ABC - Jueves, 22 de abril de 2004

Los análisis de sangre de treinta y nueve eurodiputados
revelan la presencia de cuarenta y un tóxicos de media

El Fondo Mundial para la Naturaleza promueve la iniciativa para concienciar a los eurodiputados de los peligros de las sustancias químicas presentes en su sangre.

AMADEU ALTAFAJ. Corresponsal / Estrasburgo.

"La sangre de sus señorías contiene una media de cuarenta y una sustancias químicas tóxicas, persistentes y acumulativas", que están relacionadas con el aumento de los problemas de fertilidad, las alteraciones hormonales o el incremento de casos de cáncer.

Esta terrorífica información fue la que recibieron ayer los treinta y nueve eurodiputados, desde españoles hasta suecos, de los cuatro laboratorios médicos que analizaron su sangre, en una campaña del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF-Adena) para exigir una legislación más estricta sobre los productos químicos.

"Yo tengo todavía DDT en la sangre, me imagino que viene de cuando era niña, cuando se limpiaba con este producto", comentaba con preocupación la eurodiputada del PP Cristina García Orcoyen.

Ella no presentaba el cuadro más alarmante porque "sólo" le encontraron treinta y seis sustancias nocivas, cinco por debajo de la media.

El máximo número detectado en una persona fueron cincuenta y cuatro.

Los socialistas Luis Berenguer y Maruja Sornosa también se sometieron a estos análisis con resultados no más tranquilizadores.

Muchas de estas sustancias están o bien prohibidas desde hace décadas, como el DDT, o teóricamente sujetas a limitaciones estrictas, como los PCBs (precursores de las dioxinas cancerígenas) y varios pesticidas.

Según el profesor Malcolm Hooper, de la Universidad de Sunderland en el Reino Unido, "la acumulación de estas sustancias en las grasas y las proteínas pueden afectar a los bebés y a la fertilidad de los jóvenes" y "aunque no se sabe todavía cómo ocurre, está demostrada su transmisión en el útero" de la madre al hijo.

Este investigador relacionó estos "cócteles de sustancias tóxicas" con el aumento de casos de alergia y la caída de la calidad del esperma. A su vez, afirmó que actúan de modo creciente como disruptores endocrinológicos.

La eurodiputada francesa Danielle Auroi (Verdes) estaba igualmente indignada por los resultados: "Me han encontrado cuarenta sustancias nocivas, mi sangre está completamente saturada de PCBs, quizás porque como mucho pescado y productos lácteos. Les recomiendo la dieta mediterránea".

En realidad, la diferencia no es muy grande entre la dieta mediterránea y la "choucroutte" alsaciana que sus señorías cenaron en Estrasburgo. Estas sustancias "están en todas partes, salvo quizás si se va usted a Groenlandia", comentó el profesor Hooper.

Legislación y "lobbies"

Estos resultados corroboran al menos dos urgencias: la de investigar más a fondo sobre la asimilación, acumulación y transmisión de sustancias químicas nocivas en el cuerpo humano y la de establecer un marco legislativo más ambicioso sobre su producción y usos.

En cuanto a la segunda, la tramitación inicial de la directiva de productos químicos ha sido escenario de una enorme presión del "lobby" químico en Bruselas, que encontró en septiembre pasado tres campeones para defender su causa de la talla del canciller alemán, Gerhard Schröder, del primer ministro británico, Tony Blair, y del presidente francés, Jacques Chirac. La Administración y la industria química estadounidenses respaldaron estas presiones.

A principios de noviembre pasado, la Comisión Europea rectificó su primer borrador, considerado demasiado "verde" por la industria y buena parte de los Gobiernos europeos, y presentó una nueva propuesta de directiva sobre autorización, evaluación de riesgos y registro de los productos químicos.

La UE es el primer productor mundial de sustancias químicas. Según la propuesta, las empresas que produzcan o importen más de una tonelada al año de una sustancia química deberán registrarse en una base de datos.

En la práctica, se calcula en cerca de cien mil las sustancias químicas que jamás han sido sometidas a pruebas y que nos rodean en la vida diaria, desde los productos de limpieza hasta los juguetes.

Con los planes de la Comisión Europea se llegaría a registrar unos treinta mil compuestos en la mencionada base de datos, aunque sólo unos seis mil serían sometidos a controles para determinar sus efectos sobre la salud humana y el medio ambiente. Y apenas unos mil quinientos especialmente peligrosos requerirían una autorización especial. Demasiado para la industria, demasiado poco para los ecologistas.

"Va ser un expediente muy complejo, muy burocrático, que podría durar un año o año y medio", comentó García Orcoyen, que opinó que "el reto del Parlamento Europeo consiste en trabajar sobre la propuesta con el sector industrial para llegar a tener una legislación más protectora, sobre todo para los niños y los ancianos". Reconoció que "la industria intenta que la legislación sea la más fácil de asumir" pero apuntó que, al mismo tiempo, "valora mucho la opinión del consumidor, que exige información y transparencia".

"El número, tipos y concentraciones de de sustancias químicas encontrados en estos análisis son inaceptables", declaró Karl Wagner, responsable de la campaña "Detox" del WWF, según el cual "la mejor manera de proteger a las generaciones futuras de esta amenaza insidiosa es que la UE adopte una versión más estricta que la que ha propuesto para los productos químicos, a fin de identificar y eliminar gradualmente los más dañinos".

Los análisis detectaron incluso un "retardador de llama", el HBCD, que según los expertos del WWF, jamás había sido hallado en la sangre. Y otro "retardador de llama", el deca-BDE, fue encontrado en la proporción más alta jamás vista en un estudio. La mayoría de estos productos están prohibidos o muy restringidos en Europa.