Krasnokámensk, ubicada a menos de cuarenta kilómetros de la frontera con China y a unos veinte de las minas de uranio, fue construida para físicos nucleares. La ciudad, de sesenta y cinco mil habitantes, es la única en Rusia que aún vive de la extracción y procesamiento del uranio. El presidio fue instalado allí para que los condenados hicieran el hormigón con el que después hermetizaban las minas agotadas y así impedir fugas radiactivas. Ahora, ese trabajo lo hacen obreros y los presos se ocupan principalmente de labores de costura. Escapar es casi imposible. El presidio cuenta con cinco barreras: dos cercas con alambre de espino, entre las que pasean pastores alemanes, y tres alarmas de rayos láser. Cavar túneles es inútil: el terreno es pantanoso y se llenarían de agua. Algunos han huido cuando los trasladaban, aprovechando un descuido de los escoltas. Pero han sido capturados a la semana: no hay dónde esconderse; en kilómetros alrededor no crece un solo árbol: el presidio está en el extremo noreste del desierto de Gobi. La contaminación radiactiva es palpable en Oktiabrski, poblado construido en 1964 para el alojamiento provisional de los geólogos a sólo dos kilómetros de las minas. En las casas, el nivel de radón supera en cien veces el máximo permitido, lo que puede provocar cáncer de pulmón. Como dice Yekaterina Zímneva, una vecina de Oktiabrski: "Comemos uranio, bebemos uranio, respiramos uranio". |