ABC - Sábado, 18 de febrero de 2006
El Dresdner Bank admite que ayudó a los nazis
y que conocía el Holocausto
El Banco "empleó sin escrúpulos todas las posibilidades de negocio
que le ofrecía la política racial y de agresión del Tercer Reich", afirma un historiador
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RAMIRO VILLAPADIERNA, corresponsal BERLÍN. "Aceptamos la verdad, aunque duela", dijo ayer el miembro del Consejo de Administración del banco, Wulf Meier, al admitir que el Dresdner Bank estuvo al tanto del Holocausto, participó en la financiación de instalaciones de exterminio y planeaba convertirse en la mayor entidad financiera del futuro imperio nazi. El estudio, Die Dresdner Bank im Dritten Reich (dirigido por Klaus-Dietmar Henke. R. Oldenbourg Verlag, München 2006), de dos mil cuatrocientas páginas, encargado por el Banco, realizado a lo largo de ocho años con un coste de 1,6 millones de euros y publicado ayer en Berlín incide en una especial responsabilidad histórica "por su complicidad con el núcleo ideológico de la política llevada a cabo por el nacional-socialismo". La segunda entidad financiera de Alemania y hoy propiedad de la compañía Allianz, líder mundial en seguros, revela una relación mucho más estrecha de lo supuesto hasta ahora con el aparato político y con la industria de guerra de Hitler durante sus doce años de dominio. El banco "fue cómplice y culpable, y no víctima", del engranaje nazi, subrayó ayer el estudioso Klaus-Dietmar Henke, que presidió los trabajos. El Dresdner supo desde muy pronto que cada deportado era una persona muerta, al tomar la decisión de no seguir pagando sus pensiones. Como adelantó el historiador Christopher Kopper en Banqueros bajo la cruz gamada, el partido Nacional Socialista de los Obreros de Alemania (NSDAP) no atrajo sólo al proletariado de la depresión, sino a voluntariosos banqueros, deseosos de restaurar el orden y el nombre de Alemania, así como de participar en los beneficios de los contratos de guerra. El grupo de historiadores independientes revela los ambiciosos planes de expansión y lucro en los territorios conquistados en Europa oriental y demuestra incluso la implicación directa del Dresdner en el holocausto hebreo, como dueños mayoritarios de Huta Hoch- und Tiefbau AG, en la actual Wróclaw (Polonia), la empresa que fabricó los hornos crematorios en los que desaparecieron millones de judíos. El presidente del banco, Herbert Walter, reconoció en un comunicado la penosa deriva de la entidad durante aquellos días: "La inhumanidad empieza poco a poco, ésta es una advertencia para todos". "Arianización" de la propiedad El Dresdner es la última gran empresa alemana en entonar su mea culpa. Admite que llegó a convertirse en el "banco de confianza" de las SS -los "escuadrones de defensa" nazis con el doble signo rúnico del sol- según el estudio realizado por Henke y sus colegas Harald Wixforth, Dieter Ziegler y Johannes Bähr. Éste destaca que la entidad "empleó sin escrúpulos todas las posibilidades de negocio que le ofrecía la política racial y de agresión del Tercer Reich", en referencia a la gestión y absorción de propiedades hebreas expoliadas, llamada "arianización" de la propiedad. La implicación de la banca con el régimen nazi fue estudiada por Elizabeth Kastner y Laurent Jedermann en Hitler's Willing Bankers (Los banqueros voluntarios de Hitler) y el investigador Peter Hayes reveló hace cinco años la complicidad de la industria en Industry and Ideology: IG Farben and the Nazis. Sobre el Deutsche Bank, el historiador de Princeton Harold James ha publicado La guerra económica contra los judíos y DB y la dictadura nazi; el director de éste, Hermann Josef Abs, presidía a su vez IG Farben, el consorcio químico que, entre otros servicios nazis, fabricó el Zyklon B (gas usado en los campos de exterminio) y financió la construcción de Auschwitz. Con todo y como reconoce el sociólogo de la universidad de Ginebra, Jean Ziegler, los suizos fueron los auténticos "banqueros de Hitler", al igual que la siderurgia sueca fue también una de sus grandes fuentes de suministros. Tras la guerra, la República Federal de Alemania pagó en compensaciones a sus víctimas unos cincuenta mil millones de euros y, en 2000, dotó con cinco mil millones un nuevo fondo para antiguos presos. El tardío reconocimiento del Dresdner retrotrae a las reivindicaciones de desnazificación de la banda terrorista Rote Armee Fraktion (RAF) en los años setenta. El presidente del Dresdner Bank, Jürgen Ponto, fue asesinado en 1977 en su casa, en el curso de un precario intento de secuestro organizado por su propia ahijada, Susanne Albrecht, y un comando de la RAF. |