Clarín, 15 - IV - 2006
UN PLAN MUNDIAL DE RESCATE DE IDIOMAS DEL INSTITUTO MAX PLANCK DE ALEMANIA
Buscan evitar la extinción
de cuatro lenguas aborígenes en el país
Los expertos trabajaron junto a grupos de wichí, tapiete, mocoví y vilela
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Sibila Camps "Hablar la lengua se sufre", confesó una anciana tapiete a una antropóloga, para explicar por qué no había enseñado el idioma a sus hijos y nietos. Esa es una de las razones por las que el tapiete y otras lenguas de la Argentina se hallan en riesgo de extinción. Por eso han sido el eje de un activo programa interdisciplinario, que apuntó a dar herramientas a los hablantes para reforzar la práctica de su lengua. Los once lingüistas, antropólogos y etnomusicólogos participantes lo han llamado "Lenguas en peligro, pueblos en peligro". Se inició en 2002 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y se desarrolló como un proyecto del Departamento de Lingüística del Instituto Max Planck, con sede en Leipzig, Alemania. Las cuatro lenguas de la Argentina, habladas en la zona del Gran Chaco, conforman una de las veintiséis iniciativas incluidas en la gran base de datos del proyecto. Es una carrera contra el tiempo, ya que a fines de este siglo quizás haya desaparecido cerca de dos tercios de las seis mil quinientas lenguas existentes. Asentados también en Bolivia y Paraguay, los tapiete viven en la Argentina en dos pequeñas comunidades de Salta que no llegan a sumar mil quinientos miembros. El trabajo se hizo en Misión Los Tapietes, cinco manzanas en pleno Tartagal, rodeadas por barrios criollos. Los matrimonios están compuestos en su mayoría por personas de diferente origen étnico. Y en la escuela, los chicos soportan la presión del español. El tapiete ni siquiera tenía escritura. "El poder escribir su lengua refuerza su autoestima y les da legitimidad frente al Estado, la escuela y la sociedad nacional blanca", señala la antropóloga Silvia Hirsch. En el caso del wichí ya existía un sistema elaborado por los anglicanos. "Han aprendido a leer y escribir y los han evangelizado con esa escritura, con mucha influencia del inglés", señala la doctora Lucía Golluscio, quien condujo el proyecto. Como además existe una gran variedad dialectal, el equipo trabajó sobre la de los asentamientos cercanos al río Bermejo, por ser la menos documentada. Tras sufrir desde temprano la colonización y evangelización española, los mocoví terminaron de ser diezmados en violentas represiones durante las primeras décadas del siglo XX. Hoy viven unos doce mil doscientos mocoví en el Chaco y en Santa Fe; en esta última provincia han ido asimilándose a la población criolla, y la trasmisión del idioma se está cortando. El abordaje de la cuarta lengua fue como buscar una aguja en un pajar. Para las leyes del Chaco los vilela están extinguidos, como también su idioma. Pero los expertos hallaron a cuarenta y cinco familias con uno o más integrantes vilela dispersas en el Litoral, y dos ancianos que recuerdan la lengua. Existen pocos documentos para tejer la historia de los vilela, mermados tempranamente en las encomiendas. "Fueron poblaciones incorporadas a la colonia española, a diferencia de otros grupos chaqueños", señala el antropólogo Marcelo Domínguez. Luego fueron sometidos en las reducciones jesuíticas, mientras que otros se integraron a los wichí. Para fines del siglo XIX, los sobrevivientes habían migrado a Resistencia y Corrientes. A mediados del siglo XX estaban dispersos, desarticulados cultural y políticamente, y arrastrando conflictos históricos con otras etnias. Durante el siglo XX desarrollaron estrategias de ocultamiento, y una especie de pasaje a la clandestinidad y la decisión de no trasmitir más las tradiciones ni la lengua. "Funcionó el preconcepto de que era una cultura desaparecida", dice Domínguez. El equipo de la UBA logró ubicar, en Chaco y el Gran Buenos Aires, a dos hermanos de más de setenta años. Después de cuarenta años habían perdido el hábito de conversar entre sí. El hombre decidió hacer memoria y colaborar "para que quede a los hijos y los nietos, para que se conozca que existen los vilela". "¿Quién tiene el derecho de diagnosticar que una lengua se muere?", plantea Golluscio. La lingüista derriba otros mitos: "Todas las lenguas tienen fonología, gramática y literatura. Todas tienen la misma capacidad comunicativa. Una lengua no es más pobre porque no tenga literatura escrita". En el caso de estas cuatro, los especialistas hallaron una gran riqueza, como las doce vocales del tapiete, y la gran cantidad de sonidos del wichí, superior al español. "Todas tienen una exquisita aptitud para el detalle de la experiencia sensorial", señala Golluscio. El futuro de estas lenguas es una incógnita. "Pero nosotros no tenemos inserción en la política educativa -aclara Golluscio-. Si no hay continuidad, se vuelve atrás". Las nuevas amenazas Los desastres naturales, las invasiones y las guerras provocan migraciones que desarticulan a las sociedades y desangran sus lenguas. Muchos pueblos vencidos y conquistados, para sobrevivir, resignan su identidad, y con ella su lengua. Pero también existen otras amenazas, según el Instituto Max Planck de Psicolingüística (MPI): la industrialización, ciertos procesos de construcción de la nacionalidad, la globalización, la pérdida de prestigio y la proliferación de la tecnología. Un ejemplo de esto último: el noventa por ciento de las lenguas no está representado en Internet. Apenas el cuatro por ciento de la población mundial habla el noventa y seis por ciento de todas las lenguas. Según la UNESCO, con menos de diez mil hablantes, una lengua está en peligro de extinción. El MPI calcula que a fines del siglo habrán desaparecido unos dos tercios de las seis mil quinientas lenguas existentes. Una de las más amenazadas es el wichita: queda una sola comunidad cerca de Anadarko, Oklahoma (Estados Unidos), conformada por dos mil cien personas, pero sólo la hablan diez ancianos. |