ABC - Domingo, 5 de febrero de 2006
Vivir en Nueva York sin un dólar en el bolsillo
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En la Gran Manzana los "homeless" son ya más de treinta mil, entre los que hay trece mil niños. Las ayudas sociales del ayuntamiento y del Gobierno -menores desde los atentados del 11-S- no son suficientes. Faltan centros de acogida y escasea el reparto de alimentos. JOSÉ LUIS DE HARO NUEVA YORK. El viento que sopla en el barrio neoyorquino de Soho, donde se dan cita los turistas, los habitantes más cosmopolitas y las tiendas con las últimas tendencias, corta el último halo de calor que el cuerpo humano pueda soportar. Entre el ir y venir de ejecutivos y estudiantes, un hombre se atrinchera en la puerta de una entidad bancaria con su carro repleto de cachivaches para sobrevivir una noche más al aniquilador invierno. Su tesoro más preciado, un mugriento abrigo roído tras el paso por algún que otro vertedero. Al ser preguntado sobre dónde se cobija durante estas fechas, el hombre sonríe y afirma "vivo en el Banco de América". Es un sin techo, una figura habitual en la Gran Manzana, donde además de hombres de negocios, estrellas de cine, aventurados profesionales y gente corriente, los "homeless" suponen un total de 31 693 personas. Una elevada cifra de individuos que no pueden costearse una vida digna, según el censo registrado por el Departamento de Indigentes de Nueva York. La vivienda en la zona se ha disparado, al igual que la comida, la ropa y cualquier otro servicio, por el contrario los sueldos se mantienen estancados y la ciudad no deja de acumular una cifra alarmante de necesitados. Si en los ochenta unas 3 947 familias no tenían un techo donde cobijarse, hoy la cifra casi se dobla con una media de 7 740 viviendo en albergues urbanos, denuncia la Coalición de los Sin Techo de Nueva York. Lo sorprendente es que esta acumulación numérica se acerca más a la Gran Depresión de los años veinte que a la economía que "entra en el 2006 como una locomotora", según afirmó el presidente Bush en uno de sus últimos discursos. Menores sin techo En la llamada de atención de la Coalición de los Sin Techo resalta la referencia a los niños. En la actualidad, 13 616 pequeños conviven en una situación precaria junto a sus padres en la ciudad. A pesar de los programas de ayuda puestos en marcha por el alcalde de la ciudad, Mike Bloomberg, el cúmulo de vagabundos en las calles indica que las iniciativas no parecen estar funcionando demasiado bien. Los centros de acogida y de reparto de alimentos no son suficientes. Durante un paseo por el metro de la ciudad, en la estación de la segunda avenida, dos vagabundos explican por qué el suburbano de la ciudad se convierte en la mejor opción para soportar las gélidas temperaturas. "Los refugios están demasiado ocupados, a mí me han rechazado ya tres noches seguidas", explica el primero. Su compañero, que fue despedido en 2003 y, por tanto, no tiene seguro médico ya que en Estados Unidos los servicios sanitarios los suele cubrir el empleador, no ha podido costearse la medicación para tratar su depresión. "Aquí no se siente el frío, de todas formas espero que no dure mucho. Mientras, me dedicaré a ver pasar a la gente", asegura con la mirada perdida. Esta temporada está resultando bastante templada para las temperaturas que suelen coronar los termómetros. Aún así, hace tres semanas, dos vagabundos murieron congelados en Brooklyn en los días en que el frío recrudeció. Aunque las estaciones del sistema de metro resultan una fácil opción para los indigentes, ya que están abiertas durante la noche, algunos ciudadanos se quejan por el hedor que desprenden en algunos recintos. "Entiendo que tengan que buscar un lugar para pasar la noche pero algunas veces el olor es demasiado fuerte", asegura Mariah Howard, una estudiante de diseño de interiores. "Soup Kitchens" A falta de espacio los "sin techo" que pueblan las calles de Nueva York pueden encontrar un plato caliente que llevarse a la boca. Aunque las ayudas sociales del ayuntamiento y del Gobierno han decrecido desde los atentados del 11-S, aún existen en la ciudad los conocidos "Soup Kitchens" o cocinas de sopa, que se convirtieron en todo un símbolo durante la crisis de los años veinte. Una de las más consistentes se encuentra en la Iglesia de Holly Cross, cerca de Times Square. Con más de 154 años de Historia y seis décadas alimentando indigentes, unas trescientas familias se acercan cada quincena para recibir su comida. "Hemos tenido que restringir el área para no desbordarnos de peticiones. Repartimos cerca de dos toneladas de comida cada quince días", asegura el padre Tomás del Valle. Sin una cama en la que dormir y los refugios dando prioridad a las familias y niños, un grupo de vagabundos se aposentaba en un par de bancos en Tompkins Square Park. Tienen suerte, esta noche los termómetros se mantendrán en los cero grados centígrados. |