ABC - Lunes, 10 de julio de 2006

La "caza" de suníes por las calles de Bagdad
pone a Iraq más cerca de la guerra civil

ABC. BAGDAD.

La jornada de ayer en Iraq resultó de nuevo, sin paliativos, una carnicería. Una orgía de sangre y asesinatos -cuarenta y dos suníes muertos, hombres, mujeres y niños- y el país acercándose inexorablemente, paso a paso, sin descanso, a una guerra civil que los analistas vienen augurando desde hace ya bastante tiempo.

Las cosas, de todas formas, no están demasiado claras. Cuando la sangre se vierte en cantidades industriales, como ayer, los asesinos se acusan mutuamente y culpan a otros de tener las manos sucias. Así pasó ayer.

Desde primera hora de la mañana milicianos chiíes disfrazados de policías y con material policial establecieron varios controles en un barrio del sur de la atormentada Bagdad, y detuvieron en ellos a todos los vehículos que circulaban por la zona. Automóviles, autobuses, motocicletas, microbuses... los falsos policías subían al autobús, pedían los "carnés" y a los que eran suníes... disparo y fin... así hasta cuarenta y dos hombres mujeres y niños. Testigos de la masacre aseguraban que fueron sesenta los muertos.

No hay culpables

¿Responsabilidades? Ninguna, nadie sabe de dónde ha partido la orden. Los líderes religiosos suníes acusaron directamente al "Ejército del Mahdi" -obediente al clérigo rebelde Moqtada al-Sadr-, ayudados por fuerzas de "Al Maghauir", un cuerpo de élite del Ministerio del Interior... y no parece que anden descaminados pues, según los que lo vivieron, ¿de dónde han sacado los uniformes, las armas, los automóviles, el equipo policial...?

La cosa no quedó ahí. Los "Al Maghauir" acordonaron la zona de la masacre y, en vez de evitar los asesinatos, "animaron" mediante megafonía a los suníes a abandonar sus casas para quemarlas después.

Luego, el vicepresidente de Iraq, Tarek al-Hashemi, suní, pedía al primer ministro, Nuri al-Maliki, chií, detener la matanza. El Ejército negó que los "maghauires" hubieran atacado a nadie y dijo que los responsables eran "algunos círculos suníes y estadounidenses que intentan provocar un conflicto sectario en el país". El Ministerio del Interior señalaba que "no disponemos de suficiente información".

Pero el día tiene veinticuatro horas, y sobre las seis de la tarde -hora local- dos coches bomba dejaban al menos veinte muertos y cincuenta y nueve heridos al estallar junto a una mezquita chií, la de Ahel al-Beit, en pleno centro de Bagdad y con alevosía.

El primer coche estallaba a las seis menos cuarto, y diez minutos después, cuando la gente ayudaba a las víctimas de la explosión, estallaba al lado el segundo coche. ¿Venganza? Nadie lo reivindica, pero dos y dos siempre da cuatro. Graves destrozos en la mezquita, en dos bloques de viviendas de las cercanías, y catorce vehículos civiles destruidos. Nadie sabe tampoco nada.

La Policía, también

Mientras se producían estas matanzas en Bagdad, el diario norteamericano Los Angeles Times publicaba en su edición de ayer un inquietante informe en el que citaba documentos oficiales del Gobierno iraquí.

El rotativo asegura algo que corroboraba la violencia de ayer, y es que "la Policía iraquí está plagada de corrupción, y sus miembros participan en secuestros, asesinatos y violaciones". Los papeles confidenciales del Ministerio del Interior de Iraq describen un desalentador estado de las fuerzas del orden en ese país, detallando más de cuatrocientas investigaciones por corrupción, y están autentificados por oficiales de la Policía, tanto en activo como retirados.

Otro informe, recabado por el Gobierno de Estados Unidos, anota que "el clima de corrupción actual, violación de Derechos Humanos y violencia sectaria en las fuerzas de seguridad en Iraq atenta contra la seguridad pública". Las acciones de ayer, el material desplegado y la impunidad con que se cometieron los crímenes parecen corroborar esos datos.

Un santo varón

Desde su despacho, o su mezquita en la barriada de Sadr-City, el clérigo rebelde Moqtada al-Sadr, líder espiritual -y muchos dicen también que militar- de la comunidad chií de Iraq, declinaba todo tipo de responsabilidades diciendo que ni él ni su comunidad tenían nada que ver con la sangre y la violencia de la mañana y que ésta era fruto de oscuras maquinaciones suníes en connivencia con el Ejército norteamericano para desestabilizar el país y llevarlo hasta la guerra sectaria o la guerra civil.

Señalado por los dirigentes espirituales suníes como inspirador de la violencia de ayer, el clérigo chií se apresuró a pedir calma, e instó al Parlamento iraquí a convocar una sesión de emergencia para aplacar la violencia.

En un comunicado emitido por su oficina, Al-Sadr, líder del "Ejército del Mahdi", urgió al Parlamento a "detener el proyecto de Occidente que pretende fomentar una guerra civil entre hermanos", e instó a chiíes y suníes a "juntar nuestras manos por el bien de la estabilidad e independencia de Iraq".