El Norte de Castilla - Lunes, 29 de noviembre de 2004
Pirotecnias culturales
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INÉS G. MOGOLLÓN / Musicóloga Aunque Juan José Lucas dijo no hace mucho que los Globetrotters son tan importantes y famosos como "El Quijote", debo confesar mis más que serias discrepancias con esta teoría. Dudo que alguien en la Vía Láctea y alrededores no haya oído, por lo menos una vez, eso de "En un lugar de la Mancha", pero me cuentan que la Agencia Espacial Europea, por si acaso, planea enviar la sonda 'Cassini-Huygens' con una grabación del texto cervantino, no sea que perdido en algún remoto agujero negro hubiese algún desgraciado e iletrado ente pensante que no recite de corrido las tres primeras frases del libro. Pues, pese a esta constatación y a que los ciudadanos aún estamos algo indigestos tras las conmemoraciones del IV Centenario de la muerte de Felipe II, el V Centenario del nacimiento de su padre, el Emperador Carlos, el V Centenario de la muerte de Isabel I de Castilla -tierna y entrañable bisabuela y abuelita de los anteriores-, los veinte años del Estatuto de Autonomía y la fiesta anual de exaltación de la salchicha en Zaratán, los próceres de la cultura en Castilla y León han tardado un nanosegundo en empezar a patalear reclamando un sitio en la mesa de la Comisión Nacional del IV Centenario de la edición de "El Quijote", con la simpática intención de cantar una vez más el cumpleaños feliz. Queremos celebrar también este centenario y a nosotros nadie nos hace de menos. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Hace muy bien la Consejera de Cultura y Turismo, doña Silvia Clemente, en reclamar nuestro papel cervantino y en invertir tres millones de euros en la tarta de cumpleaños, porque, ¿qué sería de don Quijote y de los castellanos y leoneses sin estos bravos gestores? ¿O es que nos vamos a conformar con ver cómo se reúnen en Madrid veinte ministros de cultura de países que hablan castellano, y con las óperas, musicales, películas, dibujos animados, poesías, lecturas públicas, ensayos, tratados, iconografía, exposiciones, etcétera, que inspira diariamente nuestro caballero andante? Por cierto, hablando de ediciones, a los músicos el año de la primera edición de "El Quijote" no se nos olvida, porque es el mismo en el que Tomás Luis de Victoria publicó su Oficio de Difuntos. Aunque por aquí casi nadie patalee para reivindicar su importancia, Victoria ha sido el mejor músico español de todos los tiempos y el Oficio es su obra maestra. Victoria lo compuso en 1603 para acompañar las exequias de su valedora, la emperatriz María de Austria, y aún hoy es la música que acompaña las ceremonias religiosas de difuntos cuando muere un monarca de España. La última vez que esta sobrecogedora música cumplió su función fue en el entierro de Don Juan de Borbón, que recibió honores de rey en su sepelio. La partitura se publicó en Madrid en 1605, y Victoria no compuso nada más hasta su muerte en 1611. Lo que tenía que decir, quedaba dicho. ¿Interesante, verdad? Pero, claro, no vamos a celebrar ni a gastar nuestro dinero en, por ejemplo, un festival dedicado a un músico nacido en Ávila, aquí al lado, nada, nada. Menos mal que hay gente por ahí fuera que cuida de nuestras cosas, músicos alemanes, japoneses, o como nos recuerda José Jiménez Lozano cuando escribe sobre su paisano, ingleses, que son los más devotos y apasionados intérpretes de la música del genial Tomás Luis de Victoria. También la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Fundación Autor, conscientes de la trascendencia del maestro abulense, han instituido un premio con su nombre que reconoce la trayectoria de destacados compositores vivos. El V Premio Iberoamericano de la Música Tomás Luis de Victoria (han participado cincuenta y seis compositores de dieciséis países) lo ha ganado Joan Guinjoan, quien declaraba estar encantado porque, "además del reconocimiento a mi carrera, lo que más valoro del premio, considerado uno de los más importantes en el mundo de la música, es que lleva el nombre del gran compositor español Tomás Luis de Victoria". A su vez, el Ayuntamiento de Ávila, justamente orgulloso de su hijo, convoca un más modesto premio de composición de música polifónica Tomás Luis de Victoria y ha bautizado con su nombre una escuela de música, una calle, un cine. Y esto es todo lo que Castilla y León puede presentar a los millones de admiradores de nuestro músico en todo el mundo. Increíble. Más nos valdría gastar energías, recursos y oportunidades en batallar por un patrimonio también excelso, pero menos trillado y, sobre todo, nuestro. Aportar alguna propuesta que no sea vulgar propaganda. Lo fácil es organizar pirotecnias culturales, apostar sobre seguro, apuntarse a las modas, resultar mediocres, o lo que es peor, paletos. Afortunadamente, con o sin centenarios, el indomable espíritu de Don Quijote siempre está con nosotros, y cuando cabalga y señorea por estas tierras, su incansable brazo no da abasto a deshacer agravios, enderezar entuertos, enmendar sinrazones, mejorar abusos, y satisfacer deudas. |